A las 4¾ de la mañana me largué, siguiendo mi viage al remo y sirga
con calma por la parte del N. A las 10 pasé á la parte del S, por no
serme posible romper la corriente por aquel lado. A las 11 descubrí
una polvareda grande inmediata á la barranca del N, que se conocia
ser golpe de ganado: seguí rio arriba, y á las 12 avisté caballada
y ginetes. Poco despues se arrimó uno á la orilla del rio y mandé á
un marinero y al mendocino José Oyola, á que le gritasen ó hiciesen
señas para que nos esperasen. A las 2 de la tarde pasé á la parte del
N, y vinieron dos indios, y el uno de ellos se dejaba algo entender:
los agasajasé todo lo posible, y les compré una vaca por un freno;
despues se fueron y vinieron con el cacique y otros dos indios mas, y
á todos les hice cuanto agasajo pude: les dí de beber aguardiente y
mate, y les regalé algunas bujerias y tabaco, y tuve la paciencia de
estarme toda la tarde en conversacion con ellos, aunque al principio
estaban desconfiados; pero luego entraron en confianza de tal modo,
que se dejaron estar hasta de noche. La gente de mar me pidió licencia
para hacer trato con ellos: se la concedí, y les compraron en las
dos chalupas _San Juan_ y _San Francisco_ dos terneras de dos años
por dos cuchillos, y los del _Champan_ una buena vaca por un frasco
de aguardiente un gorro y un cuchillo. Quise permitir esto á las
tripulaciones, porque como el método que llevo con los víveres es
lo mas arreglado que puedo, precaviendo el que no llegue el caso
de que me falten, les permití este desahogo para que las coman con
libertad. Agasajé mucho á estos indios por muchos motivos, los cuales
no es menester referir porque están sabidos, pero ademas de estos
el principal ha sido por llevarlos algunos dias inmediatos á las
embarcaciones, por ser dichos indios del _Guechuhueben_, ó Parage de
las Manzanas, para donde siguen viage, por ver si puedo conseguir con
ellos el que me presten caballos para la sirga, pues la gente no puede
arrastrar las embarcaciones, y se me van enfermando muchos, y son los
mozos de mas robustez y trabajo: lo que me aflije bastante por la falta
de los caballos, pues se me puso la gente mucho mas flaca y débil en
11 dias que há que salí de la fortaleza de Villarino en el Choelechel,
que en 38 que tardé desde el establecimiento á dicho parage. Esto me
tiene entre la espada y la pared, porque parando para dar algunos dias
de descanso á las tripulaciones, es consumir víveres y no adelantar:
caminar con el trabajo con que se camina, es acabar la gente; de modo
que es indecible la falta que me hacen los caballos. Navegué este dia
al O corregido 2 millas de distancia.
Las noticias que pude adquirir de estos indios, son las
siguientes:--Que el Choelechel está de este sitio 4 dias de camino,
con toldos, chinas y niños, siguiendo la orilla del rio aguas abajo:
que desde dicho sitio, donde hoy me hallo, hasta el Huechun-huechun
y entrada en el Rio Tucamel, y una laguna muy grande tardan 12 dias,
caminando despacio con los referidos estorbos: que desde allí á tierra
de cristianos tardan 10, al mismo caminar; de cuya tierra, dicen, se
surten de frenos, cuchillos, lanzas y bujerias. Esta cuenta de los dias
que se tardan de unos á otros parages, la hacia este indio quebrando
pedacitos de paja; y preguntado si por el Huechun-huechun habia muchos
indios, tomó un puñado de arena para significar su multitud. No pude
informarme mas por no entender el idioma.