Mi intento es tratar de la varia i casi siempre trágica suerte de los
judíos en España: historia llena no de ilustres vencimientos, señaladas
proezas i altos fines, sino de calamidades, conflictos, persecuciones,
motines de la plebe, robos, incendios, destierros, muertes á fuego en
públicos cadalsos, infamias de linajes, encarcelamientos, oprobios i
otros rigorosisimos castigos.
En ella mostraré cuan fuera de toda razon han caminado aquellos
escritores que, corrompiendo la verdad, tuvieron i aun tienen á los
antiguos judíos españoles por hombres tan solo dados á la usura i á
esconder en las entrañas de la tierra el fruto de sus trabajos,
comercios i grangerías; puesto que á ellos debe España grandes
adelantamientos en la medicina, en la filosofía, en las matemáticas i en
la náutica. Los reyes los consultaban en las mas arduas materias de
estado, i acometian, con el favor de sus consejos i dinero, las mas
dificultosas, las mayores i las mas arriesgadas empresas.
Mostraré además el yerro i grande, sobre injusticia, que cometieron los
Reyes Católicos al ordenar su estrañamiento de los reinos de España,
sustentando mi opinion con las apretadisimas razones de estado que para
un hecho tan importante se oponian, i lo sin fruto i aprovechamiento que
son las persecuciones, castigos i otros rigores en materias religiosas;
pues los monarcas bien podrán regir con las leyes de la fuerza los
cuerpos de sus vasallos; pero no podrán sujetar los ánimos, porque mas
fácil cosa seria poner antes frenos á los vientos, i hacer que volviesen
atrás las corrientes de los rios.
Escribo esta historia sin pasion, ni artificio, como de cosas que nada
me tocan. Ni soi judío, ni vengo de judaizantes. Solo es mi propósito
sustentar la verdad: lei á que debe caminar ajustado todo historiador; i
ella no puede peligrar en mi pluma, porque no acostumbro ver con ojos
apasionados lo que está lejano de mis opiniones.
Algunos escritores han hecho mencion de los sucesos prósperos i adversos
de los judíos españoles, i no han faltado escelentes ingenios para
tratar de los tiempos de su espulsion; pero casi todos no han cortado
sus relaciones á la medida de la verdad, asi por el miedo á los Reyes
Católicos, mientras vivian, como, despues de muertos, por el odio que
bebieron en los pechos de sus madres contra todo lo perteneciente á la
nación judáica.
De esta suerte hombres en sangre ilustres, i tenidos en la prudencia por
cuerdos, en la virtud por únicos, i en las ciencias por maestros, se
dejaban arrebatar de la corriente de mil locuras i desvarios, i llegaban
á un punto de estremada ceguedad, causando un daño irremediable á la
historia i á las letras. Por donde se ve que no son bastantes los
estudios, no el claro ingenio, no las ciencias para formar la sabiduría
en el hombre, sino sacar el entendimiento de las cárceles en que está
aprisionado desde la niñez, limpio de la corrupcion i del veneno que
bebió en las doctrinas del vulgo, i en la ignorancia de sus padres i
maestros.
Las noticias que tenemos del establecimiento de los judíos en España
están inficionadas de muchos i grandes errores; puesto que hombres
doctisimos i tenidos en la historia por veraces, dieron fe á consejas de
la ruda i baja plebe, i á documentos fingidos ó por el interés, ó por un
vano deseo de ver acreditados con ellos sus patrañas.
Cuentan algunos escritores que Nabucodonosor, rei de Babilonia, despues
de haber allanado los muros de la soberbia Jerusalen i puesto en
cautividad al pueblo israelita, prosiguió sus victoriosas empresas,
destruyendo á Tiro i Egipto, i los lugares situados en las riberas
africanas. Despues para tomar venganza i satisfaccion de los fenicios
por haber dado socorro á los de Tiro, cuando él los apretaba con un
porfiado cerco, entró en las tierras de España, sujetó á sus habitadores
i dejó en ellas gran número de judíos que caminaban con su ejército: los
cuales echaron los fundamentos de Toledo, Sevilla i otras antiquisimas
ciudades. Tertuliano, Eusebio Cesariense, San Clemente Alejandrino i
algunos autores mas, tratan á la larga de las conquistas i navegaciones
hechas por Nabuco, así en la Libia, como en toda Asia hasta Armenia, i
ninguno habla de la venida i toma á sangre i fuego de la península
hispánica. I, aunque pudieran traerse razones i argumentos tan
verosímiles, que fueran parte para mostrar claramente que ganó á fuerza
de armas i brazos estas tierras, hai mayores para creer que con su
ejército no vinieron judíos. Sabido es el odio i perpétua desconformidad
que habia entre estos i los asirios, especialmente por la religion,
segun el testimonio del grave i auténtico historiador Flavio Josefo.
Entre ellos andaban enajenados los ánimos con ciego rencor i enemiga:
los unos por verse puestos en esclavitud i miseria: los otros por
recibir continuamente i á la sorda daños de los mismos que tenian
oprimidos en pesado cautiverio. Es caso, por tanto, imposible de creer
que Nabucodonosor para la jornada atrevidisima de Africa i España
trajese en compañía de su ejército, á tan temibles i molestos enemigos;
í aun mas, que dejase en manos de ellos las tierras que con la sangre,
sudor i trabajos de sus vasallos habia adquirido.
Otros historiadores afirman que vinieron judíos á España con su capitan
Pirro en este tiempo, i que poblaron en dos partes: una llamada Toledo i
otra Lucina ó Lucena. Pero todas estas noticias van separadas de la
verdad muchas leguas de camino. La cierta i mas acreditada es que los
que escaparon de la muerte en la toma de Jerusalen fueron llevados en
cadenas á Babilonia. Así se lee en el libro de los Reyes i en el
Paralipomenon.
Los que han querido dar por cierto el establecimiento de los judíos en
España, despues de su conquista por las armas de Nabucodonosor, afirman
que estos tenian en las mas principales ciudades de la península
hispánica sinagogas, de quienes era cabeza i primada la de Toledo.
Cuentan además, que cuando empezaba Jesucristo su predicacion en
Jerusalen, como determinasen los escribas i fariseos perderlo i tuviesen
siempre la costumbre de consultar con todas las sinagogas del universo
en los asuntos mas dificultosos, para pedirles su parecer i
consentimiento, enviaron á la archisinagoga de Toledo cartas de los
príncipes i sacerdotes con un tal Samuel, su mensajero. Juntáronse los
judíos de Toledo en concilio, i en nombre de las demás sinagogas de
España, de las cuales tenian poderes, respondieron, despues de haber
dado oidos tambien á la lectura de las cartas de un tal Eleázaro
sacerdote suyo i varón de santa vida, que llamado de sus negocios habia
tomado el camino de Jerusalen, i era testigo i aficionado á la vida i
hechos milagrosos de Jesus. La respuesta era una contradiccion de los
judíos españoles para que los de Jerusalen no quitasen la vida á
Jesucristo. Dicen que fué hallada despues en Toledo, cuando don Alonso
VI sacó del poder de moros esta ciudad; que estaba escrita en lengua
hebrea, i traducida luego en la arábiga, de órden de un sabio rei moro
que tenia por nombre Galifre: que mandó aquel monarca volverla en la
castellana de aquel tiempo; i que hasta el año de 1494 se conservaba en
los archivos toledanos: de los cuales fué arrebatada por los judíos
espulsos de España.
Esta patraña, que yo la tengo por tal, está acreditada por muchos i mui
buenos escritores, engañados por el forjador de semejante documento,
tales como don Frai Prudencio Sandoval[1], Arias Montano[2], el doctor
Juan de Vergara[3], el doctor Francisco Pisa[4], Frai Juan de Pineda[5],
Quintana Dueñas[6], Rodrigo Caro[7], Tamayo de Vargas[8], Francisco de
Padilla[9], don José de Pellicer[10], don Diego de Castejon[11],
Rodrigo Mendez de Silva[12] i otros muchos que por no caer en prolijidad
remite al silencio mi pluma. Para honra de las letras españolas no
callaré que la han reputado por apócrifa varios autores insignes, tales
como el marqués de Mondejar, el sapientisimo Nicolás Antonio i otros
escelentes críticos. Dice la carta así, traducida, segun quieren
hacernos creer, en la lengua i en los tiempos de don Alonso VI.
