Pero digo que acompañen

é lleguen basta la huesa

con su dueño:

por eso no nos engañen;

pues se va la vida apriesa

como sueño.

Y los deleytes de acá

son, en que nos deleytamos

temporales;

y los tormentos de allá,

que por ellos esperamos,

eternales.

Los placeres é dulzores

de esta vida trabajada

que tenemos

¿que son sino corredores,

y la muerte la zelada

en que caemos?

No mirando á nuestro daño

corremos á rienda suelta

sin parar:

de que vemos el engaño,

y queremos dar la vuelta,

no hay lugar.

Si fuese en nuestro poder

tornar la cara fermosa

corporal,

como podemos hacer

el alma tan gloriosa

angelical,

¿que diligencia tan viva

tubieramos toda hora,

y tan presta,

en componer la cativa,

dexándonos la señora

descompuesta?

Estos Reyes poderosos,

que vemos por escrituras

ya pasadas,

con casos tristes llorosos

fueron sus buenas venturas

trastornadas.

Asi que no hay cosa fuerte;

que á Papas y Emperadores,

y Perlados

así los trata la muerte

como á los pobres pastores

de ganados.

Dexemos á los Troyanos,

que sus males no los vimos

ni sus glorias:

dexemos á los Romanos,

aunque oímos y leemos

sus historias.

No curemos de saber

lo de aquel siglo pasado

qué fue de ello:

vengamos á lo de ayer,

que tambien es olvidado

como aquello.

¿Qué se hizo el Rey D. Juan?

¿los Infantes de Aragon

que se hicieron?

¿que fué de tanto galan,

que fué de tanta invencion

como traxeron?

¿Las justas é los torneos,

paramentos, bordaduras

é cimeras,

que fueron sinó devaneos?

¿que fueron sinó verduras

de las eras?

¿Que se hicieron las damas,

sus tocados, sus vestidos,

sus olores?

¿Que se hicieron las llamas

de los fuegos encendidos

de amadores?

¿Que se hizo aquel trobar

las musicas acordadas

que tañian?

¿Que se hizo aquel danzar

y aquellas ropas chapadas

que trahian?

¿Pues el otro su heredero

Don Enrique que poderes

alcanzaba?

¡Quan blando, quan halaguero

el mundo con sus placeres

se le daba!

Mas verás ¡quan enemigo,

quan contrario, quan cruel

se le mostró!

¡Habiéndole sido amigo,

quan poco duró con el

lo que le dió!

¡Las dádivas desmedidas,

los edificios reales

llenos de oro;

las bajillas tan fabridas,

los enriques y reales

del tesoro;

los jaeces y caballos

de su gente, y atavios

tan sobrados,

donde iremos á buscallos!

¿que fueron sinó rocios

de los prados?

Pues su hermano el inocente,

que en su vida sucesor

se llamó,

¡que corte tan excelente

tubo, y quanto gran Señor

que le siguió!

Mas como fuese mortal,

metiólo la muerte luego

en su fragua.

¡O juicio divinal!

quando mas ardia el fuego

echaste agua.

Pues aquel gran Condestable,

Maestre que conocimos

tan privado,

no cumple que dél se hable,

sinó solo que le vimos

degollado.

Sus infinitos tesoros,

sus Villas y sus Lugares,

su mandar,

¿que le fueron sino lloros?

¿qué fueron sino pesares

al dexar?

Pues los otros dos hermanos

Maestres tan prosperados

como Reyes,

que á los grandes é medianos

traxeron tan sojuzgados

á sus leyes:

aquella prosperidad,

que tan alto fué subida

y ensalzada,

¿que fué sino claridad

que quando mas encendida

fué amatada?

Tantos Duques excelentes,

tantos Marqueses y Condes

y Varones

como vimos tan potentes,

dí, muerte, ¿dó los escondes

y los pones?

É sus muy claras hazañas

que ficieron en las guerras

y en las paces,

quando tú, ¡cruel! te ensañas

con tu fuerza las atierras

é deshaces.

¿Las huestes inumerables,

los pendones, estandartes

e vanderas,

los castillos impunables,

los muros y baluartes

é barreras,

la caba honda chapada,

ó qualquier otro reparo,

que aprovecha?

quando tú vienes airada

todo lo pasas de claro

con tu flecha.

