CAPÍTULO XVIII.

Último rincón de la Yraya.--Manantial de Borogborocan.--Quipia.--Su

historia.--Estadística.--Donsol.--Situación.--Censo civil y

eclesiástico.--Azcune y Melliza.--Un buen astillero.--Música y

escuela.--De Donsol á Pilar.--Límites.--Caserío.--El remedio

cerca del mal.--Censo tributario.--El _Catalina_.--Partido

de Sosogon.--Castilla.--Su fundación, etimología.--Límites y

estadística.--Magallanes.--La _María Rosario.--_Restos de un

astillero.--Las armas de Castilla.--Estadística.--Bulan.--Seno de

Sorsogon.--Límites.--Productos y censo tributario.--Matnog.--Viaje

por tierra y por mar de Bulan á Matnog.--Etimologías y

estadística.--Bulusan.--Derivación de esta palabra.--Historia y cifras

comparativas.--Volcán de Bulusan.--Barrios y población.--El indio y

las galleras.

Nos resta conocer del partido de la Yraya los pueblecitos de Quipia,

Donsol y Pilar, que según dijimos los encontraríamos al dirigirnos

al partido de Sorsogon.

El punto de partida que elegimos para esta última expedición, por

la provincia de Albay, fué Guinobatan, en donde nos esperaban los

caballos que nos habían de llevar á Quipia.

A pesar de que emprendimos la marcha á las ocho de la mañana, y

á esa hora el sol calienta en Filipinas, lo mismo que á las doce,

no pasamos gran calor, merced á las espesas tolderías de aquella

rica flora. Antes de llegar á la vista de Mauraro hicimos un pequeño

descanso en el manantial de Borogborocan. El agua que brota de la

misma peña es riquísima.

De Guinobatan á Quipia se invierten cuatro horas. Este pueblo está

situado entre aquel y los de Camalit y Donsol.

De las averiguaciones que hemos practicado no hemos podido precisar

la etimología de este pueblo.

Tres campanitas colgadas bajo un tinglado de nipa, un centenar de

casas tendidas en una colina, media docena de sucios y adormecidos

chinos descansando entre los diversos géneros de su especial comercio,

tal cual cara bronceada y desaseada asomada á los tapancos viéndonos

pasar, con la indiferencia propia de aquella raza, nos indicaron

encontrarnos en Quipia. Este pueblo se formó el año 1649. Su

administración parroquial corrió á cargo de los franciscanos hasta

el año 1696, en cuya época pasó al clero secular. En 1768 se encargó

nuevamente aquella orden de su administración, siendo visita del

pueblo de Donsol. En 1794, y á virtud de órdenes superiores, volvió

al clero secular. Quipia, con sus barrios, tiene 2.386 almas, de las

que tributan 1.136. Los datos eclesiásticos sumaron 128 nacimientos,

38 casamientos y 37 defunciones. Asisten á las escuelas unos 100

niños de ambos sexos, no hablando ninguno de ellos el español. Hay

radicados 4 europeos y 7 chinos. Su criminalidad registra 3 procesados.

De Quipia á Donsol puede irse á caballo ó embarcado, preferible es

optar por lo último, sobre todo si es época de aguas. En un bote

de poco calado puede hacerse la travesía entre aquellos pueblos en

cinco horas.

Donsol lo divide el río de su nombre, estando situado en la misma

bocana que da salida á las aguas de aquel. Desde las extensas playas

en que se asienta, se perciben las islas de Ticao y Burias, y las

puntas Colorada y Abuqui de la isla de Masbate.

La playa de Donsol corre por el Este hasta la punta Tomaquip. y por

Oeste llega á la visita de Quimagaam.

Donsol, con sus 25 barrios, compone un total de población de 3.549

almas, de las que tributan 1.847. Se inscribieron 233 bautizos,

48 casamientos y 81 defunciones. Asisten á las escuelas 120 niños

de ambos sexos, de los que conocen el español 13. Hay radicados 5

europeos y 8 chinos.

