INSTRUCCION DE PRÍNCIPES

del modo con que se gobiernan los Padres de la Compañía.

Que la religion de los padres de la Compañía en la viña de Cristo se

plantase por obra del Espíritu Santo, como árbol que debia producir el

antídoto contra las herejías, y tales flores de obras cristianas y

religiosas, que olidas de los pecadores, fuesen constreñidos á dejar el

mal olor de los pecados, siguiendo el bueno de la penitencia, bien

claramente lo muestran las leyes y constituciones con que fué puesta

esta planta por su primer agricultor el Beato Ignacio, de gloriosa

memoria; y verdaderamente ella fué de aquellos primeros padres, que la

dieron vida, regada de la caridad y cultivada segun la intencion de su

fundador con que produjo dos ramos; uno de amor de Dios y otro de amor

del prójimo; y así fueron grandes los frutos, que hicieron en la buena

educacion de la juventud, en la conversion de las almas, y en el aumento

de la Fe Católica; pero el demonio que trabaja tanto en destruir y

deshacer las obras y empresas de Dios cuanto otros llevarlas adelante,

tomó ocasion de la misma grandeza de esta religion y de su aumento, de

manera que en poco tiempo pervirtió su instituto, porque con tanta

sutileza como artificio en lugar de aquellos primeros ramos de la

caridad (casi todos secos) les ingirió otros dos, uno de amor propio y

otro de utilidad; de los cuales recibe la república cristiana, tal daño,

que por ventura no puede ser mayor, como yo entiendo manifestar en este

discurso en que protesto á Dios no moverme por interés, ó pasion, mas

simplemente con celo del bien público, para quien reconozco que he

nacido, y para que habiendo conocido los príncipes cristianos su arte y

traza provean el modo conveniente.

Ahora es de saber que la religion de los padres de la Compañía para

ensancharse en sus principios, fué de muchas partes procurada, y en

particular para la educacion de los niños, de que no hay ciudad en el

reino de que no tenga necesidad; y con esto en pocos años, favorecida de

muchos príncipes, se estendió y dilató mas que otra en muchos. Esta

grandeza, que de ordinario cria en los ánimos mudanza de costumbres,

despertó en los sucesores del Beato Ignacio tal amor á la Compañía, que

juzgándola mas útil para la Iglesia, y muy á propósito para la

reformacion del mundo, que todas las demás religiones, determinaron

entre sí aumentarla con tal industria y arte, fundando en ella la

verdadera milicia de Cristo y bien de la Iglesia, ó por mejor decir, el

único patrimonio de Cristo (para usar de sus propios términos). Ahora

tenia necesidad de una agudeza Aristotélica, y de una facundia

Ciceroniana, para dar á entender el modo maravilloso (que á muchos por

su novedad parece increible), con que estos padres van aumentando su

religion; pero bastaráme á mí solo apuntar alguna cosa, dejando largo

campo á otros ingenios para que formen la idea que juzgaren mas

verosímil, para lo cual propondré algunos puntos, que sirvan al lector

de fundamentos á sus discursos.

Lo primero no ha parecido á estos padres que podia llegar su religion á

aquel punto de grandeza á que aspiran, solamente enseñando, predicando,

administrando sacramentos, ni con otros semejantes ejercicios

religiosos; porque si bien en sus principios (como dijimos) fueron

abrazados y acariciados de muchos, con el discurso del tiempo

advirtieron que, ó por mala satisfaccion que hubo de ellos, ó por otras

causas cualesquiera que sean, el afecto y devocion de muchos se habia

resfriado; por lo cual dudando que su religion casi en su infancia

hubiese hecho el esfuerzo último, llegando á donde pudo, hallaron otros

medios para engrandecerla.

El primero, fué poner las demás religiones en mala opinion con los

principes y despues con cuantos han podido, descubriendo sus

imperfecciones; y con destreza y buen modo de la opresion y caida de

otros, procurar su propia grandeza; así se han señoreado de muchas

abadías y gruesas rentas, quitándolas con sus relaciones á otras

religiones que las tenian primero.

El segundo, fué ingerirse en las cosas de estado, interesando y

empeñando la mayor parte de los príncipes cristianos con el modo mas

artificioso y sutil que jamás se ha visto, el cual como dificultoso de

penetrarse, así es caso imposible poderle dar cumplidamente á entender.

