Brásidas, general de los lacedemonios, toma la ciudad de Anfípolis por
traición, y por convenios algunos otros lugares de Tracia.
Al tiempo que pasaron estas cosas en Delio, Sitalces, rey de los
odrisios, murió en una batalla contra los tríbalos, a quienes había
declarado la guerra, y le sucedió Seutes, hijo de Esparádoco, su
hermano, tanto en el reino de los odrisios como en las otras tierras y
señoríos que tenían en la región de Tracia.
En este mismo invierno, Brásidas, con los aliados y los lacedemonios
que tenía en Tracia, declaró la guerra a los de la ciudad de Anfípolis,
situada en la ribera del río Estrimón, porque era colonia de los
atenienses, la cual, antes que la poblasen, fue habitada por el milesio
Aristágoras cuando vino huyendo de la persecución del rey Darío.
Después fue echado de ella por los edonios, y los atenienses, treinta
y dos años más tarde, enviaron diez mil hombres de guerra, así de los
suyos como de otros que llegaron de todas partes, los cuales fueron
vencidos y dispersados por los tracios junto al lugar de Drabesco.
Veintinueve años después los atenienses enviaron de nuevo su gente de
guerra al mando de Hagnón, hijo de Nicias, y expulsaron a los edonios,
fundando la ciudad como está al presente. Llamábase antes los Nueve
Caminos. El punto de partida de los atenienses con Hagnón fue Eyón,
una villa que tenían en la boca del río, en la cual hacían su feria y
mercado. Llamáronla Anfípolis por estar cercada por dos partes de aquel
río Estrimón, e hicieron una muralla que llegaba desde un brazo del río
al otro, puesta en un lugar alto, donde tiene muy linda vista a la mar
y a la tierra.
Estando Brásidas en el lugar de Arnas, situado en tierra de los
agreos, partió con todo su ejército y llegó a la puesta del sol a Aulón
y a Bromisco por la parte en que el lago de Bolbe entra en la mar, y
después de cenar se puso en camino, aunque la noche era muy oscura y
nevaba, caminando de manera que llegó delante de la ciudad sin que lo
supieran los que estaban dentro, excepto algunos de aquellos con quien
él tenía inteligencias, que eran los argilios, naturales de Andros,
que habían ido a morar allí, y de otros que fueron inducidos, así
por Pérdicas como por los calcídeos; pero los principales en estas
inteligencias eran los argilios, enemigos siempre de los atenienses,
y por tanto deseosos de que los peloponesios tomaran la ciudad.
Tramada por estos la traición con Brásidas, con el consentimiento de
los que por entonces tenían el gobierno de la ciudad, le franquearon
la entrada, y aquella misma noche, rebelándose a los atenienses, se
unieron al ejército de Brásidas junto al puente que está sobre el río a
muy poco trecho de la ciudad, la cual no estaba por entonces cercada de
muralla como está ahora, y aunque había algunos soldados de guardia en
el puente, por ser de noche, por el mal tiempo y por su rápida llegada,
los rechazó fácilmente, ganó el puente y prendió a los ciudadanos que
moraban en el arrabal, excepto unos pocos que, huyendo, se salvaron
metiéndose en la ciudad. Su entrada alarmó a los ciudadanos, porque
sospechaban unos de otros; y dicen que si Brásidas intentara tomar la
ciudad, antes de dejar a su gente que se entretuviese en robar los
arrabales, la tomara sin duda alguna.
Pero mientras los suyos se ocuparon en robar, los de la ciudad se
aseguraron y pusieron en resistencia, de manera que Brásidas no osó
proseguir su empresa, mayormente viendo que sus parciales no se alzaban
por él en la ciudad ni lo podían hacer, porque los ciudadanos, que se
hallaron en mayor número, impidieron que las puertas fuesen abiertas,
y por consejo de Eucles, capitán de los atenienses, enviaron con toda
diligencia a llamar a Tucídides, hijo de Óloro, el mismo que escribió
esta historia, el cual a la sazón gobernaba por los atenienses en
Tasos, tierra de Tracia, ciudad de los dorios, distante de Anfípolis
un día de camino, para que les socorriese. Sabido por Tucídides, se
preparó a escape, y con siete naves que por ventura estaban en el
puerto, partió con intención de socorrer a Anfípolis, si no había sido
tomada, y si lo había sido, tomar a Eyón.
