Nunca. Es más sencillo y más excepcional á la vez. Más sencillo, porque
depende de una complicada estructura histológica del cerebro y no de
entidades fantásticas; más excepcional, porque el mundo pulula de
enfermos y rara vez se anuncia un Ameghino.
Cuanto mejor cerebrado está el hombre, tanto más alta y magnífica es su
función de pensar. Ignórase todavía el mecanismo íntimo de los procesos
intelectuales superiores. Los acompañan, sin duda, modificaciones de
las células nerviosas: cambios de posición de los neurones y permutas
químicas muy complicadas. Para comprenderlas deberían conocerse
las actividades moleculares y sus variables relaciones, además de
la histología exacta y completa de los centros cerebrales. Esto
no basta: son enigmas la naturaleza de la actividad nerviosa, las
transformaciones de energía que determina en el momento que nace,
durante el tiempo que se propaga y mientras se producen los fenómenos
que acompañan á la complejísima función de pensar. Los conocimientos
científicos distan de ese límite. Mientras la química y la fisiología
celular permitan llegar al fin, existe ya la certidumbre de que esa,
y ninguna otra, es la vía para explicar las aptitudes supremas de un
Ameghino, en función de su medio.
Nacemos diferentes; hay una variadísima escala desde el idiota hasta el
genio. Se nace en una zona de ese espectro, con aptitudes subordinadas
á la estructura y la coordinación de las células que intervienen
en el pensamiento; la herencia concurre á dar un sistema nervioso,
agudo ú obtuso, según los casos. La educación puede perfeccionar esas
capacidades ó aptitudes cuando existen; no puede crearlas cuando
faltan: Salamanca no las presta.
Cada uno tiene la sensibilidad propia de su histoquímica nerviosa;
los sentidos son la base de la memoria, de la asociación, de la
imaginación: de todo. Es el oído lo que hace al músico; el ojo lleva la
mano del pintor. El poder de concebir está subordinado al de percibir:
cada hombre tiene la memoria y la imaginación que corresponde á sus
percepciones predominantes. La memoria no hace al genio, aunque no le
estorba; pero ella y el razonamiento, cimentado en sus datos, no crean
nada superior á lo real que percibimos. La fecundidad creadora requiere
el concurso de la imaginación, elemento absoluto para sobreponer á la
realidad algún Ideal. Cuando, pues, se define el genio como «un grado
exquisito de sensibilidad nerviosa», se enuncia la más importante de
sus condiciones; pero la definición es incompleta. La sensibilidad es
un instrumento puesto al servicio de sus aptitudes imaginativas.
En los genios estéticos es evidente la superintendencia de la
imaginación sobre los sentidos; no lo es menos en los genios
especulativos, como Ameghino, y en los genios pragmáticos, como
Sarmiento. Gracias á ella se conciben los problemas, se adivinan las
soluciones, se inventan las hipótesis, se plantean las experiencias,
se multiplican las combinaciones. Hay imaginación en la Paleontología
de Ameghino, como la hay en la física de Ampère y en la Cosmología de
Laplace; y la hay en la visión civilizadora de Sarmiento, como en la
política de César ó en la de Richelieu. Todo lo que lleva la marca del
genio es obra de la imaginación, ya sea un capítulo del «Quijote» ó un
plan de campaña de Napoleón; no digamos de los sistemas filosóficos,
tan absolutamente imaginativos como las creaciones artísticas. Más aún:
son poemas, y su valor se mide por la imaginación de sus creadores.
En Ameghino la genialidad se traduce por una absoluta unidad y
continuidad del esfuerzo, en toda la gestación de sus doctrinas, que es
la antítesis de la locura. También él fué tratado como loco, sobre todo
en su juventud. Con bonhomía risueña recordaba las burlas de vecinos y
niños de su escuela, cuando le veían dirigirse, azada al hombro, hacia
las márgenes del Luján; para esas mentes sencillas tenía que estar loco
ese maestro que pasaba días enteros cavando la tierra y desenterrando
huesos de animales extraños, como si algún delirio le transformara
en sepulturero de edades extinguidas. Cambiando de ambientes, sin
asimilarse á ninguno, consiguió pasar más desapercibido y atenuar su
reputación de inadaptado.
Basta leer su inmensa obra--centenares de monografías y de
volúmenes--para comprender que sólo presenta los desequilibrios
inherentes á su exuberancia. Sus descubrimientos, grandes y útiles,
nunca fueron elaborados al acaso ni en la inconsciencia, sino por una
vasta preparación; no fueron frutos de un cerebro carcomido por la
herencia ó los tóxicos, sino de engranajes perfectamente entrenados;
no ocurrencias, sino cosechas de siembras previas; jamás casualidades,
sino claramente previstos y anunciados.