Reside continuamente su general en Roma, al cual dan todos una

exactisima obediencia; y este ha hecho eleccion de algunos padres; los

cuales de asistirles de continuo se llaman _asistentes_. A lo menos hay

uno de cada nacion de donde toma tambien el título y nombre, y así á uno

llaman _asistente de España_, á otro de _Francia_ y al tercero de

_Italia_, y así de otras provincias ó reinos. Cualquiera de ellos tiene

por oficio hacer relacion al padre general de todos los accidentes de

Estado que sobrevienen en aquella provincia ó reino, de donde es

_asistente_, lo cual cada uno hace con el medio de sus correspondientes,

que residen en las ciudades mas principales de la provincia ó reino, los

cuales diligentisimamente se informan del estado, de la calidad, de la

naturaleza, de la inclinacion é intencion de los príncipes, y con todos

los correos avisan á los _asistentes_ de los accidentes de nuevo

sucedidos. Estos hacen sabedor al padre general, el cual juntándose en

su consejo con todos estos sus _asistentes_, hacen una anatomia de todo

el universo, proponiendo los intereses é intentos de todos los príncipes

cristianos. De aquí se viene á poner en consulta todas las cosas que de

nuevo les han escrito sus correspondientes, y examinándolas,

contrapesando las unas con las otras, fácilmente concluyen que se

favorezcan las cosas de un príncipe, y las de otro se opriman, segun sus

intereses y útil particular; y como aquellos que miran desde afuera

jugar, ven mas fácilmente los lances que los mismos que juegan, así

estos padres teniendo delante de los ojos los intereses de todos los

príncipes, saben muy bien observar las condiciones, el lugar y tiempo, y

aplicar medios proporcionados para favorecer las cosas de un príncipe de

quien conocen que pueden sacar interés.

Lo segundo es absolutamente malo, que religiosos se metan tanto en cosas

de estado, debiendo solo atender á la salud de las almas, y de sus

prójimos, pues se retiraron del mundo para esto; y que con este medio se

metan mas en ellas que los seglares, cosa es de grandisimo daño y digna

de eficaz remedio, por algunas muy malas consecuencias, que de ello se

siguen.

Lo primero, confiesan estos padres gran parte de los estados católicos,

y por poder acudir á los mayores, no admiten en sus confesonarios gente

pobre, y muy de ordinario confiesan á los mismos príncipes. Así es que

por este camino les es fácil penetrar todos los intentos, todas las

resoluciones, así de príncipes como súbditos, y al punto avisan á su

general ó _asistente_ en Roma. Ahora con mediana prudencia se conocerá

qué daño se puede hacer á este ó al otro príncipe, cuando su interés

propio les mueve á esto, á donde como á su último fin enderezan todas

sus acciones.

El segundo, como un accidente propio é inseparable, sigue la

conservacion del estado, de manera que aquel no guardado, este

necesariamente se arruina, por lo cual son rigorosisimos los príncipes

contra los que descubren sus secretos, y los castigan como enemigos

suyos y de la patria; por el contrario de entender y saber un príncipe

los intentos de otro se gobierna mas cautamente, y mejoran su propio

interés; por esto suelen gastar no pequeña suma de dinero los

embajadores en espías, y con todo de ordinario se engañan en las

relaciones, y avisos que les dan; pero los padres de la Compañía así por

medio de los confesores y consultas que tienen sus correspondientes, que

residen en todas las ciudades principales de la cristiandad, como por

medio de otros sus dependientes (de quienes hablarémos abajo) son

sincera y menudamente informados de todas las determinaciones y negocios

que se tratan en los mas secretos consejos, y saben casi mejor que los

mismos príncipes, sus rentas, gastos, é intentos, y esto sin mas gasto

que el porte de las cartas, el cual, _segun refieren los correos

mayores_, llega cada correo á sesenta i setenta escudos, y muchos á

ciento. Así que conociendo ellos tan menudamente el estado de los

príncipes, en su ánimo i estimacion les disminuyen el crédito, i con

otros principes i el pueblo les quitan la reputacion, á los que ellos

quieren hacer odiosos, i finalmente alborotaban y levantaban sus

tierras, y tanto mas, cuanto por el mismo camino de las confesiones

conocen lo mas íntimo de los ánimos de los vasallos, y saben el que es

bien afecto al principe, y el que está mal satisfecho, y descontento; de

donde por las relaciones que tienen de las cosas de estado, pueden

fácilmente sembrar cizaña entre principes y ocasionarles mil sospechas y

recelos. Así por el reconocimiento de los ánimos de los súbditos les es

cosa fácil buscar alborotos, y ponerlos en discordia y menosprecio de la

persona del príncipe: de donde es necesario concluir, que no conviene á

los intereses del estado que ningun principe se confiese, ni menos

consienta lo haga alguno de sus confidentes, familiares, secretarios,

consejeros y ministros principales, con personas que con tanto cuidado

procuran espiar las materias de estado, y que se sirven de estas como de

medio necesario para granjear la gracia de los príncipes; pues no faltan

hoy religiosos, y hombres de vida y doctrina no inferior á la de estos

padres, de quien se pueden valer, porque no entienden ni cuidan de otra

cosa que del gobierno de las almas y de sus monasterios.