Entretanto, Brásidas, que temía el socorro que fuera de Tasos por
mar, y sospechaba que Tucídides, que tenía en aquel paraje a su cargo
las minas de donde sacaban el oro y la plata para la moneda, por cuya
causa tenía gran autoridad y amistad con los principales de la tierra,
reuniese mucha gente, determinó hacer lo posible por ganar la ciudad
por tratos y conciertos antes que los ciudadanos pudiesen recibir este
socorro; por tanto, mandó pregonar a son de trompeta que todos los que
estaban en la ciudad, fuesen ciudadanos o atenienses, permanecerían
si quisiesen en su estado y libertad como antes, ni más ni menos que
los del Peloponeso, y, los que no lo quisieran, pudiesen salir con
sus haciendas en el término de cinco días. Oído este pregón, los más
de los principales ciudadanos mudaron de parecer, entendiendo que
por tal medio venían a estar en libertad, porque entonces gobernaban
los atenienses la menor parte de la ciudad. Lo mismo pensaron los
ciudadanos cuyos parientes y amigos fueron presos en los arrabales, que
eran en gran número, temiendo que si esto no se aceptaba, sus parientes
y amigos serían maltratados. También los atenienses, viendo que sin
peligro podían salir con su bagaje, y que no esperaban socorro en
breve, y todos los demás del pueblo, porque por este concierto quedaban
fuera de peligro y se ponían en libertad de común acuerdo, aceptaron el
partido a persuasión de los que tenían inteligencias con Brásidas, no
pudiéndose recabar otra cosa de ellos, por más que el gobernador que
entonces había allí por los atenienses les quisiese persuadir de lo
contrario; de esta manera se entregó la ciudad a Brásidas.
En la noche de aquel día arribó Tucídides con sus naves a Eyón,
estando ya Brásidas dentro de Anfípolis, el cual hubiera ganado también
la villa de Eyón si la noche no sobreviniera, y aun también la tomara
al amanecer del día siguiente si no hubiese llegado aquel socorro de
las naves. Tucídides ordenó las cosas necesarias para defender la villa
si Brásidas quisiese entrar, y también para poder acoger los de tierra
firme que quisieran juntarse con él. De aquí provino que Brásidas,
que había llegado a la costa con buen número de naves junto a Eyón,
habiéndose esforzado por ganar un cerro que está a la boca del río,
junto a la villa, para poder después tomarla por la parte de tierra,
fue rechazado por mar y tierra y obligado a volver a Anfípolis para
ordenar las cosas necesarias en la ciudad.
Poco tiempo después se le rindió la ciudad de Mircino, que está en
tierra de los edonios, porque Pítaco, rey de los edonios, murió a
manos de su mujer y de los hijos de Goaxis. A los pocos días se le
rindieron Galepso y Esima, dos pueblos de los tasios, por intercesión
de Pérdicas, que llegó a la ciudad poco después de tomada.
Cuando los atenienses supieron la pérdida de la ciudad de Anfípolis, se
apesadumbraron mucho, porque les era muy útil, así por razón del dinero
que sacaban de ella y de la madera que allí cortaban para hacer naves,
como también porque, teniendo los lacedemonios el paso para ir contra
los aliados de los atenienses hasta el río Estrimón, llevados por
los tesalios, que eran de su partido, no podían pasar el río a vado,
porque era muy hondo, ni tampoco con barcas, porque los atenienses
vigilaban el río; pero habiendo los lacedemonios ganado la ciudad, y
por consiguiente, el puente del río, les era fácil atravesarlo, por lo
cual los atenienses temían que sus amigos y aliados se pasasen a los
lacedemonios, tanto más que Brásidas, no solo se mostraba en todas sus
cosas cortés y afable, sino que publicaba en todas partes que había ido
para poner a toda Grecia en libertad, por lo cual las otras ciudades y
villas del partido de los atenienses, sabido el buen tratamiento que
Brásidas hacía a los de Anfípolis y que ofrecía libertad, estaban
inclinadas a apartarse de la obediencia de los atenienses, enviándole
secretamente embajadores y mensajeros para hacer conciertos y tratos
con él, procurando cada cual ser el primero, y pensando que nada
debían temer de los atenienses, porque hacía largo tiempo que no
tenían guarnición en aquellas partes y no sospechaban que su poder
fuese tan grande como después conocieron por experiencia, y también
porque estos tracios son gente que acostumbra a guiar sus cosas más por
afición desordenada que por prudencia y razón, ponen toda su esperanza
en lo que desean sin motivo alguno, y lo que no quieren lo reprueban
so color de razón. También fundaban su intento en la derrota que los
atenienses habían sufrido en Beocia, pareciéndoles que no podrían tan
pronto enviar gente de socorro a aquellas partes; pero mucho más les
movían las persuasiones de Brásidas, quien les daba a entender que
los atenienses no habían osado pelear con él junto a Nisea, aunque
no tenía entonces mayor ejército que el que ahora mandaba. Por estas
razones y otras semejantes estaban muy alegres de verse en libertad
bajo la protección y amparo de los lacedemonios, que, por haber llegado
entonces a hacer la guerra en aquella región, resolvieron seguirles y
ayudarles con todo su poder.
Sabido esto por los atenienses, y considerando el peligro en que allí
estaban sus cosas, enviaron apresuradamente socorro a aquellas partes
para guarda y defensa de sus tierras, aunque era en tiempo de invierno.
También Brásidas había escrito a los lacedemonios que le enviasen gente
de socorro, y que entretanto mandaría hacer el mayor número de barcos
que pudiese en el río Estrimón; pero los lacedemonios no le enviaron
socorro alguno por la discordia que sobre este punto había entre los
principales de la ciudad, y porque los del pueblo en general deseaban
recobrar los prisioneros en Pilos y hacer treguas o paz antes que
continuar la guerra.