Documentos publicados después del siglo XVII--Ausencia total
de huellas de Vespucci en Portugal--Dudas sobre la existencia
de un solo documento auténtico en Florencia, relativo á
Vespucci--Fabrícase en Paris, durante el segundo imperio, una
pretendida carta de Vespucci á su padre, por el falsario
Vrain-Lucas--Dificultad de leer, con matemática exactitud, los
nombres ó sobrenombres asignados á Vespucci--Los padres
católicos rehusan, hasta el día de hoy, dar por único nombre
de bautismo, uno que no sea de santo.
Hasta la vez no he hecho uso más que de documentos impresos durante el
primer cuarto, ó el primer tercio del siglo XVI, antes que se suscitase
cuestión alguna sobre los méritos ó deméritos de Vespucci, y he tomado
los hechos como los han trasmitido los contemporáneos. Trato ahora de
examinar otros que han aparecido más tarde. Notemos, desde luego, con
Alejandro de Humboldt, que fué hasta después de la publicación del señor
Fernández de Navarrete,[64] en 1825, que hemos tenido materiales
preciosos y verdaderamente dignos de fé acerca de Vespucci. Antes de
eso, habíase puesto en obra todo cuanto podían inventar las pasiones,
las rivalidades, los celos patrióticos y de campanario--sin pararse ni
ante la fabricación de piezas falsas, ni ante los hechos mejor
averiguados. Se inventaron relaciones de viajes, genealogías, cartas; en
fin hasta se ha grabado en mármol en Santa María dell’umiltá, en
Florencia, el año de 1719, la famosa inscripción del abate Anton M.
Salvini.
AMERICO VESPUCIO PATRICIO FLORENTINO
OB REPERTAM AMERICAM
SUI ET PATRIÆ NOMINIS ILLUSTRATORI
AMPLIFICATORI ORBIS TERRARUM
IN HAC OLIM VESPUCCIA DOMO
A TANTO VIRO HABITATA
PATRES SANTI JOANNIS DE DEO CULTORES
GRATÆ MEMORIÆ CAUSA.
Con Navarrete, y sobre todo con Humboldt, se pasa del romano legendario
á la realidad, y por vez primera se encuentra uno en el terreno de los
hechos, en una discusión científica un tanto reñida.
En Portugal, y más particularmente en Lisboa, donde Vespucci escribió
sus dos célebres cartas, (1503 y 1504) nada se ha descubierto, ni en los
archivos de la _Torre do Tombo_, ni en ninguna otra parte: no se han
hallado rastros de las letras patentes de que Vespucci habla á Soderini.
Su nombre mismo no ha podido encontrarse en ninguna parte.
En Florencia no ha podido ostentarse hasta el día de hoy ningún
documento de autenticidad absoluta. Nada parecido á las tres célebres
cartas de Cristóbal Colón, conservadas en Génova, ha podido encontrarse
en la ciudad de los Médicis. Todo cuanto se ha hallado son los
panegíricos de Bandini y Canovaï--Y por otra parte, ¿habrá en esto
motivo de sorpresa, cuando personajes más cercanos á nuestros tiempos, y
cuyos escritos y publicaciones han sido enormes, como por ejemplo,
Shakespeare y Moliére, no han dejado tras de sí rastro alguno, ni de sus
manuscritos ni de sus cartas, sino apenas unas dos ó tres firmas cada
uno?
La pretendida carta de Vespucci á su padre, fechada en 1476, en latín,
no tiene carácter de autenticidad. Publicada por el panegirista Bandini,
que tuvo buen cuidando de no dar la firma, debe de haber servido de
tentación á los fabricantes de autógrafos. Uno de estos falsarios,
Vrain, ó Vrin-Lucas, admitió en el proceso[65] que se le siguió al
efecto, haber fabricado cartas de Galileo, de Vespucci, etc., puesto
que, dijo, se las pedían, y el fabricarlas “no cedía en mal de nadie.”
Agregó que no quería más que “recurrir á una forma picante, para
reavivar el gusto por las discusiones literarias é históricas.”
Aparte de esto, el examen, por rápido que sea, de esta pretendida carta
de Vespucci á su padre,[66] comparada con la sola auténtica publicada en
facsimile por el Gobierno español, en las _Cartas de Indias, etc._,
(Madrid, 1878, in folio) muestra la falsedad de dicho documento; todos
los caracteres son diferentes de los de la pieza auténtica: uno solo de
ellos no se parece á éstos. La observación de que Vespucci escribió la
una, á los veinticuatro, y la otra, á los cincuenta y seis años de edad,
es enteramente inadmisible para explicar una diferencia caligráfica tan
grande, que puede decirse absoluta. Es imposible que la misma mano haya
jamás escrito esas dos cartas. Siendo la de 1508 de una autenticidad
cierta, la otra ha debido ser fabricada. Por otra parte, la firma del
nombre indígena latinizado _Americus_, constituye una imposibilidad
material antes de 1507, imposibilidad desconocida á los falsarios.
