Anoche, no habiendo parecido los caballerizos, estuve con mucho
cuidado: esta mañana mandé en busca del capataz, y yo monté á caballo
y seguí el rio aguas arriba, y hallé un potrero de buen pasto y
terreno, que tendrá como una legua cuadrada, cuyo sitio parece no ser
frecuentado de indios, aunque á la salida hallé una senda muy vieja
por donde han transitado. Pero el camino que regularmente siguen pasa
tierra adentro, y separado de dicho potrero mas de dos leguas; por lo
que mandé al capataz trajese allí la caballada por precisarme el rio á
separarme dos leguas en una vuelta que hace al N; y en este intermedio
hay una isla de igual anchura con muchos sauces, y á mi parecer buen
terreno. Al anochecer avisté los caballerizos á la parte del S, á cuya
banda pasé en el bote, los que me digeron no habia novedad, y que no
habian podido descubrir los indios, ni saber en que parte estaba el
fuego que avistamos todo el dia: pero que en la inflexion que hace el
rio mas arriba, ya se separaba de la barranca, y habia buen parage
para los caballos, pues hacia ya de la parte del S considerable
llanura. En cuya atención, y en la de que es mi intento llegar con
las embarcaciones á los toldos primero que los caballos, que con eso
aseguro la caballada, lo que no sucederá si acaece lo contrario, mandé
al capataz cuidase los caballos en el parage donde estaban, y estuviese
atento cuando yo llegase con las embarcaciones á la llanura que me
decia, y entonces condujese allí la caballada.
Este dia navegué en línea recta 4 millas al ONO corregido.