Camalig.--Su etimología y situación--Proximidad al
volcán.--¡1814!--Barrio de Tondol.--Estadística.--Zonas
abacaleras.--El padre Blanco y su Flora.--_Musa
textoria_.--El _ramio_.--_Urtica-nivea._--Competencia
imposible.--Comparaciones.--Desconocimiento
del abacá.--Exportación en 1885.--Núcleo de
producción.--Abacá colorado--Fuerza productiva--Beneficio
del abacá.--Su riqueza.--Jornaleros.--Cotizaciones y
ventas.--Márgenes.--Enfardaje.--Setenta y cinco por ciento de
beneficio.--Precios del abacá.--El _buntal_, el _nito_ y el _cabo
negro._
Cuenta la tradición que en el sitio que hoy ocupa el pueblo de Camalig,
encontraron los primeros españoles que pisaron aquel suelo un extenso
camarín, á cuyo alrededor se formaron algunas viviendas, dándoseles el
nombre de _Camalig_, ó sea _camarín,_ y de aquí la denominación de la
provincia de Camarines, á la que perteneció este pueblo hasta 1847,
en que se agregó al de Albay. Linda con Daraga, Guinobatan y Quipia,
distando del primero 2,50 km., del segundo 3,75 y del tercero 9,50. Se
encuentra situado en las estribaciones del Mayon, en sitio bastante
elevado, siendo el pueblo que se halla más cerca del cráter, así
que es el que más ha sufrido en las distintas erupciones de aquel,
hasta el punto de haber desaparecido en 1814, en que todo el pueblo
quedó envuelto en fuego y cenizas. Los habitantes que escaparon de
la catástrofe formaron barrio en Tondol, de donde se trasladaron á
Quilaponte y Baligan, para ir por último, olvidando antiguos siniestros
y no previendo los venideros, á situarse en 1838 en el mismo lugar
que ocupó el primitivo pueblo.
Camalig, con sus cinco barrios, contiene 17.457 almas y 8.889 tributos,
repartidos en 92 cabecerías, habiendo entre sus habitantes 5 europeos
y 25 chinos. Se verificaron en el año á que se contraen estos datos
estadísticos 134 casamientos, 581 bautizos y 301 inhumaciones. A las
escuelas asisten, por término medio, 250 niños y 130 niñas, hablando
muy pocos el español. Fueron procesados 14 varones y 1 hembra.
Camalig es uno de los pueblos más ricos de la provincia, y en él tienen
las casas abacaleras, uno de los centros más activos de acopio. Posee
buenos y sólidos edificios, descollando la iglesia y casa parroquial.
La jurisdicción de Camalig es sin disputa una de las zonas abacaleras
más ricas, siendo el abacá, ó sea la _bandala_ como se llama en bicol
el producto que constituye la riqueza de la provincia.
El abacá lo define el sabio botánico filipino Padre Blanco de la
siguiente manera:
«_Musa trogloditarum textoria_. Musa de los trogloditas de
telares. Corola, el labio inferior, casi sin escotaduras. Estambres
cinco, sin rudimento del sexto. Fruto con tres costillas y muchas
semillas perfectas. Este plátano llamado abacá le reputo por variedad
del _Musa trogloditarum errans_; él es de los más útiles, y se cultiva
con cuidado en la provincia de Camarines y en otras partes. A primera
Vista no se diferencia de los otros. El fruto es comestible y muy
pequeño, pues el que yo he visto apenas pasaba de dos pulgadas de
largo. Las semillas llegan á su perfecta madurez. El uso que se
hace de este plátano es inmenso. De él se fabrican cuerdas, cables y
tejidos de una finura extremada. Para esto se corta el tronco por el
pie y por el extremo, cuando está próximo á dar fruto, quitándole las
hojas. Quítanse también uno á uno los peciolos, y se les hace por la
parte de adentro una incisión en el medio al través con un cuchillo,
para quitarles la corteza que les cubre interiormente. Despojado ya
el peciolo de su corteza interior, todavía se hace tiras de dos dedos
de ancho, las cuales se colocan una por una debajo del corte de un
cuchillo, fijo en una caña larga, que hace el efecto de un resorte,
y cuyo extremo más largo está afianzado en la tierra. Puesta, pues,
la tira del abacá debajo del cuchillo, de modo que la corteza exterior
mire arriba, se tira de ella con fuerza por una punta, lo cual se
practica una ó dos veces, y entonces aparecen claros los hilos; pero
con este método se desperdicia la mitad del abacá. Todavía hay que
pasarlos por una especie de sierra, que hace el oficio de un rastrillo,
como los que se usan en Europa para el hilo; esta segunda operación no
la he visto hacer, pero sí la otra. Allí quedan ordenados los hilos,
pero unos son más finos que otros, y por eso las mujeres tienen el
cuidado de separarle en varias clases, antes del tejido, lo cual
ejecutan con suma destreza, aunque sea á oscuras.
