Querellas entre atenienses y corintios, por cuya causa se reunieron
todos los peloponesios en Lacedemonia para tratar de la guerra contra
los atenienses.
La guerra referida fue el primer fundamento y causa de la que después
ocurrió entre los corintios y los atenienses, porque los atenienses
habían promovido la guerra contra sus compañeros y aliados los
corintios en favor de los corcirenses. Después sobrevinieron otras
causas y diferencias entre los atenienses y peloponesios para hacerse
guerra los unos a los otros, que fueron estas. Los atenienses,
sospechando que los corintios tramaban cómo vengarse de ellos, fueron
a la ciudad de Potidea que está asentada en el estrecho de Palene,
que es una de las colonias o poblaciones de los mismos corintios, y
por esto sujeta y tributaria a ellos: mandaron a los moradores que
derrocasen su muralla que caía a la parte de Palene; además, que les
diesen rehenes para estar más seguros, que echasen de la ciudad los
gobernadores y ministros de justicia que los corintios les enviaban
cada año y que en adelante no los admitiesen; lo cual hacían por temer,
que siendo solicitados los potidenses de Pérdicas, hijo de Alejandro,
rey de Macedonia, y también de los corintios, a su instancia se
rebelasen contra ellos, y también rebelaran a sus compañeros y aliados
que moraban en Tracia. Este acto de guerra hicieron los atenienses en
Potidea después de la batalla naval de Corcira, porque los corintios
claramente mostraban su enemistad a los atenienses, y también Pérdicas,
aunque antes era su amigo y aliado, se convirtió en enemigo por haber
hecho los atenienses amistad y alianza con Filipo su hermano, y con
Derdas, que de consuno le hacían guerra. Por temor de esta alianza
Pérdicas envió embajada a los lacedemonios, se confederó con ellos e
hizo tanto que les indujo a que declarasen la guerra a los atenienses.
Además se confederó con los corintios para atraer a su propósito a la
ciudad de Potidea, y tuvo tratos e inteligencias con los calcídeos que
habitaban en Tracia, y también con los botieos para que se rebelasen
contra los atenienses, pensando que con la ayuda de estos (si podía
ganar su amistad) fácilmente harían la guerra a los atenienses.
Sabiendo esto los de Atenas, y queriendo prevenir la rebelión de sus
ciudadanos, enviaron a la tierra de estos treinta barcos con mil
hombres de guerra y por capitán a Arquéstrato, hijo de Licomedes, con
otros diez capitanes, sus compañeros, mandando a los capitanes de las
naves que tomasen rehenes de los potidenses, les derrocasen la muralla,
y pusiesen buena guarda en las ciudades comarcanas para que no se
rebelasen. Los potidenses enviaron su mensaje a los atenienses para
ver si les podían persuadir que no intentasen novedad alguna, y por
otra parte enviaron a Lacedemonia juntamente con los corintios para
tratar con ellos que les diesen socorro y ayuda si la necesitasen. Mas
cuando vieron que no podían alcanzar cosa buena de lo que les convenía
de los atenienses, antes en su presencia enviaron las treinta naves
a Macedonia contra Pérdicas y contra ellos, confiados en la ayuda de
los lacedemonios, los cuales prometieron que si los atenienses venían
contra Potidea, ellos entrarían en tierra de Atenas, y viendo ocasión
para ello se rebelaron juntamente con los calcídeos y botieos, y
aliándose contra los atenienses.
También Pérdicas persuadió a los calcídeos que dejasen las ciudades
marítimas y las derrocasen, porque no se podían defender, y que se
viniesen a habitar la ciudad de Olinto que estaba más dentro de la
tierra y fortificasen esta sola, y a los demás que dejaban sus tierras
les dio la ciudad de Migdonia, que está cerca del lago de Bolbe, para
que la habitaran mientras durase la guerra con los atenienses.
Cuando los que venían en las treinta naves de los atenienses llegaron
a Tracia y entendieron que Potidea y las otras ciudades se habían
levantado, pensando los capitanes que no serían bastantes las fuerzas y
poder que tenían para hacer la guerra a Pérdicas y a las otras ciudades
que se habían rebelado, se dirigieron a Macedonia, donde primeramente
habían sido enviados, y allí se encontraron con Filipo y con su hermano
Derdas, que descendían con su ejército de las montañas.