Aquel de buenos abrigo,

amado por virtuoso

de la gente,

el Maestre Don Rodrigo

Manrique, tan famoso

é tan valiente,

sus grandes fechos y claros

no cumple que los alabe,

pues los vieron;

ni los quiero facer caros,

pues el mundo todo sabe

quales fueron.

¡Que amigo de sus amigos!

¡que señor para criados

y parientes!

¡que enemigo de enemigos!

¡que Maestre de esforzados

y valientes!

¡que seso para discretos!

¡que gracia para donosos!

¡que razon!

¡quan benigno á los subjectos!

¡y á los brabos y dañosos

un leon!

En ventura, Octaviano:

Julio Cesar en vencer

é batallar:

en la virtud, Africano:

Anibal en el saber

y trabajar:

en la bondad, un Trajano:

Tito en liberalidad

con alegria:

en su brazo, un Archiano:

Marco Tulio en la verdad

que prometia:

Antonio Pio en clemencia:

Marco Aurelio en igualdad

del semblante:

Adriano en eloqüencia:

Theodosio en humanidad

y buen talante:

Aurelio Alexandro fué

en disciplina e rigor

de la guerra:

un Constantino en la fé:

Gamelio en el gran amor

de su tierra.

No dexó grandes tesoros,

ni alcanzó muchas riquezas,

ni bajillas;

mas hizo guerra á los Moros,

ganando sus fortalezas

e sus Villas:

y en las lides que venció

Caballeros y caballos

se prendieron:

en este oficio ganó

las rentas y los vasallos

que le dieron.

¿Pues por su honra y estado

en otros tiempos pasados

cómo se hubo?

quedando desamparado,

con hermanos y criados

se sostuvo.

Despues que fechos famosos

fizo en esta dicha guerra

que facia,

fizo tratos tan honrosos,

que le dieron mui mas tierra

que tenia.

Estas sus viejas historias,

que con su brazo pintó

en juventud,

con otras nuevas victorias

agora las renovó

en senectud.

E por su gran ablidad,

por meritos y ancianía

bien gastada,

alcanzó la dignidad

de la gran Caballería

de la Espada.

E sus villas é sus tierras

ocupadas de tiranos

las halló;

mas por cercos é por guerras,

é por fuerzas de sus manos

las cobró.

Pues nuestro Rey natural

si de las obras que obró

fué servido,

dígalo el de Portugal,

y en Castilla quien siguió

su partido.

Despues de puesta la vida

tantas veces por su Ley

al tablero;

despues de tan bien servida

la corona de su Rey

verdadero;

despues de tanta fazaña,

á que no puede bastar

cuenta cierta,

en la su Villa de Ocaña

vino la muerte á llamar

á su puerta.

Diciendo: buen Caballero,

dexad el mundo engañoso,

y su halago:

muestre su esfuerzo famoso

vuestro corazon de acero

en este trago.

Y pues de vida y salud

hicisteis tan poca cuenta

por la fama,

esfuercese la virtud

para sufrir esta afrenta

que os llama.

No se os haga tan amarga

la batalla temerosa

que esperais,

pues otra vida mas larga

de fama tan gloriosa

acá dexais.

Aunque esta vida de honor

tampoco no es eternal,

ni verdadera;

mas con todo muy mejor

que la otra temporal

perecedera.

El vivir que es perdurable

no se gana con estados

mundanales,

ni con vida deleytable,

en que moran los pecados

infernales;

mas los buenos Religiosos

gananlo con oraciones,

y con lloros;

los Caballeros famosos

con trabajos y aflicciones

contra Moros.

Y pues vos, claro Varon,

tanta sangre derramastes

de paganos,

esperad el galardon

que en este mundo ganastes

por las manos.

Y con esta confianza

y con la fé tan entera

que teneis

partid con buena esperanza,

que esta otra vida tercera

ganareis.

_Responde el Maestre._

No gastemos tiempo ya

en esta vida mezquina,

por tal modo

que mi voluntad está

conforme con la divina

para todo.

Y consiento en mi morir

con voluntad placentera

clara y pura;

que querer hombre vivir

quando Dios quiere que muera

es locura.