Para mayor evidencia de cuanto se ha dicho, y se dice, conviene saber

que hay cuatro suertes de jesuitas. La primera es de algunos seglares de

uno y otro sexo que ellos llaman _obediencia ciega_, regulándose en

todas sus acciones por el consejo de los padres de la Compañía,

prontisimos á observar sus órdenes y mandatos. Estos son lo mas

ordinario, caballeros y personas principales, viudas, ciudadanos,

mercaderes, de los cuales como de fructuosas plantas, cogen cada año

estos padres copiosisimos frutos de oro y plata. De esta clase son

aquellas mujeres que vulgarmente llaman _teatinas_, las cuales son de

estos padres reducidas al desprecio del mundo, y ellos entre tanto cogen

sus joyas, vestidos, aderezos de casa, y finalmente muy buenas rentas.

La segunda parte es solamente de hombres sacerdotes, ó legos, los cuales

aunque viven en el siglo, y bien de ordinario con el favor de estos

padres obtienen pensiones, abadías, dignidades y otras rentas, tienen

hecho voto de recibir el hábito de la Compañía, siempre que el general

se lo mandare; por esto se llaman _Jesuitas in voto_; de los cuales se

valen grandemente estos padres para la fábrica de su monarquía, porque

los tienen en todos los reinos i provincias, y por todas las córtes de

los principes y grandes, para que los sirvan en el modo que se dirá en

el séptimo punto.

La tercera suerte es de aquellos que viven en sus monasterios, ahora

sean sacerdotes, legos ó donados; los cuales no habiendo llegado á hacer

su profesion pueden ser echados al beneplácito del padre general, pero

ellos no se pueden salir. Estos como no tienen oficios, ni cargos de

consideracion, de ordinario obedecen simplemente aquello que les mandan

sus superiores.

La cuarta suerte de jesuitas es de _políticos_, en cuyas manos esta el

gobierno de la religion, y estos son aquellos, que tentados del diablo,

con aquella tentación que tuvo Cristo en el desierto (_Hæc omnia tibi

dabo etc._) han aceptado la condicion, y trabajan por reducir su

religion á una perfecta monarquía, y que comience por Roma á donde

concurren casi todos los negocios de la cristiandad, y donde reside la

cabeza de estos _políticos_, que es su general con otros en grandisimo

número de la misma profesion; los cuales ya informados de sus espías, y

relaciones de todos los negocios mas graves é importantes que se tratan

en la corte romana; y habiendo ellos visto y conocido primero, cual

juego será mejor para su propio interés, tienen cuidado de irse todos

los dias á las casas de los cardenales, embajadores y prelados, con los

cuales diestramente vienen á hablar de aquel negocio, que de presente se

trata, ó con brevedad saben se ha de tratar, el cual le representan del

modo que mejor les parece, ó en la forma que les parece mas á propósito

para su aprovechamiento, mudando bien de ordinario el aspecto de las

cosas, y mostrando (como suelen decir) lo negro por blanco, ó porque las

primeras relaciones hechas particularmente de personas religiosas,

suelen hacer notable impresion en los ánimos que las oyen, de aquí nace

que muchas veces negocios importantisimos, tratados por medio de

embajadores, de príncipes, i de otras personas graves de la corte

romana, no han tenido aquel fin, que deseaban; porque estos padres

habian prevenido los ánimos con sus interesadas relaciones, obrando que

á aquellas de los embajadores, ó de otros agentes, se les diese menos

crédito: y de este mismo artificio, que usan con los prelados y

cardenales en Roma, usan fuera de ella con otros principes por sí

mismos, ó por otros jesuitas de la segunda suerte, de manera que se

puede concluir que la mayor parte de negocios de la cristiandad pasan

por su mano, y solo salen aquellos, que estos padres no contradicen.

Grandisimo es el arte que en esta parte tienen, y casi impenetrable, por

lo que no es posible profundamente poderlo manifestar, pero penetrarlo

muy bien, cualquiera príncipe que esté advertido de lo que aquí se

apunta, porque podrá hacer reflexion de cosas pasadas, y con esto

conocerá la verdad de mi discurso. Así trayendo á la memoria el arte y

modo con que fueron tratadas, descubrirá mas de lo que aqui se puede

decir. I no se contentan de usar de este su oculto artificio, para

ingerirse en todos los negocios del mundo, por haberse persuadido que

sea este el único medio para conseguir aquella monarquía. La

jurisdiccion que ellos desean suplicaron años pasados á la Santidad de

Gregorio XIII que públicamente favoreciese este su pensamiento,

representándoselo y persuadiéndole á ello con color del bien público de

la Iglesia, mandando á todos los legados y ministros apostólicos, que

tomasen por su compañero ó confidente algun padre de la Compañía, con

cuyo consejo se gobernasen en todas sus acciones.