* * *
«_Leví, archisinagogo, et Samuel, et Josef, homes bonos de el Aljama de
Toledo, á Eleazar, muid gran Sacerdote, é á Samuel Canut y Anás, y
Caiphás, homes bonos del Aljama de la tierra Santa, salud en el Dios de
Israel._
Azarias voso home, maeso en ley, nos adujo las cartas que vos nos
embiabades, por las cuales nos faciades saber como pasaba la facienda de
el profeta Nazaret, que diz que facie muchas señas. Coló por esta
vila[13], non ha mucho, un cierto Samuel, fil de Amasias et fabló
nusco[14], et recontó muchas bondades deste home, que dizque es home
humildoso é manso é fabla con los laceriados: que faz á todos bien, é
que faciendo á él mal, él non fas mal á ninguen; é que es home fuerte
con superbos é homes malos, é que vos malamente teniades enemiga con
ele, por cuanto en faz él descubria vosos pecados: ca por cuanto facia
esto, le aviades mala voluntad, é perquirimos[15] de este home, en que
año ó mes ó dia avia nascido, é que nos dijese, fallamos que el dia de
sua natividade fueron vistos en estas partes tres soles, que muelle á
muelle[16] se ficieron soldemente[17] un sol; é cuemo[18] nosos padres
cataron esta seña, armados dijeron que cedo[19] el Mesías nasceria, é
que por ventura era ya nascido. Catad, hermanos, si ha ya venido é non
lo hayais acatado. Rellataba tambien el susodicho home que el suo
pai[20] le recontaba que ciertos magos, homes de mucha sapiencia, en la
sua natividade legaron á tierra santa, perquiriendo el logar donde el
niño santo era nascido, é que Herodes voso rei, se asmó[21] é depositó
junto á homes sabios de sua vila, et perquirió donde nasceria el
infante, por quien perquirian magos é le respondieron: _En Betlem de
Judá_, segun que Micheas de Pergino profetó, é que dijeron aqueles magos
que una estrella de gran claridad de lueñe[22] adujo á tierra santa.
Catad non sea esta la profecía: _Cantaran reyes é andaran en claridad
de la sua natividade._ Otro sí catad non persigades al que forades
tenudos[23] mucho honrar é recibir de bon talante, mais facer lo que
tuviereis por bien aguisado[24]. Nos vos decimos que nin por consejo,
nin por noso alvedrío venirémos en consentimiento de la sua morte; cá si
nos esto ficiésemos, logo seria nusco la profecía que diz:
_Congregaranse de consuno contra el Señor é contra su Mesías._ E damos
vos este consejo, magüera sodes homes de muta sapenza, que tengades
grande afincamiento[25] sobre tamaña facienda; porque el Dios de Israel,
enojado con vusco[26] nos destruirá casa segunda de voso segundo templo,
cá sepades cierto cedo ha de ser destruido, é por esta razon nosos
antepasados que salieron de captiverio de Babilonia, siendo suo capitane
Pirro, que envió rey Ciro, é adujo nusco muitas riquezas que tolló de
Babilonia el año de sesenta y nueve de captividade, é fueron
recuidos[27] en Toledo de gentiles que y[28] moraban, é edificaron una
grande Aljama, é non quisieron volver á Jerusalen otra vegada[29]. De
Toledo, catorce dias de el mes Nizan, era del César diez y ocho, y de
Augusto Octaviano setenta y uno.»
Las razones en que sustento mi parecer de que es pura ficcion esta carta
son no existir en tiempos de la muerte de Jesucristo judios en España,
en lo inverosímil i estraño de la consulta de los de Jerusalen á todos
los que estaban esparcidos por el orbe; i por último afirmar cuantos
tienen por verdadero este papel, que fué traducido en el idioma español,
cuando la conquista de Toledo por don Alonso VI: edad en que todos los
documentos se escribian en el latino. A mas que la traduccion de esta
carta se encuentra fingida con la mas estraña ignorancia i la mas
insolente desvergüenza literaria; porque está escrita en un lenguaje
bárbaro, confusa mezcla de lengua castellana antigua con moderna, i con
un poco de portuguesa i gallega.
No hai linaje alguno de duda en que debió su formacion al propósito de
querer que los judíos pareciesen menos aborrecibles á los ojos del
vulgo, i aun de los nobles; i de mitigar tambien las cruelisimas
persecuciones que en tiempos modernos sufrian por el tribunal del Santo
Oficio. Este pensamiento me han sugerido varios autores que afirman que
los descendientes de aquellos judios de la sinagoga de Toledo que
contradijeron la muerte de Jesus, merecian ser premiados i tenidos por
buenos.
El Padre frai Juan de Pineda en su _Monarquía eclesiástica_, escribe lo
siguiente:--«Los judíos que en Toledo vivieron, no se hallaron en
Jerusalen en tiempo de la pasion de nuestro Redentor, ni consintieron en
ella. Siendo esto así, se pueden preciar del mejor linaje del mundo,
porque la nobleza de la sangre depende de las escelencias personales de
la parentela, juntamente con privilegios i honras, concedidas de los
príncipes. I los fundadores de la casa de Israel, Abraan, Isaac y
Jacob, fueron eminentisimos hombres, honrados de Dios, sobre cuantos en
el mundo nacieron. Luego los judíos que probaren no haber consentido en
la muerte del Redentor (por la cual perdieron su hidalguía) y que habian
creido en él como lo hizo Nicodemus y Gamaliel, y otros algunos, sin
duda estos serian del mejor linaje del mundo y los que de ellos
descendiesen.»
El Padre Quintana Dueñas en su _Singularia_, obra póstuma, se alarga mas
en referir los merecimientos de todos aquellos que mostraron venir de
los judíos que se opusieron á la muerte de Jesus; pues dice que deberían
ser honrados con entrar en las órdenes militares i con alcanzar
dignidades eclesiásticas. Por ser sus palabras curiosisimas, las pongo
aquí, trasladadas de la lengua latina en que fueron escritas.--«Por
tanto no dejaré de notar que si alguno probare descender de los hebreos
que de ningun modo dieron su consentimiento para la muerte de Cristo, y
constare que la contradijo, y que despues de publicada la ley de Gracia
no cayó otra vez en el judaismo, podria ser admitido en las órdenes y
dignidades eclesiásticas; y no solo en las religiones, sino en las
militares: en las cuales por estatutos, está prohibida la entrada á
cuantos descienden de linajes de judíos[30].»
Nada tendria de estraño que, despues que estos fueron espulsados de
España, los que quedaron ocultos con el nombre de cristianos por haber
recibido forzadamente el agua del bautismo, viendo el envilecimiento en
que estaban tenidos los que venian de conversos, fingiesen ese documento
i esparciesen esas noticias para levantar su estirpe, lisonjeando de
este modo los afectos del vulgo, de los hombres doctos, i aun de sus
mismos perseguidores i enemigos.
Por las palabras de estos autores se viene en conocimiento de cuán flaca
i ciega es la razon humana, i cuán fácilmente tuerce i lleva la
condicion de los mortales á odiar lo mas amado, i á amar lo mas
aborrecido. Porque, como los pareceres de los hombres están casi siempre
regidos por la fuerza de las pasiones, tienen mas mudanzas que el mar ó
que la luna, i del mismo modo que arrojan en el polvo todo lo que no
camina ajustado á sus opiniones; ponen sobre las estrellas cuanto viene
á conformarse con su natural i condicion. Así los que aborrecian á todos
aquellos que observaban la lei de Moisés, i negaban á los que descendian
de ellos la entrada en las dignidades eclesiásticas i en las órdenes
militares, ya querian abrirles franca puerta, solamente por una ficcion
que era agradable á sus ojos. ¡Tanto puede una noticia que traiga
consigo apariencias de verdad, i que alcance la ventura de ser
acreditada por personas ilustres en la sangre, insignes en los hechos i
doctas en los escritos!
De haber dado fe á la carta, por la cual se decia que los hebreos
españoles, i particularmente los del reino de Toledo, aunque fueron
vivamente solicitados por los de Jerusalen, no quisieron prestar su voto
i consentimiento en la muerte de Cristo, se levantaron otras patrañas
que consiguieron ser recibidas con igual fortuna. Una de ellas fue
asegurar que en el año 33 enviaron los judíos á Jerusalen dos
mensajeros a quienes llamaban Atanasio i José para que hiciesen una
protestacion de palabra, no solo en nombre de los de Toledo, sino en
nombre de los de toda España, para embarazar los intentos de los
escribas i fariseos. Otra es afirmar que despues de crucificado Cristo,
envió la archisinagoga de Toledo segunda legacía á Jerusalen con cartas
para María Santisima i S. Pedro, con el fin de que doctrinasen á sus
mensajeros en la fe de Cristo: las cuales fueron llevadas por S.
