no están seguros ni de los jefes de sus guardias de honor. Y no hay
entre ellos más diferencia que la de la honradez: Menéndez, o Ezetas.
21-3-1895.
[Ilustración]
HORACIANAS
LA fidelidad une al traductor inglés (Gladstone) con el argentino. Así
se explica que en las traducciones de Gladstone, como en las de Mitre,
haya sus inversiones y construcciones más o menos obscuras. Muchos han
querido ser el espejo fiel del poeta latino. Mas ¿cómo lograr, ni el
uno con su violento y elíptico inglés, ni el otro, aun con las ventajas
del español, dado los inconvenientes que hay para que exista un buen
consorcio entre las musas y los hombres que manejan los asuntos del
Estado, y, como la política, es muy poco compatible con las músicas de
la lira?
Los Gobiernos, sobre todo los Gobiernos democráticos, han ignorado
siempre--¡cuándo no han sido fatales para ellos!--a los grandes
artistas. Algunos célebres conquistadores guerreros y reyes han tenido
a bien recrearse con el cultivo de las artes y de las letras. Lino
enseña a Heracles a tocar la lira; Alejandro, lee su Homero; Napoleón,
no desdeña rimas alejandrinas; Enrique IV, invoca el amor en versos;
Carlos IX, versifica; _Un ingenio de esta corte_, hace comedias. El
genial Carnot, que hizo canciones, despide líricamente a Felicidad
Glairez, que parte para París de Magdeburgo:
Félicité nous est ravie;
Mon cœur en est déconcerté;
Les Ris, les Grâces l'ont suivie;
Pour nous plus de _félicité_.
Que le tendre amour l'accompagne,
O Dieu des cœurs, par charité,
Ramène-nous notre compagne
Rends-nous notre Félicité.
En nuestros días, reyes y hombres ilustres de la política no han tenido
a mal frecuentar un poco la lira. León XIII, Don Pedro II del Brasil.
En las Cortes europeas hay más de una _bas-bleu_ conocida. La misma
reina Victoria ha escrito su librito de recuerdos. El rey Humberto es
un regular dantista, según se asegura. El rey de Grecia, versifica; el
emperador de Alemania acaba de dar a luz su _Canto de Hegir_...
En cuanto a los hombres de Estado, Gambetta, hacía versos; Bismarck, no
echa en olvido sus clásicos. En España, Cánovas tiene alto puesto entre
los académicos poetas.
En Inglaterra es más común encontrar al político-literato. En todo
inglés de cierta cultura está el _scholar_ que duerme... Un periódico
inglés pregunta, con motivo de la reciente publicación del _Horacio_,
de Gladstone:
«¿Gladstone es el último de los hombres de Estado que combinan el
estudio de los clásicos con la política? Las citas latinas son ahora
raras en las Cámaras y en los discursos electorales. El griego ha
sido casi excluido. Desde luego, la poesía en general hace mal
_menage_ con la política moderna. Los versos que se citan son sacados,
probablemente, de ópera cómica... Felizmente, varios de nuestros
hombres de Estado más en boga se distinguen por otras cualidades que
las del político.»
No son muchos, por cierto, los casos que pueden citarse, en nuestras
Repúblicas americanas, de hombres públicos que tengan amor a las letras
y las cultiven. Sin referirnos, por supuesto, a los diletantismos
gramaticales de Guzmán Blanco, apenas podemos recordar uno que otro
nombre. Entre los primeros, el del actual jefe de la República de
Colombia, Dr. Miguel Antonio Caro, a quien se debe, como es sabido, la
mejor traducción de Virgilio en lengua castellana; el del inolvidable e
ilustre doctor Rafael Núñez, que aun en los más agitados períodos de su
vida de repúblico no pudo olvidar el cultivo de las letras; el de otro
presidente, el del Ecuador, Dr. Luis Cordero, que es poeta filólogo y
americanista consumado y que ya en el ejercicio del alto cargo que hoy
desempeña, envió al Congreso de Huelva, en 1892, la contribución de
un valiosísimo _Diccionario quichua_, y del general Bartolomé Mitre,
que después de una larga vida de brega y triunfos civiles y militares,
ofrece ejemplos de constancia, laboriosidad y vigor intelectual
incomparables, obras como su versión completa del Dante, sus estudios
lingüísticos y los frutos menores de sus descansos y vagares.