El genio es una alta armonía; necesita serlo. Es paradoja ridícula
sospechar un degenerado en todo grande hombre; es absurdo suponer
caídos bajo el nivel común á esos mismos que la admiración de los
siglos coloca por encima de todos. Las obras geniales sólo pueden
ser realizadas por cerebros mejores que los demás; el proceso de la
creación, aunque tenga fases inconscientes, sería imposible sin una
clarividencia de su finalidad. Antes que improvisarse en horas de ocio,
opérase tras largas meditaciones y es oportuno, llegando á tiempo
de servir como premisa ó punto de partida para nuevas doctrinas y
corolarios. Nunca tal equilibrio de la obra genial será más evidente
que en la de Ameghino: si hubiéramos de juzgar por ella, el genio se
nos presentaría como la suprema excelsitud en su propio dominio mental.
Esto no excluye que la degeneración y la locura puedan coexistir
con la imaginación creadora, afectando especiales dominios; pero la
capacidad para las síntesis más vastas no necesita ser desequilibrio
ni enfermedad. Ningún genio lo fué por su locura; algunos lo fueron á
pesar de ella; muchos fueron por la enfermedad sumergidos en la sombra.
Ameghino, como todos los que piensan mucho é intensamente, se
contradijo muchas veces en los detalles, aunque sin perder nunca el
sentido de su orientación global. Cuando las circunstancias convergen
á ello, el genio especulativo nace recto desde su origen, como un
rayo de luz que nada tuerce ó empaña. Basta oirlo para reconocerlo:
todas sus palabras concurren á explicar un mismo pensamiento, á través
de cien contradicciones en los detalles y de mil alternativas en la
trayectoria; parecen tanteos para cerciorarse mejor del camino sin
romper la equilibrada coherencia de la obra total: esa harmonía de la
síntesis que escapa á los espíritus subalternos. Ameghino converge á
un fin por todos los senderos; nada le desvía. Mira alto y lejos, va
derechamente, sin las prudencias que traban el paso á las medianías sin
detenerse ante los mil interrogantes que de todas partes le acosan para
distraerle de la Verdad que le entreabre algún pliegue de sus velos.
La verdadera contradicción, la que esteriliza el esfuerzo y el
pensamiento, reside en la deshilvanada heterogeneidad que empalaga
las obras de los mediocres. Viven éstos con la pesadilla del juicio
ajeno y hablan con énfasis para que muchos les escuchen aunque
no les entiendan; en su cerebro anidan todas las ortodoxias, no
atreviéndose á bostezar sin metrónomo. Se contradicen forzados por
las circunstancias: los rutinarios serían supremas lumbreras si
por la simple incongruencia se calificara al genio. Para señalar el
punto de intersección entre dos teorías, dos creencias, dos épocas ó
dos generaciones, requiérese un supremo equilibrio. En las pequeñas
contingencias de la vida ordinaria, el hombre vulgar puede ser
más astuto y más hábil; pero en las grandes horas de la evolución
intelectual y social todo debe esperarse del genio. Y solamente de él.
Sería absurdo decir que la genialidad es infalible, no existiendo
verdades absolutas; cien rectificaciones podrán hacerse en la obra de
Ameghino. Los genios pueden equivocarse, suelen equivocarse, conviene
que se equivoquen. Sus creaciones falsas resultan utilísimas por
las correcciones que provocan, las investigaciones que estimulan,
las pasiones que encienden, las inercias que conmueven. Los hombres
mediocres se equivocan de vulgar manera; el genio, aun cuando se
desploma, enciende una chispa, y en su fugaz alumbramiento se entrevé
alguna cosa ó verdad no sospechada antes. No es menos grande Platón
por sus errores, ni lo son por ellos César, Shakespeare ó Kant. En los
genios que se equivocan hay una viril firmeza que los impone al respeto
de todos. Mientras los contemporizadores ambiguos no despiertan grandes
admiraciones, los hombres firmes obligan el homenaje de sus propios
adversarios. Hay más valor moral en creer firmemente un error, que en
aceptar tibiamente una verdad.
IV.--LA MORAL DEL GENIO.
El genio es excelente por su moral, ó no es genio. Pero su moralidad no
puede medirse con preceptos corrientes en los catecismos; nadie mediría
la altura del Himalaya con cintas métricas de bolsillo. Su conducta es
inflexible respecto de los ideales servidos por su aptitud genial. Si
busca la Verdad, todo sacrifica á ella. Si la Belleza, nada le desvía.
Si el Bien, va recto y seguro por sobre todas las tentaciones. Y si es
un genio universal, poliédrico, lo verdadero, lo bello y lo bueno se
unifican en su ética ejemplar, que es un culto simultáneo por todas
las excelencias, por todas las idealidades. Como fué en Leonardo y en
Goethe.
