II.

Grandes aprestos de guerra de ambas partes y de las ciudades a ellas

aliadas.

Hechas estas cosas en Platea, y viendo los atenienses claramente las

treguas rotas, se aprestaron a la guerra, y lo mismo hicieron los

lacedemonios y sus aliados y confederados. Ambas partes enviaron sus

embajadores al rey de Media y a los otros bárbaros de quien esperaban

ayuda, y procuraban traer a su bando las ciudades de fuera de su

señorío. Los lacedemonios encargaron a las ciudades de Italia y

Sicilia, que seguían su partido, que hiciesen navíos de guerra, cada

cual cuantos pudiese, además de los que tenían aparejados, de suerte

que llegasen al número de quinientos, y también que les proveyesen de

dinero, no cuidando de hacer otros aprestos; que no recibiesen en sus

puertos más de una nave de Atenas cada vez, hasta tanto que estuvieran

dispuestas todas las cosas necesarias para la guerra.

Los atenienses por su parte, primeramente apercibieron a las ciudades

sus confederadas y enviaron sus embajadores a las otras cercanas al

Peloponeso, como son Corcira, Cefalenia, Acarnania, Zacinto; porque

entendían que si estas ciudades se aliaban con ellos, más seguramente

podrían hacer guerra por mar en torno del Peloponeso.

Ninguna de ambas partes fijaba sus pensamientos en cosas pequeñas, ni

emprendían la guerra de otra suerte sino como convenía a su autoridad

y reputación; y como al principio todos se disponen con ardor a la

guerra, muchos jóvenes, así de Atenas como del Peloponeso, de buena

gana se alistaban porque no la habían experimentado. Además todas las

otras ciudades de Grecia se animaban viendo que las principales se

inclinaban a ella.

Había muchos pronósticos, y relataban los oráculos respuestas de

los dioses de muchas maneras, así en las ciudades que emprendían la

guerra, como en las otras. Y aconteció que en Delos tembló el templo

de Apolo, lo cual nunca fue visto ni oído desde que los griegos se

acuerdan. Y por las señales que veían juzgaban todo lo venidero y lo

inquirían con toda diligencia. La mayor parte se aficionaban antes

a los lacedemonios que a los atenienses, porque decían y publicaban

que querían dar a Grecia la libertad. De aquí que todos, así en común

como en particular, de palabra y de obra, se disponían a ayudarles

con tanta afición, que cada cual pensaba que si él no se hallaba

presente, la cosa se impediría por su falta. Muchos estaban indignados

contra los atenienses: unos porque les quitaban el mando, y otros

porque temían caer en su dominio. Así, pues, de corazón y de obra se

preparaban de ambas partes. Las ciudades que cada cual tenía por amigas

y confederadas para la guerra eran estas: de parte de los lacedemonios,

todos los peloponesios que habitan dentro del estrecho de mar que

llaman Istmo, excepto los argivos y los aqueos, que eran tan amigos

de los unos como de los otros; y de los aqueos no hubo al principio

sino los pelenos que fuesen del partido de los lacedemonios, aunque a

la postre lo fueron todos. Fuera del Peloponeso eran de su bando los

megarenses, los focenses, los locros, los beocios, los ambraciotes, los

leucadios, los anactorios. De estos, los corintios, los megarenses,

los sicionios, los pelenos, los eleos, los leucadios y los ambraciotes

proveyeron de navíos; los beocios, los focenses y los locros de gente

de a caballo, y las otras ciudades de infantería.

De parte de los atenienses estaban los de Quíos, los de Lesbos, los

de Platea y los mesenios, que habitan en Naupacto, y muchos de los

acarnanios; los corcirenses, los zacintios y los otros que son sus

tributarios, entre los cuales eran los carios, que habitan la costa de

la mar, y los dorios que están junto a ellos. La tierra de Jonia, los

de Helesponto y muchos lugares de Tracia; y todas las islas que están

fuera del Peloponeso y de Creta hacia levante, que se llaman Cícladas,

excepto Melos y Tera. De estos, todos los de Quíos, Lesbos y los

corcirenses proveyeron de navíos, y los otros todos de gente de a pie.

Tal fue el apresto y ayuda de los aliados y confederados de las dos

partes.

Volviendo a la historia, los lacedemonios cuando supieron lo que había

acaecido en Platea, enviaron un mensaje a sus aliados y confederados

para que tuviesen a punto su gente; y prepararon todas las cosas

necesarias para salir al campo un día señalado, y entrar por tierra

de Atenas. Hecho así, las fuerzas de todas las ciudades se hallaron a

un mismo tiempo en el estrecho del Peloponeso llamado Istmo, y poco

después arribaron los otros. Cuando todo el ejército estuvo reunido,

Arquidamo, rey de los lacedemonios, que era caudillo de toda la hueste,

mandó llamar a los capitanes de las ciudades, y principalmente a los

más señalados, y les dijo estas razones:

Historia de la guerra del Peloponeso (1 de 2) · 第 27 / 90 题