Con el medio de este manejo, y conocimiento en las cosas de estado, han

granjeado estos padres ó los principales de ellos, la amistad de muchos

príncipes eclesiásticos y seculares, á los cuales han persuadido que han

dicho ó hecho en su servicio muchas cosas: de lo que se han seguido dos

gravisimos inconvenientes. El primero, que usando mal de la amistad y

bondad de los príncipes, no han reparado en disgustar muchas familias

particulares, ricas y nobles, usurpándoles (si así se puede decir) la

hacienda de las viudas, dejando á sus parientes en suma miseria con

llevar á su religión los mejores ingenios, que acuden á sus estudios; á

estos muchas veces, si por ventura salen ignorantes ó enfermos, con

algun color honesto les echan fuera, pero reteniendo sus haciendas,

porque al tiempo de su profesion les hicieron les dejasen por sus

herederos, escluyendo del todo de sus estudios á los pobres contra el

órden de dicho beato Ignacio y contra la intencion de aquellos que les

han dejado las rentas para esto, porque si bien sirvieran en ello á la

república, seria interés.

El segundo inconveniente es: que estos padres con singular artificio dan

á entender al mundo la intrínseca amistad que tienen con los príncipes,

pintándola aun mayor de lo que ella es en efecto, con fin de que todos

sus ministros sean sus amigos, y de que todos acudan por favor á sus

pretensiones, y así se han alabado públicamente en Roma de poder hacer

cardenales, nuncios, tenientes gobernadores y otros oficios; y han dicho

algunos afirmativamente que puede mas su general que el Sumo Pontífice;

otros han dicho que es mejor ser de aquella religion que puede hacer

cardenales, que ser cardenal, y todas estas cosas se han hecho

públicamente; de manera que no hay persona que familiarmente trate con

estos padres, á quien no hayan dicho estas ó cosas semejantes.

Fundados en esta su práctica de estado, pretenden que pueden favorecer á

cualquiera que ellos quisieren y destruir al que les pareciere; y

sirviéndose de una cubierta ó capa de religion para ser creidos,

consiguen muchas veces su intento: y proponiendo ellos un sugeto á un

principe, no hacen eleccion del mas benemérito, antes mas de ordinario

se oponen al que lo es cuando conocen que no es su principal confidente,

y así proponen siempre personas que son á propósito para sus intereses,

sin reparar si el tal es afecto al principe, si benemérito ó capaz para

dar buena cuenta y satisfaccion del oficio ó cargo que les dan, de que

nacen casi siempre inquietudes en el príncipe, y alborotos y disgustos

en el pueblo.

De la manera que el cómitre, conociendo el tiempo favorable, con un

silbo que da á los galeotes, todos bogan y hacen caminar la galera; así

cuando en las quietes ó siestas de estos padres, que cada dia hacen el

padre general y asistentes en Roma, se concluye que en su

aprovechamiento conviene que tal sugeto tenga este oficio, ó la otra

dignidad, avisa luego el padre general á los que residen en otras

partes, y todos unánimes i conformes casi á un mismo tiempo hacen

apretadas diligencias para que este tal consiga el cargo, en que

pretenden ponerle; y muy ingrato seria el que obligado de esta manera,

no gratificase á estos padres, sirviéndoles en las ocasiones que

tuviesen necesidad de su ayuda, con el mismo afecto que ellos le

favorecieron, y como este tal, ó estos tales, porque tienen muchos los

padres Jesuitas, dependientes, por este camino se hallan mas obligados á

ellos que al príncipe de quien recibieron el oficio ó grandeza, así con

mayor voluntad y afecto les sirven que al mismo príncipe. Con que quedan

empeñados los señores, que creyendo han granjeado un fiel criado, han

puesto una espía de estos padres, de quien se valen ellos muchas veces

con daño del mismo que lo engrandeció. Podia con ejemplos bien claros

confirmar cuanto se ha dicho hasta ahora, si bien de la esperiencia y

voz pública está bastante confirmado; pero por no hacerme tan odioso

descendiendo á particulares, pasaré adelante concluyendo, que la razon

por qué estos padres suelen llamar su religion una gran monarquía, es

por ventura porque entienden y creen que gobiernan á su voluntad los

príncipes y ministros, y no ha mucho que hablando en público uno de los

mas graves de estos padres en nombre de su religion á un Serenisimo,

comenzó con estas palabras llenas de arrogancia, y fundadas sin duda en

una estimacion de su monarquía: _Nuestra Compañía tuvo siempre buena

correspondencia con vuestra Serenidad_.

