Determiné salir dos dias aguas arriba, á orillas del rio, á fin de
que nos viesen los indios; y si nos esperaban, traer los desertores
y quedar en paz con los indios, haciéndoles manifiesta su traicion y
engaño, sin hacerles á ellos el menor agravio, procurando llenarlos de
confianza: y si no nos esperasen de miedo, (que seria lo mas cierto,
como nos viesen á tiempo que ellos lo tuviesen para levantar sus
toldos) para que este fuese bastante á ahuyentarlos muchas leguas, y
separarlos de las orillas del rio para que no nos sirviesen de estorbo.
Me pareció importantísima esta diligencia, porque de cualquier
modo que sucediese era favorable: pero reparando y volviendo á leer
las órdenes del Super-Intendente, y viendo que me dice que no se
debe exponer la tropa por apresar los desertores, y que le parece
conveniente mandase los peones y caballada, (que me servian de mayor
auxilio) determiné obedecer y no empeñarme,[3] seguir lo que pueda sin
los caballos y peones, y remitirlos al establecimiento, porque no se
verifique la cláusula que dice, que mire á lo que me expongo si roban
los indios los caballos, y acaece algun desgraciado suceso.