Esos ejemplos son honra para el continente y deben parecer cosas
extrañas para el europeo--con justicia prevenido desde antaño contra
nuestro modo de ser moral y nuestra cultura--que mira realizar tamañas
empresas y brillar intelectualmente a varones semejantes en el país de
los sargentones y de los _rastas_--virgen del mundo, ¡América inocente!
Y noble y trascendental lección da el traductor americano de la
_Divina Comedia_ a la generación que hoy se levanta en su patria, al
ruido de tanto tráfico comercial y tanta agitación política y tanto y
tan funesto olvido del espíritu. Bien habló a ese respecto en estas
columnas el Dr. Maguasa.
Todos los intelectuales se quejan del actual decaimiento.
La mayor satisfacción para un hombre de letras--por no decir la
única--es que sus producciones sean discutidas, criticadas y leídas.
No ha mucho hemos visto a nuestro general Mitre, al pie de una enorme,
formidable montaña, a cuya cima se asciende por escalones de granito
de hierro, de oro, de diamante, de desconocidos metales astrales: la
montaña dantesca. Al poner el pie en el primer escalón: _Nel mezzo del
Cammin_... alzó la vista a la altura y llenóle de temor la emprendida
ascensión; más lejos, vió llameante el infierno _en donde pensó
quedarse como traductor si le alcanzaba la condenación que acompaña
a los traductores infieles: «traduttore traditore»_; más allá los
prodigios del purgatorio; en la cumbre la gloria divina, la inmortal
aurora del Paraíso. Y poseido de la fe en el arte y en su poeta,
siguió hacia arriba, escalón por escalón, terceto por terceto, hasta
poder escribir ya en la cima después de esfuerzos admirables, el verso
ansiado de la coronación de la obra. _El amor que al sol mueve y las
estrellas._ Después de todo, ¿quién sabe si refresca y halaga más a esa
frente marcada por la guerra, el fresco y verde laurel de los poetas
que las coronas ganadas en las luchas tribunicias, o las palmas de las
batallas?
[Ilustración]
EL AMIGO AZAROFF
TENGO un amigo que se llama Azaroff. Es estudiante; vivía en un
cuartillo estrecho y barato del barrio. ¿Es nihilista? No lo sé. Lo
sospecho. Lo conocí en una conferencia de Mecislas Galberg, una noche,
en el café Voltaire. Es un hermoso gigante rubio, de frente pensadora,
ojos dulces, brazos fuertes, largos cabellos. Escribe sobre filosofía y
sobre poesía y hace versos en su idioma. Es silencioso; mas en horas de
amistad y de expansión mental se desborda en un francés puro--le conoce
admirablemente--y ese eslavo, ese bárbaro parece un ardiente latino.
¡Cuántas noches hemos hablado de altas cosas, de nobles asuntos,
recorriendo las orillas del moroso Sena! Ha sido amigo de Gorki y me ha
contado curiosas anécdotas de la vida de ese sincero y grande escritor.
¿He dicho yo que Azaroff es muy pobre? Con un escasísimo puñado de
rublos que recibe mensualmente de un pariente moscovita, logra todavía
«proteger» a dos compañeros. Uno de ellos es una joven que estudia
medicina y que es de una belleza soberbia e imponente. Ahora, sabed
bien esto que parece extraordinario a mi sangre meridional y a mi
idea de la existencia: Azaroff no tiene el menor interés sensual ni
sentimental con esa cuerda y admirable amiga. Ella no le ama; él no la
ama. Se quieren y se cuidan como dos camaradas buenos. Ella le hace
el _menage_, le zurce la ropa; le pega el botón que le falta; le va a
buscar las patatas fritas; le calienta el samovar. Él le lleva flores y
libros usados de los _quais_. Leen juntos sus novelitas y sus poetas;
van al concierto el domingo; una que otra vez al teatro. Después se
separan con un cordial apretón de manos. Y él es para mí maravilloso
así; y ella es honrada, como lo pueden asegurar sus vestidos más que
humildes y sus zapatos gastados. ¡Con ese par de ojos, con esa tez de
rosa fresca con ese cuerpo y en este París!
Esta mañana vino Azaroff a verme, muy temprano. Su visita era visita de
despedida.--«Me voy me dijo, me voy en el tren de esta noche». Blandía
un diario. Tenía en los ojos, suaves y azules relámpagos. Jamás le
vi así. Recorría la habitación movido por sus nervios en tempestad.
