Discurso de defensa de los de Platea ante los jueces de Lacedemonia.
«La gran confianza que teníamos en vosotros, varones lacedemonios, nos
hizo entregar nuestra ciudad y nuestras personas en vuestro poder, no
esperando el juicio criminal que vemos, sino otro más civil y humano, y
que nos someterían a otros jueces, no a vosotros. También esperábamos
que nos fuera lícito contender en derecho sobre nuestra causa; pero
sospechamos haber sido engañados en ambas esperanzas, porque creemos
que este juicio es sobre nuestras vidas, y que no venís a juzgarnos
con justicia, siendo evidente señal de ello que no precede ninguna
acusación a que debamos responder, sino solamente nos demandan que
hablemos.
»La pregunta es muy breve, a la cual, si queremos responder con verdad,
nuestra respuesta será contraria y perjudicial a nuestra causa; y si
respondemos mintiendo, podrán convencernos de falsedad. Viéndonos
perplejos, forzoso es que hablemos, aunque nos parece más seguro
incurrir en peligro hablando que callando; porque si los que están
puestos en tales extremos no dicen aquello que pudieran decir, siempre
les queda tristeza en el corazón, y les parece que si lo hubieran dicho
pudiera ser causa de su salvación.
»Entre todas las dificultades que se nos ofrecen, la más difícil es
persuadiros de lo que digamos: porque si no fuésemos conocidos unos de
otros, podríamos alegar testimonios de cosas que no supieseis; pero
sabéis la verdad de todo, y por esto no tememos que nos acuséis de
ser en virtud y bondad inferiores a los otros amigos y confederados
vuestros, que hasta en esto bien nos conocemos, sino que sospechamos
que por agradar y complacer a otros estamos sentenciados antes del
juicio. No obstante, procuraremos mostraros nuestro derecho en las
diferencias que tenemos con los tebanos y con vosotros y los otros
griegos, trayéndoos a la memoria nuestros beneficios, e intentando si
podemos persuadiros de la razón.
»Para responder a la pregunta breve que nos hicisteis, de si durante
esta guerra hemos hecho algún bien a los lacedemonios o a sus
confederados, os respondemos que si nos preguntáis como enemigos, no
os hemos ofendido, ya que no os hayamos hecho bien alguno; y si nos
preguntáis como amigos, nos parece que habéis errado contra nosotros
más que nosotros contra vosotros, pues comenzasteis la guerra sin que
quebrantásemos la paz; y cuando la de los medos, nosotros solos de
todos los beocios fuimos a acometerles con ayuda de los otros griegos,
por defender la libertad de Grecia. Aunque éramos gentes criadas en
tierra firme, batallamos por mar junto a Artemisio; y después, cuando
pelearon con ellos en nuestra tierra, nos hallamos siempre allí en
socorro vuestro y de Pausanias, participando más de lo que permitían
nuestras fuerzas en todas las empresas hechas por los griegos en
aquellos tiempos, y particularmente en las vuestras, lacedemonios,
estando toda vuestra tierra de Esparta en gran aprieto después del
terremoto, cuando vuestros hilotas o siervos huyeron a Ítome, pues os
enviamos la tercera parte de nuestro pueblo en vuestro socorro.
»Razón será, por tanto, que os acordéis de las muchas y buenas obras
que os hicimos en tiempos pasados; que si después fuimos vuestros
enemigos, culpa vuestra es, pues siendo acometidos por los tebanos,
pedimos y rogamos vuestra ayuda y socorro, y nos la negasteis, diciendo
que acudiéramos a los atenienses, nuestros vecinos, porque vosotros
estabais muy lejos. De manera que por guerra, ni habéis recibido de
nosotros injuria alguna, ni la esperáis recibir en adelante. Y si no
nos quisimos rebelar ni apartar de los atenienses por vuestro mandato,
no por esto os ofendimos, porque habiéndonos ellos ayudado contra
los tebanos, nuestros enemigos, en lo cual vosotros os mostrasteis
tardíos y perezosos, no fuera razón desampararlos, mayormente visto
que a grandes ruegos nuestros nos tomaron por compañeros y aliados,
recibimos mucho bien de ellos, y nos recogieron por sus ciudadanos, por
lo que era justo hacer pronto todo lo que nos mandasen. Si vosotros y
ellos, siendo caudillos de los vuestros, hicisteis alguna cosa mala en
compañía de vuestros aliados y confederados, no se debe imputar a los
que os siguieron, sino a los caudillos y capitanes que los guiaron y
llevaron a hacerla.