Indalecio i Eufrasio. Entonces dicen que Eleázaro, cuya dignidad era
tener la presidencia de la sinagoga i gente española en Sion, escribió á
los de Toledo, dándoles noticia de cómo habia muerto Jesus por las
maquinaciones de Anás i Caifás, i como venia á predicar la lei de Gracia
en España un varon santo llamado Jacobo, hijo del Zebedeo.
En el falso cronicon impreso como obra de Juliano, arcipreste de Santa
Justa, se pone la siguiente carta que, aunque apócrifa, va traducida de
la lengua latina en castellana, i puesta en este lugar para
divertimiento de los curiosos.
=Carta de Eleázaro á la sinagoga de Toledo.=
«_Eleazar, archisinagogo ó presidente de la Synagoga i gente española en
Jerusalen, i los ancianos de su consejo, á Leví archisinagogo toledano,
y á los ancianos Samuel i Josef, salud en el Dios de Israel._
Sabed, hermanos mios, que predica en esta ciudad de Jerusalen un varon
justo llamado _Jesus Nazareno_: el cual obra muchas maravillas, resucita
muertos, sana leprosos, da vista á ciegos, pies á cojos, libre uso de
miembros á paralíticos. Es hombre bienhechor de todos, humilde, benigno,
misericordioso, grave i hermoso mas que los hijos de los hombres,
agradable en las palabras, poderoso en las obras, i en todas sus
acciones aventaja á los demás hombres: venéranlo muchos por Mesías.
Juan, hijo de Zacarías, varon santo, nos lo manifestó con el dedo
diciendo: _Este es el Cordero de Dios_. Nosotros no habemos querido
consentir en su muerte, que le maquinaron Anás i Caifás i los príncipes
de los sacerdotes: i así os intimamos que ni vosotros ni los que de las
doce tribus habitais en España deis consentimiento á tan sacrílega
accion. Acordaos cuando Amán, no solo á nuestros antepasados sino á
otros muchos hebreos esparcidos por varias provincias, mandó quitar la
vida en el afrentoso suplicio de la horca, i que al fin Dios dispuso de
él que fuese colgado en la que tenia preparada para nuestro padre
Mardoqueo. Nuestros padres tuvieron cartas de Artaxerxes, i por ellas
luego al punto conocieron que en brevisimo tiempo se habian de cumplir
las hebdómadas de Daniel en que el justo ó habia sido muerto ó habria de
morir. Haced tambien memoria de que nuestros padres fueron avisados de
Daniel, cuando estuvo en Babilonia, de donde por su órden i disposicion
vinieron á España, i les profetizó la muerte de el Justo, por cuya
causa habia de ser desolado el templo de Jerusalen, i que Jeremías i
otros profetas sienten mal de los judíos que permanecian en Jerusalen,
no queriendo bajar á Ejipto con el mismo Jeremías; pero de los judíos
buenos enviados por Dios á España, hablan bien. En fin, os ruego si
llegaren con cartas judíos de Jerusalen, que irán brevemente para
España, que no los recibais; i si acaso los recibiéreis, sea tan solo á
Jacobo hijo del Zebedeo, varon bueno, i discípulo de Cristo crucificado,
que (como dicen los discípulos) ya ha resucitado. Recibidlo con agrado,
i á los demás discípulos de los Apóstoles. Dios os guarde. En Jerusalen
á cinco dias del mes de Nizan.»
Con esta carta apócrifa se alargan muchos escritores hasta referir otras
patrañas i sucesos tan estraños, que por no manchar mi historia con la
relacion de mas errores, locuras i desvaríos, paso en silencio.
I viniendo á lo que anda mas acreditado en las plumas de doctos varones,
digo que los israelitas en tiempos de la dominacion romana en España,
tenian poquisimas noticias de las tierras i cosas occidentales; porque
como no habitaban en las riberas del mar, ni hacian navegaciones de una
parte á otra para vender sus mercaderías, ni se fatigaban en peregrinar
por el mundo para ver nuevas regiones, nuevas gentes i nuevas
costumbres, tan solo conocian los reinos que lindaban con los suyos, así
por la vecindad como por las guerras i cruelisimas discordias que los
varios intereses entre unos i otros levantaban.
Cuando tuvieron noticia de los hechos de los romanos i que estos habian
hallado en el corazon de España tantas i tan grandes minas de oro i
plata, les enviaron mensajeros con el parabien de sus victorias i
próspera fortuna, i juntamente para hacer amistades con pueblos tan
valerosos. No vinieron á España, sino fueron derechamente á Roma,
llevando cartas de favor para todos los reyes de Asia i Europa que
tenian tierras en el camino por donde iban á pasar para cumplir su
embajada. I aunque en esta ocasion hicieron amistades los judíos con
Roma, no hai memoria de que alguno de ellos quedase á vivir en la ciudad
dominadora del orbe. Así lo afirman Flavio Josefo i Justino.
Tampoco viajaban en aquella edad á Grecia, nacion que les era tan
cercana; pues no hai escritor de ella que haga memoria de los hechos de
los hebreos.
Cuando el gran Pompeyo, por las disensiones de Aristóbolo é Hircano,
tomó á Jerusalen é hizo tributaria á Judea (63 años antes del nacimiento
de Cristo), pasaron algunos israelitas á Roma; i muchos mas fueron
llevados luego por Gabinio i Craso: de donde nació haber tantos en
aquella ciudad, i de que sirviesen á Pompeyo en las guerras que sustentó
contra Julio César.
El Emperador Augusto los favoreció grandemente; pues les dió permiso
para vivir en barrio separado de Roma á la otra banda del Tiber, que fué
el primer asiento que ellos tuvieron en Europa. Pero, como usasen mal de
esta licencia, en tiempos de Tiberio César salieron espulsados de la
ciudad, i de ellos levantaron los cónsules cuatro mil soldados para
enviar á Cerdeña. I los que por su religion ó por otras causas se
negaron á entrar en la milicia, contradiciendo las órdenes rigorosas
del emperador, fueron castigados con la muerte.
No hai memoria de que viviesen en aquella edad judíos en las tierras de
España. Estrabon, que al hablar de cuanto se habian estendido por el
orbe, desciende á referir en particular las provincias en que ya
habitaban, nada dice de la española. El rei Agripa tampoco en la carta
que escribió al emperador Cayo Caligula, intercediendo por los hebreos;
i eso que en ella hace puntualisima mencion de todos los lugares, de
donde ellos se habian hecho vecinos.
Cuando se derramaron por todo el mundo, i consiguientemente vinieron á
poblar en España, fue en el año 70 de la era cristiana, despues de la
destruccion de Jerusalen por el emperador Tito, hijo de Vespasiano: i en
ella no levantaron ciudades, ni les dieron nombres, como sin fundamento
aseguran algunos. Venian como vencidos para recibir socorro: no para
fabricar murallas. En las ciudades donde eran admitidos, vivieron muchos
años mezclados con los naturales i demás vecinos; i despues que con su
trabajo adquirieron la posesion de riquezas, formaron barrios separados
para vivir con mas comodidad i tener mas libremente congregaciones en
sus sinagogas. Por lo comun los judíos que pasaron á España perdieron su
lengua i se acomodaron facilisimamente á hablar en la de la tierra, i
esta es la razon, segun el doctor Bernardo Alderete, porque se nos
pegaron tan pocos vocablos de la hebrea, que sin duda fueran mas, si
ellos la hubieran conservado con el uso i con trasmitirla á sus
descendientes i á los moradores de las ciudades, en donde vivian.
No pasó mucho tiempo sin que la paz de los judíos fuese turbada.
Congregados los obispos el año 303 en el Concilio Eliberitano
prohibieron la comunicacion i tratos i contratos con ellos en lo
posible, por cuanto intentaban con vivisimas i apretadas instancias
llevar gente á la lei de Moisés. Además fulminaron anatemas contra todos
aquellos que comieran en compañía de israelitas, i contra los que
permitieran que estos bendijesen los frutos que de sí arrojaban las
tierras de los cristianos.
