IX.

Discurso de defensa de los de Platea ante los jueces de Lacedemonia.

«La gran confianza que teníamos en vosotros, varones lacedemonios, nos

hizo entregar nuestra ciudad y nuestras personas en vuestro poder, no

esperando el juicio criminal que vemos, sino otro más civil y humano, y

que nos someterían a otros jueces, no a vosotros. También esperábamos

que nos fuera lícito contender en derecho sobre nuestra causa; pero

sospechamos haber sido engañados en ambas esperanzas, porque creemos

que este juicio es sobre nuestras vidas, y que no venís a juzgarnos

con justicia, siendo evidente señal de ello que no precede ninguna

acusación a que debamos responder, sino solamente nos demandan que

hablemos.

»La pregunta es muy breve, a la cual, si queremos responder con verdad,

nuestra respuesta será contraria y perjudicial a nuestra causa; y si

respondemos mintiendo, podrán convencernos de falsedad. Viéndonos

perplejos, forzoso es que hablemos, aunque nos parece más seguro

incurrir en peligro hablando que callando; porque si los que están

puestos en tales extremos no dicen aquello que pudieran decir, siempre

les queda tristeza en el corazón, y les parece que si lo hubieran dicho

pudiera ser causa de su salvación.

»Entre todas las dificultades que se nos ofrecen, la más difícil es

persuadiros de lo que digamos: porque si no fuésemos conocidos unos de

otros, podríamos alegar testimonios de cosas que no supieseis; pero

sabéis la verdad de todo, y por esto no tememos que nos acuséis de

ser en virtud y bondad inferiores a los otros amigos y confederados

vuestros, que hasta en esto bien nos conocemos, sino que sospechamos

que por agradar y complacer a otros estamos sentenciados antes del

juicio. No obstante, procuraremos mostraros nuestro derecho en las

diferencias que tenemos con los tebanos y con vosotros y los otros

griegos, trayéndoos a la memoria nuestros beneficios, e intentando si

podemos persuadiros de la razón.

»Para responder a la pregunta breve que nos hicisteis, de si durante

esta guerra hemos hecho algún bien a los lacedemonios o a sus

confederados, os respondemos que si nos preguntáis como enemigos, no

os hemos ofendido, ya que no os hayamos hecho bien alguno; y si nos

preguntáis como amigos, nos parece que habéis errado contra nosotros

más que nosotros contra vosotros, pues comenzasteis la guerra sin que

quebrantásemos la paz; y cuando la de los medos, nosotros solos de

todos los beocios fuimos a acometerles con ayuda de los otros griegos,

por defender la libertad de Grecia. Aunque éramos gentes criadas en

tierra firme, batallamos por mar junto a Artemisio; y después, cuando

pelearon con ellos en nuestra tierra, nos hallamos siempre allí en

socorro vuestro y de Pausanias, participando más de lo que permitían

nuestras fuerzas en todas las empresas hechas por los griegos en

aquellos tiempos, y particularmente en las vuestras, lacedemonios,

estando toda vuestra tierra de Esparta en gran aprieto después del

terremoto, cuando vuestros hilotas o siervos huyeron a Ítome, pues os

enviamos la tercera parte de nuestro pueblo en vuestro socorro.

»Razón será, por tanto, que os acordéis de las muchas y buenas obras

que os hicimos en tiempos pasados; que si después fuimos vuestros

enemigos, culpa vuestra es, pues siendo acometidos por los tebanos,

pedimos y rogamos vuestra ayuda y socorro, y nos la negasteis, diciendo

que acudiéramos a los atenienses, nuestros vecinos, porque vosotros

estabais muy lejos. De manera que por guerra, ni habéis recibido de

nosotros injuria alguna, ni la esperáis recibir en adelante. Y si no

nos quisimos rebelar ni apartar de los atenienses por vuestro mandato,

no por esto os ofendimos, porque habiéndonos ellos ayudado contra

los tebanos, nuestros enemigos, en lo cual vosotros os mostrasteis

tardíos y perezosos, no fuera razón desampararlos, mayormente visto

que a grandes ruegos nuestros nos tomaron por compañeros y aliados,

recibimos mucho bien de ellos, y nos recogieron por sus ciudadanos, por

lo que era justo hacer pronto todo lo que nos mandasen. Si vosotros y

ellos, siendo caudillos de los vuestros, hicisteis alguna cosa mala en

compañía de vuestros aliados y confederados, no se debe imputar a los

que os siguieron, sino a los caudillos y capitanes que los guiaron y

llevaron a hacerla.