»Los tebanos, además de muchas injurias anteriores, nos hicieron esta
postrera, que, como sabéis, ha sido causa de todos nuestros males,
pues que en tiempo de paz, y en un día de fiesta solemne, entraron
y tomaron nuestra ciudad, y si por esto fueron castigados, tuvieron
el pago merecido; que es lícito y permitido por ley común y general,
guardada y observada entre todas gentes, matar al que acomete a otro
como enemigo. Si por esto nos quisiereis ahora hacer daño, sería contra
toda razón y justicia, y mostraríais ser malos jueces si, por agradar a
los que son vuestros aliados en esta guerra, juzgaseis a su voluntad,
atendiendo a vuestro interés y no a la justicia y a la razón.
»Aunque solo atendáis a vuestro provecho, pensad que si estos os
son útiles ahora, nosotros lo hemos sido mucho más en lo pasado, y
no solamente a vosotros, sino también a todos los griegos, estando
en mayores peligros; porque al presente tenéis fuerzas y poder para
acometer a los otros, pero entonces, cuando el rey bárbaro quería
imponer el yugo de servidumbre a toda Grecia, los tebanos nuestros
contrarios fueron con él, siendo, pues, justo contrapesar este nuestro
yerro de ahora (si yerro se puede llamar) con el servicio que entonces
os hicimos, mayor y de más peso que el yerro cometido.
»Recordad que en aquel tiempo había muy pocos griegos que osasen
aventurar sus fuerzas contra el poder del rey Jerjes, y que fueron más
alabados los que, acometidos y cercados, no se cuidaron de salvar sus
vidas y haciendas, sino que antes quisieron, con grande peligro de sus
personas, emprender cosas dignas de memoria, entre los cuales fuimos
nosotros los principalmente honrados. Sospechamos al presente morir por
hacer lo mismo queriendo seguir a los atenienses con justicia y razón,
mejor que a vosotros con cautela y astucia. Conviene formar siempre
el mismo juicio de una misma cosa, y no poner todo vuestro bien y
provecho sino en la fe y lealtad de los amigos y confederados, porque
reconociendo siempre la virtud que han mostrado en las cosas pasadas,
podréis fiar de ellos en las presentes. Considerad que ahora la mayor
parte de Grecia os tiene y estima por dechado y ejemplo de la bondad,
y si dais contra nosotros sentencia inicua (que al fin ha de saberse),
en gran manera seréis culpados por habernos juzgado y sentenciado,
siendo buenos, contra lo que la razón y el derecho requiere, poniendo
en vuestros templos los despojos de los que tanto bien han merecido de
toda Grecia, y os echarán en rostro que por satisfacer el deseo de los
tebanos queráis destruir la ciudad de Platea, cuyo nombre, por honra y
memoria de la virtud y esfuerzo de sus ciudadanos, vuestros antepasados
esculpieron en el trípode y altar del dios Apolo en Delfos.
»Hemos llegado a tanta desventura que si los medos hubieran vencido
fuéramos destruidos y alcanzando nosotros la victoria contra ellos, los
tebanos nuestros grandes enemigos nos vencen por medio de vosotros, y
nos ponen en dos grandísimos peligros, uno el de morir de hambre si
no queríamos entregar la ciudad, y otro el de defender ahora nuestras
causas en juicio criminal de muerte.
»Nosotros que fuimos los que más aventajaron la honra de los griegos
con todas nuestras fuerzas (y aun más que estas podían soportar), somos
ahora desamparados de todos, y no hay un solo griego de cuantos allí se
hallaron presentes, amigos y aliados nuestros, que nos socorra y ayude
en esta desdicha. Y aun vosotros, lacedemonios, que sois nuestra única
esperanza, tememos que seáis poco firmes y constantes en este caso.
»Os rogamos, pues, que por honra y reverencia de los dioses que
entonces fueron nuestros favorecedores, y por memoria de nuestros
merecimientos y servicios hechos a todos los griegos, queráis
ablandar vuestros corazones: y si por persuasión de los tebanos
habéis determinado algo contra nosotros, lo revoquéis, no matando por
agradarles a quien no debéis matar. Haciendo esto ganaréis crédito, y
no caeréis en vergüenza ni deshonra por agradar a otro, porque fácil
cosa será mandarnos matar; pero muy difícil después borrar la vergüenza
e infamia en que incurriréis dando muerte a los que no somos vuestros
enemigos, sino amigos que, forzados por pura necesidad, aceptamos la
guerra; y en efecto, si libráis nuestras personas del peligro de muerte
en que estamos, juzgaréis recta y santamente.