Algunos creen ver en estos cánones la prueba i grande del escesivo
número de judíos que habia entonces en España; pero yo encuentro otra
mayor para llevar la opinion contraria, en las leyes de los visogodos,
cuya recopilacion vulgarmente es llamada _Fuero Juzgo_. En ellas se lee
la division que de la Peninsula hicieron, tomando dos partes para sí los
godos, i dando una á los romanos: nombre con que conocian á los
españoles de aquel tiempo. Dice así una de las citadas leyes, vuelta en
lengua castellana: «El departimiento que es fecho de las tierras dellos
montes entre los godos é los romanos, en ninguna manera debe ser
quebrantado; pues que pudiere ser probado. Nin los romanos non deben
tomar nin demandar nada de las dos partes de los godos, nin los godos de
la tercia parte de los romanos.» Por donde se ve cuan pocos eran los
judíos que habitaban en España, cuando en este repartimiento para nada
se les nombra: silencio que no se advertiria si hubieran sido muchos en
número.
I no traten los de la opinion contraria de desvanecer este argumento con
decir que los godos mirarian con sumo desprecio i desden á los hebreos,
i que, teniéndolos en poco crédito, ¿cómo habian de repartirles tierras
para que con trabajo i constancia solicitasen sus frutos, i con su
comercio pudiesen pasar mas cómodamente la vida? porque son razones
fáciles de echar por el suelo, como fundadas sobre flacos cimientos.
Las bárbaras gentes del Norte salieron por pura ambicion de sus casas, i
por pura valentia se hicieron señores de las ajenas. Todas las fuerzas
que intentaban vanamente atajarles el paso, duraban ante ellas lo que
un pequeño torbellino de polvo ante un viento recio é impetuoso. Para
retener la usurpacion de las tierras i dominios conquistados usaban del
buen gobierno: con el cual levantaban á las nubes su poderío, fundándolo
en la verdadera obediencia i en el amor de los naturales, no en odios
crueles i vanos intereses, que aunque por algunos años conserven en
apariencia los imperios acaban en destruirlos, i son como aquella piedra
que está en los cimientos de un viejo edificio, i que se va gastando
poco á poco. No demuestra su estrago, hasta que ha desmoronado i hecho
venir á tierra la fábrica que sustentaba, i eso, cuando ni las manos ni
la industria, ni la diligencia bastan á poner estorbos á su ruina.
Por tanto, como los godos no eran arrastrados en sus acciones por la
intolerancia católica, sino por el deseo de la buena conservacion de sus
conquistas, no habrian dejado caer en olvido á los hebreos á la hora de
hacer el repartimiento de España, si estos hubieran vivido en gran
número por las ciudades.
Es cierto que los reinados de los godos fueron llenos de fraternos
odios, i todo género de insultos i calamidades. Ellos como gente bárbara
i rústica estaban dominados por la fuerza de las pasiones, i
especialmente por la ambicion, de suerte que con furiosa presteza
ejecutaban cuantas maldades les sugerian sus entendimientos desbocados.
Desposeian los vasallos á los reyes quitándoles los tronos i las vidas
con la violencia del veneno ó de la espada, i no solo vasallos, sino los
hermanos á los hermanos, i aun los padres á los hijos. ¡Tanto puede la
ambicion de reinar, i mucho mas estando esta junta al endurecimiento de
los corazones, á la ferocidad de los ánimos i á la ignorancia de las
virtudes! Pero en esta edad en que tanto se habian remontado los
delitos, i hasta aquellos que mas ofendian a la naturaleza, eran pocos
los daños que recibian los españoles. Como subyugados i sin fuerzas para
sacudir de sus hombros el yugo que los oprimia, i al propio tiempo
mantenidos en buen gobierno, nunca tomaban partido en los bandos que se
levantaban para arrebatar el trono á la persona que en anteriores
tumultos habia recibido del ejército i la plebe la dignidad real. Entre
godos eran solo estas discordias i semejantes á las de dos fieras que
despues de darse favor para conseguir una presa, i despues de
conseguirla riñen furiosamente con propósito cada cual de hacerla suya.
Desde que Ataulfo entró con poderosa hueste á sangre i fuego en la
península hispánica reduciéndola prestamente i casi sin contradiccion á
su obediencia (lo cual, segun congeturas mas ó menos verosimiles,
acaeció en el año de 415, hasta que Recaredo I.º comenzó á reinar en el
de 586, abrazando la religion católica i detestando el arrianismo)
vivieron los judíos en paz i en incesante comercio con godos i
españoles. Ni eran despreciados, ni oprimidos.
Recaredo, despues de abjurar las doctrinas de Arrio i atraer gran número
de los de su parcialidad al catolicismo, fué quien abrió la puerta á las
persecuciones contra el pueblo hebreo. En el Concilio celebrado en
Toledo el año de 589 se determinó que los judíos no ejerciesen públicos
oficios: que no tuviesen mancebas cristianas, ni siervos cristianos: i
que los hijos de estos, engendrados en cautividad, fuesen dados por
libres, i llevados á la religion católica con el agua del bautismo.
Mucho alaba S. Gregorio al rey Recaredo por no haberse dejado cegar de
la codicia, cuando los judíos le ofrecieron una gran suma de dineros,
con tal que derogase estas leyes: las cuales, segun dicen, fueron
ordenadas con propósito de impedir que ellos sedujesen á la lei de
Moisés á los hombres i mujeres que tenian en sus casas por esclavos.
Yo no pongo duda en que entonces tratarian de ganar los ánimos de muchas
personas para hacerlas entrar en su religion, daño que quisieron
estorbar los padres del Concilio; pero tampoco la pongo en que tales
providencias fueron contrarias á atajar el vuelo que iba tomando en
España el judaismo. Ya en este tiempo eran los hebreos muchos en número
y poderosos por sus riquezas, i así el verse oprimidos i ultrajados dió
ocasion para que empezasen á turbar con inquietudes i desobediencias el
reino. Cerrar quiso la puerta á tantos males el rei Sisebuto, varon á
quien nos pintan grande en el ánimo, esforzado en la guerra, justiciero
en la paz, compasivo siempre, i sobre todo gran celador de la religion
cristiana, por lo cual, como tambien su mucha piedad no le permitiese
tener vasallos no católicos, mandó desterrar de España á todos los
judíos que no quisieron recibir el agua del bautismo. Huyeron muchos á
Francia por no apartarse de su lei; pero los que, por conservar sus
haciendas i domicilios, se quedaron, que fueron unos treinta mil,
viéndose compelidos con tormentos i otros rigorosisimos castigos, i á
mas, amenazados con la muerte, se bautizaron, quedando judíos en el
corazon, aunque cristianos en el nombre, como despues lo dijeron los
sucesos. Muchas i mui graves i justisimas censuras han caido sobre este
rei, por tan atroces é inhumanos hechos. San Isidoro, varon nada devoto
á las costumbres de los israelitas, disculpa el celo del rei, llamándolo
bueno i encaminado á la razón i á la justicia; pero reprueba los medios
de que se sirvió; pues dice que deberia haber entrado en los
entendimientos de los judíos la verdad de la fe cristiana, no por la
fuerza, el miedo i el poderio, sino por los halagos i por la enseñanza.
La causa de haber perseguido tan obstinada i cruelmente á los hebreos el
rei Sisebuto, segun aseguran buenos autores, fue una carta de Heraclio:
emperador que habiéndose dado á la astrologia judiciaria i á querer por
medio de artes supersticiosas entender todo lo por venir, llegó á
hacerse gran agorero i amigo de pronósticos; i sabiendo por uno de estos
que habia de ser destronado i violentamente muerto por gentes
circuncidadas, imaginó estorbar su destronamiento i muerte con traer de
fuerza ó de grado á la religion cristiana á todos los judíos que vivian
en sus tierras; i no solo á estos sino á los demás que vivian derramados
por el orbe; empresa para la cual incitó á todos los reyes sus amigos ó
aliados.
No hai cosa que se oponga á creer que esta fue la ocasion de las
persecuciones de los judíos por Sisebuto en España, i luego por
Dagoberto, rei de Francia en sus tierras i señoríos; pero antes de los
tiempos del emperador Heraclio, i de sus agüeros i pronósticos, ya habia
comenzado Recaredo á oprimir i vejar estas gentes; por donde juzgo que
mas que por ajenas persuasiones, se rigió aquel monarca godo por una
razon de estado para embarazar los males que ocasionaban al cristianismo
la demasiada libertad con que vivian en sus reinos los hebreos.
