Esta mañana proseguí navegando el rio aguas abajo, sin haber habido
otra novedad que la de haber varado tres veces las chalupas, pero por
ser el fondo de arena gruesa, no se maltrataron. Al anochecer me acampé
en una isla, y divisando la punta de la barranca del Diamante.
Con lo que ha llovido desde que fuí para arriba, se advierte otro
verdor en estos campos, pero solo las márgenes del rio, y á donde las
crecientes los bañan pueden fructificar: esto es, en los llanos que
hay desde el Diamante hasta la Encarnacion del Indio, que son los mas
dilatados, pues de allí para arriba van muy cortos.