XVI.

Discurso y exhortación de Formión, capitán de los atenienses, a los

suyos.

«Viéndoos tan amedrentados, varones atenienses, por la multitud de

los enemigos, he mandado aquí juntaros, pues me parece cosa indigna

mostrar temor donde no hay de qué temer, que si han reunido aquí esta

multitud de barcos que veis, muchos más en número que los nuestros, es

por el miedo que nos tienen acordándose de la victoria que hace poco

les ganamos, y conociendo que tantos por tantos, no se deben comparar a

nosotros.

»Vienen confiados en una sola cosa, como si en esta conviniese poner

toda su esperanza, es, a saber, en la gente de a pie que tienen, con la

cual muchas veces han conseguido la victoria en tierra, pensando que

será lo mismo por mar, en lo cual se engañan; porque si en la manera de

guerrear en tierra ellos tienen algún arte, nosotros la tenemos mucho

mayor en pelear por mar. En tener buen corazón ninguna ventaja nos

llevan, que tan iguales somos los unos como los otros; pero en ser más

experimentados los unos en la mar y los otros en la tierra, nos debe

hacer más animosos y osados aquello en que tenemos mayor esperanza.

»De otra parte, los lacedemonios, que son caudillos de sus aliados y

confederados, por ganar honra para sí, los fuerzan contra su voluntad

a ponerse en peligro; de otra suerte no querrían la batalla en el mar,

en que ya una vez fueron vencidos. Por tanto, en manera alguna debéis

temer la osadía de los que tenéis amedrantados, así por haberlos una

vez vencido, como porque han concebido tal opinión de nosotros, que,

resistiéndolos, haremos alguna cosa digna de memoria.

»Aquellos que son más en número vienen a la batalla confiados en sus

fuerzas, no en su saber y consejo. Los que son muchos menos y no acuden

forzados a pelear poniendo toda su seguridad en su seso y prudencia,

van osadamente al encuentro. Y bien considerado, con razón nuestros

enemigos nos temen mucho más por esto que por el aparato de guerra que

traemos, pues vemos a menudo los más poderosos ser vencidos por los

menos, a veces por ignorancia, y otras por falta de corazón. Ninguna de

ambas cosas se hallará en nosotros.

»Nunca os aconsejaré que peleemos con ellos en el estrecho, porque

sé de cierto que no es ninguna ventaja, para los que tienen pequeñas

y ligeras naves, gobernadas por buenos patrones y marineros como

nosotros, acometer en lugar estrecho a los que son más en número de

barcos, aunque sean gobernados por patrones nuevos y no experimentados.

En manera alguna se debe ir a buscar en semejante caso al enemigo, sino

cuando está a vista de lejos y se ve la ventaja. En aprieto y en lugar

estrecho no es fácil retirarse en el momento de peligro ni revolver los

barcos, que es toda la obra y arte de las naves ligeras y de buenos

marineros; antes es forzoso combatir como si estuviesen en tierra firme

entre gente de infantería, y en tal caso, los que poseen más naves

tienen más ventaja. En esto dejadme el encargo, que yo haré cuanto

pueda.

»Lo que a vosotros toca es que cada cual, dentro de su barco, guarde

la ordenanza, y sea muy obediente para hacer pronto lo que le fuere

mandado, porque las más veces la ocasión de la victoria consiste en

la presteza y diligencia en acometer cuando es tiempo. En lo demás

procurad ir en buen orden y con silencio a la batalla, que estas dos

cosas se requieren en cualquier guerra, y mayormente en la de mar. Id,

pues, animosamente contra estos vuestros enemigos, y procurad guardar

la honra y gloria que hasta aquí habéis ganado, pensando que, en este

trance, peleamos por cosa tan importante como es saber si quitaréis a

los peloponesios, vuestros contrarios, la esperanza de poder navegar

en adelante, o si infundiréis a vuestros atenienses mayor miedo de

surcar la mar.

»Finalmente, quiero traeros a la memoria que habéis vencido a muchos de

ellos en batalla, y que los que una vez son vencidos, no pueden tener

habilidad ni constancia en peligros semejantes.»

Así habló Formión a los suyos.

Historia de la guerra del Peloponeso (1 de 2) · 第 41 / 90 题