»Los tebanos, además de muchas injurias anteriores, nos hicieron esta

postrera, que, como sabéis, ha sido causa de todos nuestros males,

pues que en tiempo de paz, y en un día de fiesta solemne, entraron

y tomaron nuestra ciudad, y si por esto fueron castigados, tuvieron

el pago merecido; que es lícito y permitido por ley común y general,

guardada y observada entre todas gentes, matar al que acomete a otro

como enemigo. Si por esto nos quisiereis ahora hacer daño, sería contra

toda razón y justicia, y mostraríais ser malos jueces si, por agradar a

los que son vuestros aliados en esta guerra, juzgaseis a su voluntad,

atendiendo a vuestro interés y no a la justicia y a la razón.

»Aunque solo atendáis a vuestro provecho, pensad que si estos os

son útiles ahora, nosotros lo hemos sido mucho más en lo pasado, y

no solamente a vosotros, sino también a todos los griegos, estando

en mayores peligros; porque al presente tenéis fuerzas y poder para

acometer a los otros, pero entonces, cuando el rey bárbaro quería

imponer el yugo de servidumbre a toda Grecia, los tebanos nuestros

contrarios fueron con él, siendo, pues, justo contrapesar este nuestro

yerro de ahora (si yerro se puede llamar) con el servicio que entonces

os hicimos, mayor y de más peso que el yerro cometido.

»Recordad que en aquel tiempo había muy pocos griegos que osasen

aventurar sus fuerzas contra el poder del rey Jerjes, y que fueron más

alabados los que, acometidos y cercados, no se cuidaron de salvar sus

vidas y haciendas, sino que antes quisieron, con grande peligro de sus

personas, emprender cosas dignas de memoria, entre los cuales fuimos

nosotros los principalmente honrados. Sospechamos al presente morir por

hacer lo mismo queriendo seguir a los atenienses con justicia y razón,

mejor que a vosotros con cautela y astucia. Conviene formar siempre

el mismo juicio de una misma cosa, y no poner todo vuestro bien y

provecho sino en la fe y lealtad de los amigos y confederados, porque

reconociendo siempre la virtud que han mostrado en las cosas pasadas,

podréis fiar de ellos en las presentes. Considerad que ahora la mayor

parte de Grecia os tiene y estima por dechado y ejemplo de la bondad,

y si dais contra nosotros sentencia inicua (que al fin ha de saberse),

en gran manera seréis culpados por habernos juzgado y sentenciado,

siendo buenos, contra lo que la razón y el derecho requiere, poniendo

en vuestros templos los despojos de los que tanto bien han merecido de

toda Grecia, y os echarán en rostro que por satisfacer el deseo de los

tebanos queráis destruir la ciudad de Platea, cuyo nombre, por honra y

memoria de la virtud y esfuerzo de sus ciudadanos, vuestros antepasados

esculpieron en el trípode y altar del dios Apolo en Delfos.

»Hemos llegado a tanta desventura que si los medos hubieran vencido

fuéramos destruidos y alcanzando nosotros la victoria contra ellos, los

tebanos nuestros grandes enemigos nos vencen por medio de vosotros, y

nos ponen en dos grandísimos peligros, uno el de morir de hambre si

no queríamos entregar la ciudad, y otro el de defender ahora nuestras

causas en juicio criminal de muerte.

»Nosotros que fuimos los que más aventajaron la honra de los griegos

con todas nuestras fuerzas (y aun más que estas podían soportar), somos

ahora desamparados de todos, y no hay un solo griego de cuantos allí se

hallaron presentes, amigos y aliados nuestros, que nos socorra y ayude

en esta desdicha. Y aun vosotros, lacedemonios, que sois nuestra única

esperanza, tememos que seáis poco firmes y constantes en este caso.

»Os rogamos, pues, que por honra y reverencia de los dioses que

entonces fueron nuestros favorecedores, y por memoria de nuestros

merecimientos y servicios hechos a todos los griegos, queráis

ablandar vuestros corazones: y si por persuasión de los tebanos

habéis determinado algo contra nosotros, lo revoquéis, no matando por

agradarles a quien no debéis matar. Haciendo esto ganaréis crédito, y

no caeréis en vergüenza ni deshonra por agradar a otro, porque fácil

cosa será mandarnos matar; pero muy difícil después borrar la vergüenza

e infamia en que incurriréis dando muerte a los que no somos vuestros

enemigos, sino amigos que, forzados por pura necesidad, aceptamos la

guerra; y en efecto, si libráis nuestras personas del peligro de muerte

en que estamos, juzgaréis recta y santamente.

