XLI

Muy próxima la fecha en que ha de celebrarse en la República Argentina

el Centenario de su Independencia, no se advierte, en las esferas

oficiales ni en las particulares, señal alguna de preparativos

para la representación lucida de España en tan señalada fiesta.

Desdicha es que siempre cuidados propios nos impidan estar con toda

tranquilidad de espíritu y holgura de bolsillo necesarias para asistir

á fiestas ajenas; pero pocas veces, como en esta ocasión, era preciso

sobreponerse á todo y hacer lo que se debe; aunque se debiera lo que se

hiciese, como dijo el clásico.

Cuando tan traída y tan llevada anda nuestra reputación por esos

mundos, era más urgente demostrar á todos que la vida política no es

toda la vida española. Nuestra industria y nuestro arte pueden hacer un

brillante papel en la Argentina; pero de nada servirá algún esfuerzo

y algún alarde aislados sin la iniciativa y la protección oficiales.

Queda poco tiempo; no hay que malgastarlo en nombrar comisiones.

Piensen todos que sobre la América española, toda Europa y América

del Norte tienen puestos sus ojos y sus manos, y entre todos tienden

á desespañolizarla. Hasta ahora tuvimos en los naturales la mejor

defensa. Pero ¿vamos á pedirles que sean más papistas que el Papa? Si

nosotros, que tenemos allí mucho en qué comerciar y mucho que explotar,

no nos acordamos de ellos, ¿van ellos á acordarse de nosotros, si para

nada nos necesitan?

El que España figure dignamente, á costa de todos los sacrificios, en

el Centenario de la Independencia argentina, es de un interés del que

no se han dado cuenta nuestros gobiernos. Algo más importante que unas

elecciones.

* * * * *

Hoy empezará sus representaciones el «Teatro para los niños». Nada diré

de sus principios, por tener yo tanta parte en ellos. Otros autores

vendrán después que justifiquen el elogio. Por ahora, baste con alabar

la intención y agradecer á la compañía del teatro y á su director,

Fernando Porredón, el entusiasmo, la fe ciega, el desinterés absoluto,

puestos al servicio de la idea. En compañías de pretensiones y en

empresas de fuste no es tan fácil encontrar todo eso.

No se aspira á la perfección, ni mucho menos; es un ensayo, un modesto

ensayo de un teatro en que los niños no oirán ni verán nada que pueda

empañar la limpidez de su corazón ni de su inteligencia. No saldrán de

allí con adquisiciones preciosas en su vocabulario, como «la vértiga»,

«la órdiga» y otras expresiones. No se iniciarán en los encantos del

garrotín y del molinete.

Si la idea fracasara y yo tuviera la conciencia de que no era por culpa

mía ni de cuantos han de ayudar y servir en la empresa, hago voto

solemne de escribir, en desagravio de mi error y agravio del ajeno,

«Una cachunda» de gran espectáculo, que dedicaré á cuantas y á cuantos

se lamentan de la inmoralidad en el teatro.

* * * * *

En Alemania, tan atenta á la reproducción y á la cría de la raza

humana, se proyecta una ley encaminada á su selección, impidiendo

contraigan matrimonio los individuos que padecen enfermedades

hereditarias ó incurables.

En verdad, que cuando todo se cultiva, se selecciona y se mejora por el

cultivo ó el cruce, en las especies vegetales y animales sólo al hombre

se le permite la más inculta espontaneidad en su reproducción.

El «fetiche» de la espiritualidad del amor--espiritualidad que es sólo

una coquetería más del celo--ha impedido hasta ahora la intervención de

la Ciencia en los matrimonios desiguales y disparatados.

El remedio no será todo lo eficaz que la ley se propone, porque fuera

de la ley, justamente, queda siempre el más vasto campo al amor, y

¡cualquiera le pone puertas al campo! Pero algo podrá conseguirse ¿Otro

remedio más eficaz? No es este lugar para exponer algunas atrevidas

consideraciones sobre este asunto. Algún día las expondré con entera

libertad en un libro ó folleto, ó lo que salga, con espanto de muchos,

como todas las verdades.

* * * * *

Oído en el día de las últimas elecciones para concejales:

Un cochero de punto ve pasar desde su pescante á un compañero, fuera de

servicio y algo apuntado de bebida.

--¡Eh! ¿Estás de fiesta? ¿Adonde vas?

--¡Á votar!

--¡Á votar, tú! ¿Á quién?

--¿Á quién ha de ser? Á los socialistas; á los hijos del trabajo... ¡Yo

soy también un hijo del trabajo! Sólo que yo estoy reñido con mi padre.

[Ilustración]

De Sobremesa; crónicas, Segunda Parte (de 5) · 第 49 / 51 题