Entretanto los corintios, viendo rebelada la ciudad de Potidea, y
que las naves de Atenas habían llegado a Macedonia, temiendo que les
viniese algún mal a los de Potidea, que ya se habían declarado contra
los atenienses, y sabiendo que ya el peligro era propio, enviaron para
su defensa mil seiscientos hombres de a pie armados de todas armas, así
de los suyos aventureros, como de los otros peloponesios afiliados por
sueldo, y cuatrocientos armados a la ligera, y por capitán de ellos a
Aristeo, hijo de Adimanto, al cual voluntariamente se le habían unido
muchos guerreros de Corinto por amistad y porque era muy querido de
los potidenses. Estos llegaron a Tracia setenta días después de la
rebelión de la ciudad de Potidea. Entre estas cosas supieron los
atenienses que aquellas ciudades se les habían rebelado, y al saber
esto y la gente que había ido con Aristeo de los contrarios, enviaron
también ellos dos mil hombres de a pie, y cuarenta barcos, y por
capitán a Calias hijo de Calíades, con otros cuatro compañeros, los
cuales al llegar a Macedonia hallaron que los mil suyos primeramente
enviados habían ya tomado la ciudad de Terma, y tenían cercada a
Pidna; y unidos a ellos mantuvieron el cerco, mas porque convenía ir a
Potidea, sabiendo que ya Aristeo había llegado allí, viéronse obligados
a hacer tratos y conciertos con Pérdicas, partieron de Macedonia y
vinieron al puerto de Berea, e intentaron tomar la villa por mar, pero
al ver que no podían salir con su empresa, volviéronse y caminaron por
tierra derechos a Potidea, llevando consigo cerca de tres mil hombres
de pelea más otros muchos de los aliados, y más de seiscientos de a
caballo de los macedonios, que estaban con Filipo y Pausanias, y cerca
de setenta barcos que iban costeando poco trecho delante de ellos. Al
tercer día llegaron a la villa de Gigono, donde asentaron su campo.
Los potidenses y los peloponesios que estaban con Aristeo esperando
la venida de los atenienses, salieron de la ciudad y pusieron su
real junto a Olinto, que está sobre el estrecho, y fuera de la
ciudad hacían su mercado; y todos de acuerdo eligieron por capitán
de la gente de a pie a Aristeo, y de los de a caballo a Pérdicas,
que cuando volvió a rebelarse contra los atenienses, se pasó a los
potidenses enviándoles gente de socorro, y por capitán a Iolao en
su lugar. Aristeo era de opinión de esperar con el ejército que
tenía en el estrecho a los atenienses si le acometiesen, y que los
calcídeos, con los otros compañeros de guerra y los doscientos caballos
de Pérdicas, se estuviesen quedos en Olinto, para que cuando los
atenienses viniesen contra ellos, salieran de lado y por la espalda en
su socorro, y cogieran en medio a los enemigos. Mas Calias, caudillo
de los atenienses, y los otros capitanes sus compañeros, enviaron a
los macedonios de a caballo, y algunos de a pie de los aliados, a la
vuelta de Olinto para estorbar que los que estaban dentro de la ciudad
saliesen a socorrer a los suyos, y luego ellos levantaron su campo
y vinieron derechos a Potidea. Cuando llegaron al estrecho y vieron
que los contrarios se disponían para la batalla, también ordenaron
sus haces y a poco se encontraron unos con otros y tramaron muy ruda
batalla, en la cual Aristeo y los corintios que con él estaban en una
ala con los otros guerreros desbarataron un escuadrón de los enemigos
que con ellos peleaba, y lo siguieron bien lejos al alcance. Empero la
otra ala de los potidenses y de los peloponesios fue vencida por los
atenienses y puesta en huida y seguida hasta la muralla. Volvía Aristeo
de perseguir a los enemigos, cuando vio lo restante de su ejército
vencido, y dudó a cuál de las dos partes acudiría en aquel peligro, a
socorrer a Olinto o a Potidea. Al fin le pareció buen consejo recoger
la gente que consigo traía y meterse de pronto en Potidea, porque era
el lugar más cercano para retirarse, y por una punta de la mar que
hería en los muros de la ciudad, entre unas rocas que había por reparos
se metieron con gran daño y peligro que recibían de las flechas y otros
tiros de los contrarios, por lo cual algunos fueron muertos y heridos,
aunque pocos, y los más entraron salvos.
Habían salido para venir a socorrer a Potidea los que estaban dentro
de Olinto, porque como la ciudad estuviese asentada en alto, cerca de
sesenta estadios apartada de Potidea, podíase ver bien a las claras
desde ella el lugar de la batalla, y donde habían levantado las
enseñas. Mas los caballos macedonios les salieron al encuentro para
impedírselo. Cuando los de Olinto vieron que los atenienses habían
alcanzado la victoria y levantado sus banderas, volvieron a meterse
dentro de la ciudad, y los caballos macedonios se unieron a los
atenienses.