El caserío de Donsol lo divide, como ya hemos dicho, el río de su

nombre. En la margen oriental domina con su influencia comercial

el bondadoso Azcune, honrado vizcaíno perteneciente á la colonia de

Zoilo Aldecoa, rico banquero de Manila, honra del comercio nacional

y verdadero patriarca de todos los vizcaínos que hay en aquellos

Archipiélagos. Amigo era Azcune, y amigo lo era Melliza, laborioso

hijo del país y dueño del magnífico y bien montado astillero que se

levanta á las riberas de Occidente, así que tuvimos que aceptar por

igual la hospitalidad de aquellos dos hijos del trabajo. Los barcos

que se construyen en el astillero de Donsol son bien conocidos, lo

mismo que las composiciones y carenas que allí se llevan á cabo por

aquel pueblo de trabajadores, sujeto á una disciplina y reglamentación

perfectísima. Dentro del astillero hay academia de música y escuela:

y al dejar el carpintero el escoplo y el martillo el herrero, se oyen

los ecos de una nutrida y afinada música.

Todos los obreros viven al pié de los extensos talleres, contentos y

satisfechos. En la escuela se habla el español, verdad es que Melliza

ordena y dispone en español. En cambio en las escuelas públicas

de aquel pueblo, según los datos oficiales que tenemos á la vista,

solo lo entendían 13 niños de los 60 que á ellos asistían, y ninguna

niña de las 50 que se calcula concurren á aquellos modestos _templos_

de la lengua ... bicol.

Los celosos misioneros de Quipia, fundaron una visita el año 1655

con el nombre de Donsol, la que fué administrada como parte de aquel

pueblo hasta el año 1688, en cuya época separándose de su matriz

le fué asignado por primer ministro al Padre franciscano, Pedro

Perona. Su primera iglesia fué de caña y nipa. En 1696 se dejó su

administración. Por decreto del Vicepatrono, de 1768 volvieron los

franciscanos á encargarse de la dirección, contando en el citado

año 198 tributos. En 1.794 por disposición del patronato se hizo

nuevamente cargo el clero secular contando 360 tributos: hoy tiene

1.847 tributantes de sus 3.549 almas. Se registraron 233 bautizos,

48 casamientos y 81 defunciones. Hay radicados 5 europeos y 8 chinos.

Aceptada la galante invitación del Sr. Melliza, hicimos en su vaporcito

_Catalina_ la travesía de Donsol á Pilar en hora y media. Este

pueblo se erigió por decreto del 6 de Agosto de 1861 con las visitas

denominadas Santo Niño, Putiao, Sapa y Cadanlagan, dependientes del

pueblo de Cagsaua, y las de Inang y Palatoan, anexas del de Albay.

Tiene iglesia y casa parroquial de madera y nipa, y todo el pueblo

se compone de unas 500 casitas de aquellos materiales distribuídas en

siete barrios. En su término abundan buenas maderas de construcción,

cosechándose arroz, abacá, cacao, café y maíz.

Pilar linda por Nicon Albay, por S. con Donsol, y por NO. con

Daraga. Está situado en una pequeña ensenada dentro de la bocana

que forman las puntas de Cubcub y Tomaquip, en terreno muy quebrado

y desigual. El caserío lo dividen en tres barrios, los montecillos

Pinacucan y Quniastiyogan. Cerca de la casa parroquial hay un buen

astillero que compite con el de Melliza. Si el remedio debe estar cerca

del mal, justificado está, se levanten astilleros en las playas del

Estrecho de San Bernardino en donde poder refugiarse, y componerse

las cientos de averías más ó menos gruesas que suman todos los años

aquel peligroso paso. A esta necesidad presta una gran ayuda los

extensos bosques de aquella zona, que cuentan entre sus árboles con

más de doscientas especies madereras.

Pilar con sus barrios suma 4.431 almas de las que tributan

2.025. Ascendieron á 206 los bautizos, 22 los casamientos y 95 las

defunciones. Asisten unos 130 niños á las escuelas hablando el español

10. Hay radicados 5 europeos y 3 chinos. Su criminalidad representa

5 procesados.

Encendida la pequeña caldera del _Catalina,_ hicimos las 17 millas

que separan á Pilar de Castilla en tres horas, principiando en este

pueblecito el partido de Sorsogon que como ya dejamos dicho lo componen

los pueblos de Castilla, Magallanes, Bulan, Matnog, Bulusan, Barcelona,

Gubat, Casiguran, Juban, Sorsogon, Bacon y Manito.

La fundación de Castilla data de gran antigüedad, conociéndose con el

nombre de Capuy que significa desfallecimiento. Tal vez se daría este

nombre por lo penoso del camino desde la cabecera al antiguo sitio

de Castilla pasando por el Tolon-puló, ó sean los treinta montes que

separan un lugar de otro. El cansancio ó desfallecimiento que ha de

originar esta caminata justifica el nombre de Capuy.

Castilla confina con Pilar Sorsogon, Albay y Manito: tiene cuatro

barrios, formando una población entre estos y el pueblo de 2.121 almas,

tributando 1.001. Ascendieron los bautizos á 92, 23 los casamientos

y 30 las defunciones. Asisten á las escuelas 75 niños, no conociendo

ninguno el español. Hay 2 europeos y 4 chinos. Los productos de

Castilla son los mismos que ya dejamos relacionados. Ni en obras ni

en historia tiene aquel nada notable que de contar sea.

Poco más de una hora de buena boga separa á Castilla de

Magallanes. Este pueblo también se llama Pariná, nombre de un árbol muy

corpulento, recto y de mucha consistencia que abunda en aquel terreno.

Este pueblo situado á la entrada de la gran ensenada de Sorsogon, fué

antiguamente centro de vida y movimiento. En aquella playa existió un

magnífico astillero, en cuyos talleres se construyeron no pocos barcos

de altura, y entre ellos la _María Rosario_, de imperecedera memoria

para el autor de estas líneas. [10] En la época en que visitamos

Magallanes no existía en aquel lugar de actividad más que soledad y

compactas malezas que medio ocultaban los carcomidos pilotes que en

otros tiempos sostuvieron las quillas de cientos de barcos. Procedente

de alguna de las naves que dieron fondo en el astillero de Magallanes,

se conservaba en la semiderruída plataforma de un fuerte un curioso

escudo de armas de Castilla toscamente talladas y pintadas sobre

tabla. [11]

Magallanes con sus barrios cuenta 2.727 almas de las que tributan

1.278. Su censo parroquial anotó 108 bautizos, 20 casamientos y

35 defunciones. De los 100 niños que van á las escuelas solo 14

conocen medianamente el español. Hay radicados 3 chinos, figurando

su criminalidad con 2 procesados.

Bulan se encuentra en el seno de Sorsogon, confinando con Magallanes,

en donde embarcamos, tardando en arribar al pantalán de Bulan poco

más de tres horas.

Bulan está situado en la playa sobre la punta Saban, en terreno

desigual, á la orilla izquierda del río de su nombre teniendo al E. á

Bulusan y Magallanes con Matnog al SE., con el mar por S. y por O. y

por N. con Juban y Casiguran. Tiene extensos montes por la parte O. y

en ellos se producen excelentes maderas de construcción. También se

encuentra en ellos mucha miel y cera. El río de Bulan nace en las

cercanías del llamado Gate y dirigiéndose de E. á O. desagua al N. de

la expresada punta de Saban. Los valles y cañadas de este territorio

son sumamente fértiles y producen arroz, maíz, caña dulce, abacá,

cocos y legumbres.

La población de Bulan con sus barrios la componen 7.855 almas,

tributando 3.744. Su censo eclesiástico lo representa 258 bautizos,

34 casamientos y 62 defunciones. Concurren á las escuelas unos 220

niños dé los que hablan muy medianamente el español 23. Hay radicados

9 europeos y 42 chinos. Su criminalidad la representa 3 procesados.

De Bulan á Matnog invertimos seis horas escasas, haciendo muy

cómodamente la travesía embarcados.