Comprendí lo que pasaba en su espíritu.--«Las noticias de su tierra...
¿no es así, mi querido amigo?»
--«Sí--me contestó con una voz que yo no le conocía.--¡Sí, por fin
despierta Rusia, por fin despierta de un profundo sueño de siglos!»
Las noticias: el pueblo por primera vez alzando su voz de protesta;
el Zar ignorante y como acorralado en su palacio titubeando entre la
oleada de afuera y la opresión de adentro; la sangre sobre la nieve
en plena capital autocrática; las tropas peleando y lanceando a la
muchedumbre; un pope que lleva la voz de los que protestan y a su lado
la simpatía de toda la tierra; el comienzo de una tragedia que será la
repetición histórica de la gran tragedia francesa de la Revolución;
así el paisano ruso no está a la altura del paisano de Francia, ni la
monarquía del autócrata de San Petersburgo está en iguales condiciones
que la elegante y culta monarquía que tenía por flor suprema el libro
llamado _María Antonieta_, el evangelismo tolstoiano de Yasnaia Poliana
transformándose en la acción violenta y la represalia, el «padrecito»
convertido en verdugo de su pueblo.
--«El padrecito convertido en verdugo de su pueblo, quizá _malgré
lui_»--dije a Azaroff.
--«Sacha, el padre de este «padrecito», fué despedazado por la
dinamita--me contestó.--El fenómeno que hoy presencia la humanidad es
el de la transformación de la protesta individual o de asociación, en
protesta colectiva y unánime, en el grito general del pueblo ruso. Se
ha cazado en las calles y sobre el Neva helado a las pobres gentes,
como a patos. No sabe lo que hace el Gobierno, no sabe lo que ha hecho.
Las célebres palabras: _C'est une émeute?_
--_No, sire c'est une revolution!_ tiene ahora una explicación justa.
Se ha despertado a esa enorme Nación, en verdad, de su sueño de siglos.
Es cierto que, en el fondo de las estepas, hay una pasividad casi de
piedra y que se ignora todo; mas el Mujick mismo oirá estos clamores, y
la sangre tiene una elocuencia irresistible. Son los trabajadores los
que se levantan y son los intelectuales; y hay los creyentes y hay los
que no creen. Os aseguro: en el ejército mismo hay una buena parte que
está con nosotros.
Ha habido soldados, ha habido cosacos que han arrojado sus fusiles
para no tirar contra sus infelices hermanos. Hay quienes opinan que
es menos peligrosa para la Corona rusa la acción colectiva que la
acción individual, yo digo que una no quita otra, y que no impide la
obra revolucionaria el gesto anárquico y vengador de un Sasonoff. Hay
quienes también censuran la oportunidad del movimiento, y dicen que
no es de quienes buscan el bien de la patria el levantarse cuando
el extranjero enemigo está venciendo al ejército nacional allá en
Manchuria... A Manchuria debían haber ido a disparar sus rifles los
asesinos de obreros, de mujeres y de viejos y de niños; a Manchuria
debían haber ido a mostrarse valientes, y no contra los trabajadores
desarmados que no han ido sino a pedir justicia; que no han solicitado
más que ver al emperador, el cual ha evitado la entrevista por mal
aconsejado o por miedoso, a pesar de la tranquila actitud popular y de
las advertencias del bravo pope Gapon.»
Azaroff fumaba, y sus palabras, indignadas, salían envueltas en humo.
--Ya veréis--continuó--cómo renace en un momento la energía de los
indomables de antaño. Se dice que el Gobierno sabrá reprimir el
movimiento. Sin embargo, el explosivo va, como el grisú, por lo
subterráneo. Se agitará el pueblo en Varsovia, en Riga, en todas
partes; los Centros revolucionarios que trabajan en el extranjero
activan su labor. No será extraño, y será casi seguro, que los
atentados aislados del nihilismo empiecen de nuevo. ¡Ah, pobre gigante
ruso! ¡Por un lado, se hace destrozar por los hábiles japoneses, que
ellos sí, a pesar de ser el Mikado descendiente de Dioses y a pesar de
haber sido hasta ayer un pueblo bárbaro, tienen Constitución, tienen
leyes que reglamentan el trabajo, tienen libertad de la Prensa, y por
otro, se hace fusilar por los seides de la más absurda tiranía en pleno
siglo XX!
