Último rincón de la Yraya.--Manantial de Borogborocan.--Quipia.--Su
historia.--Estadística.--Donsol.--Situación.--Censo civil y
eclesiástico.--Azcune y Melliza.--Un buen astillero.--Música y
escuela.--De Donsol á Pilar.--Límites.--Caserío.--El remedio
cerca del mal.--Censo tributario.--El _Catalina_.--Partido
de Sosogon.--Castilla.--Su fundación, etimología.--Límites y
estadística.--Magallanes.--La _María Rosario.--_Restos de un
astillero.--Las armas de Castilla.--Estadística.--Bulan.--Seno de
Sorsogon.--Límites.--Productos y censo tributario.--Matnog.--Viaje
por tierra y por mar de Bulan á Matnog.--Etimologías y
estadística.--Bulusan.--Derivación de esta palabra.--Historia y cifras
comparativas.--Volcán de Bulusan.--Barrios y población.--El indio y
las galleras.
Nos resta conocer del partido de la Yraya los pueblecitos de Quipia,
Donsol y Pilar, que según dijimos los encontraríamos al dirigirnos
al partido de Sorsogon.
El punto de partida que elegimos para esta última expedición, por
la provincia de Albay, fué Guinobatan, en donde nos esperaban los
caballos que nos habían de llevar á Quipia.
A pesar de que emprendimos la marcha á las ocho de la mañana, y
á esa hora el sol calienta en Filipinas, lo mismo que á las doce,
no pasamos gran calor, merced á las espesas tolderías de aquella
rica flora. Antes de llegar á la vista de Mauraro hicimos un pequeño
descanso en el manantial de Borogborocan. El agua que brota de la
misma peña es riquísima.
De Guinobatan á Quipia se invierten cuatro horas. Este pueblo está
situado entre aquel y los de Camalit y Donsol.
De las averiguaciones que hemos practicado no hemos podido precisar
la etimología de este pueblo.
Tres campanitas colgadas bajo un tinglado de nipa, un centenar de
casas tendidas en una colina, media docena de sucios y adormecidos
chinos descansando entre los diversos géneros de su especial comercio,
tal cual cara bronceada y desaseada asomada á los tapancos viéndonos
pasar, con la indiferencia propia de aquella raza, nos indicaron
encontrarnos en Quipia. Este pueblo se formó el año 1649. Su
administración parroquial corrió á cargo de los franciscanos hasta
el año 1696, en cuya época pasó al clero secular. En 1768 se encargó
nuevamente aquella orden de su administración, siendo visita del
pueblo de Donsol. En 1794, y á virtud de órdenes superiores, volvió
al clero secular. Quipia, con sus barrios, tiene 2.386 almas, de las
que tributan 1.136. Los datos eclesiásticos sumaron 128 nacimientos,
38 casamientos y 37 defunciones. Asisten á las escuelas unos 100
niños de ambos sexos, no hablando ninguno de ellos el español. Hay
radicados 4 europeos y 7 chinos. Su criminalidad registra 3 procesados.
De Quipia á Donsol puede irse á caballo ó embarcado, preferible es
optar por lo último, sobre todo si es época de aguas. En un bote
de poco calado puede hacerse la travesía entre aquellos pueblos en
cinco horas.
Donsol lo divide el río de su nombre, estando situado en la misma
bocana que da salida á las aguas de aquel. Desde las extensas playas
en que se asienta, se perciben las islas de Ticao y Burias, y las
puntas Colorada y Abuqui de la isla de Masbate.
La playa de Donsol corre por el Este hasta la punta Tomaquip. y por
Oeste llega á la visita de Quimagaam.
Donsol, con sus 25 barrios, compone un total de población de 3.549
almas, de las que tributan 1.847. Se inscribieron 233 bautizos,
48 casamientos y 81 defunciones. Asisten á las escuelas 120 niños
de ambos sexos, de los que conocen el español 13. Hay radicados 5
europeos y 8 chinos.