Preferimos el viaje por mar, porque ya en otra excursión tuvimos

ocasión de _apreciarlo_ por tierra, aconsejando á todo el que tenga

necesidad de trasladarse de Bulan á Matnog lo haga por agua aun

cuando haya temporal y corra el riesgo de ahogarse. Por tierra hay que

flanquear el monte Bulusan en donde se alza el volcán de su nombre,

y á más de este _flanqueo_, que es un verdadero quebrantahuesos, no se

sale del bosque, cuando se sale, pues se dan casos, en menos de doce

horas. Ni existe camino, ni senda, ni vereda, ni nada que lo valga.

El bolo del indio para abrir trocha donde la maleza se estrecha,

y la práctica del maderero que constantemente vive entre aquella

exuberante y salvaje naturaleza, son los auxiliares á quienes hay

que entregarse en absoluto; y vamos, que repito, por lo que valga,

prefiérase el viaje por mar, y si se hace por tierra aprovéchese el

capricho que pudiera tener de verificar esa expedición, algún Obispo

ó Gobernador en cuya compañía se viaja siempre bien en Filipinas.

Matnog se deriva de _matanog_, que significa ruido, sonoridad. Sin

duda se le llamó así por el monótono y triste gemir que produce en

aquellos mares al romper en la playa.

Confina aquel pueblo por NE., con Bulusan, y por O. con Bulan:

distando del primero 29 kilómetros y 32 del segundo, la mayor parte de

bosque. Está situado en el Estrecho de San Bernardino, que lo separa

de las costas de Samar.

Matnog, con sus barrios, cuenta 3.435 almas, de las que tributan

1.511. Se inscribieron 147 bautizos, 35 casamientos y 54

defunciones. Ninguno de los 120 niños que asisten á las escuelas

hablan español. Hay radicados 3 chinos.

En nuestra corta estancia en Matnog nos hospedamos en casa de Ubaldo,

Gobernadorcillo irreemplazable en aquel pueblo, morada de gente

díscola y perezosa. Frente á la espaciosa y limpia casa de Ubaldo,

enclavada en la playa, se alza, cual un verdadero canastillo de flores,

la islita Ticlines.

De Matnog á Bulusan hay, por tierra, 29 kilómetros, haciéndose el viaje

en hamaca. A la mitad del camino encuéntrase la visita de Busainga,

en donde puede descansarse.

Bulusan significa el sitio por donde corre el agua, y su raíz, _bulus_,

el acto de correr ó despeñarse.

Este pueblo fué visita de Casiguran hasta el año 1630, en cuya

época fué separado de su matriz. Está situado en el Estrecho de San

Bernardino, frente á la isla de Samar. Linda al N. con Barcelona,

al S. con Matnog, al O. con Bulan y al E. con las aguas del estrecho.

La primera iglesia que se erigió, bajo la advocación de Santiago

Apóstol, fué construida de caña y nipa, dejando los franciscanos la

administración espiritual el año 1696. Por decreto del Vicepatrono se

encargaron nuevamente de ella en el año 1768, en cuya época contaba

con 410 tributos y una pobre iglesia.

Los franciscanos construyeron en el siguiente año un hermoso templo de

piedra, bajo la dirección de Frey Pedro de Villamediana. Este edificio

lo destruyó un temblor, quedando de él solo los cimientos. El clero

secular es el encargado de la parroquia de este pueblo desde el

año 1794.

En la jurisdicción de Bulusan se encuentra el volcán de su nombre,

situado en los 127° 42' 30'' longitud, y los 12° 46' 40'' latitud en

la cumbre de una elevada montaña, cuyo pico parece contesta en altura

al que en la misma cordillera presenta al NO. el Mayon. El volcán

de Bulusan está casi apagado, habiendo en otro tiempo contribuido á

las violentas convulsiones que han agitado esta parte de la isla. Del

monte ó pico de Bulusan se desprenden: al S., los ríos Caman, Rampas y

Dinaraso, cuyas aguas se convierten, reunidas al NO., y van al puerto

de Sorsogon.