Después de esta batalla los atenienses levantaron trofeo en señal de
victoria, y entregaron a los potidenses sus muertos según derecho
y costumbre. Fueron muertos de los potidenses y de sus compañeros
y aliados, pocos menos de trescientos, y de los atenienses ciento
cincuenta, y entre ellos Calias su capitán.
Pasado esto, los atenienses hicieron un fuerte en la ciudad de Potidea
en la parte del estrecho, y pusieron en él guarnición, mas no se
atrevieron a pasar a la otra parte de la ciudad, hacia Palene, que
confina con la ciudad de Potidea, aunque esta no estaba cercada, ni
fortalecida por aquella parte, porque no eran bastantes para mantener
dos cercos y defender el estrecho, contra los que quisieran pasar de
Palene, y temían que, si se repartían, les acometerían los de la ciudad
por ambas partes. Sabido por los de Atenas que los suyos habían cercado
a Potidea, empero que no habían fortalecido la parte de Palene, a los
pocos días enviaron mil quinientos hombres armados de todas armas, y
por capitán a Formión, hijo de Asopio, el cual partió de Afitis para
venir hacia Palene por tierra, y fue poco a poco derecho a Potidea,
robando y destruyendo por el camino los lugares. Como vio que ninguno
le salía al encuentro para pelear, fortaleció a Palene, y así fue
Potidea cercada por ambas partes y combatida fuertemente por mar y por
tierra. Sitiada la ciudad y no viendo Aristeo ninguna esperanza de
poderla salvar ni defender, si no le venía socorro del Peloponeso, o de
otra parte, pareciole buen consejo, con algún buen viento que podrían
esperar en este medio, enviar toda su armada, con toda la gente que
estaba dentro, y dejar allí solos quinientos hombres de guardia, de
los cuales él quería ser uno, para que les bastasen las provisiones
que tenían dentro y pudiesen sostener el cerco más tiempo. Mas como no
pudiese persuadir a los suyos, saliose una noche sin ser sentido de las
guardias atenienses, para dar orden en lo que era menester y proveer
todo lo de fuera, y así partió para los calcídeos, con cuya ayuda
causó mucho daño en tierras de Atenas y entre otros males el de atacar
la ciudad de Sermile, y poniendo una celada delante de ella matar
muchos de los ciudadanos que salieron contra él. Trató además con
los peloponesios que enviasen socorro a Potidea. Entretanto Formión,
después que hubo fortalecido la ciudad de Potidea por todas partes con
los mil y seiscientos hombres de guerra que tenía, recorrió la tierra
de Calcídica y de Botiea y en ellas tomó muchos lugares.
Estas fueron las causas de las enemistades y guerras que ocurrieron
entre los atenienses y peloponesios. Los corintios se quejaban de
que los atenienses habían combatido la ciudad de Potidea, que era de
su población, y maltratado a ellos y a los peloponesios que estaban
dentro; y los atenienses de que los peloponesios habían hecho rebelar
contra ellos a los potidenses que eran sus aliados y tributarios,
y les habían dado socorro y ayuda contra ellos. No era todavía la
guerra contra todos los peloponesios en general, pero ya se indicaba,
y particularmente la hacían los corintios, los cuales, cuando estaba
cercada la ciudad de Potidea, temiendo la pérdida de ella y de los
suyos que estaban dentro, no cesaban de invitar a las otras ciudades
sus compañeras y aliadas a que viniesen a Lacedemonia y se quejasen de
los atenienses que habían roto la paz y alianza e injuriado a todos los
confederados peloponesios. Los eginetas no osaban quejarse públicamente
de los atenienses por el miedo que les tenían; empero secretamente
excitaban la guerra contra ellos, diciendo que no podían gozar de su
derecho, ni de su libertad como se les había prometido por el tratado
de paz.
Los lacedemonios mandaron llamar a todos los confederados, y aliados y
a cualquiera que fuese injuriado por los atenienses o tuviese alguna
queja de ellos, y que dijeran sus causas y razones públicamente, según
era costumbre. Y como cada cual de los confederados saliese con sus
quejas y acusaciones, los megarenses también alegaron muchos agravios
que habían recibido de los atenienses, y entre otros, que les vedaban
los puertos y los mercados públicos en todo el señorío de Atenas, lo
cual era contra el tratado de paz y alianza. Después de todos vinieron
los corintios, porque de industria habían dejado a los otros que se
quejasen primero y para encender más a los lacedemonios contra los
atenienses hicieron el razonamiento siguiente: