Muy próxima la fecha en que ha de celebrarse en la República Argentina
el Centenario de su Independencia, no se advierte, en las esferas
oficiales ni en las particulares, señal alguna de preparativos
para la representación lucida de España en tan señalada fiesta.
Desdicha es que siempre cuidados propios nos impidan estar con toda
tranquilidad de espíritu y holgura de bolsillo necesarias para asistir
á fiestas ajenas; pero pocas veces, como en esta ocasión, era preciso
sobreponerse á todo y hacer lo que se debe; aunque se debiera lo que se
hiciese, como dijo el clásico.
Cuando tan traída y tan llevada anda nuestra reputación por esos
mundos, era más urgente demostrar á todos que la vida política no es
toda la vida española. Nuestra industria y nuestro arte pueden hacer un
brillante papel en la Argentina; pero de nada servirá algún esfuerzo
y algún alarde aislados sin la iniciativa y la protección oficiales.
Queda poco tiempo; no hay que malgastarlo en nombrar comisiones.
Piensen todos que sobre la América española, toda Europa y América
del Norte tienen puestos sus ojos y sus manos, y entre todos tienden
á desespañolizarla. Hasta ahora tuvimos en los naturales la mejor
defensa. Pero ¿vamos á pedirles que sean más papistas que el Papa? Si
nosotros, que tenemos allí mucho en qué comerciar y mucho que explotar,
no nos acordamos de ellos, ¿van ellos á acordarse de nosotros, si para
nada nos necesitan?
El que España figure dignamente, á costa de todos los sacrificios, en
el Centenario de la Independencia argentina, es de un interés del que
no se han dado cuenta nuestros gobiernos. Algo más importante que unas
elecciones.
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Hoy empezará sus representaciones el «Teatro para los niños». Nada diré
de sus principios, por tener yo tanta parte en ellos. Otros autores
vendrán después que justifiquen el elogio. Por ahora, baste con alabar
la intención y agradecer á la compañía del teatro y á su director,
Fernando Porredón, el entusiasmo, la fe ciega, el desinterés absoluto,
puestos al servicio de la idea. En compañías de pretensiones y en
empresas de fuste no es tan fácil encontrar todo eso.
No se aspira á la perfección, ni mucho menos; es un ensayo, un modesto
ensayo de un teatro en que los niños no oirán ni verán nada que pueda
empañar la limpidez de su corazón ni de su inteligencia. No saldrán de
allí con adquisiciones preciosas en su vocabulario, como «la vértiga»,
«la órdiga» y otras expresiones. No se iniciarán en los encantos del
garrotín y del molinete.
Si la idea fracasara y yo tuviera la conciencia de que no era por culpa
mía ni de cuantos han de ayudar y servir en la empresa, hago voto
solemne de escribir, en desagravio de mi error y agravio del ajeno,
«Una cachunda» de gran espectáculo, que dedicaré á cuantas y á cuantos
se lamentan de la inmoralidad en el teatro.
* * * * *
En Alemania, tan atenta á la reproducción y á la cría de la raza
humana, se proyecta una ley encaminada á su selección, impidiendo
contraigan matrimonio los individuos que padecen enfermedades
hereditarias ó incurables.
En verdad, que cuando todo se cultiva, se selecciona y se mejora por el
cultivo ó el cruce, en las especies vegetales y animales sólo al hombre
se le permite la más inculta espontaneidad en su reproducción.
El «fetiche» de la espiritualidad del amor--espiritualidad que es sólo
una coquetería más del celo--ha impedido hasta ahora la intervención de
la Ciencia en los matrimonios desiguales y disparatados.
El remedio no será todo lo eficaz que la ley se propone, porque fuera
de la ley, justamente, queda siempre el más vasto campo al amor, y
¡cualquiera le pone puertas al campo! Pero algo podrá conseguirse ¿Otro
remedio más eficaz? No es este lugar para exponer algunas atrevidas
consideraciones sobre este asunto. Algún día las expondré con entera
libertad en un libro ó folleto, ó lo que salga, con espanto de muchos,
como todas las verdades.
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Oído en el día de las últimas elecciones para concejales:
Un cochero de punto ve pasar desde su pescante á un compañero, fuera de
servicio y algo apuntado de bebida.
--¡Eh! ¿Estás de fiesta? ¿Adonde vas?
--¡Á votar!
--¡Á votar, tú! ¿Á quién?
--¿Á quién ha de ser? Á los socialistas; á los hijos del trabajo... ¡Yo
soy también un hijo del trabajo! Sólo que yo estoy reñido con mi padre.
[Ilustración]