El volcán Bulusan parecía extinguido hacía mucho tiempo, sin embargo

de que en 1852 empezó á dar señales de alimentarse el fuego en sus

entrañas. Según Mr. Jagor, este volcán se asemeja de un modo admirable

al Vesubio; como este, tiene dos picos: al O., una cima redondeada

en forma de campana; al E., como resto de una cumbre anular, una alta

cresta dentellada, parecida al monte Somma: en sus vertientes se nota

bien la estratificación paralela. Como en aquel, el cono de erupción

está en medio del antiguo muro del cráter; el espacio que les separa

de la valla montañosa situada enfrente, ó sea el piso del antiguo

cráter, es considerablemente mayor y mucho más desigual que el _Atrio

del Caballo_, en el Vesubio. ¡Desgraciado del barrio de San Miguel si

_despierta_ el coloso! Dependen del pueblo de Bulusan los barrios de

Talaonga, San Roque, Buhang, Malabago, Mombon y San Miguel. Este último

dista de su matriz 16 km. y tiene mas de 2.000 almas, cifra que, unida

al demás vecindario que compone el pueblo, suman un total de 6.592,

de las que tributan 3.231. Se verificaron 372 bautizos, 87 casamientos

y 128 defunciones. Solo 15 niños entienden algo el español de los 245

de ambos sexos que concurren á las escuelas. Hay radicados 2 europeos

y 45 chinos. La estadística criminal solo registra un procesado.

En Bulusan, como en la mayor parte de los pueblos playeros del estrecho

hay no afición, sino fanatismo por el gallo y sus peleas, de las que

dice un notable escritor. «En Filipinas la pasión por los juegos de

gallos es un verdadero delirio, y ninguna ley puede hacer variar el

número y duración de las riñas que producen tal carnicería en los

combatientes que bien puede dársele el calificativo de inhumana. En

otros puntos suelen afilar los espolones de los gallos, pero en

Filipinas se les arma de navajas, [12] y la casualidad más bien que la

destreza, decide la cuestión. Mueren todos los días una infinidad de

gallos, pero no por eso se disminuye su número, pues difícilmente se

encontrará un pueblo que no cuente con más gallos que habitantes. En

el puente grande de Manila, y entre cuatro y cinco de la mañana se

oyen por todas partes, á todas distancias, y en todas direcciones,

miles de _penetrantes trompetas_, pareciéndose á un cordón de señales

que pasa de boca en boca, desde el pueblo de Bangui en Ilocos Norte,

hasta el de Matnog, situado en la punta Sur de Albay. Hay gallos en

cada casa, en cada rincón, al pié de cada árbol, á lo largo de los

muelles y playas, en la proa de cualquier barco de cabotaje, y como

si todo esto no fuera bastante, se encuentran además esculpidos y

pintados con carbón en las paredes.

Es considerada por el indio como una falta de cortesía el tocar

á un gallo de pelea, y siempre se solicita permiso del dueño para

examinarlo. El gallo es objeto de muchísimos cuidados y caricias;

come, canta y duerme en los brazos de su amo; no se aparta de su

pensamiento, y hasta lo he visto celebrado en verso en les términos

más afectuosos. Cuando ha salido victorioso repetidas veces en la

pelea, es sujeto á un minucioso examen con el fin de descubrir por

sus señales exteriores lo que puede caracterizar su mérito: se le

cuentan las escamas de los pies, se observa su figura y distribución,

la tendencia é inclinación de los círculos de los espolones, y si estos

se asemejan uno á otro, la forma de los dedos y uñas, y el número y

colores de las plumas de las alas, siendo once el favorito. Los ojos

blancos son preferibles en el gallo á los castaños, y son buscados

los de cresta corta. A cada gallo se le nombra con relación al color

de su pluma: al blanco le llaman _puti_; al rojo _pula; talisain_

al blanco con pintas negras; al de cuerpo rojo, cola y alas negras

_bulic_ ó _taguiguin_; al negro, _casilien_ ó _maitin_; blanco y negro,

_bínabai_ al ceniciento _abuen_; al blanco y negro, con patas de este

último color _tagaguin_, y así otros muchos. Al gallo silvestre le

llaman _labuyo_.»