El caserío de Donsol lo divide, como ya hemos dicho, el río de su
nombre. En la margen oriental domina con su influencia comercial
el bondadoso Azcune, honrado vizcaíno perteneciente á la colonia de
Zoilo Aldecoa, rico banquero de Manila, honra del comercio nacional
y verdadero patriarca de todos los vizcaínos que hay en aquellos
Archipiélagos. Amigo era Azcune, y amigo lo era Melliza, laborioso
hijo del país y dueño del magnífico y bien montado astillero que se
levanta á las riberas de Occidente, así que tuvimos que aceptar por
igual la hospitalidad de aquellos dos hijos del trabajo. Los barcos
que se construyen en el astillero de Donsol son bien conocidos, lo
mismo que las composiciones y carenas que allí se llevan á cabo por
aquel pueblo de trabajadores, sujeto á una disciplina y reglamentación
perfectísima. Dentro del astillero hay academia de música y escuela:
y al dejar el carpintero el escoplo y el martillo el herrero, se oyen
los ecos de una nutrida y afinada música.
Todos los obreros viven al pié de los extensos talleres, contentos y
satisfechos. En la escuela se habla el español, verdad es que Melliza
ordena y dispone en español. En cambio en las escuelas públicas
de aquel pueblo, según los datos oficiales que tenemos á la vista,
solo lo entendían 13 niños de los 60 que á ellos asistían, y ninguna
niña de las 50 que se calcula concurren á aquellos modestos _templos_
de la lengua ... bicol.
Los celosos misioneros de Quipia, fundaron una visita el año 1655
con el nombre de Donsol, la que fué administrada como parte de aquel
pueblo hasta el año 1688, en cuya época separándose de su matriz
le fué asignado por primer ministro al Padre franciscano, Pedro
Perona. Su primera iglesia fué de caña y nipa. En 1696 se dejó su
administración. Por decreto del Vicepatrono, de 1768 volvieron los
franciscanos á encargarse de la dirección, contando en el citado
año 198 tributos. En 1.794 por disposición del patronato se hizo
nuevamente cargo el clero secular contando 360 tributos: hoy tiene
1.847 tributantes de sus 3.549 almas. Se registraron 233 bautizos,
48 casamientos y 81 defunciones. Hay radicados 5 europeos y 8 chinos.
Aceptada la galante invitación del Sr. Melliza, hicimos en su vaporcito
_Catalina_ la travesía de Donsol á Pilar en hora y media. Este
pueblo se erigió por decreto del 6 de Agosto de 1861 con las visitas
denominadas Santo Niño, Putiao, Sapa y Cadanlagan, dependientes del
pueblo de Cagsaua, y las de Inang y Palatoan, anexas del de Albay.
Tiene iglesia y casa parroquial de madera y nipa, y todo el pueblo
se compone de unas 500 casitas de aquellos materiales distribuídas en
siete barrios. En su término abundan buenas maderas de construcción,
cosechándose arroz, abacá, cacao, café y maíz.
Pilar linda por Nicon Albay, por S. con Donsol, y por NO. con
Daraga. Está situado en una pequeña ensenada dentro de la bocana
que forman las puntas de Cubcub y Tomaquip, en terreno muy quebrado
y desigual. El caserío lo dividen en tres barrios, los montecillos
Pinacucan y Quniastiyogan. Cerca de la casa parroquial hay un buen
astillero que compite con el de Melliza. Si el remedio debe estar cerca
del mal, justificado está, se levanten astilleros en las playas del
Estrecho de San Bernardino en donde poder refugiarse, y componerse
las cientos de averías más ó menos gruesas que suman todos los años
aquel peligroso paso. A esta necesidad presta una gran ayuda los
extensos bosques de aquella zona, que cuentan entre sus árboles con
más de doscientas especies madereras.
Pilar con sus barrios suma 4.431 almas de las que tributan
2.025. Ascendieron á 206 los bautizos, 22 los casamientos y 95 las
defunciones. Asisten unos 130 niños á las escuelas hablando el español
10. Hay radicados 5 europeos y 3 chinos. Su criminalidad representa
5 procesados.