Procuran estos padres con todas veras dar á entender al mundo, que todos

los que son de cualquiera manera gratificados del príncipe son los que

ellos han favorecido y ayudado, y por este camino se hacen dueños de los

ánimos de los súbditos mas que los mismos príncipes; lo cual es

grandisimo perjuicio, así porque ninguna buena razon de estado consiente

que religiosos tan ambiciosos y políticos sean tan señores de la

voluntad de los ministros, que queriendo pueden hacer alguna traicion ó

levantamiento, como que por este camino (es por medio de ministros

dependientes suyos) introducen y meten en el servicio de los príncipes,

por sus consejeros, ó secretarios; aquellos _Jesuitas in voto_, de que

hablamos arriba, y estos negocian despues con el príncipe que se sirva

de alguno de estos padres, por confesor, ó predicador, y todos estos

juntos sirven de espías al padre general á quien dan menudisima cuenta

de todo aquello que hasta en los mas secretos consejos se trata, de

donde sucede que muchas veces se ven prevenir los intentos, y descubrir

los secretos de mayor importancia, sin poder saber el autor, antes se

sospecha de ordinario de aquellos que tienen menos culpa.

Como naturalmente siguen de ordinario los súbditos la inclinacion de su

príncipe; así aquellos que dan la obediencia al padre general, viendo

que él con sumo cuidado atiende á cosas de estado, y que por este camino

procura engrandecer la Compañía, tambien ellos se aplícan á lo mismo;

sirviéndose del medio de sus parientes, procuran penetrar y saber el

corazon del príncipe, y los mas secretos intentos suyos, para avisar de

todo al asistente de Roma, ó al padre general; intentando con este medio

ganar su gracia, y conseguir algun oficio ó dignidad, que de otra manera

jamás lo obtendrian, porque entre ellos no se dan oficios, ni cargos á

grandes, sino á aquellos que conocen ser á propósito para ayudar á

llevar la Compañía á aquel punto de grandeza á que aspiran, y que tienen

por suficiente en el manejo de las cosas de estado.

Y como de diversas yerbas por fuerza de alambique se destila y saca tal

agua, que es poderosa á curar y sanar una mortal llaga; y como de

diversas flores van las abejas chupando la miel; así de las relaciones

tan puntuales que tienen estos padres, de todos los intereses de

príncipes y de todos los accidentes que suceden en cualquiera estado,

sacan ellos con la fuerza del discurso su propio interés para sanar la

llaga casi incurable del deseo de engrandecerse, y sacan una cierta

ciencia de su aprovechamiento propio, con que tanto del bien de este,

como del mal del otro y mas de ordinario del mal que del bien, consiguen

su intento y pretension. Tras esto suelen poner en dudas sus esperanzas

á los príncipes cuyos ánimos tienen ya penetrados, diciéndoles que

tienen escogidos medios para conseguir sus intentos, y que tengan efecto

sus pensamientos; pero cuando ya ellos han sacado su interés propio,

considerando que la demasiada grandeza de aquel príncipe les pudiera ser

algun dia de perjuicio y daño, alargan lo mas que pueden la práctica de

aquel negocio, como hacen los abogados en los pleitos, y despues con

destreza y maravilloso artificio, volviendo la hoja, deshacen y arruinan

totalmente aquel negocio al cual ellos habian dado principio.

La liga de Francia tratada y concluida de estos padres, y despues

desamparada y dejada de ellos mismos, cuando vieron que iban mas

prósperamente las cosas de Enrique IV, la Inglaterra.... permitida

muchas veces de estos padres á los españoles, y otros cien casos tales

confirman este mi discurso, de manera que no tienen necesidad de mayor

prueba.

De lo dicho se sigue que los padres de la Compañia no tienen buena ni

recta intencion con ningun príncipe eclesiástico, ni secular; pero

sírvenles tanto, cuanto conviene á sus intereses; antes se sigue que

ningun príncipe y mucho menos señores particulares se pueden fiar de

ellos, porque mostrándose estos padres en un mismo tiempo afectos

igualmente á todos, haciéndose españoles con los españoles, franceses

con los franceses, y lo mismo con las demás naciones, cuando lo pide la

ocasion parece que solo cuidan y miran á su propio interés, sin reparar

en perjudicar á este mas que al otro; por lo que las empresas y negocios

en que estos padres se han entremetido, raras veces han tenido buen fin,

por no tener ellos ánimo de servir ni ayudar mas de aquello que les

dicta su propio interés, en que tienen grandisimo artificio, fingiéndose

algunos parcialisimos de la corona de España, otros de Francia, otros

del emperador, y lo mismo de otros príncipes de quien desean ser

favorecidos y ayudados. Y si alguno de estos príncipes se quiere valer

del medio de algun jesuita, que tienen por confidente suyo, escribe este

tal el negocio que se ha de tratar, y con la respuesta espera, y si el

órden que su general le ha dado es conforme á la intencion y fin del

príncipe que le cometió el cuidado del negocio, así que como la Compañía

quede servida, poco cuidado da el servicio ó negocio del príncipe.