¡Y esa riqueza, y ese robo, y ese peculado de arriba ante la miseria y
los sufrimientos de abajo, y esa ignorancia y ese fanatismo, provechoso
a quien no solamente es el Monarca absoluto, sino también el Papa, el
jefe espiritual y sacrocesáreo de tantos millones de hombres! Y esos
grandes duques, borrachos, que vienen a hacer escándalo a casa de
Maxim, a los hoteles de la Riviera; esos aventureros haraganes, que
desde que nacen tienen millonadas de rublos, honores, consideraciones,
respetos... ¿Cuántos de esos Vladimiros y Cirilos andan a la cabeza
de las tropas allí donde los infelices soldados están muriendo, sin
saber casi por qué, y a los que no se les da más consuelo que iconos y
bendiciones? La sangre derramada en la guerra y la de los obreros se
juntan para la conciencia rusa, que no ve más que una causa: la secular
oligarquía, que había de desaparecer al empuje de la Revolución rusa.
Por más que murmuren los incrédulos, ya se verá en todo el mundo el
resplandor que brotará de la ardiente hoguera de la Revolución rusa...
Yo me voy; otros compañeros se van. Vamos exponiendo la vida, pero hay
que cumplir con su deber. Aquí, en París, en otras partes de Europa,
en los Estados Unidos, tenemos focos organizados, que alentarán de
diferentes guisas al impulso. No ha de pasar mucho tiempo sin que
grandes acontecimientos revelen a la Humanidad que el pueblo ruso
no es un pueblo muerto. Allá serán capaces de matar a unos cuantos
directores; matarán a Gorki, por ejemplo; pero hay muchos jacobinos
que le reemplazarán. La protesta activa se hará también notar en otras
partes, sobre todo en donde la población del Zar abunda, en donde
somos los rusos de ideas libres vigilados y perseguidos... Y luego,
repito que en el pueblo de allá no hay tanta ignorancia de lo que pasa.
Los proverbios son, como sabéis, la sabiduría de las naciones. Y los
proverbios nuestros dicen: «La Rusia es grande y el Zar es ancho».
«Si el Zar nos da un huevo, nos toma una gallina». «La corona del Zar
no le libra del dolor de cabeza». «Cuando el Zar muere, ni un mujick
quisiera cambiarse por él». «Una lágrima del Zar cuesta al país muchos
pañuelos». «Un Zar bien gordo no pesa más en las espaldas de la muerte
que un mujick flaco». «La mano del Zar no tiene más que cinco dedos,
como las otras». «El Zar mismo no puede apagar con su soplo el sol».
--¡Adiós!--me dijo Azaroff.--¡Quién sabe si volveremos a vernos!
--¡Adiós, Azaroff, amigo mío, puesto que vas a tu tierra a trabajar por
la libertad de tu pueblo inmenso!
Luego he visto a su amiga, la hermosa estudianta. Le hablé del
compañero que partía, y vi en su rostro admirable, en el gesto de sus
frescos labios, en lo hondo de sus brillantes ojos, más orgullo que
pesar.
--Qué, ¿no hay amor?--le pregunté.
--¡Sobre el amor--me dijo--está la libertad!
[Ilustración]
ONOFROFFISMO
La comedia psíquica
SEÑOR director de _La Nación_: _Misterium_ ha conversado conmigo sobre
el artículo que hoy ha publicado en estas mismas columnas el señor
Raoul Morlais. Me ha dicho asimismo que puedo comunicar a usted su
respuesta.
_Misterium_ ha conocido a madame Blavatsky por las propias obras de
ella, por la biografía que escribió la hermana, y por los apologistas
del _Lucifer_, sin contar con el ferviente y apasionado libro de
Sinnet, en que se trata de la renombrada y extraordinaria taumaturga.
Pero también ha leído--¡ay, desgraciadamente para su credulidad de
poeta, y amigo de lo supra-terrestre!--los escritos de algunos señores
que no son teósofos ni poetas, entre los cuales señores Andew Lang y
Max Müller.
No es _Misterium_, por cierto, adorador de la ciencia; pero
protestando y todo, a pesar de la sonada reciente bancarrota, se deja
aplastar por el carro de Jagernant.