Si el abacá se ha de emplear en hacer telas, se forma de ellos primero
un ovillo apretado, como la cabeza de un niño de grande, el cual se
echa en el mortero en que pilan el arroz, y allí le dan muchos golpes
con la mano del mortero que es de madera. Esta operación hace muy
flexible el abacá, y menos expuesto á quebrarse.
Hecho esto, no hay más que ir atando un hilo con otro por los extremos,
en lo cual se ocupan generalmente las mujeres y las niñas. El tejido
se hace como el del algodón; pero si el abacá es demasiado fino se
meten las mujeres dentro de un pabellón para tejerle, porque el viento
quiebra fácilmente los hilos.
Hechas las telas, se meten por un día y una noche en agua, con un
poco de cal de conchas. Se lavan después, y se estiran.
El abacá se da muy bien en la provincia de Batangas, y en otras
partes; pero no es tan bueno como el de Camarines, y este parece
que es inferior también al de Panay y Marinduque; bien que sobre
esto hay opiniones. Pero tengo por muy probable, que estos otros son
distintos del de Camarines, pues la fruta de este es amarga y no se
come, y las de los de Batangas sí.
El agua, que se recoge en un hoyo que se hace en el pié del tronco
que se ha cortado, se dice ser buena para la contracción del miembro
viril, enfermedad singular (colo-colo), que no deja de ser frecuente
en las provincias visayas, y que regularmente viene acompañada de
contracción en la lengua.
El inglés Dampierre, según se lee en la historia de los viajes del
abate Prevost, se engañó cuando dijo que el abacá era solamente
conocido en Mindanao.
El abacá se tiñe fácilmente de azul y de encarnado. Para teñirle de
azul se empleaban ya desde tiempos antiguos las hojas de un arbusto
ó enredadera que en Camarines llaman payanguit y aringuit, según la
sabía relación que de esta enredadera ha hecho á la Sociedad Económica
de Manila, el curioso y diligente observador P. José de la Mata,
religioso de San Francisco; que es quien la ha dado á conocer en
estos tiempos á los europeos de Filipinas. Las hojas de este arbusto
dan un color azul muy abundante.
Para teñir el abacá de encarnado, he oído que se cuece en Camarines la
corteza de la raíz de la morinda con un poco de cal ó de alumbre, hasta
que se logra el color deseado, y con esto se procede al teñido. Pero
es mejor teñirle del modo usado con el hilo de algodón; esto es,
con legía y aceite de ajonjolí.»
En la esfera textoria ha aparecido recientemente un producto que
lo suponen algunos superior á todos los de su clase. Este se llama
el ramio y sus partidarios creen ver en la siembra de este textil
la salvación de la riqueza agrícola, no solamente de España si que
también de las provincias ultramarinas.
Desearíamos que las Granjas modelo de Luzón y Visayas, ensayasen el
cultivo del ramio tal como hoy se practica en Europa, siquiera esos
ensayos solo den por resultado emular ante los ojos del indio toda
la riqueza que atesora la diversidad de textiles que se crían en
sus campos. Hemos dicho tal como se cultiva en Europa, puesto que el
género _Urtica_ al que pertenece la especie _Utilis_, ó sea el ramio,
de antiguo es conocido en Filipinas en donde crece y se desarrolla sin
que para nada entren los cuidados del hombre; y esa misma _Urtica_
es seguramente la que ya describió en 1837 el sabio botánico Frey
Manuel Blanco, en su _Flora Filipina_ con el nombre de _Urtica Nivea_,
de la que dice en la primera edición de su obra «que la corteza
preparada se hila y sirve para hacer telas.» Y nada tiene de extraño
que la tan renombrada _ortiga_ fuese de tiempo inmemorial conocida en
Filipinas, pues que de sus vecinas costas de China procede. Nosotros
creemos que por razón de precio y por otras no menos atendibles, el
ramio jamás podrá competir con el abacá. Las largas preparaciones,
labores hondas y cruzadas, estercoladuras, extracción de raíces y
piedras, formación de caballones, riegos, abonos, delicadas faenas
en la siembra, escogimiento de tiempos y lugares, toldos, abrigos,
tanto contra el frío como del viento, trasplantes, viveros, escardas,
peritación en los cortes, desecación al sol, almacenajes, complicadas
máquinas desfibradoras y tantos y tantos gastos y operaciones como
necesita el ramio, forzosamente han de resaltar ante la simplicidad y
baratura del cultivo y faenas á que se presta el abacá desde que lleva
su germen á la tierra, hasta que extraídas de su tronco sus finísimas
y blancas hebras salen al mercado prensadas formando fardos á servir de
importante factor en múltiples industrias de Inglaterra y América. Este
filamento no tiene entre los de su clase más competidor que el cáñamo,
y esto solo en algunas propiedades de la cordelería, superándole el
abacá en cambio en cuanto se refiere á trabajos de telar, del que
salen piezas tan finas que se confunden con los estimados paños de
la seda de China [2].