Tú que por nuestra maldad

tomaste forma civil

y baxo nombre:

tú que á tu divinidad

juntaste cosa tan vil

como el hombre:

tú que tan grandes tormentos

sufriste sin resistencia

en tu persona;

no por mis merecimientos,

mas por tu sola clemencia

me perdona.

Así con tal entender,

todos sentidos humanos

conservados,

cercado de su muger,

de sus hijos y de hermanos

y de criados,

dió el alma á quien se la dió,

el qual la ponga en el cielo,

y en su gloria:

y aunque la vida murió,

nos dexó harto consuelo

su memoria.

[Ilustración]

V.

_Al título de Garcilaso de la Vega, pag. 102._

_En el Cancionero M. S. de_ Gomez Manrique _hay una obra con el

título de_ Difinicion del Noble Caballero Garcilaso de la Vega,

_cuyas primeras Coplas ha parecido poner aqui, por expresar algunas

circunstancias de su muerte, y un elogio que conviene con el que le

hace Pulgar_.

A Veinte y un dias del noveno mes

el año de cinco despues de cincuenta,

é quatro centenas poniendo en la cuenta,

nueve centenas é una despues,

estando bien cerca del Lugar que es

mayor de la Foya de tierra de Moros

en nuestras ví gentes sospiros é lloros;

é ví los contrarios facer al revés.

Las nuestras gentes muy agro lloraban,

dando sospiros é grandes gemidos;

los Moros con trompas é con alaridos

é con atabales el ayre enllenaban.

Los nuestros llorando su mal publicaban;

los otros riendo su bien descubrian:

así los llorantes é los que reian

con voces discordes el campo atronaban.

Allí era llanto con miedo mezclado:

lágrimas iban con lanzas echadas.

Allí los gemidos é las cuchilladas

facian un son muy desacordado.

Allí por sacar el cuerpo finado

avia ruido, é tan espantoso,

que ninguno era tan poco medroso

que non estuviese asaz demudado.

Lloraban, plañian parientes hermanos

por ser así muerto por un ballestero

aquel esforzado gentil Caballero,

que otro mejor no fué por sus manos.

La contra facian los perros paganos,

de los quales era su lanza temida,

á muchos con ella tirando la vida,

é á otros dexando con cuerpos mal sanos.

Oyendo lo qual con gran turbacion,

teniendo en el campo quien bien me doliese,

sofrirlo no pude que presto no fuese

á saber quien era aquel buen varon

por quien se facia tal lamentacion,

lo qual pregunté á uno muy paso:

llorando me dixo: est'es Garcilaso:

matóle saeta por gran ocasion.

Est'es aquel que sangre facia

primero que nadie en los enemigos:

est'es aquel que por sus amigos

la vida é facienda de grado ponia:

est'es aquel que tanto valia

que nunca por cierto morirse debiera.

Murio por gran falta de una babera,

que por ir mas suelto traer no queria.

Este jamas perdió su reposo

por grandes peligros, nin fuertes temores;

antes en priesas é miedos mayores

allí se mostraba menos temeroso.

Este fué tanto en armas dichoso,

que no lo fué mas el fijo mayor

del buen Rey Troyano, nin su matador,

por mucho que Homero le pinte famoso.

Est'es aquel mancebo nombrado,

que non fué Troilo en su tiempo mas.

Est'es aquel que nunca jamas

fué visto vencido, maguer que sobrado.

Este sin dubda ha bien demostrado

en quantas peleas é casos se vió

venir del linage de aquel que pasó

con tanto peligro primero el Salado.

Aqueste que vedes aquí muerto ya,

por quien esta gente tan fuerte se clama,

aquí comenzó la su buena fama,

la qual mucho tarde, ó nunca morrá.

En aqueste mismo lugar donde está

le armó Caballero en una gran lid

Rodrigo Manrique el segundo Cid,

á quien de su muerte mucho pesará.

Este muriendo al Rey fizo pago,

pues que delante sus ojos fué muerto,

su Orden muy bien guardando por cierto

de nuestro Patron Señor Santiago,

faciendo en los Moros non menos estrago

que los descendientes en sí de Cadino,

mostrando ser bien sin duda sobrino

del noble Marques Señor de Buitrago.

