Amaneció nublado, y el viento al O duro. Hoy recogí algunas manzanas,
é hice un barril de cidra de diez frascos; y hechas las cuentas de las
que consumió la gente desde que estamos aquí, y las que entre unos y
otros tienen y existen embarcadas, ascendian al número de treinta mil.
Desde esta mañana hasta la noche creció el rio cerca de media vara,
cuya creciente me es indispensable aprovechar para mi regreso, pues á
no hacerlo así, me será casi imposible poder estorbar que las chalupas
se hagan pedazos entre las piedras, de los muchos despeñaderos que se
hallan en este rio, por su violentísima corriente.
Hoy quedó _Chulilaquin_ en que mañana seguiria su marcha.
Anocheció nublado, y el dicho viento; se llevó la misma formalidad
de darle el santo á _Chulilaquin_, como en las noches antecedentes,
quedando él en observar como siempre las órdenes que le he dado: recogí
toda la gente, y largué las embarcaciones afuera.
A las 10 de la noche estaba la creciente en su mayor incremento, que
llegó á cerca de tres pies.