V.

Los peloponesios entran a saco en tierra de Atenas y, por consejo de

Pericles, solo salen contra ellos las tropas de caballería de los

atenienses.

Entrado el ejército de los peloponesios en tierra de Atenas, asentó

su real primeramente delante de la ciudad de Énoe, que estaba

situada entre los términos de Atenas y Eubea. Y porque la ciudad

era tan fuerte que los atenienses la tenían por muralla y amparo

de la tierra en tiempo de guerra, determinaron tomarla por asalto.

Para combatirla prepararon sus máquinas y pertrechos; mas porque en

estos aprestos gastaban mucho tiempo en balde, concibieron sospecha

contra Arquidamo su caudillo de que fuese favorable a los atenienses,

porque ya antes les había parecido flojo y negligente en juntar los

amigos y confederados, animándoles muy friamente para la guerra; y

una vez junto el ejército, se había tardado mucho en el istmo del

Peloponeso antes que partiesen, y después de partir también había sido

negligente. Mas sobre todo le culpaban de haber tenido mucho tiempo el

cerco de la ciudad de Énoe, pareciéndole que si usara de diligencia

hubieran entrado con más presteza en tierra de Atenas, robando y

talando todos los bienes y haberes que los atenienses tenían en los

campos antes que los recogiesen en la ciudad. Esta sospecha concibió

el ejército de Arquidamo estando en el cerco de Énoe; aunque él, según

dicen, le detenía y alargaba esperando que los atenienses, antes que

les comenzasen a talar la tierra, se humillarían, por no verla destruir

a su presencia. Viendo los peloponesios que a pesar de todos sus

esfuerzos, no podían tomar Énoe, y también que los atenienses no les

habían enviado ningún faraute ni trompeta durante el sitio, levantaron

el cerco y partieron de allí, ochenta días después que ocurrió el hecho

de los tebanos en Platea, y entraron por tierra de Atenas cuando ya

los trigos estaban en sazón de segarse[39], llevando por su capitán a

Arquidamo, hijo de Zeuxidamo, rey de Esparta, destruyeron y talaron

toda la tierra, comenzando por la parte de Eleusis y de los campos de

Tría e hicieron volver las espaldas a la gente de a caballo de los

atenienses, que habían salido contra ellos en un lugar que se llamaba

Ritos[40]. Después pasaron adelante dejando a mano derecha el monte

de Egaleo al través de la región llamada Cecropia y vinieron hasta

Acarnas, que es la ciudad más grande que hay en toda la región de

Ática. Junto a ella establecieron su campamento y allí estuvieron mucho

tiempo, talando y robando la tierra.

Dicen que Arquidamo se detuvo alrededor de la villa con todo su

ejército dispuesto de batalla, sin querer descender a lo llano en el

campo, esperando que los atenienses, porque tenían gran número de

mancebos en la flor de su mocedad codiciosos de la guerra, que nunca

habían visto, saldrían contra ellos, y no sufrirían ver así destruir y

robar su tierra. Y cuando vio que no habían salido estando sus enemigos

en Eleusis y después en Tría, quiso tentar si osarían ir para hacerles

levantar el cerco puesto a Acarnas, considerando además que este lugar

era muy favorable para acampar. También le parecía que los de la

ciudad, que serían la tercera parte atenienses, porque había dentro

tres mil hombres de guerra, no sufrirían destruir su tierra: que todos

los de Atenas y de Acarnas saldrían a darles la batalla: y que si no

osaban salir, podrían en adelante con menos temor quemar y talar toda

la tierra de los atenienses y llegar hasta los muros de la ciudad;

porque cuando los acarnienses viesen toda su tierra destruida y sus

haciendas perdidas, no se determinarían tan ligeramente a ponerse en

peligro por guardar las tierras y las haciendas de otros, con lo cual

habría división y discordia entre ellos y serían de diversos pareceres.

Esta era la opinión de Arquidamo cuando estaban sobre Acarnas. Los

atenienses, mientras sus enemigos estuvieron alrededor de Eleusis y en

tierra de Tría, creyeron que no pasarían adelante porque se acordarían

de que, catorce años antes de aquella guerra, Plistoanacte, hijo de

Pausanias y rey de los lacedemonios, habiendo entrado en tierra de

Ática con el ejército de los peloponesios, cuando llegó hasta Eleusis

y Tría, volviose sin pasar adelante; por lo cual fue desterrado de

Esparta, donde sospecharon que había tomado dinero por volverse.

Mas cuando supieron que el ejército de los enemigos estaba sobre

Acarnas, distante sesenta estadios de Atenas, y que ante sus ojos

talaban y destruían sus tierras, lo cual nunca había visto hombre de la

ciudad mozo ni viejo (excepto en la guerra de los medos), parecioles

cosa intolerable y dura de sufrir, y determinaron, sobre todo los

jóvenes, no sufrirlo más, saliendo contra sus enemigos.

Reunidos todos los del pueblo, tuvieron gran altercado porque unos

querían salir y otros no lo permitían. Los adivinos y agoreros, a quien

todos se atenían, interpretaban de diverso modo, y según la voluntad de

cada uno, las señales de los oráculos. Por otra parte los acarnienses,

viendo que les destruían la tierra, daban prisa a los atenienses a que

saliesen, y les parecía que así debían hacerlo, siquiera por socorrer

a los atenienses que había dentro de la ciudad. De manera que Atenas

estaba muy revuelta y en grandes disensiones. Se ensañaban contra

Pericles y le injuriaban porque no quería sacarlos al campo siendo su

capitán, diciendo que él era causa de todo el mal, sin acordarse del

consejo que les había dado y de lo que les había amonestado antes de la

guerra.

Entonces Pericles, viéndolos atónitos por los males de su tierra, y

que no tenían buen acuerdo en querer salir contra toda razón, no quiso

reunirles ni pronunciar discurso, según tenía por costumbre, temiendo

que determinasen obrar algo antes por ira que por juicio y razón,

sino que ordenó la manera de guardar la ciudad y tenerla tranquila lo

mejor posible. Empero, mandó salir al campo alguna gente de a caballo

para impedir que los que venían del ejército enemigo a recorrer las

tierras cercanas a la ciudad no las pudiesen robar ni hacer daño. Hubo

algunas escaramuzas en el lugar que llaman Frigias entre atenienses

y tesalios contra los beocios, en las cuales los atenienses y los

tesalios no llevaban lo peor hasta tanto que la gente de a pie de

los beocios acudió a socorrer a su caballería, porque entonces los

atenienses volvieron las espaldas y fueron muertos muchos de ellos y

de los tesalios: y en el mismo día llevaron sus cuerpos a la ciudad

sin pedirlos a los enemigos, como era costumbre. Al día siguiente

los peloponesios levantaron trofeo en este mismo lugar en señal de

victoria. Esta ayuda que los tesalios prestaron a los atenienses fue

por la confederación y alianza antigua que tenían con ellos: por eso

entonces les habían enviado aquel socorro de gente de a caballo de

Larisa, de Fársalo, de Parrasia, de Girtón y de Feras. Por capitanes de

los de Larisa venían Polimedes y Aristónoo. De Fársalo, Menón, y otros

de cada cual de aquellas ciudades.

Cuando los peloponesios vieron que los atenienses no salían a batallar

contra ellos, alzaron el cerco de Acarnas y fueron a talar y robar

otros lugares que estaban entre Parnes y el monte Brileso.

Historia de la guerra del Peloponeso (1 de 2) · 第 30 / 90 题