Encendida la pequeña caldera del _Catalina,_ hicimos las 17 millas
que separan á Pilar de Castilla en tres horas, principiando en este
pueblecito el partido de Sorsogon que como ya dejamos dicho lo componen
los pueblos de Castilla, Magallanes, Bulan, Matnog, Bulusan, Barcelona,
Gubat, Casiguran, Juban, Sorsogon, Bacon y Manito.
La fundación de Castilla data de gran antigüedad, conociéndose con el
nombre de Capuy que significa desfallecimiento. Tal vez se daría este
nombre por lo penoso del camino desde la cabecera al antiguo sitio
de Castilla pasando por el Tolon-puló, ó sean los treinta montes que
separan un lugar de otro. El cansancio ó desfallecimiento que ha de
originar esta caminata justifica el nombre de Capuy.
Castilla confina con Pilar Sorsogon, Albay y Manito: tiene cuatro
barrios, formando una población entre estos y el pueblo de 2.121 almas,
tributando 1.001. Ascendieron los bautizos á 92, 23 los casamientos
y 30 las defunciones. Asisten á las escuelas 75 niños, no conociendo
ninguno el español. Hay 2 europeos y 4 chinos. Los productos de
Castilla son los mismos que ya dejamos relacionados. Ni en obras ni
en historia tiene aquel nada notable que de contar sea.
Poco más de una hora de buena boga separa á Castilla de
Magallanes. Este pueblo también se llama Pariná, nombre de un árbol muy
corpulento, recto y de mucha consistencia que abunda en aquel terreno.
Este pueblo situado á la entrada de la gran ensenada de Sorsogon, fué
antiguamente centro de vida y movimiento. En aquella playa existió un
magnífico astillero, en cuyos talleres se construyeron no pocos barcos
de altura, y entre ellos la _María Rosario_, de imperecedera memoria
para el autor de estas líneas. [10] En la época en que visitamos
Magallanes no existía en aquel lugar de actividad más que soledad y
compactas malezas que medio ocultaban los carcomidos pilotes que en
otros tiempos sostuvieron las quillas de cientos de barcos. Procedente
de alguna de las naves que dieron fondo en el astillero de Magallanes,
se conservaba en la semiderruída plataforma de un fuerte un curioso
escudo de armas de Castilla toscamente talladas y pintadas sobre
tabla. [11]
Magallanes con sus barrios cuenta 2.727 almas de las que tributan
1.278. Su censo parroquial anotó 108 bautizos, 20 casamientos y
35 defunciones. De los 100 niños que van á las escuelas solo 14
conocen medianamente el español. Hay radicados 3 chinos, figurando
su criminalidad con 2 procesados.
Bulan se encuentra en el seno de Sorsogon, confinando con Magallanes,
en donde embarcamos, tardando en arribar al pantalán de Bulan poco
más de tres horas.
Bulan está situado en la playa sobre la punta Saban, en terreno
desigual, á la orilla izquierda del río de su nombre teniendo al E. á
Bulusan y Magallanes con Matnog al SE., con el mar por S. y por O. y
por N. con Juban y Casiguran. Tiene extensos montes por la parte O. y
en ellos se producen excelentes maderas de construcción. También se
encuentra en ellos mucha miel y cera. El río de Bulan nace en las
cercanías del llamado Gate y dirigiéndose de E. á O. desagua al N. de
la expresada punta de Saban. Los valles y cañadas de este territorio
son sumamente fértiles y producen arroz, maíz, caña dulce, abacá,
cocos y legumbres.
La población de Bulan con sus barrios la componen 7.855 almas,
tributando 3.744. Su censo eclesiástico lo representa 258 bautizos,
34 casamientos y 62 defunciones. Concurren á las escuelas unos 220
niños dé los que hablan muy medianamente el español 23. Hay radicados
9 europeos y 42 chinos. Su criminalidad la representa 3 procesados.
De Bulan á Matnog invertimos seis horas escasas, haciendo muy
cómodamente la travesía embarcados.