El árbol genealógico construido por Bandini más de dos siglos después de
la muerte de Vespucci, tiene el valor de todas las piezas de este género
aplicadas á los hombres que llegan á ser célebres. Vespucci necesitó al
menos un predecesor para el nombre _Amerigo_, y Bandini no faltó en
arrimárselo, siendo, según él, su abuelo, á quien llamó _S. Amerigo_,
mientras á su padre le dió el nombre de _Ser Nastagio_. _Ser_ está allí
por _Servitore_, como se encuentra en todos los ejemplares de la segunda
carta de Vespucci á Soderini, al fin _Servitore Amerigo Vespucci in
Lisbona_.
M. de Varnhagen, cuyas simpatías por Vespucci no pueden ponerse en duda,
ha reconocido, en Florencia misma, la falsedad de otra carta atribuida á
Vespucci y publicada por Bandini en 1745. Mira asimismo como falsas
otras dos, publicadas por la vez primera, la una en 1789, por
Bartolozzi, y la otra en 1827, por Baldelli.
Déjase ver por estos ejemplos cuán en guardia es preciso estar contra
las publicaciones hechas en Florencia acerca de Vespucci, pues si el
prenombre de Vespucci no se sujeta á una crítica minuciosa y de mucha
exactitud, pudiera llegar á dudarse si _Alberico_, ó _Amerigo_ es el
verdadero.
La cuestión es de alguna importancia, como ha podido verse por lo que
dejo dicho sobre los documentos impresos de 1504 á 1507, en los que se
encuentran los nombres _Alberico_ y _Amerigo_, sin respicencia á que su
solución toque la parte vital é importante del origen del nombre
_América_, que flota siempre entre la licencia poética de Jean Basin, y
_Amerrique_, nombre de lugar del Nuevo Mundo. Esta solución implicará
más ó menos el apoyo que Vespucci puede haber prestado, sin saberlo
quizás, al bautismo de Saint Dié.
Las piezas que sirvieron á Bandini para establecer el nacimiento y
filiación genealógica de Vespucci--si en realidad existen--debieron ser
examinadas con el mayor cuidado, primero en orden á la lectura exacta de
los prenombres, y en seguida desde el punto de vista de su autenticidad;
sobre todo, era preciso asegurarse de que no habían sufrido
alteraciones ni mutilaciones.
En general, tratándose del prenombre de Vespucci, la lectura aun de
documentos impresos, ha adolecido de mucha inexactitud; y no se ha
pensado en deletrear letra por letra. El mismo d’Avezac, tan exacto en
sus citas de los cambios de letras y errores de los primeros cuadernos
impresos en Saint Dié y Strasburgo, tradujo dos veces el nombre
_Albericus_ por _Americ_, en lugar de _Albert_ ó _Alberic_, á la página
91 de su _Martin Hylacomylus Waltzemüller_.
Humboldt es quien mayor corrección ha observado en la ortografía de
aquel nombre, que siempre tuvo cuidado de escribir con todas sus letras,
según se encuentran en los documentos impresos ó citados en
publicaciones. Sin embargo, cuando habla de Vespucci no vacila en
llamarle _Americ_, y nunca _Alberic_ ó _Albert_.
Cuantos conocen la Italia y la España, saben que es absolutamente
imposible conseguir que un padre católico dé por nombre de pila, uno que
no se halle en el calendario de los santos. Esto es lo mismo aun en
Francia y Bélgica. Los empleados del registro civil en Francia, antes
como ahora, han rehusado frecuentemente inscribir como prenombres, los
que no son nombres de santos. En Italia, en la época de la omnipotencia
de la Iglesia católica, la dificultad debe de haber sido aun mayor, y no
se tiene noticia de excepción alguna de esta regla absoluta, salvo en
los casos de los grandes nombres latinos, como _César_, _Vespasiano_,
_Mario_, _etc._, ó en las designaciones numéricas para indicar el orden
en la serie de los niños, como _Quintino_. Aun estos nombres no los
acepta sino como ocultos entre otros muchos pertenecientes á santos, y
de buena y legítima ortodogía.
Cómo creer, sin un documento de autenticidad indiscutible, exento de
raspaduras y enmiendas, que nos sirviese de prueba, que un padre haya
podido bautizar á Vespucci con el solo nombre de _Amerigo_, sin
acompañarle otros prenombres de santos bien conocidos y de ortodogía
nada sospechosa, cuando su padre y su madre mismos estaban bajo la
advocación de Anastasio y Elizabet?
Tenemos en eso una dificultad material, seria aun para los mismos
italianos, quiero decir, los que de entre ellos son imparciales, y que
no ven la presente cuestión, únicamente y ante todo por el lado del
patriotismo. Por desgracia para muchos italianos, la fibra patriótica
les impide discutir en calma. Hay uno, el marqués Pietro Amat di San
Filippo, que no ha vacilado en acusarme de querer privar á Vespucci del
honor de haber dado su nombre á la cuarta parte del mundo. Declara mi
opinión _sobre el origen del nombre América_, “mal aconsejada y poco
sostenible”--Pero en cuanto á razones, no da ninguna. Véase este curioso
pasaje en la página 21 de la _Biografía dei viaggiatori italiani_, per
P. Amat di S. Filippo, publicada por la _Societá geográfica italiana_,
Roma, 1882, _volume 1.º, edizione seconda_.