»Considerad que voluntariamente nos rendimos, que venimos humildes

con las manos tendidas, y que las leyes de Grecia prohíben matar a

los que así se presentan; que en todos tiempos os fuimos bienhechores

y procuramos merecer todo bien de vosotros, lo cual podéis comprobar

por los sepulcros que hay en nuestra tierra de vuestros ciudadanos

muertos por los medos, a los que hacemos honras cada año públicamente,

no así como quiera, sino con pompa y aparato solemne de vestiduras,

ofreciéndoles en sacrificio primicias de todas las cosas mejores que

da la tierra, como a hombres que somos de una misma patria, amigos

y confederados y algunas veces compañeros de guerra, no portándoos

vosotros como tales, sino juzgando rectamente, por mal consejo, nos

mandáis matar.

»Recordad también que Pausanias ordenó enterrarlos en esta nuestra

tierra como en tierra de amigos y aliados y si nos mandáis matar y

dais nuestra tierra a los tebanos, no haréis otra cosa sino privar a

vuestros mayores y progenitores de la honra que tienen, dejándolos en

tierra de enemigos que los mataron. Además, pondréis en servidumbre

la tierra donde los griegos conquistaron su libertad, dejaréis yermos

los templos de dioses donde vuestros mayores hicieron sus votos y

plegarias, mediante los cuales vencieron a los medos, y quitaréis las

primeras aras y altares de los que los fundaron.

»Será ciertamente, varones lacedemonios, cosa indigna de vuestra

honra y menos aún conveniente a las leyes y buenas costumbres de

Grecia, a la memoria de vuestros progenitores y a nuestros servicios

y merecimientos mandarnos matar sin haberos ofendido solo por el odio

que otros nos tienen, siendo por el contrario más digno y conveniente

perdonaros, quebrantar vuestra saña y dejaros vencer de la clemencia

y misericordia, poniendo delante de vuestros ojos, no solamente los

grandes males que nos haréis, sino también quiénes son aquellos a quien

los hacéis, y que muchas veces tales males ocurren a los que menos los

han merecido.

»Os suplicamos, pues, y pedimos por merced, según la necesidad

presente lo requiere, y para ello invocamos el favor y ayuda de los

dioses a quien sacrificamos en unos mismos altares, y a los de toda

Grecia, accedáis a nuestros ruegos, no olvidándoos de los juramentos

de vuestros padres, por honra de cuyos huesos y sepulcros, os

rogamos, llamándolos en nuestra ayuda, muertos como están, para que

no nos pongáis bajo la sujeción de los tebanos, ni queráis entregar

vuestros grandes amigos en manos de aquellos que son crueles enemigos,

recordándoos que este día en que nos vemos en extremo peligro, es

aquel mismo en que hicimos tantas y tan buenas hazañas con vuestros

antepasados.

»Mas porque a los hombres que se ven puestos en el extremo en que al

presente nosotros estamos, les parece cosa muy dura dar fin a sus

palabras, aunque por necesidad lo han de hacer, porque saben que,

acabando de hablar, se les acerca más el peligro de su vida, dando fin

a nuestras razones, os decimos solamente que no entregamos nuestra

ciudad a los tebanos, pues esto no lo hiciéramos aunque supiéramos

morir de hambre o de otra peor muerte, sino a vosotros, varones

lacedemonios, confiando en vuestra fe. Por esto es justo que, si no

logramos nuestra petición, nos restituyáis al estado que teníamos

antes, con peligro de todo lo que nos pudiere ocurrir, y de nuevo os

amonestamos no permitáis que los de Platea, que siempre fueron muy

aficionados a los griegos, y que confiaron en vuestra fe, pasen de

vuestra mano a la de los tebanos, sus capitales enemigos, sino que

antes seáis autores de nuestra vida y salud, y pues a todos los otros

griegos habéis libertado, no queráis destruir y matar solo a nosotros.»

Con esto acabaron los plateenses su razonamiento; pero los tebanos,

temiendo que los lacedemonios, por su discurso, fuesen movidos a

otorgarles algo de su demanda, salieron en medio pidiendo ser ellos

también oídos, porque a su parecer habían dado muy larga audiencia

a los plateenses para responder a la pregunta, y teniendo licencia

también ellos para hablar, hicieron el razonamiento siguiente:

Historia de la guerra del Peloponeso (1 de 2) · 第 57 / 90 题