Preferimos el viaje por mar, porque ya en otra excursión tuvimos
ocasión de _apreciarlo_ por tierra, aconsejando á todo el que tenga
necesidad de trasladarse de Bulan á Matnog lo haga por agua aun
cuando haya temporal y corra el riesgo de ahogarse. Por tierra hay que
flanquear el monte Bulusan en donde se alza el volcán de su nombre,
y á más de este _flanqueo_, que es un verdadero quebrantahuesos, no se
sale del bosque, cuando se sale, pues se dan casos, en menos de doce
horas. Ni existe camino, ni senda, ni vereda, ni nada que lo valga.
El bolo del indio para abrir trocha donde la maleza se estrecha,
y la práctica del maderero que constantemente vive entre aquella
exuberante y salvaje naturaleza, son los auxiliares á quienes hay
que entregarse en absoluto; y vamos, que repito, por lo que valga,
prefiérase el viaje por mar, y si se hace por tierra aprovéchese el
capricho que pudiera tener de verificar esa expedición, algún Obispo
ó Gobernador en cuya compañía se viaja siempre bien en Filipinas.
Matnog se deriva de _matanog_, que significa ruido, sonoridad. Sin
duda se le llamó así por el monótono y triste gemir que produce en
aquellos mares al romper en la playa.
Confina aquel pueblo por NE., con Bulusan, y por O. con Bulan:
distando del primero 29 kilómetros y 32 del segundo, la mayor parte de
bosque. Está situado en el Estrecho de San Bernardino, que lo separa
de las costas de Samar.
Matnog, con sus barrios, cuenta 3.435 almas, de las que tributan
1.511. Se inscribieron 147 bautizos, 35 casamientos y 54
defunciones. Ninguno de los 120 niños que asisten á las escuelas
hablan español. Hay radicados 3 chinos.
En nuestra corta estancia en Matnog nos hospedamos en casa de Ubaldo,
Gobernadorcillo irreemplazable en aquel pueblo, morada de gente
díscola y perezosa. Frente á la espaciosa y limpia casa de Ubaldo,
enclavada en la playa, se alza, cual un verdadero canastillo de flores,
la islita Ticlines.
De Matnog á Bulusan hay, por tierra, 29 kilómetros, haciéndose el viaje
en hamaca. A la mitad del camino encuéntrase la visita de Busainga,
en donde puede descansarse.
Bulusan significa el sitio por donde corre el agua, y su raíz, _bulus_,
el acto de correr ó despeñarse.
Este pueblo fué visita de Casiguran hasta el año 1630, en cuya
época fué separado de su matriz. Está situado en el Estrecho de San
Bernardino, frente á la isla de Samar. Linda al N. con Barcelona,
al S. con Matnog, al O. con Bulan y al E. con las aguas del estrecho.
La primera iglesia que se erigió, bajo la advocación de Santiago
Apóstol, fué construida de caña y nipa, dejando los franciscanos la
administración espiritual el año 1696. Por decreto del Vicepatrono se
encargaron nuevamente de ella en el año 1768, en cuya época contaba
con 410 tributos y una pobre iglesia.
Los franciscanos construyeron en el siguiente año un hermoso templo de
piedra, bajo la dirección de Frey Pedro de Villamediana. Este edificio
lo destruyó un temblor, quedando de él solo los cimientos. El clero
secular es el encargado de la parroquia de este pueblo desde el
año 1794.
En la jurisdicción de Bulusan se encuentra el volcán de su nombre,
situado en los 127° 42' 30'' longitud, y los 12° 46' 40'' latitud en
la cumbre de una elevada montaña, cuyo pico parece contesta en altura
al que en la misma cordillera presenta al NO. el Mayon. El volcán
de Bulusan está casi apagado, habiendo en otro tiempo contribuido á
las violentas convulsiones que han agitado esta parte de la isla. Del
monte ó pico de Bulusan se desprenden: al S., los ríos Caman, Rampas y
Dinaraso, cuyas aguas se convierten, reunidas al NO., y van al puerto
de Sorsogon.