Fuera de esto, como conocen estos padres en lo que son interesados todos

los príncipes, están bien informados de casi todo lo que cada dia se

trata en sus mas secretos consejos, aquellos que fingen ser parciales ó

confidentes de España, proponen al rei y sus principales ministros

ciertas condiciones y consideraciones de estado muy importantes, que se

las han enviado de Roma algunos padres políticos. Lo mismo hacen en

Francia aquellos que muestran ser devotos y confidentes de aquella

corona y así los demás, de lo que nacen tales sospechas en el ánimo de

los príncipes que no se fia nada uno de otro, que es de grandisimo

perjuicio á la quietud, y paz pública, y al bien universal de la

cristiandad, haciéndose con esto dificultosisima la conclusion de una

liga contra el enemigo comun y poco segura la paz entre los príncipes

cristianos.

Demos que con este modo artificioso han abierto de tal manera los ojos

al mundo, adelgazándole en materia de estado, que hoy con notable

perjuicio de la Iglesia no se atiende ni trata de otra cosa, pesando

cada uno con ese peso sus acciones todas, y lo que peor es tambien que

los herejes han conocido el artificio de estos padres, y ahora con harto

daño nuestro se valen de él con aquellos príncipes que les hacen

proteccion; de manera que donde primero sabian algunas letras, y se

podia esperar que algun dia conociesen sus errores, ahora han salido

ateistas y políticos, dificultosisimos de convertirse, si Dios

milagrosamente no los reduce.

No quiero callar aquí para que se conozca el artificio jesuítico, y el

modo con que procuran ganar y prender los príncipes, como algunos años

há un padre asistente de Inglaterra, llamado el padre Personio, escribió

un libro contra la sucesion del rey de Escocia al reino de Inglaterra. Y

otro padre llamado Cristonio, con otros de su misma religion,

defendieron en otro libro que imprimieron, el derecho que el rei de

Escocia tenia á aquella corona opugnando el parecer de dicho padre

Personio, fingiendo entre sí estar desunidos, si bien se hacia todo con

particular artificio y voluntad, y parecer de su general para que con

cualquiera que sucediese en el reino de Inglaterra, pudiesen tener

entrada y medio con que poder engrandecer su religion y sacar su propio

interés; de donde se ve claro que los príncipes son el objeto de todas

sus acciones y determinaciones de estos padres, y que por consecuencia

se verifica lo que de ordinario dicen que es su religion una gran

monarquía.

Que sea verdad que estos padres no acuden á dar gusto ni disgusto á

ningun príncipe cuando se trata de su propio interés, aunque la

esperiencia de casos infinitos que han sucedido lo descubra y pruebe mas

claro que el sol, con todo de lo que diré aquí se hará evidente no hay

persona en el mundo á quien deban obedecer mas que al Sumo Pontífice,

así por la gracia de ser cristianos, como por el voto particular que

hacen de obedecerle: y con todo á Pio V, Sumo Pontífice de quien no hay

bastantes alabanzas que decir, que iluminado del Espíritu Santo quiso

reformar á estos padres, reduciéndoles á tener coro y hacer sus

profesiones como las hacen las demás religiones, no le quisieron

obedecer, pareciéndoles que esto les seria de notable perjuicio; antes

algunos pocos, que obedecieron al Sumo Pontífice, é hicieron sus

profesiones, los llamaron estos padres (como por desprecio) _Quintinos_,

y jamás alguno de estos ha podido obtener beneficio alguno. De la misma

manera se opusieron al glorioso San Cárlos, arzobispo de Milan, que como

legado ad látere de su Santidad deseó reducirlos á una disciplina

religiosa. Pero qué menos obedecen á los sagrados Cánones, ni á sus

decretos? haciendo mercancías de perlas, rubíes y diamantes, que se

traen de las Indias, porque es opinion evidente que la mayor parte de

las perlas preciosas que se venden en Venecia son de estos padres, lo

que se ha sabido de aquellos de quien se han servido y sirven de

corredores.

Que no sirvan al Sumo Pontífice, lo saben aquellos mismos padres que

para este fin fueron llamados de Roma, y procesados, que ni quiero ni

puedo nombrarlos, ni estenderme mas en esto, por no verme obligado á

hablar de algun príncipe á quien no da mucho gusto este mi discurso. Yo

deseo servirlos á todos sin ofender á ninguno, y porque no es mi intento

hacer aquí una invectiva contra estos padres (á quien fuera de esto

observo y reverencio) sino de apuntar brevemente sus caminos y

costumbres.