.......................................

VI.

_Al título del Cardenal de San Sixto, pag. 109._

_En la edicion de los_ Claros Varones _del año 1747. en 8. al fin de

la vida de este Cardenal se puso la advertencia siguiente_.

El P. M. Fr. Hernando del Castillo... Historiador de la Sagrada

Religion de Predicadores, en la 1. part. lib. 3. cap. 42... hace varios

elogios de los méritos y excelencias del Cardenal de Torquemada: y su

ilustre descendencia la refiere asi:

«Fué el Cardenal Fr. Juan de Torquemada, no de Burgos, como le pareció

á Fernando de Pulgar, ni de los padres que por su antojo él quiere

darle en sus _Claros Varones_. Fué natural de Valladolid, como él

mismo lo escribe en su _Lectura sobre el Decreto_, hijo de Alvar

Fernandez de Torquemada Regidor de aquella Villa, y nieto de Pero

Fernandez de Torquemada, y visnieto de Lope Alfonso de Torquemada. A

Lope Alfonso de Torquemada, siendo Hijodalgo á los Fueros de Castilla,

armó Caballero el Rey D. Alonso el Onceno el dia de su Coronacion

en la Ciudad de Burgos, como parece en su Historia cap. 105. Está

enterrado en la Iglesia de Santa Cruz de la Villa de Torquemada, donde

era natural, y de cuyos antepasados era la mayor parte de aquel Lugar,

como consta de un Privilegio que el Rey D. Fernando el Quarto dió á la

Villa. De este Lope Alfonso, y de Ana de Collazos su muger fué hijo

Pero Fernandez de Torquemada abuelo del Cardenal, y tuvo por hijo en

Juana Fernandez de Tovar á Alvar Fernandez de Torquemada. Mandóse

enterrar en la Iglesia de Santa Olalla de Torquemada junto á la

sepultura de Alvar Lopez de Torquemada su tio. Su testamento es en la

Era de MCCCCXIV. que es año del Señor de 1376. en el qual hace mencion

de su primo Rodrigo Rodriguez de Torquemada, que fué Adelantado mayor

de Castilla (en la Crónica del Rey D. Pedro cap. 3. 4. 5.) y de su

tio Lope Garcia de Torquemada, Señor de Fornillos. Su muger Juana

Fernandez de Tovar está enterrada en San Francisco de Valladolid en

la Claustra en una Capilla que labró su hijo mayor Alvar Fernandez

de Torquemada, padre que fué del Cardenal, y de Pero Fernandez de

Torquemada. El Alvar Fernandez está con su muger en la Capilla

susodicha de San Francisco; y el Pero Fernandez, hermano del Cardenal,

en otra que llaman de Santo Domingo en San Pablo. Y haber sido hijo

del dicho Alvar Fernandez consta por su testamento, y tambien por la

Escritura de renunciacion que el Monasterio de San Pablo hizo de la

legítima que le pertenescia por haber tomado allí el Avito y hecho

profesion Fr. Juan de Torquemada su hijo.»

TABLA

DE LOS CLAROS VARONES.

TITULO I. Del Rey D. Enrique Quarto, pag. 4.

II. Del Almirante D. Fadrique, 17.

III. Del Conde de Haro, 24.

IV. Del Marques de Santillana, 32.

V. De D. Fernand Alvarez de Toledo, 45.

VI. De D. Juan Pacheco Maestre de Santiago, 53.

VII. Del Conde D. Rodrigo de Villandrando, 61.

VIII. Del Conde de Cifuentes, 71.

IX. Del Duque del Infantazgo, 78.

X. Del Conde de Alvadeliste, 83.

XI. Del Conde de Placencia, 85.

XII. Del Conde de Medinaceli, 87.

XIII. Del Maestre D. Rodrigo Manrique Conde de Paredes,

90.

XIV. De un Razonamiento fecho á la Reyna nuestra

Señora, 98.

