Los atenienses ajustan treguas con los lacedemonios por un año.
A la primavera[98] los atenienses hicieron tregua con los lacedemonios
por un año, pensando que durante este tiempo Brásidas no curaría de
tener tratos ni inteligencias con los aliados de sus tierras para que
se les rebelasen, y entretanto ellos las fortificarían, y también que
en este plazo podrían tratar de una paz final si les fuera conveniente.
Los lacedemonios tenían por cierto que los atenienses temiesen los
inconvenientes arriba dichos, como era verdad, y que teniendo por
medio de la tregua reposo y descanso de los trabajos pasados, serían
más inclinados a la paz. Los de Atenas devolvieron los prisioneros
que era lo que más deseaban los lacedemonios, y esperaban poder
alcanzar haciendo la tregua durante el tiempo que Brásidas andaba
próspero, porque mientras él continuaba la guerra y prevalecía sobre
sus enemigos, no esperaban que los suyos reposasen. La tregua fue
concluida en esta forma. Los atenienses presentaron por escrito los
artículos que demandaban, y los lacedemonios respondieron a ellos de la
manera siguiente:
«Primeramente, en cuanto al templo y oráculo del dios Apolo, en Pitia,
demandamos sea lícito a todos los que quisieren de una y otra parte ir
a él sin fraude ni temor alguno para pedir consejo al oráculo en la
manera acostumbrada.»
Este artículo fue aprobado por los lacedemonios y por los diputados de
sus aliados que allí se hallaron, los cuales prometieron hacer su deber
para que los beocios y los focenses le aprobasen, y que para ello les
enviarían mensajeros.
«Tocante al dinero del templo de Apolo que fue robado, queremos que
se proceda contra los culpados por rigor de justicia para castigarlos
según su merecido y como se acostumbra a hacer en tal caso, y que
nosotros y vosotros y todos aquellos que quisiesen ser comprendidos en
la tregua guardarán las ordenanzas y costumbres antiguas respecto a
este artículo.»
A esto respondieron los lacedemonios y sus aliados, que si la paz se
hace, cada una de las partes se debe contentar con su tierra según
que la posee al presente, a saber: que los términos y límites de los
lacedemonios sean en los confines de Corifasio, entre Búfrade y Tomeo,
y los de los atenienses en Citera, sin inmiscuirse ninguno de ellos en
las alianzas de los otros.
«Ítem, que los de Nisea y Minoa no pasasen por el camino que va desde
Pilos hasta el templo de Neptuno, y desde el templo hasta el puente que
va a Minoa, por cuyo camino tampoco los megarenses puedan pasar, ni
menos los que están en la isla que los atenienses nuevamente han tomado.
»Ítem, que los unos no tengan comercio alguno de mercaderías ni otra
cosa con los otros.
»Ítem, que los atenienses puedan usar y gozar de todo lo que poseen
al presente en la ciudad de Trecén, y todas otras tierras que les
quedaren por contrato, a su voluntad.
»Ítem, que puedan ir por mar a sus tierras y a las de sus amigos y
aliados, a su voluntad, y que los lacedemonios no puedan navegar con
naves largas a vela, sino con barcos a remo de porte de 500 talentos.
»Ítem, que todos los embajadores puedan ir sin impedimento ni estorbo
alguno con la compañía que quisieren, así por los dominios de los
peloponesios como por los de los atenienses, por mar como por tierra,
para tratar de conciertos.
»Ítem, que no pueda ser recibido ni acogido ningún tránsfuga, siervo o
libre, que se pasara de una parte a la otra.
»Ítem, que las diferencias que ocurriesen durante la tregua se sometan
a juicio como antes de la guerra, terminando por sentencia y no por
guerra.»
Respondieron los lacedemonios y sus aliados, que otorgaban y aprobaban
todos estos artículos.
«Ítem, si viereis que hay alguna cosa más justa o mejor que lo que
arriba es dicho, cuando volváis a Lacedemonia debéis advertírnoslo,
porque los atenienses no rehusarán hacer todo lo que fuere justo y
razonable.»
A esto respondieron los lacedemonios y sus aliados, que los embajadores
que fuesen allá tendrían poder para tratar de esta materia con el cargo
y autoridad que los atenienses para ello les dieren.
«Ítem, que estas treguas durarán un año.»
La firma era:
«Acordado por el pueblo, presidiendo la tribu Acamántide; por escribano
Fenipo; Nicíades asistente; Laques relator de estas treguas, las
cuales sean en buen hora para el bien y pro de los atenienses, según
que los lacedemonios las otorgaran, y prometen las partes guardarlas
por espacio de un año entero, que comenzará a correr desde hoy, día
de la fecha, a 14 del mes Elafebolión (diciembre); que durante estas
treguas los embajadores puedan ir y venir de una parte a la otra, y
hablar y tratar medios para dar fin a la guerra; que los jueces y sus
lugartenientes a su requerimiento puedan juntar el Senado y los del
pueblo para este efecto, y que los atenienses sean los primeros que
envíen embajadores para tratar de este asunto, y a su vuelta lleven la
aprobación y ratificación del pueblo de Atenas, obligándose a guardar y
cumplir la tregua durante un año.»
Fue tratado y acordado entre los atenienses y lacedemonios y sus
aliados, y después aprobado y ratificado en Lacedemonia a doce días
del mes Gerastio. Autores y componedores de estas treguas fueron: de
parte de los lacedemonios, Tauro, hijo de Equetímidas; Ateneo, hijo de
Periclidas, y Filocáridas, hijo de Erixilaidas; de la de los corintios,
Eneas, hijo de Ócito, y Eufámidas, hijo de Aristónimo; de la de los
sicionios, Damotino, hijo de Náucrates, y Onásimo, hijo de Megacles;
de la de los de Mégara, Nicasio, hijo de Cécalo, y Menécrates, hijo
de Anfidoro; de los epidaurios, Anfias, hijo de Eupaidas; de la de
los atenienses, Nicóstrato, hijo de Diítrefes, que era juez; Nicias,
hijo de Nicérato, y Autocles, hijo de Tolmeo. Así se ajustaron estas
treguas, durante las cuales hubo muchas negociaciones por ambas partes
para la paz.