Antes--y ahora, cuando no sale del recinto de sus sueños--creía en
una madame Blavatsky completamente maga; una madame Blavatsky que
conversaba a millones de leguas con sus amigos y maestros, los mahatmas
del Tibet; una madame Blavatsky que _hacía_ materia--, y la más
preciosa: oro. Imaginábasela rodeada de sus elementales, como una reina
de cuento azul de gnomos.
Quiso ser teósofo, y se dió a estudiar libros y revistas especiales,
que tenían en las carátulas cabezas de Gistos sobre estrellas enormes,
o frases en hebreo, o misteriosos paragramas. Pronunció muchísimas
veces con la unción de un digno catecúmeno, la sagrada y mágica palabra
_um_; y tan a pechos tomó la lectura de autores esotéricos, que, poco
más, y le sucede lo que le sucedió al reverendo padre Valdecebro.
Cuando más vigorosamente se entusiasmaba y juraba por el coronel
Olcott, bravísimo profeta de madame Blavatsky, y afianzaba más su fe
al conocer como sabios de la talla de Crookes, presentaban a Katy
King, encantadora difunta, como si fuese una señorita viva; y como la
sociedad teosófica aumentaba sus numerosos adeptos, hindús, ingleses,
yankees, franceses y españoles, cayeron en sus manos los escritos de
los antiteosofistas.
Mucho tuvo que luchar _Misterium_ para no dejarse arrebatar su
ilusión, que juzgaba verdadero tesoro.
Calificó de envidiosos y de cobardes a los que se atrevían a llamar
vulgar espía político a la Papisa budhista, y, sobre todo, a negarla su
potencia maravillosa.
Asistió todavía en espíritu al baile blanco que dió la duquesa de Pomar
a la persona astral de María Estuardo, y se refugió en su ensueño para
librarse de los mandatos de la ciencia oficial.
Mas hasta allí persiguiéronle los horribles hombres científicos, los
cuales fueron los primeros en pronunciar las palabras que han llamado
la atención del Sr. Morlais: «Monstruoso charlatanismo».
El Sr. De Morlais debe conocer la campaña emprendida contra madame
Blaratsky y la doctrina que propagaba, sobre todo, con motivo de sus
milagros y manifestaciones taumatúrgicas.
Mucho han defendido sus discípulos y apóstoles, a la innegablemente
simpática e inteligentísima rusa, la cual obtuvo su maravillosa ciencia
por don especial, pues sin haber frecuentado los libros, sabía tanto
como muchos sabios.
Mas sus contrarios no cesan, a pesar de haber ella muerto; el número y
calidad de ellos, sobre todo la calidad, son abrumadores.
* * * * *
¿Quiere el Sr. De Morlais una prueba recientísima?
Abra el último número llegado--número de febrero--de la _North American
Review_, y lea las páginas escritas por Sedwidg Minot sobre «La
comedia psíquica». La fuente no es, por cierto, de escasa o sospechosa
autoridad.
Se ocupa el escritor en dinamitar esos dos Palacios de _Las mil y una
noches_, que basados en una poética ciencia--¡cómo se entrechocan esas
palabras!--son consoladoras y amables academias, para el alma y para la
poesía: la _Sociedad Teosófica_ y la _Sociedad Psíquica_.
Sus ideas son claras y fuertes, y sus frases sin penachos.
¿Cuál es la causa de los recientes entusiasmos hiperespirituales?
Según él, está en nuestra atmósfera mental. Algunas personas están
satisfechas con el ideal cristiano y con la cristiana aceptación de los
límites de la humana vida.
Su objeto es demostrar que la Theosophical Society, no merece una seria
consideración, y que la Psychical Society, no observa las necesarias
condiciones de investigación científica en sus rebuscas sobre
transmisión de pensamiento--telepatía--y fantasmas, o aparecidos.
«Hay un buen número de gentes que creen en las extraordinarias
doctrinas conocidas por budhismo exotérico, hacia el cual Mr. Sinnet,
fué el primero en llamar la atención del público lector». El poder
maravilloso de la Papisa está descrito y testificado en el _Occult
Nord_ de Sinnet.
Sedwidg se permite calificar irreverentemente ese poder de «a series
of magical performance by a clever woman who called herself madame
Blavastky!» El hecho más extraordinario, fué que habiéndose roto una
taza, en un pic-nic, al que concurría dicha señora, ordenó ésta cavar
en cierto punto del campo, en donde fué encontrada otra taza igual, la
cual fué _creada_ por ocultas y mágicas influencias.