Por eso es raro. Excluye toda inconsecuencia respecto de su ideal:
la inmoralidad para consigo mismo es la negación del genio. Por ella
se descubren los desequilibrados, los exitistas y los simuladores.
Ameghino ignoró las artes del escalamiento y las industrias de la
prosperidad material. En la ciencia buscó la verdad, tal como la
concebía; ese afán le bastó para vivir. Nunca tuvo alma de funcionario.
Sobrellevó heroicamente su pobreza sin asaltar el presupuesto, sin
vender sus libros á los gobiernos, sin vivir de comisiones oficiales,
ignorando esa técnica que simula el mérito para medrar á la sombra del
Estado. Fué y vivió como era, buscando la Verdad y decidido á no torcer
un milésimo de ella. El que puede domesticar sus convicciones no es,
no puede ser, nunca, absolutamente, un hombre genial.
Ni lo es tampoco el que concibe un bien y no lo practica. Sin unidad
moral no hay genio. El que predica la verdad y transige con la mentira,
el que predica la justicia y no es justo, el que predica la piedad y
es cruel, el que predica la lealtad y traiciona, el que predica el
patriotismo y lo rebaja, el que predica el carácter y es servil, el que
predica la dignidad y se arrastra, todo el que usa dobleces, intrigas,
humillaciones, esos mil instrumentos incompatibles con la visión de un
ideal, ese no es genio, está fuera de la santidad: su voz se apaga sin
eco, no repercute en el tiempo, como si resonara en el vacío.
El portador de un ideal va por caminos rectos, sin reparar que sean
ásperos y abruptos. Sarmiento no transige nunca movido por vil interés;
repudia el mal cuando concibe el bien; ignora la duplicidad; ama en
la Patria á todos sus conciudadanos y siente vibrar en la propia el
alma de toda su nación y de todo el continente; tiene sinceridades
que dan escalofríos á los hipócritas de su tiempo y dice la verdad
en tan personal estilo que sólo puede ser palabra suya; tolera los
errores ajenos, recordando los propios; se encrespa ante las bajezas,
escribiendo páginas que tienen ritmos de apocalipsis y eficacia de
catapulta; cree en sí mismo y en sus ideales, sin compartir los
prejuicios religiosos y sectarios de fanáticos que le acosan con
furor, de todos los costados. Tal fué la culminante moralidad del
gran americano; Sarmiento cultivó en grado sumo las más altas virtudes
públicas, sin preocuparse de carpir en la selva magnífica las malezas
que concentran la preocupación de la mediocridad.
Los genios amplían su sensibilidad en la proporción que elevan su
inteligencia; pueden subordinar los pequeños sentimientos á los
grandes, los cercanos á los remotos, los concretos á los abstractos.
Entonces los espíritus estrechos les suponen desamorados, apáticos,
escépticos. Y se equivocan. Sienten, mejor que todos, lo humano. El
mediocre limita su horizonte afectivo á sí mismo, á su familia, á su
camarilla, á su facción; pero no sabe extenderlo hasta la Verdad, la
Patria ó la Humanidad, que sólo pueden apasionar al genio. Muchos
hombres darían su vida por defender á su secta; son raros los que se
han inmolado conscientemente por una doctrina ó por un ideal.
La fe es la fuerza del genio. Para imantar á una era necesitan amar su
Ideal y transformarlo en pasión: «Golpea tu corazón, que en él está tu
genio», escribió Stuart Mill antes que Nietzsche. La cultura no entibia
á los visionarios: su vida entera es una fe en acción. Saben que los
caminos más escarpados llevan más alto. Nada emprenden que no estén
decididos á concluir. Las resistencias son espolazos que los incitan á
perseverar; aunque nubarrones de escepticismo ensombrezcan su cielo,
son, en definitiva, optimistas y creyentes: cuando sonríen, fácilmente
se adivina el ascua crepitante bajo su ironía. Mientras el hombre
sin ideales ríndese en la primera escaramuza, el genio se apodera del
obstáculo, lo provoca, lo cultiva, como si en él pusiera su orgullo
y su gloria: con igual vehemencia la llama acosa al objeto que la
obstruye, hasta encenderlo para agrandarse á sí misma.