Véase á las veces que afligida una persona de alguna enfermedad

peligrosa, se queja tan lastimosamente, que al cielo llegan sus voces,

pero sin conocer la causa i origen de su mal; así todo el mundo se

queja de estos padres, quién perseguido de ellos, y quién por ser

correspondido con poca fidelidad; y el mal todavia continúa sin poderse

penetrar y conocer la raiz de él, que es el deseo é intento que tienen

de engrandecerse; por cuyo respecto no lo tienen de disgustar mas á este

que á aquel, de engañar los principes, de oprimir los pobres, de sacar

con su artificio las haciendas de las viudas, arruinando familias

nobilisimas, i ordinariamente ser causa de sospechas i disgustos entre

principes cristianos, por quererse ingerir y meter en los mas grandes

negocios que tratan: ahora como seria inconveniente que la parte

últimamente formada en el principio de la naturaleza atrajese y quitase

la sangre mas pura que las partes vitales del compuesto, para que

sirviese de instrumento á las otras menos principales, pues con esto

quedaría acabada; de la misma manera desdecia que la religion de estos

padres puesta en la Iglesia para convencer herejías y reducir pecadores

á penitencia, atraiga y lleve á sí los negocios mas graves é importantes

de príncipes y prelados, sacando los espíritus vitales de sus intereses,

aplicándolos todos á si, porque de aquí nace el turbarse la paz pública

y privada, y se oprimen muchos sugetos dignos de ser elevados, se elevan

otros dignos de ser oprimidos con otros mil inconvenientes que de esta

causa nacen.

Para hacer demostracion de cuan grande sea la ambicion de engrandecerse

estos padres, podia traer infinitas razones sacadas de la esperiencia,

pero bastaráme aquí probarlas con las palabras mismas del Personio, de

los graves que han tenido estos padres, escrita en un libro suyo

compuesto en lengua inglesa, intitulado LA REFORMACION DE INGLATERRA,

donde despues de haber dicho mucho mal del cardenal Paulo, prelado que

por su virtud y santidad, y por lo benemérito que fué de la iglesia, es

digno de eterna memoria, y despues de haber notado ciertas faltas é

imperfecciones del Santo Concilio de Trento, finalmente concluyó que

cuando la Inglaterra torne á la verdadera fe católica convendrá

reducirla á la forma y estado de la primitiva Iglesia, poniendo en comun

los bienes eclesiásticos, dando el cuidado y administracion de ellos á

siete sabios, los cuales sean de la Compañia, para que como mas bien les

pareciere los distribuyan: ni quiere, antes veda con gravisimas penas,

que ningun religioso de cualquiera órden que sea sin licencia de estos

padres pueda volver á Inglaterra, con fin y ánimo de no dejar á otros

que aquellos que se sustentan de limosnas. Pero porque el amor propio

ciega, y por prudente que uno sea le hace imprudentisimo, es cosa

ridícula, lo que este padre añade, reducida (dice él) que sea Inglaterra

á la fe verdadera, no es bien que el Papa á lo menos por cinco años se

meta en la provision y distribucion de los beneficios eclesiásticos de

aquel reino, sino que todo quede en las manos de aquellos siete sabios,

que ellos los distribuirán segun juzgaren ser mas conveniente á la

Iglesia, con fin y ánimo de que pasados aquellos cinco años con sus

trazas, de que son abundantisimos, podrán hacerse prorogar el mismo

privilegio por otros cinco años, y proseguir hasta tanto que totalmente

escluyan á su Santidad de Inglaterra. ¿Quién ahora no ve, como en un

cuadro natural, pintada la codicia y ambicion jesuítica juntamente con

el deseo que tienen de hacerse monarcas? ¿quién no conoce con cuanto

artificio van procurando su interés, cuidando poco del aprovechamiento y

daño de los demás?

Mas en tiempo de Gregorio XIII le pidieron é instaron les invistiese, y

diese todas las iglesias parroquiales de Roma para que allí diese

principio su monarquia, y esto que no pudieron conseguir en Roma, han

conseguido en Inglaterra, donde últimamente han hecho elegir un

_arcipreste, jesuita in voto_, que en lugar de hacer la proteccion al

clero persigue como rabioso lobo todos los sacerdotes que no son

dependientes suyos, reduciéndolos á estado de desesperacion, privándoles

con graves penas no puedan hablar entre sí; con que hoy casi todo el

clero inglés es _jesuita in voto_, ni se recibe ya ninguno en los

colegios que no haya dado palabra de ser jesuita: así, cuando aquel

reino volviese á la antigua verdadera fe, daria Inglaterra principio á

una monarquía jesuítica, porque todas las rentas eclesiásticas, todas

las abadias y otras dignidades serán dadas á jesuitas.