El abacá es poco conocido en España, adonde el año 1885 solo se
importaron 20.340 kg., y de estos solo 3.064 en rama, de los 53.331.009
kilogramos que salieron por los puertos filipinos. Este textil es
tanto más rico cuanto que no tiene que luchar con la competencia. Lo
produce un plátano propio y peculiar de las Filipinas, y eso solo en
la parte Sur, radicando el núcleo de su producción en la volcánica
provincia de que venimos ocupándonos.
Ni los ingleses en la India, ni los holandeses en Java, ni los
franceses en Saigon y Conchinchina han podido dar vida en sus campos
á tan preciada planta.
No teniendo los abacaleros competencia en mercados extranjeros, no
comprendemos que este producto sufra depreciaciones, siempre que la
ambición no ciegue al agricultor, desprestigiando el filamento con
su codicia, beneficiándolo fuera de sazón ó llevándolo colorado al
mercado; signo evidente de que se ha hecho mal la sencilla operación
de la extracción de la hebra, dejándole pulpa ó carnaza que si bien
la hace subir de peso la hace bajar de precio.
El abacá se produce todo el año, y las plantaciones una vez en
beneficio se reproducen á medida que se cortan de una forma, y
con una exuberancia tal, solo concebible en la fuerza productora
de aquellas tierras. No exige cava, ni arado, ni abono, y con solo
el indispensable desbrozamiento que necesariamente ha de hacerse en
campos que continuamente están en producto, se comprenderá la riqueza
de este filamento.
El jornalero dedicado á las faenas de la extracción del abacá, no
recibe salario, compartiendo el producto con el propietario. Una
familia india compuesta del matrimonio y un chico, puede muy bien
extraer al día una arroba de filamento: cantidad que al declinar
la tarde y dejar en reposo la cuchilla del tosco aparato que limpia
la hebra se parte entre el trabajador y el dueño de la plantación á
quien generalmente vende con arreglo á la cotización del día, pues es
de advertir que el precio del abacá es objeto de fluctuaciones que
diariamente comunica el telégrafo, imponiendo precios los mercados
de Inglaterra; dando esto lugar á que con los acopios de abacá se
concierten verdaderas jugadas, en las que el dueño del almacén hace
adelantos al dueño del textil, y según que los telegramas señalan
bajas ó alzas, así se cobran ó se abonan _márgenes,_ nombre que
equivale á lo que aquí se llaman _diferencias_.
Hasta la última operación que precede al embarque del abacá, deja un
gran rendimiento, consistiendo este en los beneficios del enfardaje
que se verifica en bultos de á dos _picos_, ó sean 11 arrobas. El coste
del bejuco, petate y trabajo que representa cada fardo asciende á unos
25 céntimos de peso que con el recargo de un 5 más en bulto que puede
apreciarse por deterioro de material y tanto por ciento del capital
invertido en el almacén, suma un total de gastos de 25 céntimos de
peso por fardo. Y como quiera que es cosa corriente é invariable el
que se recargue un peso por enfardaje, solo esta operación como vemos
produce un 75 por 100 de su coste, y producirá más el día que estos
trabajos dejasen de hacerse á brazo realizándose per medio del vapor.
El precio del abacá tiene constantes fluctuaciones, habiéndosele
visto subir en poco tiempo de 4 á 12 pesos el pico, ó sean las cinco
arrobas y media. El agricultor que vende su abacá á peso la arroba,
ya le queda un buen producto al capital empleado; vendido á 10 ó 12
pesos, aquellos serán muy cuantiosos é importantes.
El ramio sin quitarle toda su bondad y mérito, no tendrá nunca gran
desarrollo en Filipinas, en donde con muchísimos menos gastos que
los que origina aquel producto se obtienen otros que los reemplazan,
pues no hay que olvidar que aquellos campos contienen la variedad
de textiles más numerosa del mundo, no solamente en sus especiales
plátanos, si que también en la diversidad de palmas de que se extraen
el _buntal,_ el _nito_, el incorruptible cabo negro, y tantos otros
que se emplean en finísimos tejidos y preciadas cordelerías. Antes
que el ramio tratara de hacer competencia á los textiles filipinos,
ya lo intentaron sin resultado los yutes y sisales de América.