XV. De Garcilaso de la Vega, 102.

XVI. De D. Juan de Sayavedra, 104.

XVII. De Rodrigo de Narvaez, 105.

XVIII. Del Cardenal de Sant Sixto, 109.

XIX. Del Cardenal de Sant Angelo, 113.

XX. Del Arzobispo de Toledo, 117.

XXI. Del Arzobispo de Sevilla, 122.

XXII. Del Obispo de Burgos, 126.

XXIII. Del Obispo de Coria, 130.

XXIV. Del Obispo de Abila, 136.

XXV. Del Obispo de Cordova, 140.

XXVI. De otro Razonamiento breve fecho á la Reyna

nuestra Señora, 144.

TABLA DE LAS LETRAS.

LETRA I. Contra los males de la vejez, 146.

II. Para un Caballero que fué desterrado del Reyno, 154.

III. Para el Arzobispo de Toledo, 160.

IV. Para un Caballero su amigo de Toledo, 166.

V. Para el Obispo de Osma, 170.

VI. Para un Caballero criado del Arzobispo de Toledo,

173.

VII. Para el Rey de Portugal, 181.

VIII. Al Obispo de Tuy, que estaba preso en Portugal,

195.

IX. Para el Doctor de Talavera, 198.

X. Para Don Enrique, tio del Rey, 200.

XI. Para la Reyna, 202.

XII. Para Pedro de Toledo, Canónigo de Sevilla, 205.

XIII. Para el Condestable, 208.

XIV. Para un su amigo de Toledo, 212.

XV. Para el Cardenal, 220.

XVI. Del Razonamiento hecho á la Reyna quando hizo

perdon general en Sevilla, 221.

XVII. Para el Señor Don Enrique, tio del Rey, 230.

XVIII. Para el Prior del Paso, 232.

XIX. Para el Conde de Cifuentes, que estaba preso en

Granada, 233.

XX. Para Don Iñigo de Mendoza Conde de Tendilla, 235.

XXI. Para un su amigo encubierto, 237.

XXII. Para D. Gabriel de Mendoza, 243.

XXIII. Para su fija Monja, 244.

XXIV. Para cierto Caballero, 270.

XXV. Para el Obispo de Coria, Dean de Toledo, 273.

XXVI. Para Fernand Alvarez, Secretario de la Reyna,

283.

XXVII. Para el Maestro de la Capilla del Rey de Portugal,

287.

XXVIII. Para el Prior del Paso, 288.

XXIX. Para Mosen Alfonso de Olivares, que estaba en

la compañia del Duque de Palencia, 291.

XXX. Para Puertocarrero, Señor de Palma, 293.

XXXI. Para el Cardenal de España, 294.

XXXII. Para el Señor D. Enrique, 297.

ADICIONES A LOS CLAROS VARONES.

I. Al título del Marques de Santillana, 301.

II. Al de D. Fernand Alvarez de Toledo, 304.

III. Al de D. Rodrigo de Villandrando, 311.

IV. Al de D. Rodrigo Manrique, 314.

V. Al de Garcilaso de la Vega, 320.

VI. Al del Cardenal de San Sixto, 323.

VARIANTES DE ALGUNAS CARTAS

SEGUN LA PRIMERA EDICION.

Pag. 152. lin. 3. tanto mas va á no andar. E propiamente fablando no

se puede decir con verdad que vive ni que muere el viejo: no muere,

porque aun tiene el ánima en el cuerpo; é no vive, porque tiene la

muerte tanto cerca, quanto cierta. Así, Señor Doctor, que no sé yo qué

vida puede tener el que este temor continuo tiene. Y lo mas grave...

154. 6. _sæpè & instantissimè_:

156. 14. y de otros muchos en diversas...

118. 13. que nos responda...

159. 16. en sus necesidades, y alli suele...

163. 11. facerle Casa de oracion...

164. 3. en caída total vinieron...

10. é para cosas pias...

170. 17. veinte y tres años, edad tan tierna...

171. 2. informaciones, unas contrarias...

172. 11. que sepais que porque...

173. 6. si á esos que lo oyen...

174. 2. que gente, y aun costaria menos...

175. 11. sirvio al Rey é á la Reyna en los principios

tanto é tan bien...

176. 5. me paresce mejor para...

178. 19. é junto con él los trabajos e cuidados;

25. sus hermanos. Casaron estos: ellos...

FIN.

Claros varones de Castilla, y Letras · 第 13 / 13 段