Ello es cierto (que aun lo digo llorando) que hoy se convierten

poquisimos herejes particularmente en Inglaterra, porque como dije no ha

quedado ninguno del clero antiguo, el cual hacia grandisimo bien, lo

cual se atribuye á estos padres, que atienden y cuidan harto mas de su

interés, que de la salud y aprovechamiento de las almas; fuera de que

los mismos herejes conocen la opresion que padecen los sacerdotes

católicos de los jesuitas, y el artificio con que proceden, y de tal

manera los aborrecen que muchos no se convierten por no ser tiranizados

de estos padres; dejo aquí muchas cosas de las pretensiones que tienen

sobre los estados de otros, mostrándose celosos de ellos y de su

grandeza, como de la gracia que suelen ganar de un príncipe con

persuadirles á que ellos tienen el pueblo á su devocion y que le hacen

esté muy afecto á su persona, dejando que cada uno lo considere como

cosa evidente y clara, concluiré este discurso con cuatro breves

razones.

La primera: que hombres de espíritu tan levantado y de pensamientos tan

grandes desean siempre novedades y las buscan y causan, porque solo con

el medio de nuevos movimientos suelen conseguir los intentos, abriendo

camino con las armas de su industria y trazas en que los hemos visto tan

bien ejercitados, porque á un príncipe que desee y ame la paz y

conservacion de su estado, no solamente estos padres no le pueden ser de

provecho para este fin, antes de daño, causando alborotos, y poniéndole

en _compromiso_ su estado, si teniéndolos en él no los favorece, ó si

favoreciéndoles se gobierna por sus consejos.

La segunda: si no teniendo estos padres jurisdiccion alguna temporal,

causan al mundo tan graves y tantas inquietudes, ¿qué seria si por

ventura hiciesen Papa á alguno de ellos? Lo primero llenaría el Colegio

de Cardenales de su religion, y por este camino se perpetuaría en ellas

el pontificado: secundariamente, gobernándose ellos por sus intereses y

teniendo el apoyo y brazo del Papa, podian poner en peligro los estados

de muchos príncipes, particularmente de los mas vecinos.

La tercera: procurarian por todos caminos que el Papa les diese alguna

ciudad ó jurisdicción temporal, con la cual se harian camino para otras

mil pretensiones, que no se podian conseguir sin daño de otros

príncipes.

La cuarta: cuando el Colegio fuese renovado de estos padres, todo el

patrimonio de Cristo estaria en sus manos, y como el hidrópico mientras

mas bebe tanto es mayor su sed, así estos creciendo en su codicia con la

grandeza, serian ocasion de mil alborotos; y porque no hay cosa mas

sujeta á mudanza que los estados, procuran estos padres con todas sus

fuerzas y artificios alterar las cosas mas que nunca para poder mejor

por este camino introducir la forma de su dominio; entre tanto van ahora

buscando y procurando reducir á su religion á algun primogénito de

algun principe, que les haga donacion de su estado; y hubieran ya

conseguido este su intento, si algunos habiéndoles entendido su

pensamiento y traza, no se les hubieran opuesto; pero en el caso de

arriba, sin dificultad se señorearian del estado eclesiástico; y como

son sagaces y advertidos intentarian mil pretensiones para ensancharse,

y no les faltarian medios para conseguir sus intentos, y cuando de esto

no se siguiera otra cosa que los medios y sospechas en que vivieran los

príncipes, y particularmente los mas vecinos, no seria inconveniente de

poca consideracion.

Ello es necesario que para la conservacion de la quietud pública y para,

los sosiegos de los estados de cada uno, para aumento de la Iglesia y

bien del mundo, que la Santidad de Urbano VII, juntamente con la ayuda

de otros príncipes cristianos, pongan algun freno á esta Compañía, que

en los efectos anda sumamente desconcertada, para que despues no les

suceda lo que les sucedió antiguamente á los de la familia de Dabio

(cuyos pasos parece que imitan estos padres) que fueron destruidos en

tiempo del emperador Claudio.

Cuando me sea mandado que escriba, y dé mi parecer acerca del remedio

que se podia poner para regular estos padres sin ofensa ni daño suyo,

antes con grandisimo útil, deseándoles hacer monarcas de las almas que

son el verdadero tesoro de Cristo, y no del mundo y de sus intereses que

es cieno vilisimo, me ofrezco á hacerlo con toda caridad y con las

fuerzas que mas se sirviese darme su Divina Magestad.--_Unum pro cunctis

sufficiat opus._

CARTA escrita al rey Felipe II en 18 de Febrero de 1571 en Amberes por

Benito Arias Montano.

Historia de los Judíos en España desde los tiempos de su establecimiento hasta principios del present siglo · 第 13 / 16 题