No pasó mucho tiempo sin que conociera Sisebuto el poco provecho que
habian conseguido sus disposiciones. Vió que se aumentaban los daños que
padecian sus dominios por constreñir a los judíos á cristianarse; i como
bárbaro é ignorante, en vez de atribuirlos á error suyo en elegir los
medios para atajarlos, determinó otras providencias si no iguales en
crueldad, aun mas crueles que las anteriores. Esto por una parte: por
otra, que las quejas de los judíos llegarian á sus oidos, como llegan
las de todos los vasallos á los reyes. Por mui grandes que sean,
debilitadas. I así resolvió con acuerdo de los obispos i magnates en las
Córtes i Concilio de Toledo el año 633, que se obligase á los que habian
recibido el agua del bautismo á observar la religion cristiana: que no
pudiesen educar á sus hijos menores, sino que estos fuesen confiados á
cristianos viejos; i últimamente que les estaba desde aquel momento
vedado el tratar con todos los que aun no hubiesen venido á la fe, bajo
la pena de esclavitud perpétua. Además conminaron los padres del
Concilio con escomunion á cuantos fuesen en contrario; puesto que los
judios ganaban los ánimos en su favor, no solo de los poderosos, sino de
algunos obispos i sacerdotes, así por medio de las relaciones de amistad
que su industria i comercio les facilitaban, como por sus riquezas:
llaves con que en los tiempos mas calamitosos solian cerrar las puertas
de sus desdichas. Satisfecho no quedó Sisebuto con tantas i tan
estrechas órdenes; i así con el fin de oprimir mas á los hebreos
_conversos_, dispuso por las leyes 12, 13 i 14 del _Fuero Juzgo_, título
IV, que no comprasen siervos cristianos, i que no obligasen á los que
tenian á circuncidarse i judaizar; i á mas les imponia la obligacion de
manumitirlos conforme al Derecho Romano.
Estraño parecerá sin duda á los ojos de algunos que despues de tantas
persecuciones porfiasen aun los judíos no solamente en su lei, sino en
comunicarla á otros, con el propósito de hacerla vulgar en España. Pero
por lo dicho se vendrá en conocimiento de que estos hombres habian
llegado á un punto de estremada opresion, i á la mas baja i miserable
suerte, i que se veian precisados á mitigarla ó darle fin, só pena de
quedar en ella, i aun en peor todo lo restante de su vida. Malográronse
en flor sus esperanzas; porque las leyes rigorosas contra los hebreos se
renovaron i aumentaron en las Córtes i Concilios de Toledo el año de
638 uno de los del reinado de Chintila.
El rei Flavio Recesvinto tambien quiso poner la mano en el remedio de
los males que por los judíos ocultos con las apariencias de cristianos
continuamente i á la sorda, se recibian en las tierras de sus dominios;
pero en esta empresa no quiso caminar por nueva senda, sino seguir las
pisadas de sus predecesores. En el Concilio celebrado en Toledo el año
de 655 pidió á los prelados que con gran diligencia proveyesen la forma
de cerrar el paso á los israelitas en los desmanes que á pesar de tantas
leyes i castigos diariamente cometian. Ellos en esto, conociendo lo mal
vistos que eran por el rei, i temerosos como gente esperimentada, que
nada favorable podian esperar de sus contrarios, dirigieron cartas á
Recesvinto (las cuales se leen en el _Fuero Juzgo_), donde declararon
haber con obstinacion perseverado en judaizar; pero que ahora se volvian
verdaderamente cristianos, i que no guardarian ningunas ceremonias de su
lei, para mostrar con claridad lo apartado que estaban ya de sus
errores.
Esta franca declaracion solo sirvió de embarazar que se hiciesen en los
judíos mas castigos i crueldades, i así toda la saña del Concilio contra
ellos se redujo á la renovacion de las antiguas leyes, i encomendar á
los jueces que con el mayor cuidado les diesen cumplimiento. Pero todo
fué en vano. Ellos persistieron en su lei, i en trasmitirla á otros, i
los reyes i los obispos i los magnates en no separarse del errado i
trabajoso camino que habian tomado para alcanzar el desarraigamiento del
judaismo en España.
En los Concilios i Córtes celebrados en Toledo por los años de 656 i 681
volvieron á renovar las leyes i aumentarlas con otras. El rei Ejica en
el celebrado tambien en Toledo por el año de 693 pidió á los prelados
que dispusiesen los médios de tener bien ataviados los templos i bien
reparadas, ornadas i servidas las iglesias pequeñas; pues con grave
dolor de su mucha piedad habia llegado á sus oidos cuánta i cuán grande
mofa hacian de ellas los judíos diciendo: _quitáronnos buenas sinagogas,
i tienen tales templos!_ Tambien pidió que se les vedase ir á negociar
al _catablo_: voz, segun Ambrosio de Morales, de orígen griego, i que
por cierto rodeo quiere significar _el puerto_ en el idioma castellano.
Dicen que esta providencia fué dirigida á meter en codicia á los
cristianos de dedicarse al comercio i contratacion en las ciudades
marítimas de Levante: donde surgian naves cargadas de toda suerte de
mercaderías venidas de los reinos estraños: las cuales eran compradas
primeramente por los hebreos, los únicos ó los mas que traficaban
entonces en España; puesto que la mayor parte de los godos, i muchisimos
españoles, ya unidos á ellos por los vínculos de parentesco i amistad,
solo se ocupaban en envolver el reino en guerras civiles, i en elegir i
en destronar reyes.
Las medicinas que se aplicaban á los males mas parecian estragos i
destrucciones, que remedios. Veíanse los judíos tenidos en las leyes por
libres; pero tratados por los hombres con la misma dureza que si fueran
esclavos; i no solo como esclavos, sino peor que los mas dañinos i
feroces animales. Los hijos que nacian de sus siervos les eran quitados
desde el punto de nacer, cuando los cristianos conservaban los de los
suyos en la propia esclavitud que tenian sus padres. Pretender los
cargos públicos les era vedado: las alas para comerciar libremente les
fueron cortadas: los llevaron por fuerza á una religion, no conforme á
la que aprendieron en su niñez: prohibiéronles la abstinencia de
manjares, no permitidos por sus leyes hasta entonces, i ya repugnados
por la falta de costumbre. Sus hijos, cuando llegaban á la edad de
siete años, perdian, ya que no el amor, los regalos i caricias maternas;
pues les eran arrebatados para que recibiesen educacion en la ley de
Cristo; pero no de personas ligadas á ellos por los vínculos de la
sangre ó de la amistad. ¿Qué habian de enseñarles sino desprecio i
aborrecimiento á aquellos que les dieron la vida? Sus quejas no eran
escuchadas, ¿qué digo escuchadas? ni aun permitidas. Para desagraviarlos
en los ultrajes que de toda suerte de gentes recibian, se levantaban
montes de dificultades, i para castigarlos en las faltas mas pequeñas,
se presentaban á los jueces precipicios i derrumbaderos en donde
arrojarlos con mayor facilidad. Vivian sin tener confianza en las leyes
presentes, i temerosos siempre de las futuras; porque todas se ordenaban
con el propósito de hacerles mas bajo i miserable su estado. Hablar con
una persona, no reputada por verdadero cristiano, les traia la pérdida
de su libertad i una perpétua esclavitud. Sus mujeres, sus hijos i sus
haciendas todos estaban sujetos á la codicia i al odio de sus
perseguidores. Las leyes favorables á ellos se daban para juzgarlos al
olvido, i las adversas se interpretaban en el sentido que les eran mas
perjudiciales. A cualquier punto donde volvian los ojos no encontraban
mas que enemigos. Los facinerosos los robaban sin temor i vergüenza i
con entera libertad; porque ¿quién habia de prestarles socorro en sus
peligros, cuando los magistrados les negaban en sus causas la justicia?
Y así vivian, sin tener facultades para gobernar en lo licito sus
haciendas, sus casas, sus hijos i sus mujeres. Ellas temiendo
constantemente por la libertad i por la vida de sus maridos, i ambos
pasando sin sus hijos en la mayor amargura los dias de la juventud, i
esperando sin el calor i abrigo de ellos otras mayores amarguras para
los dias de la vejez: menospreciadas las leyes, recibiendo diariamente
insultos i agravios, sin haber quien los castigase, i sin poder
vengarlos con sus propias manos: perseguidos así por los reyes, por los
obispos i por los magnates, como por los plebeyos: esperimentando los
mismos rigores i aun mas que los esclavos: padeciendo todo el peso de
una adversa fortuna i sin esperar los beneficios de una próspera: no
hallando oidos para sus quejas, favor para sus riesgos, alivio para sus
males, consuelo para sus aflicciones, piedad para sus infelicidades, i
reparo i enmienda para sus daños; i por último viéndose en todo tiempo i
lugar i por todo linaje de gentes, tratados con opresion, con desprecio,
con odio i hasta con vilipendio.