Sedwigd pasa muy rápidamente sobre la parte biográfica de la fundadora
de la Sociedad Teosófica: su origen ruso, su nacimiento en 1831; su
carácter--¿soportará el señor de Morlais?:«--she appears to have been
a singullary ill-natured, bad-tempered, injust, unreasonable, and,
selfish person». Confesábase ella misma dotada de sobrenaturales
virtudes y potencias;--su viaje, por fin, a los Estados Unidos, en
1873, donde escribió su _Iesis unveiled_. Allí encontró al Coronel
Olcott--, «a worthy but seemingly credulons gentleman»--que fué su
principal ayudante para el establecimiento de su sociedad.
Siendo la India cuna de la sabiduría esotérica, y en donde madame
Blavastky fué principalmente iniciada, la cabeza, la sede teosófica, se
trasladó a la India.
Ya establecida allá, «la profetisa» convirtió a muchos, entre ellos,
quien sería más tarde uno de sus más sonantes trompeteros: Sinnet.
Sinnet, iniciado, logró también la comunicación de los mahatmas. Los
mahatmas son seres extraños, dominadores de las fuerzas ocultas de la
naturaleza. Pueden hacer caer fresca, en un salón de Buenos Aires,
una rosa que acaba de abrirse en París o en Calcuta. Escriben cartas
mágicamente, conversan a miles de leguas de distancia, viven cientos de
años, tienen ojos misteriosos, fascinadores y profundos. Así los pintan.
En las naciones occidentales, dice Sedwig, y especialmente en los
Estados Unidos, han encontrado buen terreno el espiritismo, la
clarovidencia, el mesmerismo.
Paul Bourget acaba de darnos en su _Ultramar_ excelentes páginas
respecto al espiritualismo yankee.
Las mujeres americanas están más expuestas al contagio.
La superioridad absoluta de las ciencias ocultas de Oriente sobre
la ciencia occidental--de que habla uno de los interlocutores del
diálogo _La esfinge_, de Misterium--, está predicada en el _Esoteric
Buddhism_ de Sinnett. Esto es causa de que en las obras teosóficas
haya afirmaciones que contradicen abiertamente la ciencia oficial. Por
ejemplo, afírmase que antes, en tiempos inmemoriables, existía un gran
Continente en el lugar que hoy llena el Océano Atlántico. Los geólogos
han considerado la hipótesis, pero la han positivamente rechazado.
No obstante, Sinnet escribe: «La ciencia ha aceptado, por fin, la
existencia del gran Continente, etc.»
«Again he asserts that the vegetable precedes the animal in the process
of development, but it is not true. _It is true that Mr. Sinnet and his
Mahatma are both gloriously ignorant of the elementary truth of nature
science._»
La boga adquirida por la obra de Sinnet se debió, según Sedwidg, a que
la mayor parte de sus lectores estaban poco familiarizados con las
ciencias naturales.
Luego aparecieron los terribles demoledores. Entre ellos, el más
implacable: «The most cruel blow to esoteric Budhism.» Mr. Richard
Hodgson talentoso y concienzudo investigador.
Hodgson fué el centro teosófico principal para estudiar los fenómenos;
fué a la India. Conoció al desde entonces nombrado Coulomb y su mujer;
presenció uno de los fenómenos más importantes y estupendos: «el de
las cartas enviadas mágicamente por _desintegración_; vió colocar en
el misterioso gabinetito llamado _shrine_ las cartas que debieran
desintegrarse. El _shrine_ fué entonces cerrado; las cartas se
_desintegraron_, y aparecieron las respectivas contestaciones.»
Los discípulos creían y creen que las cartas eran quitadas por
desintegración, por el poder mágico del oculto introductor o mahatma.
«Vivía éste, asegurábase, en el Tibet, y las contestaciones eran
compuestas por él, desintegradas en el Tibet y reintegradas en el
Shrine.»
Mr. Hodgson descubrió que el Shrine tenía una falsa entrada, _que se
comunicaba con el dormitorio de madame Blavastky_...
Las cartas que se creían obra del mahatma, eran escritas por ella. De
un lado del Shrine había credulidad, del otro fraude.