III.

Grandes aprestos de guerra y hechos que aquel año realizaron ambas

partes.

Conforme a la resolución tomada en la junta de Olimpia, los

lacedemonios mandaron preparar su gente de guerra junto al estrecho del

Peloponeso, para embarcarla, reunirla en Corinto, enviarla a la costa

del mar de Atenas y acometer a los atenienses por mar y por tierra.

En estos preparativos emplearon gran diligencia, pero sus compañeros

y aliados fueron muy negligentes, así por estar ocupados en coger sus

frutos, como porque ya les cansaba la guerra.

Cuando los atenienses supieron los aprestos de los peloponesios y

que, por las muestras, parecía que tenían en poco el poder de Atenas,

armaron cien naves, para dar a entender que podían más de lo que los

enemigos pensaban, y que, sin mandar venir la otra armada que tenían

en Lesbos, contaban con barcos y poder bastante para resistir a los

del Peloponeso, si los acometían. En las cien naves metieron todos los

moradores de la ciudad, naturales y extranjeros, excepto los caballeros

y personas principales que tenían cargos[62], y alzaron velas,

navegando hacia la costa del Peloponeso, pasando por el Istmo, a fin

de que los enemigos los viesen, y saltando a tierra donde querían.

Cuando los lacedemonios que estaban en el Istmo vieron el número

de barcos de los atenienses, mucho mayor de lo que ellos pensaban,

sospecharon mal de los mitilenios, creyendo que les habían mentido en

lo que les dijeron, y parecioles que acometían una empresa muy ardua y

difícil, con mayor motivo viendo que los aliados no venían. Sabiendo

además que la armada de los atenienses que andaba por la costa del

Peloponeso robaba las tierras y lugares marítimos, volvieron a sus

casas.

Poco tiempo después prepararon barcos para enviarlos a Lesbos, y

ordenaron a los confederados que preparasen hasta el número de cuarenta

naves para este viaje, nombrando por capitán a Álcidas. De otra

parte, las cien naves de los atenienses, cuando entendieron que los

lacedemonios se habían retirado, también regresaron. Fue esta armada

de los atenienses la mejor y más hermosa que habían tenido, aunque al

comienzo de la guerra poseían otras tantas naves, y aun más, porque

tenían ciento para guarda de la mar de Ática y de Eubea y Salamina, y

otras tantas que corrían la costa del Peloponeso, sin las que estaban

en Potidea y en otras partes, que serían todas hasta doscientas

cincuenta, las cuales tuvieron en el mar un verano, gastando gran

cantidad en el coste de aquella armada y de la que hicieron en Potidea,

pues los que sitiaban esta ciudad desde el principio de la guerra,

que serían unos tres mil, otros tres mil que les auxiliaban y los

seiscientos soldados que fueron bajo el mando de Formión, tenían dos

dracmas de sueldo cada día[63], una para su mantenimiento y otra para

el de su mozo, y otras tantas tenían todos los que iban embarcados. A

tanta costa tuvieron tan grande armada.

En este mismo tiempo, cuando los lacedemonios estaban en el Istmo, los

mitilenios, con algunos soldados de sus aliados, hicieron guerra a los

de la ciudad de Metimna, pensando tomarla por traición, por los tratos

que tenían con algunos de la ciudad; pero después de hacer cuanto

podían, viéndose engañados y que la cosa no sucedía como pensaban,

volvieron a Antisa, a Pirra y a Éreso, cuyas ciudades fortalecieron lo

mejor que pudieron, reparando los muros y haciendo otras obras. Y con

esto regresaron a Mitilene.

Después de su partida, los de Metimna fueron con todo su poder contra

la ciudad de Antisa, procurando tomarla por fuerza; mas fueron

rechazados por los de la ciudad y por algunos soldados extranjeros que

tenían en ella, con gran pérdida de los suyos, retirándose con mucha

vergüenza.

Sabido esto por los atenienses, y que los mitilenios tenían la isla de

Lesbos a su voluntad, sin que aquellos que estaban sobre el cerco se

lo pudiesen estorbar, enviaron al principio del otoño[64] a Paques,

hijo de Epicuro, con mil hombres que, después de embarcados, sirvieron

de marineros y remadores hasta que saltaron en tierra en Mitilene. Al

arribar cercaron la ciudad con un muro sencillo, y en muchas partes

hicieron torres y bastiones, de manera que estuviese sitiada por mar y

tierra y puesta en mucho aprieto.

Acercábase el invierno, y porque el gasto era muy grande y les faltaba

dinero para sostener el cerco, impusieron un nuevo tributo, hasta

la suma de doscientos talentos[65], y enviaron por comisarios para

cobrarlo de los confederados y aliados, a Lisicles con otros cuatro

compañeros y con doce navíos; el cual Lisicles, habiendo cobrado de

algunas ciudades marítimas gran suma, cuando atravesaba la tierra de

Caria por los campos de Meandro, a la salida de Miunte, cerca ya del

monte de Sandio, fue acometido por los de Caria y por los aneitas, y

muerto con muchos de los suyos.

Historia de la guerra del Peloponeso (1 de 2) · 第 51 / 90 题