Para sacudir del cuello el intolerable yugo que los oprimia, urdieron
los judíos una conspiracion con propósito de dar muerte al rei Ejica i á
todos los magnates i prelados que no les eran afectos, i de alzarse con
el señorío de las tierras españolas: empresa que iban á poner en
ejecucion con ayuda de sus hermanos los que estaban avecindados en las
ciudades africanas. Sin embargo de las precauciones que ellos tomarian
para que su secreto no fuese público hasta la hora conveniente, llegaron
á oidos del rei las tramas que tan en su daño maquinaban; i así en el
17.º Concilio i último de los celebrados en Toledo, dió la nueva de caso
tan grave i de tanta importancia á los prelados i caballeros del reino
que estaban juntos en Córtes, declarando todo lo que por manifiestos
indicios i por la confesion de algunos conjurados habia descubierto, que
era reducido á haberse carteado los judíos españoles con los de Africa
con el fin de concertar el modo de levantarse contra los cristianos i
destruirlos. No se embarazaron mucho los ánimos de estos al escuchar
tales maquinaciones: antes bien resolvieron que los judíos complicados
en tamaña traicion fuesen castigados con la pena de esclavitud perpétua
para ellos, para sus mujeres i para sus hijos, con la pérdida de sus
bienes i con ser esparcidos por todo el reino, poniendo de esta suerte
entre unos i otros tierra por medio, i dejándolos en tan bajo i
miserable estado que nada pudiesen ejecutar en ofensa del rei, ni de los
cristianos.
Grandes fueron las violencias i crueldades que se cometieron en daño de
los judíos por los que tenian obligacion de desempeñar tan rigorosas
órdenes. Estos obraban á su entero albedrío en dar por cómplices en la
traicion á cuantos querian: estos confiscaban los bienes sin tener los
oidos abiertos á los descargos que pudieran traer en su defensa los
acusados; i estos en fin encaminaban todos sus pasos, llevando por guia,
cuando no el odio á los hebreos, la codicia de apoderarse de sus bienes.
Creen algunos que estas persecuciones contra los judíos se mitigaron en
el reinado de Witiza: monarca á quien nos pintan los escritores de su
tiempo como un dechado de virtudes, i los de siglos mas cercanos al
nuestro como un monstruo de todo linaje de maldades. No es mi propósito
alabar ni deprimir la memoria de este rei. Sobrados vituperios de ella
se leen en nuestros historiadores, i escelente defensa de sus hechos en
una obrita del célebre escritor, _Gloria de España_, don Gregorio Mayans
i Ciscar, que corre en manos de los hombres doctos, llevando por título
estas palabras _El Rey Witiza defendido_.
El arzobispo don Rodrigo en su historia latina de las cosas de España
dice que este monarca:--«Habiendo violado los privilegios de las
Iglesias, restituyó á los judíos i los honró mas que á las Iglesias con
privilegios de mayor inmunidad.» Lo mismo afirma Ambrosio de Morales i
con él Juan de Mariana i otros no menos graves autores de los que han
tratado de historias españolas. Ningun escritor godo habla cosa alguna
de esta proteccion á los judios dada por el rei Witiza. Isidoro, obispo
de Badajoz, llamado por esta causa el Pacense, loando las virtudes i los
hechos notables de semejante monarca, dice que despues de la muerte de
su padre Ejica, no bien comenzó á regir á los habitadores de España, sin
sujecion á persona alguna, hizo público un olvido general de los delitos
de que habian sido acusados en el anterior reinado varios magnates, i
tras de restituirles sus bienes injustamente confiscados, les concedió
permiso, no solo para volver á la Península, sino tambien para residir
en su córte, i hasta en palacio cerca de su persona.
Quien primero difundió la noticia de que el rei Witiza ordenó la vuelta
á España de los judíos ausentes i perseguidos, i que les dió varios i
grandes privilegios i exenciones, fué don Lucas obispo de Tuy, por medio
del cronicon que compuso en el año de 1235, i esto hizo, no siguiendo el
parecer de ningun autor godo, sino llevando sin duda por norte en su
camino consejas de la plebe ó falsas relaciones de escritores arábigos,
y dando ocasion al arzobispo don Rodrigo i á don Alonso el Sabio para
que fundados en su autoridad estampasen semejante patraña en las
narraciones de los sucesos habidos en la Península, hasta los tiempos en
que vivieron.
Cosa fuera de duda es que los judíos españoles durante el largo reinado
de Witiza fueron mantenidos en el mas intolerable cautiverio, i que no
adelantaron el menor paso en el propósito de terminar la rigorosisima
opresion i la vileza en que habian sido puestos por otros monarcas. Pero
no pasó mucho tiempo sin que se levantasen sus esperanzas del centro de
la tierra en donde estuvieron por espacio de tantos años escondidas. El
rei Rodrigo con haber ocupado el trono en daño de los hijos de Witiza,
sin ser electo por el pueblo i recibiendo solamente de las manos del
Senado la investidura regia contra toda razon, lei i derecho, dió
ocasion de que el reino se dividiese en bandos i que los judíos viesen
en ellos cerca el momento de romper las puertas por donde habian de
salir de la amarga cautividad en que vivian.
Tales parcialidades fueron unas chispas que bastaron á encender el ánimo
de ellos, i á alentarlos de tal suerte á la libertad i á la venganza,
que comenzaron á trazar el modo de abrasar i destruir á sus opresores.
De la misma suerte que un rio, á quien ponen compuertas para que no
anegue los campos, i él volviendo con mayor impetu que primero, las
rompe i se arroja mas violentamente sobre ellos, causando mas estragos i
destrucciones, así los oprimidos hebreos habiendo malogrado por tantas i
tan repetidas veces la accion de quebrantar sus cadenas, hallaron por
fin el modo de vengarse de sus enemigos, demostrando claramente á los
reyes i á los que tienen á su cargo la gobernacion de grandes estados,
que hai males que necesitan por lo comun blandos remedios, i que muchas
veces la violencia de la cura i las inhumanas operaciones, no hacen mas
que solaparlos repentinamente i por mayor ó menor espacio de tiempo, sin
que sirvan de estorbos para que vuelvan á fatigar el cuerpo con mas
furia, i ocasionen en él mas agudos, mas graves i mas peligrosos
dolores, i aun la muerte.
Cuando los gobernantes imaginan que para conseguir sus designios todo es
lícito, aunque sea contra todo órden, toda lei i toda costumbre, i
llevan sus decretos puestos en la punta de la espada, los pueblos,
dejándose vencer de la necesidad, se rinden á la violencia de las armas,
guardando siempre en sus corazones el deseo de sacudir el yugo i el de
vengar su cautiverio. Este fuego aunque esté encubierto no necesita para
levantarse mas que un soplo del aire, i así los pueblos en sus motínes ó
rebeliones, i mas cuando han sido sin causa oprimidos, siguen los peores
ejemplos, i se valen tambien de los peores, de los mas atrevidos, de los
mas sangrientos i de los mas feroces medios.
Yo no digo que los judíos que conspiraron contra la vida de reyes, i
contra el estado de quien eran vasallos, fuesen dejados sin castigo;
pero hai ocasiones en que la sobra de rigor se convierte en falta de
cordura. Nunca se conocen los buenos i diestros pilotos en la bonanza,
sino cuando el bajel es arrebatado por las furiosas olas, viéndose en un
punto empujado hasta las nubes, i derribado á los abismos del mar, i á
riesgo de ser hecho pedazos contra las rocas. Sentencia es de grandes
políticos que aquel de quien todos temen está obligado para la
conservacion de su vida i de su imperio á temer de todos.
Hasta ahora la mayor parte de los historiadores, al tratar de la pérdida
de España la han atribuido á unos deshonestos amores del rei Rodrigo con
la hija del conde don Julian, vengados por este, incitando á los árabes
á la conquista de la Península, i dándoles todo el favor que pudo, asi
con sus parientes i allegados como con sus amigos i los de su
parcialidad. Otros la atribuyen á la cólera divina, ofendida por haber
quebrantado Rodrigo las puertas de una cueva encantada que estaba cerca
de Toledo en una de las bandas del caudaloso Tajo. Pero uno i otro
suceso no son mas que novelerias; pues no tienen otro fundamento que las
hablillas i consejas del vulgo, i los cantarcillos populares i romances,
inventados por moros i cristianos con el fin de entretener la
ociosidad.