»Considerad que voluntariamente nos rendimos, que venimos humildes
con las manos tendidas, y que las leyes de Grecia prohíben matar a
los que así se presentan; que en todos tiempos os fuimos bienhechores
y procuramos merecer todo bien de vosotros, lo cual podéis comprobar
por los sepulcros que hay en nuestra tierra de vuestros ciudadanos
muertos por los medos, a los que hacemos honras cada año públicamente,
no así como quiera, sino con pompa y aparato solemne de vestiduras,
ofreciéndoles en sacrificio primicias de todas las cosas mejores que
da la tierra, como a hombres que somos de una misma patria, amigos
y confederados y algunas veces compañeros de guerra, no portándoos
vosotros como tales, sino juzgando rectamente, por mal consejo, nos
mandáis matar.
»Recordad también que Pausanias ordenó enterrarlos en esta nuestra
tierra como en tierra de amigos y aliados y si nos mandáis matar y
dais nuestra tierra a los tebanos, no haréis otra cosa sino privar a
vuestros mayores y progenitores de la honra que tienen, dejándolos en
tierra de enemigos que los mataron. Además, pondréis en servidumbre
la tierra donde los griegos conquistaron su libertad, dejaréis yermos
los templos de dioses donde vuestros mayores hicieron sus votos y
plegarias, mediante los cuales vencieron a los medos, y quitaréis las
primeras aras y altares de los que los fundaron.
»Será ciertamente, varones lacedemonios, cosa indigna de vuestra
honra y menos aún conveniente a las leyes y buenas costumbres de
Grecia, a la memoria de vuestros progenitores y a nuestros servicios
y merecimientos mandarnos matar sin haberos ofendido solo por el odio
que otros nos tienen, siendo por el contrario más digno y conveniente
perdonaros, quebrantar vuestra saña y dejaros vencer de la clemencia
y misericordia, poniendo delante de vuestros ojos, no solamente los
grandes males que nos haréis, sino también quiénes son aquellos a quien
los hacéis, y que muchas veces tales males ocurren a los que menos los
han merecido.
»Os suplicamos, pues, y pedimos por merced, según la necesidad
presente lo requiere, y para ello invocamos el favor y ayuda de los
dioses a quien sacrificamos en unos mismos altares, y a los de toda
Grecia, accedáis a nuestros ruegos, no olvidándoos de los juramentos
de vuestros padres, por honra de cuyos huesos y sepulcros, os
rogamos, llamándolos en nuestra ayuda, muertos como están, para que
no nos pongáis bajo la sujeción de los tebanos, ni queráis entregar
vuestros grandes amigos en manos de aquellos que son crueles enemigos,
recordándoos que este día en que nos vemos en extremo peligro, es
aquel mismo en que hicimos tantas y tan buenas hazañas con vuestros
antepasados.
»Mas porque a los hombres que se ven puestos en el extremo en que al
presente nosotros estamos, les parece cosa muy dura dar fin a sus
palabras, aunque por necesidad lo han de hacer, porque saben que,
acabando de hablar, se les acerca más el peligro de su vida, dando fin
a nuestras razones, os decimos solamente que no entregamos nuestra
ciudad a los tebanos, pues esto no lo hiciéramos aunque supiéramos
morir de hambre o de otra peor muerte, sino a vosotros, varones
lacedemonios, confiando en vuestra fe. Por esto es justo que, si no
logramos nuestra petición, nos restituyáis al estado que teníamos
antes, con peligro de todo lo que nos pudiere ocurrir, y de nuevo os
amonestamos no permitáis que los de Platea, que siempre fueron muy
aficionados a los griegos, y que confiaron en vuestra fe, pasen de
vuestra mano a la de los tebanos, sus capitales enemigos, sino que
antes seáis autores de nuestra vida y salud, y pues a todos los otros
griegos habéis libertado, no queráis destruir y matar solo a nosotros.»
Con esto acabaron los plateenses su razonamiento; pero los tebanos,
temiendo que los lacedemonios, por su discurso, fuesen movidos a
otorgarles algo de su demanda, salieron en medio pidiendo ser ellos
también oídos, porque a su parecer habían dado muy larga audiencia
a los plateenses para responder a la pregunta, y teniendo licencia
también ellos para hablar, hicieron el razonamiento siguiente: