La luz brilla con un esplendor meridiano y todos los objetos se perciben
con facilidad: el movimiento que las auras imprimen á las plantas y á
las flores, anima de tal suerte la naturaleza, que forma un admirable
concierto con el canto de los pájaros y el murmullo de las fuentes: el
pintor que ante un paisaje semejante no hiciera un hermoso cuadro de
perspectiva, bien puede guardar sus pinceles y borrar de su paleta los
variados colores.
Guardaremos nuestra tosca pluma, sin emborronar en adelante más papel,
si á juicio de nuestros compatriotas no hemos logrado siquiera imprimir
en las páginas de este librito, algo de lo que todos vemos en la
atmósfera, en las nubes, y en el cielo que envuelven como un sudario el
dolor de España por sus muchas desventuras.
Hemos querido también consignar lo que la misma siente, y lo que desean
los españoles, y todo lo que hay, palpita y vive en este gran pueblo
español, digno de otra fortuna.
Por esta causa, en las voces de España hemos expresado todo lo que por
ella sentimos; y en las reflexiones damos á conocer toda la indignación
que abriga nuestro pecho contra sus bárbaros enemigos y los malos
españoles que la han puesto en el presente marasmo.
Si los cuadros en que hemos dividido nuestro trabajo no resultan tan
interesantes, dolorosos é instructivos como el asunto, es por nuestra
falta de habilidad y de suficiencia, que nunca deploramos más que ahora,
cuando tan grande es el amor patrio que debemos tener y manifestar.
Que los desaciertos y graves faltas de muchos españoles han traído sobre
España las actuales desgracias, es una verdad tan evidente, que los
mismos culpables lo confiesan: pero de las culpas de los españoles no
son jueces sus enemigos, que pueden ser, como son en realidad, más
culpables que nosotros; y como no sólo se han constituído en jueces,
sino en verdugos nuestros, debemos reconocer que Dios ha permitido tan
grande iniquidad para nuestro castigo; y para que se manifestase en un
gran pueblo toda la hipocresía, mentira y barbarie que encubren con su
espléndido ropaje el progreso y la civilización moderna.
Sabemos que á estas verdades y á los altos fines de la Providencia
divina, no se dan por muchos la importancia que tienen; pero el mundo
nunca se ha regido ni gobernado en lo que es transcendental, por el
parecer de los hombres, sino por las leyes del orden superior.
La España oficial, en gran parte, había olvidado estas leyes y quería
ser poderosa y prosperar con los errores y las invenciones humanas; así
ha caído en tan grande abismo.
¿Reconocerá al presente el orígen de sus desgracias, y se levantará
humilde procurando su remedio?
Mucho lo dudamos, porque no parece dispuesta á romper los ídolos que se
ha fabricado; y si no interviene la Providencia, todo lo podemos
considerar perdido.
No negamos que en el fondo del pueblo español hay todavía alientos para
empresas mayores que la de la regeneración de España; pero por una parte
no hay quien los excite y los dirija con éxito, para llegar al fin
necesario; y por la otra se hallan sojuzgados tantos españoles por los
bastardos intereses, por la ambición y las preocupaciones erróneas del
sistema liberal, que se puede desconfiar de su buena voluntad y del
espíritu de sacrificio que se necesita para salvar á España.
Los hombres y los principios que han arruinado á nuestra nación, no
pueden ciertamente regenerarla.
Pueden cambiar los hombres, pero no los principios, que son por su
naturaleza inmutables: y con doctrinas erróneas y un sistema corruptor,
y por lo tanto, desacreditado, como el liberal parlamentario, no es
posible que los hombres más hábiles, enérgicos y aun sabios, puedan
reconstituir una nación que lleva en sus entrañas el tósigo mortal.
La experiencia proclama esta verdad: que un pueblo no se regenera si no
vuelve á los principios y á las leyes que les diera el ser y la vida.
Hay, por lo tanto, imperiosa necesidad de abandonar mentirosos ideales,
doctrinas y procedimientos falsos y opuestos al carácter de nuestro
pueblo.
Todos los que hablan de regeneración y la quieren, y no tienen valor
para renunciar al falso sistema que nos ha dividido y desolado, ó
padecen una aberración ó no aman á España.
La obra es grande; todos los españoles estamos llamados á tomar parte en
ella, poniéndonos debajo de la bandera de aquéllos ó de aquél que estén
elegidos para sacar á nuestra patria del abismo en que se halla.
Contra el supremo interés de la nación, que no se levanten otros
intereses: estemos todos dispuestos á sacrificarlo todo por la patria.
Nos parece que desde el fondo de su atribulado espíritu nos dirige este
llamamiento para que la salvemos de los peligros que aún la rodean y
amenazan.
La voz de España es la que nos llama á la concordia y á la acción
generosa; ella conjura á todos los españoles para que acudamos
presurosos en su auxilio; ella ruega, suplica y pide á sus hijos que se
acuerden de sus grandezas pasadas y de sus males presentes: ella nos
conmina para que entendamos que Dios no ha permitido la gran crísis en
que se encuentra, sino para excitar el amor de sus hijos y levantarlos
de su postración, para que libres de los errores, podamos librarnos de
nuestros enemigos; y recobrando las perdidas energías, el valor
legendario y el heroismo, mostremos á las naciones que España no muere,
que si Dios nos ha castigado, ha sido para salvarnos; y que en tanto que
nuestros _soberbios enemigos_ serán humillados, se levantará el león
español para volver con sus rugidos á llenar al mundo de espanto y de
admiración.