Lo indudable es que los hijos de Witiza, i otros nobles ofendidos de la
usurpacion del trono godo hecha por Rodrigo, de la crueldad de su
gobierno i de su mal vivir, pasaron á Africa, con propósito de solicitar
vivamente de Muza la entrada de tropas árabes en España. Dió oidos á sus
razones este atrevidisimo i famoso guerrero; mas antes de empeñar su
palabra i su gente en esta empresa, comenzó á hacer secretas
averiguaciones por medio de los judíos que estaban avecindados en
Africa, i que continuamente se carteaban con los españoles. Estos
respondieron que España estaba sin fuerzas i vigor, dividido el reino en
parcialidades, desmantelados los castillos, ofendidos muchos nobles por
el tiránico yugo del monarca, este dado á los vicios, los plebeyos
oprimidos de la miseria, los tesoros exhaustos por haber sustentado
tantas i tan largas guerras civiles, el mar sin bajeles, la tierra sin
tropas, i falta en fin de los dos nervios principales que mantienen todo
el cuerpo de los estados: la agricultura i el comercio. Ofrecieron
tambien los judíos ayudar en cuanto pudiesen á la toma de España,
siempre que les fuese permitido, despues de la victoria, vivir ellos,
sus mujeres i sus hijos en la lei de Moisés, i que no los turbasen ni
afligiesen con castigos i otros rigores.
Esta respuesta encendió el ánimo de Muza, i lo alentó á conseguir presa
tan fácil; i así, habida licencia del Califa, ordenó que el caudillo
Taric con escogida caballería desembarcase en las opuestas costas
andaluces, para reconocer la tierra. Con quinientos caballeros árabes i
en cuatro barcos grandes pasó el estrecho de Hércules, i aportó
felizmente á las marinas españolas. Corriéronlas los muslimes, tomando
algunos ganados i gentes, sin que nadie les saliese al encuentro. Con
esta presa i buen suceso tornó Taric con sus caballeros á Tánjer, en
donde fué bien recibido. Levantó entonces Muza un poderoso ejército i lo
puso á las órdenes del mismo caudillo. Pasaron estas tropas el estrecho
i saltaron en la tierra donde hoi está Algeciras. Intentaron los
españoles cerrarles i defenderles vanamente el paso, pues tras de
ligeras escaramuzas, pusiéronse en huida. Taric mandó quemar sus naves
para quitar á su ejército la seguridad de salvarse de la muerte, si con
algun revés lo castigaba la fortuna: accion que fué imitada nueve siglos
despues, en la conquista de los reinos de Nueva España, por el famoso
capitan Hernan Cortés, i que tan alabada ha sido por los historiadores
de aquella empresa.
El caudillo español que habia hecho rostro á los árabes llamábase
Tadmir: el cual escribió al rei diciéndole la llegada de aquellas gentes
de la parte de Africa, lo que trabajó cuando se vió acometido de
improviso por ellas, para defenderles la entrada: que tuvo que ceder á
la muchedumbre: que acampaban en la tierra i que comenzaban á hacer
correrías: que enviase en socorro suyo toda la gente que pudiese
allegar: i por último que la necesidad i el aprieto eran tales, que si
el mismo rei no entraba en campaña con todas las fuerzas de su reino
seria inevitable su pérdida.
Alborotóse Rodrigo con la nueva, i juntando á los de su consejo i á los
principales caballeros que residian en su córte i cerca de su persona,
les habló en estos términos:--«Gentes feroces, venidas de Africa, han
entrado en nuestras tierras, talando los campos, tomando los ganados i
cautivando las personas. Los que les han hecho rostro han sido disipados
con la misma presteza que el águila suele desbaratar una bandada de
palomas. Aprestad las armas i los caballos, empuñad los áceros, volemos
al campo de los árabes, atrepellemos sus escuadrones i hagamos en ellos
horrible i espantosa matanza. I si la fortuna mira con agradable i
risueño semblante á los enemigos i nos arrebata los laureles de la
victoria, morirémos matando. Vosotros sois los descendientes de aquellos
godos terror de Roma: vosotros sois los descendientes de aquellos godos
espanto i admiracion del orbe: vosotros en fin sois la flor i la gloria
de España. Corred, corred: no permitais con la tardanza que su Dios les
dé ayuda: el nuestro nos puso las armas en los brazos i la constancia en
los corazones. Libres somos i libres serémos, aunque nos amenacen los
árabes con cadenas, porque nuestro esfuerzo va á arrancarlas de sus
manos para luego oprimir con ellas sus indómitas cervices. Pero, si
estorba nuestros intentos la fortuna, antes que esclavos de los árabes,
mírenos muertos el mundo, i antes que muertos ó vencidos, démosle otras
muestras del valor que heredamos, del aliento que tenemos i del poder
con que nos resistimos.»
Levantó Rodrigo un ejército de noventa mil hombres i con ellos llegó á
los campos de Xerez. Toda la nobleza de su reino se habia apercibido
para hallarse en esta jornada. Unos iban armados de lorigas i de
perpuntes: otros solamente de lanzas, escudos i espadas: otros con
arcos, saetas i hondas: otros con hachas, mazas i guadañas cortantes.
Los caudillos árabes juntaron la caballería que andaba desmandada i
corriendo la tierra. Ordenados los escuadrones, les dirigió Taric una
plática semejante á esta:--«¡Oh muslimes! ¿veis ese poderoso ejército
bajo cuyos pies tiembla la tierra, i que hace resonar los aires con el
crujido de las armas, con el estruendo de las trompas i atambores, i con
los alaridos con que se anima á la pelea? ¿Veis cuan mayor es en número
al de nosotros? Pues bien, volved los ojos á la otra parte, ¿qué mirais?
un mar que nos negará campo abierto á la huida, si con un infeliz revés
nos maltratare la fortuna. En esta parte no esperemos amparo ni abrigo
sino la muerte; i si solo fuere la muerte, acostumbrados estais á
esperarla con pié firme i con sereno rostro; pero con ella nos espera la
infamia. Volved los ojos á la otra parte. Si moris á manos de ese
ejército, será con honor i con gloria. Si lo desbaratais, esas tierras i
cuantas riquezas halleis en ellas serán de vosotros. Dios i nuestro
arrojo pueden salvarnos solamente. En uno i otro tengo mi confianza.
Acordaos de las pasadas victorias con que honrásteis á nuestra patria i
á vuestro nombre. No con torpe é inconsiderado miedo desvanezcais lo que
tanta fatiga ha costado, i no deis ocasion á que duden los enemigos si
fuimos nosotros aquellos muslimes, famosos en la tierra por su singular
esfuerzo i constancia en las batallas, i á quienes tanta valerosa nacion
ha inclinado la cerviz para sufrir las cadenas que les pongamos.»
Acometiéronse los dos ejércitos con enemigo furor, no bien apareció en
el Oriente la mañana, i durante todo aquel dia, mantúvose dudosa la
victoria. La noche con sus sombras separó á los contrarios, é hizo
suspender el encarnizado enojo i matanza. Salido el sol, acompañado de
rayos, embistiéronse nuevamente; pero con la misma fortuna: ni favorable
ni adversa para ambos ejércitos. Al tercero dia de la espantosa
refriega, viendo Taric que en los muslimes iba cayendo el valor,
alzándose en los estribos i dando á su caballo aliento, soltó la voz á
estas razones: «Esforzados muslimes, siempre vencedores, nunca vencidos;
¿qué ciego furor os guia á dejar el campo i la victoria, por el godo
enemigo? ¿Dónde está vuestro arrojo? ¿dónde vuestras pasadas glorias?
¿dónde la constancia? Seguidme pues. En poder de ese ejército está
nuestra honra. Saquémosla de sus manos i mueran cuantos lo componen á
las nuestras. No es razon que haya quien diga al mundo, que pudo mas en
vuestros corazones el torpe miedo que la memoria de las heróicas hazañas
que consiguieron vuestros abuelos, i de las que nos han hecho tan
famosos i tan temidos, tan respetados i tan potentes.» I dando riendas á
su feroz caballo, se entró en el ejército godo, atropellando é hiriendo
á cuantos intentaban vanamente cerrarle el paso.