El volcán Bulusan parecía extinguido hacía mucho tiempo, sin embargo
de que en 1852 empezó á dar señales de alimentarse el fuego en sus
entrañas. Según Mr. Jagor, este volcán se asemeja de un modo admirable
al Vesubio; como este, tiene dos picos: al O., una cima redondeada
en forma de campana; al E., como resto de una cumbre anular, una alta
cresta dentellada, parecida al monte Somma: en sus vertientes se nota
bien la estratificación paralela. Como en aquel, el cono de erupción
está en medio del antiguo muro del cráter; el espacio que les separa
de la valla montañosa situada enfrente, ó sea el piso del antiguo
cráter, es considerablemente mayor y mucho más desigual que el _Atrio
del Caballo_, en el Vesubio. ¡Desgraciado del barrio de San Miguel si
_despierta_ el coloso! Dependen del pueblo de Bulusan los barrios de
Talaonga, San Roque, Buhang, Malabago, Mombon y San Miguel. Este último
dista de su matriz 16 km. y tiene mas de 2.000 almas, cifra que, unida
al demás vecindario que compone el pueblo, suman un total de 6.592,
de las que tributan 3.231. Se verificaron 372 bautizos, 87 casamientos
y 128 defunciones. Solo 15 niños entienden algo el español de los 245
de ambos sexos que concurren á las escuelas. Hay radicados 2 europeos
y 45 chinos. La estadística criminal solo registra un procesado.
En Bulusan, como en la mayor parte de los pueblos playeros del estrecho
hay no afición, sino fanatismo por el gallo y sus peleas, de las que
dice un notable escritor. «En Filipinas la pasión por los juegos de
gallos es un verdadero delirio, y ninguna ley puede hacer variar el
número y duración de las riñas que producen tal carnicería en los
combatientes que bien puede dársele el calificativo de inhumana. En
otros puntos suelen afilar los espolones de los gallos, pero en
Filipinas se les arma de navajas, [12] y la casualidad más bien que la
destreza, decide la cuestión. Mueren todos los días una infinidad de
gallos, pero no por eso se disminuye su número, pues difícilmente se
encontrará un pueblo que no cuente con más gallos que habitantes. En
el puente grande de Manila, y entre cuatro y cinco de la mañana se
oyen por todas partes, á todas distancias, y en todas direcciones,
miles de _penetrantes trompetas_, pareciéndose á un cordón de señales
que pasa de boca en boca, desde el pueblo de Bangui en Ilocos Norte,
hasta el de Matnog, situado en la punta Sur de Albay. Hay gallos en
cada casa, en cada rincón, al pié de cada árbol, á lo largo de los
muelles y playas, en la proa de cualquier barco de cabotaje, y como
si todo esto no fuera bastante, se encuentran además esculpidos y
pintados con carbón en las paredes.
Es considerada por el indio como una falta de cortesía el tocar
á un gallo de pelea, y siempre se solicita permiso del dueño para
examinarlo. El gallo es objeto de muchísimos cuidados y caricias;
come, canta y duerme en los brazos de su amo; no se aparta de su
pensamiento, y hasta lo he visto celebrado en verso en les términos
más afectuosos. Cuando ha salido victorioso repetidas veces en la
pelea, es sujeto á un minucioso examen con el fin de descubrir por
sus señales exteriores lo que puede caracterizar su mérito: se le
cuentan las escamas de los pies, se observa su figura y distribución,
la tendencia é inclinación de los círculos de los espolones, y si estos
se asemejan uno á otro, la forma de los dedos y uñas, y el número y
colores de las plumas de las alas, siendo once el favorito. Los ojos
blancos son preferibles en el gallo á los castaños, y son buscados
los de cresta corta. A cada gallo se le nombra con relación al color
de su pluma: al blanco le llaman _puti_; al rojo _pula; talisain_
al blanco con pintas negras; al de cuerpo rojo, cola y alas negras
_bulic_ ó _taguiguin_; al negro, _casilien_ ó _maitin_; blanco y negro,
_bínabai_ al ceniciento _abuen_; al blanco y negro, con patas de este
último color _tagaguin_, y así otros muchos. Al gallo silvestre le
llaman _labuyo_.»
