Al amanecer se empezó la faena de acomodar todas las cosas de las
chalupas para nuestro regreso. A las 8½ me despedí de _Chulilaquin_,
que poco le faltó para llorar, y me puse en viage para el
establecimiento; pues ya no me dan lugar los víveres á poder subsistir
mas en este sitio: pero aun no habia perdido de vista los toldos,
cuando ví que los indios á toda prisa recogian su caballadas. A las 10
hallé unos 3 ó 4 toldos, y pasé sin parar. A la 1 de la tarde descubrió
agua la chalupa San Francisco, en tanta cantidad que se iba á pique.
Arrimé á tierra y junté toda la gente á su descarga, y se reconoció que
una piedra le habia abierto un agujero que cabia el puño por él. Este
golpe lo recibió en la última varada, que, desde que salí hasta que
arrimé á tierra, varamos tres veces; y en todas ellas fué preciso echar
toda la gente al agua, y costó bastante trabajo el sacarlas.
Luego que se descargó, la hice varar, se le hechó este rumbo, y se
volvió á echar al agua. Al anocher ya la tenia cargada y lista para
navegar.
En cuanto se estuvo componiendo la chalupa, hice traer cerca, ó mas de
200 manzanos chicos, que puse con tierra en un cajon para llevar al
establecimiento, y en este intermedio pasó la indiada de _Chulilaquin_,
rio abajo: tal es el miedo que tiene á los Aucaces, y la prisa que se
dió en levantar los toldos; pero es cierto que si nosotros estuvieramos
junto de sus toldos, él no pensaria en moverse de allí. Mandó un
esclavo á decir que paraba un poco mas abajo: él no llegó, por haber
una barranca muy alta y una laguna de por medio. Anocheció claro y en
calma.