Embistieron con igual ánimo los muslimes á los que casi tenian por suya
la victoria. Peleaban unos con otros, pie con pie, i con no vista furia:
herian i mataban con sus picas i espadas. Los de á caballo, como era
llano el campo, alanceaban á su placer, entrando i saliendo á media
rienda por los escuadrones enemigos; i aunque ellos i sus caballos
andaban heridos, no por eso dejaban de batallar como valientes
guerreros. Mientras mas recia estaba la refriega, doblado esfuerzo
mostraban los de á pie, que aunque heridos i con mas heridas de
refresco, no curaban de apretárselas por no pararse á ello; pues el
coraje de los enemigos no daba lugar mas que para matar ó morir. En esto
Taric llegó al carro bélico, en que iba Rodrigo, lo acometió
desaforadamente, i pasó de una lanzada el pecho del rei. Cayó muerto el
mal aventurado Rodrigo, i Taric tomó su cabeza para enviarla á Muza i
darle con ella una muestra de la próspera fortuna de sus armas. Con la
muerte del rei, i de muchos i mui principales caballeros godos, los que
quedaron con vida, empezaron á aflojar la batalla i á irse retrayendo.
Siguiéronles el alcance los muslimes de á caballo; pues con la ganada
victoria, ni las heridas les dolian, ni la hambre ni la sed los
fatigaban, i parecia que no habian tenido ni pasado males ni trabajos.
Conocióse el valor i resolucion que hubo en el campo godo en que casi
todos cubrian con sus cuerpos el lugar que defendieron en vida, i en que
los moribundos mostraban el aspecto de ferocidad que solian tener. No
alcanzaron los árabes esta victoria, sin pérdida de sangre; porque los
mas esforzados ó perecieron en la batalla, ó sacaron de ella cruelisimas
heridas. Mezclóse diversamente por todo el campo, el llanto con la
alegría, el contento con la tristeza. Sonaban los aires con el estruendo
de las trompas i de los atambores que celebraban el buen suceso de las
armas de Taric, i resonaban las quejas de los heridos i moribundos. Los
que fueron á despojar los cadáveres i á apresar los bastimentos,
municiones i demás botin, hallaban junto al cuerpo del enemigo, el del
deudo, el del hermano, el del padre, i en fin el de la persona á quien
mas amaban ó á quien mas aborrecian. Esta espantosa refriega acaeció en
el año de 711.
Los caballeros godos que habian podido escapar de la batalla con vida se
retrajeron á las principales ciudades, i comenzaron á ponerlas en la
defensa que permitia la furiosa presteza de los enemigos en derramar sus
aguerridas huestes por España. Pequeño era el ejército de estos
comparado con lo árduo de la empresa; pero despues de tan importante
vencimiento, nada bastaba á embarazar el vuelo que iban tomando sus
conquistas. Delante de ellos caminaba la nueva de la rota infeliz del
campo godo en las márgenes del Guadalete, llevando tras sí el espanto i
temor de los naturales de la tierra, i pintando la fiereza i el poderío
de los árabes con los mas vivos colores que podia facilitar la
admiracion de caso tan grave i lastimoso; pues las desdichas suelen ser
siempre mas terribles imaginadas que sucedidas.
Los judíos españoles vieron cercano el instante de quebrantar sus
cadenas; i asi comenzaron á cobrar aliento, de la misma suerte que
aquellos que caminan llevando sobre sus hombros un grave peso. Luego que
rinden la carga que los fatigaba, ni piensan en los trabajos pasados, ni
en el descanso presente, i solo reciben contento con el placer de que ya
respiran con toda libertad sus corazones.
En las grandes ciudades que ganaba Taric bien á sangre i fuego, bien por
capitulaciones honrosas i de provecho para los vencidos, dejaba en su
custodia, i para su guarnicion algunos árabes; pero fiando toda la
seguridad de ellas en los muchos judíos en quienes habia puesto las
armas en las manos, ya para que los ayudasen en la empresa de reducir á
su obediencia la península hispánica, ya para alentarlos á salir de su
cautividad, i á destruir á aquellos que por tantos años habian oprimido
á los descendientes de la antigua nacion judáica.
Con estos i con pocos de su ejército fortaleció las ciudades de Sevilla,
Córdoba, Toledo i otras[31], Granada quedó encomendada tan solo á ellos:
de donde nació ser conocida en los primeros tiempos de la dominacion
arábiga en España _por villa de judíos_[32].
Esto creo que demuestra claramente cuan corto era el número de los
cristianos que tomaron partido en favor de los muslimes, cuando la
pérdida de España; puesto que no bastaban á fortalecer las populosas
ciudades. A menos que no se diga que los árabes, viendo que la amistad
de los godos estaba fundada en odios crueles i ambiciones (flaquisimos
cimientos que suelen dar en tierra inesperadamente con los edificios que
sobre ellos descansan), no quisieron fiar toda la seguridad de sus
conquistas en manos de hombres tan viles, que, por satisfacer sus deseos
de venganza, no dudaron en acabar con su dominacion en España, i con la
libertad de sus patricios. Sin embargo, lo mas conforme á razon es que
todos los cristianos que incitaron á los árabes á esta conquista, i les
dieron calor en tamaña empresa, fueron pocos en número, i esos sirvieron
de guia al ejército árabe para domar las fuerzas de los que intentaban
atajarle el paso.
Los judíos por otra parte eran muchos: todos afectos á los
conquistadores, ya por haber acudido estos al llamamiento que les
hicieron para la toma i reduccion de la península hispánica, ya por
haber salido con su ayuda de la opresion en que tan desdichada i
miserablemente habian vivido por espacio de tantos años.
I estos fueron los frutos que cogieron los godos de las cruelisimas
persecuciones hechas á los judíos sin considerar que las ofensas deben
esperar la venganza de los ofendidos, i que mas fácilmente se lleva á
los hombres por la razon i el convencimiento que por la fuerza, pues
nadie encuentra dificultades en caminar por sendas cubiertas de flores,
i todos se arredran en trepar por ásperos montes llenos de zarzas i de
abrojos, i cercados de precipicios i derrumbaderos. Es cierto que hai
cosas fáciles de suceder i dificultosas de ser creidas. Una de ellas
seria entonces la determinacion atrevidisima que tomaron los oprimidos
hebreos para despedir de sus hombros el yugo que los fatigaba i cobrar
su libertad para siempre. Pero en las empresas graves deben considerar
los mortales, antes de acometerlas, cuántos daños ó cuántos peligros
nacerán de ellas. I aunque la prudencia humana no puede señalar los
fines á las cosas, es indudable que mucha parte alcanza en tenerlos
adversos ó favorables el modo con que se dirigen.
En oprimir tan inconsiderada i fieramente á los hebreos obraron los
godos como el caballo que es amedrentado en una tormenta por los rayos
que bajan desprendidos de las nubes, i que corre desbocado por salvarse,
sin ver por donde camina, hasta que impelido por su misma furia se
precipita sobre un caudaloso rio que va en aquella sazon hinchado con
las continuas lluvias i mucho mas soberbio que suele, á perder en el mar
sus aguas i su nombre. No pensar en los fines de las cosas es dar por
huir de un peligro incierto, no en otro mayor, sino en uno, donde no
puedan alcanzar los remedios ni la industria de los mortales, i sea
necesario remitir al tiempo la cura de los daños que ocasione.
RESUMEN del libro segundo.
Fúndase la academia rabínica de Córdoba.--Primeros varones que la
ilustran.--Decreto de don Fernando I.º en las Córtes, i Concilio de
Coyanza (Valencia de don Juan).--Noticia de algunos sabios
rabinos.--Conquista de Sevilla por San Fernando.--Judería en esta
ciudad.--Leyes de don Alfonso el Sabio contra los judíos.--Proteccion
dada á estos por el rei don Pedro.--Fundan nueva sinagoga en
Toledo.--Quejas del rabí don Santo.--Disposiciones del rei Enrique
II.--Trama que urden los judíos contra don Juzaf Pichon.--Poetas
judíos.--Predicaciones del arcediano de Ecija.--Tumulto de la plebe
contra los hebreos.--Saco é incendio de las juderías de Sevilla,
Valencia i otras ciudades.--Conversion de muchos judíos al
cristianismo.--Famosa disputa en Tortosa entre muchos de los mas sabios
judíos españoles i Gerónimo de Santa Fe, en presencia del Anti-papa
Pedro de Luna (Benito XIII).--Bautízanse casi todos los que fueron á la
disputa.--Bula de Pedro de Luna contra los judíos aun no convertidos al
cristianismo.--Repartimiento hecho á los judíos en 1474.