¡Madre! ¡Cuán dulce entre mis labios suenas,

oh nombre idolatrado!

¡Cuántos recuerdos en mi mente agitas!

Torcedor y consuelo de mis penas,

de santa idolatría enajenado,

he querido mil veces escribirte,

y mil veces las letras he borrado.

Porque es tal el respeto y el cariño,

la adoracion inmensa que en mí siento,

que, aunque el cielo me dió el dolor por vida

y sé lo que es sufrir desde muy niño,

volveria contento

á empezar esta lucha maldecida,

si, al ligarme á la tierra nuevos lazos,

me arrullara tu acento

al dormirme tranquilo entre tus brazos.

* * * * *

Todos aman la gloria;

unos por necio orgullo, otros soñando,

en la mujer que adoran con locura;

yo nó: si la victoria

llego á alcanzar un dia de ventura,

por tí será, que para tí la quiero.

¿Quién como tú podria merecerla?

¿Acaso no he bebido

en tu seno purísimo la esencia

de fé, de amor, de bien y sentimiento

que nutre mi existencia

y eleva con su savia el pensamiento?

¿Acaso no me han dado

dolor bastante que mi canto inspire,

tus lágrimas benditas?

--¡Cuántas por culpa mia has derramado!...

¡Ah! Dios las tendrá escritas...

* * * * *

¡Madre! ¡Quiero estampar aquí tu nombre,

una, y otra, y cien veces, madre mia!

Cuando niño, encantada en tu cariño,

tú me enseñaste á pronunciarle; hoy, hombre,

el hombre adora lo que hablaba el niño.

El hombre graba en su angustiada mente

con santos signos la mejor palabra,

y canta en tus recuerdos inspirado,

volviendo tristemente

sobre el tiempo dichoso y ya pasado,

en que tu amor tan sólo, su amor era;

amor dulce, sereno, inmaculado

como el rayo del sol en primavera.

Y canta y llora; sí, madre querida,

lloro entregado á sin igual tristeza,

que el cuerpo y el espíritu, abatidos,

no pueden desechar; que con la vida

no ha de acabar aunque con ella empieza;

pues una voz callada y misteriosa

resuena en mis oidos,

y me dice que el alma no reposa.

¡Lloro, insensato, y creo

que este llanto terrible y encendido,

mísero y solo bien que ya poseo,

puede pagar el que por mí has vertido!

Así piensa el avaro

poder pagar con un puñado de oro

la dicha de este mundo:

avaro soy y el llanto es mi tesoro.

En él mi dicha fundo,

que cuando con el alma acongojada,

pobre, impotente, sin amor ni gloria,

busco ansioso la nada,

para ahogar mi memoria,

que altivos sueños del ayer me acuerda

y el terrible presente me recuerda,

nada puede calmar esta agonía

como el amargo llanto

donde encuentra mi sér vida y encanto.

* * * * *

Madre, sobre mi edad pasará el tiempo,

vendrán en pos un dia y otro dia,

y á calmar mi dolor vendrá la muerte;

y, acaso, madre mia,

cuando pesada y fria

caiga la tierra sobre el cuerpo inerte,

ni un sér querido por mi vida llore,

ni una oracion por mí, perdon implore.

Acaso ¡ay Dios! profanen mi memoria

al ver que no les dejo por herencia

más que mis sueños de mentida gloria

y el terrible luchar de la existencia...

¡Oh! tú que crees y que en Dios confias,

tú que sabes rezar, madre adorada,

dime, por Dios, una oracion; aprenda

yo de tus labios, como en otros dias,

una plegaria que la fé apagada

haga en mí renacer... Pero es en vano.

Ya torna al pecho la perdida calma.

¡Tambien yo sé rezar... ¿Sabes qué rezo?

¡Tu nombre nada más, madre del alma!

AL DISTINGUIDO CRÍTICO

MI MUY QUERIDO AMIGO

DON EDUARDO DE CORTÁZAR.

MÚSICA CELESTIAL.

Me han contado de un hombre que vivía

contento únicamente cuando oía,

ya fuese á una voz sola, ó más, ó un coro,

ó instrumento sonoro,

cualquiera melodía;

daba por una nota el mundo entero...

Y perdió la aficion desde aquel dia

en que oyó á una mujer decir: «Te quiero».

AL EXCMO. SEÑOR

DON FRANCISCO BARCA.

¿ES VERDAD?

Yo sé, sólo de oidas,

que hay un monton de libros y de escuelas,

cuanto más semejantes más reñidas,

en que hombres que respeta todo el mundo,

de claras luces y saber profundo,

uno en forma, otro en sér, otro en esencia,

todos de Dios discuten la existencia.

No me lo sé explicar, aunque lo creo.

¡Que de Dios pueda un hombre haber dudado!

Yo, si me siento triste ó angustiado,

corro al balcon en alas del deseo,

miro al cielo estrellado...

y, no sé cómo es, pero le veo.

AL ILUSTRE AUTOR

DE LAS

DOLORAS Y LOS PEQUEÑOS POEMAS

AL EMINENTE POETA

DON RAMÓN DE CAMPOAMOR.

¡COSSÍ FAN TUTTI!

Él era un infeliz. Aun conservaba

todos los sueños de la edad primera...

hasta fé en el amor; y así, la amaba

como un demente: con el alma entera.

Ella, docta en las luchas de la vida

--cosas que sólo una mujer entiende

cuando del vicio á los horrores llega,--

sabía que halla paga más subida

una prudente infamia que se vende,

que una loca inocencia que se entrega.

Pero él,--que no creyó ni por asomo

que, oculto bajo un rostro de ángel puro,

hubiera un sér de cieno,--

cuando en su amor vivia más seguro,

la halló con no sé quién, yo no sé cómo,

y haciendo no sé qué, que no era bueno.

Y cuentan,--yo no sé si será cierto,--

que, herido por el duro desengaño,

le vieron discurrir hosco y huraño

buscando siempre el sitio más desierto,

y siempre solo, un año y otro año;

y hasta dicen que ha muerto.

* * * * *

Me es infiel la memoria

y no puedo decir precisamente

quién me contó la historia.

Sólo recuerdo--y con dolor lo digo

pues sé que era un amigo,--

que el que la referia,

--que puedo asegurar era hombre honrado,

ó al ménos todo el mundo lo decia,--

comentando el dolor del engañado,

me lo mostró en la calle, y se reia.

AYER, HOY Y MAÑANA.

A MI ESPOSA.

Ayer, con amor creciente,

amor que sólo se siente

de la vida en los albores,

se unió con lazo de flores

tu alma pura á mi alma ardiente.

* * * * *

Hoy, con más tranquilo amor,

dando treguas al dolor,

unidos en tu regazo,

nuestros hijos son el lazo

que al cariño dá vigor...

* * * * *

Que mañana, yo lo anhelo,

busquen tambien de esta guerra

juntos reposo y consuelo

nuestros cuerpos en la tierra,

nuestras almas en el cielo.

FIN.

End of Project Gutenberg's Impresiones, Poesías, by Jose Campo-Arana

Impresiones, Poesías · 第 4 / 4 段