Salí al amanecer con viento N, y tuve que volver media legua rio abajo,
por no hallar paso para las chalupas: seguí á vela y remo, y á las 3 de
la tarde varó la chalupa San José. Costó mucho el sacarla, y puestos
ya en la canal con viento fresco, fuerza de vela, y una espia, por la
cual tiraban treinta hombres, no pudimos adelantar nada. El cabo de la
espia era nuevo, y de cuatro pulgadas de grueso, y habiendo aflojado
algo el viento, y no pudiendo los 30 hombres aguantar la chalupa, mandé
darle á la espia vuelta de firme, y fué tal la corriente, que rompió
el cabo. Fué preciso tender el calabrote, y juntar toda la gente: solo
así pudimos sacar la chalupa, que á no ser el expresado calabrote se
hubiera quedado en este sitio. Esta faena duró hasta las 8 de la noche,
que llegué á acamparme con la gente bastante fatigada, y rendida del
trabajo.
Navegué este dia al O ¼ SO, 5 millas de distancia, arrimado siempre
á la barranca del N que es tierra infeliz, y no tierra, sino una
especie de tosca compuesta de piedrecitas, arena, y polvo blanco,
que se desmorona y se unde al pisarla. Críanse en ella arbolitos muy
bajos, espinosos, ó maleza que para nada sirve, y esto poco: lo mismo
es por la parte del S. La barranca del S se abre bastante, y deja un
valle bien largo entre ella y la orilla del rio. Luego reconocí ser un
rincon, volviéndose á angostar las barrancas áridas, y de un infernal
aspecto.