Muchos y buenos artículos, en broma y en serio, hay escritos sobre

los gallos filipinos y sus peleas, destacándose entre todos ellos,

según mi pobre opinión, por el sabor local de sus apreciaciones, el

firmado por el Padre Buceta, no pudiendo resistir á la tentación de

transcribir algunas líneas. El indio, dice aquel escritor, tiene una

pasión inveterada por este juego, que ocupa el primer lugar entre

sus diversiones. El gallo es el principal objeto de su cuidado,

su compañero asiduo y lo lleva hasta la puerta de la iglesia, en

donde lo deja atado á un palo de caña clavado en tierra, hasta que

termina la misa. Por ningún dinero se desprende de su gallo favorito,

y algunos poseen hasta media docena de estos inapreciables tesoros,

á cuyo servicio se les ve exclusivamente dedicados.

Para estas riñas, cada pueblo tiene su gallera, que produce al Gobierno

una renta bastante considerable. Las galleras son grandes edificios

construidos de troncos de palmas, caña y nipa, y se reducen á un

gran salón á que dan luz varias ventanas abiertas en el techo. En

el centro se halla un tablado de unos 5 pies de elevación y rodeado

de galerías de caña, á las que llegan los espectadores y pagan con

arreglo á la proximidad y conveniencia de los asientos. Las galleras,

por lo general, se encuentran llenas de concurrentes. El indio entra

con su gallo bajo el brazo, le acaricia y le coloca en el suelo,

le vuelve á coger, le acaricia con la mano, le dirige la palabra,

le echa el humo de su cigarro, le estrecha contra su pecho, y por fin

le dice que pelee con bravura. El gallo generalmente entonces canta

como con orgullo y desafiando al enemigo. Se presenta el rival: se

les ata á ambos un cuchillo ó navaja de dos filos al espolón natural,

y después de hacer que por algún tiempo se miren uno á otro, se da

la señal de principiar el combate, notándose entonces extraordinaria

agitación en la concurrencia, hasta que un alguacil anuncia que está

terminada ó cerrada la puesta: á cuyo anuncio se sigue un silencio

universal. Los dueños de los gallos se retiran á otra señal, y los

combatientes se contemplan con las plumas erizadas, mueven la cabeza y

se arrojan uno sobre otro, continuando la riña hasta que uno de ellos

cae mortalmente herido. El vencedor se echa sobre él y canta en señal

de victoria, no siendo extraño que el herido se levante y se vuelva

contra su enemigo, y si este huye, como sucede algunas veces, pierde y

es condenado á ignominiosa muerte, desplumándole y colgándole de esta

suerte fuera de la gallera. Las heridas del que sobrevive son lavadas

con infusión de hojas de tabaco en vino de coco, teniéndose desde este

momento en gran estima para apostar en su favor: pero si queda inútil

para nueva refriega, es cuidado cariñosamente por su dueño, habiendo

mediquillos y casas á propósito donde se dedican á curar sus heridas.

Es de advertir, como ya se ha indicado que el juego ó mejor dicho

la _matanza_ del gallo, constituye en Filipinas un vicio estancado,

cuyo desarrollo lo explota el Estado concediendo el monopolio de abrir

galleras en sitios, días y horas determinadas al mejor postor. Quizás,

y sin quizás uno de los más fuertes alicientes de esa afición está en

su misma restricción, pues los indios y chinos que juegan al gallo,

humanos son, y como humanos experimentan la picazón que exacerba

toda privación.

Tanto la organización de las galleras como las reglas y prescripciones

del juego, están consignados en un reglamento á que se sujetan

sin comentarios los _tahúres_ como allí llaman á los más asiduos y

empedernidos concurrentes á aquellos sangrientos _gallicidios._

Es tal la veneración que tiene el indio por su gallo, que creería

cometer una profanación si verificada la riña apelase á malas artes

para anular el fallo que da el sentenciador que en representación de

la autoridad asiste á las galleras.

Viajes por Filipinas: De Manila á Albay · 第 40 / 43 题