Muchos y buenos artículos, en broma y en serio, hay escritos sobre
los gallos filipinos y sus peleas, destacándose entre todos ellos,
según mi pobre opinión, por el sabor local de sus apreciaciones, el
firmado por el Padre Buceta, no pudiendo resistir á la tentación de
transcribir algunas líneas. El indio, dice aquel escritor, tiene una
pasión inveterada por este juego, que ocupa el primer lugar entre
sus diversiones. El gallo es el principal objeto de su cuidado,
su compañero asiduo y lo lleva hasta la puerta de la iglesia, en
donde lo deja atado á un palo de caña clavado en tierra, hasta que
termina la misa. Por ningún dinero se desprende de su gallo favorito,
y algunos poseen hasta media docena de estos inapreciables tesoros,
á cuyo servicio se les ve exclusivamente dedicados.
Para estas riñas, cada pueblo tiene su gallera, que produce al Gobierno
una renta bastante considerable. Las galleras son grandes edificios
construidos de troncos de palmas, caña y nipa, y se reducen á un
gran salón á que dan luz varias ventanas abiertas en el techo. En
el centro se halla un tablado de unos 5 pies de elevación y rodeado
de galerías de caña, á las que llegan los espectadores y pagan con
arreglo á la proximidad y conveniencia de los asientos. Las galleras,
por lo general, se encuentran llenas de concurrentes. El indio entra
con su gallo bajo el brazo, le acaricia y le coloca en el suelo,
le vuelve á coger, le acaricia con la mano, le dirige la palabra,
le echa el humo de su cigarro, le estrecha contra su pecho, y por fin
le dice que pelee con bravura. El gallo generalmente entonces canta
como con orgullo y desafiando al enemigo. Se presenta el rival: se
les ata á ambos un cuchillo ó navaja de dos filos al espolón natural,
y después de hacer que por algún tiempo se miren uno á otro, se da
la señal de principiar el combate, notándose entonces extraordinaria
agitación en la concurrencia, hasta que un alguacil anuncia que está
terminada ó cerrada la puesta: á cuyo anuncio se sigue un silencio
universal. Los dueños de los gallos se retiran á otra señal, y los
combatientes se contemplan con las plumas erizadas, mueven la cabeza y
se arrojan uno sobre otro, continuando la riña hasta que uno de ellos
cae mortalmente herido. El vencedor se echa sobre él y canta en señal
de victoria, no siendo extraño que el herido se levante y se vuelva
contra su enemigo, y si este huye, como sucede algunas veces, pierde y
es condenado á ignominiosa muerte, desplumándole y colgándole de esta
suerte fuera de la gallera. Las heridas del que sobrevive son lavadas
con infusión de hojas de tabaco en vino de coco, teniéndose desde este
momento en gran estima para apostar en su favor: pero si queda inútil
para nueva refriega, es cuidado cariñosamente por su dueño, habiendo
mediquillos y casas á propósito donde se dedican á curar sus heridas.
Es de advertir, como ya se ha indicado que el juego ó mejor dicho
la _matanza_ del gallo, constituye en Filipinas un vicio estancado,
cuyo desarrollo lo explota el Estado concediendo el monopolio de abrir
galleras en sitios, días y horas determinadas al mejor postor. Quizás,
y sin quizás uno de los más fuertes alicientes de esa afición está en
su misma restricción, pues los indios y chinos que juegan al gallo,
humanos son, y como humanos experimentan la picazón que exacerba
toda privación.
Tanto la organización de las galleras como las reglas y prescripciones
del juego, están consignados en un reglamento á que se sujetan
sin comentarios los _tahúres_ como allí llaman á los más asiduos y
empedernidos concurrentes á aquellos sangrientos _gallicidios._
Es tal la veneración que tiene el indio por su gallo, que creería
cometer una profanación si verificada la riña apelase á malas artes
para anular el fallo que da el sentenciador que en representación de
la autoridad asiste á las galleras.