La fe es la antítesis del fanatismo. La firmeza del genio es una
suprema dignidad del propio Ideal; la falta de creencias sólidamente
cimentadas convierte al mediocre en fanático. La fe se confirma en el
choque con las opiniones contrarias; el fanatismo teme vacilar ante
ellas é intenta ahogarlas. Mientras agonizan sus viejas creencias,
Saúlo persigue á los cristianos, con saña proporcionada á su fanatismo;
pero cuando el nuevo credo se afirma en Pablo, la fe le alienta,
infinita: enseña y no persigue, discute y no amordaza. Muere él por
su fe, pero no mata; fanático, habría vivido para matar. La fe es
tolerante: es un misticismo que respeta las creencias propias en las
ajenas. Es simple confianza en un Ideal y en la suficiencia de las
propias fuerzas; los hombres de genio se mantienen creyentes y firmes
en sus doctrinas, mejor que si éstas fueran dogmas ó mandamientos.
Permanecen libres de las supersticiones vulgares y con frecuencia las
combaten: por eso los fanáticos les suponen incrédulos, confundiendo su
horror á la común mentira con falta de entusiasmo por el propio Ideal.
Todas las religiones reveladas fueron ajenas á Sarmiento y Ameghino:
sabían que nada hay más extraño á la fe que el fanatismo. La fe es de
visionarios y el fanatismo es de siervos. La fe es llama que enciende y
el fanatismo es ceniza que apaga. La fe es una dignidad y el fanatismo
es un renunciamiento. La fe es una afirmación individual de alguna
verdad propia y el fanatismo es una conjura de huestes para ahogar la
verdad de los demás.
Frente á la marea niveladora que amenaza por todos los puntos del
horizonte, en las mediocracias contemporáneas, todo homenaje al genio
es un acto de fe: sólo de él puede esperarse el perfeccionamiento de
la Humanidad. Cuando alguna generación siente un hartazgo de chatura,
de doblez, de servilismos, tiene que buscar en los genios de su raza
los símbolos de pensamiento y de acción que la templen para nuevos
esfuerzos.
Todo hombre de genio es la personificación suprema de un Ideal. Contra
la mediocridad, que asedia á los espíritus originales, conviene
fomentar su culto: robustece las alas nacientes. Los más altos destinos
se templan en la fragua de la admiración. Poner la propia fe en algún
ensueño, apasionadamente, con la más honda emoción lírica, es ascender
hacia las cumbres donde aletea la gloria. Enseñando á admirar el
genio, la santidad y el heroísmo, prepáranse climas propicios á su
advenimiento.
Los ídolos de cien fanatismos han muerto en el curso de los siglos y
fuerza es que mueran los venideros, implacablemente segados por el
tiempo.
Hay algo humano, más duradero que la fantasmagoría de lo divino:
el ejemplo de los genios. Los santos de la moral idealista no hacen
milagros: realizan magnas obras, conciben supremas bellezas é
investigan profundas verdades. Mientras existan corazones que alienten
un afán de perfección, serán conmovidos por todo lo que revela fe en un
Ideal: por el canto de los poetas, por el gesto de los héroes, por la
virtud de los santos, por la doctrina de los sabios, por la filosofía
de los pensadores.
* * * * *
BIBLIOTECA RENACIMIENTO
DIRECTOR: G. MARTÍNEZ SIERRA
EXTRACTO DEL CATÁLOGO
LEOPOLDO ALAS (CLARÍN)
OBRAS COMPLETAS
I. GALDÓS 3,50
II. SU ÚNICO HIJO. Novela 3,50
S. Y J. ÁLVAREZ QUINTERO
LA RIMA ETERNA 3,00
LA FLOR DE LA VIDA 3,00
PUEBLA DE LAS MUJERES 3,00
MALVALOCA 3,50
MUNDO, MUNDILLO 3,50
FORTUNATO 2,00
COMEDIAS ESCOGIDAS
I. LOS GALEOTES. EL PATIO. LAS FLORES 3,50
II. LA ZAGALA. PEPITA REYES. EL GENIO ALEGRE 3,50
III. LA DICHA AJENA. EL AMOR QUE PASA. LAS DE CAÍN 3,50
IV. LA MUSA LOCA. EL NIÑO PRODIGIO. AMORES Y AMORÍOS 3,50
V. Y último. LA CASA DE GARCÍA. DOÑA CLARINES. EL CENTENARIO 3,50
BALDOMERO ARGENTE
HENRY GEORGE. Su vida y su obra 3,50
ARNICHES y GARCÍA ÁLVAREZ
GENTE MENUDA 3,00
AZORÍN
EL POLÍTICO 3,00
PÍO BAROJA
NOVELAS
LA BUSCA 3,50
MALA HIERBA 3,50
AURORA ROJA 3,50
LA FERIA DE LOS DISCRETOS 3,50
PARADOX, REY 3,00
LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 3,00
LA DAMA ERRANTE 3,00
LA CIUDAD DE LA NIEBLA 3,00
LAS TRAGEDIAS GROTESCAS 3,00
CÉSAR Ó NADA 4,00
LAS INQUIETUDES DE SHANTI ANDÍA 3,50
EL ÁRBOL DE LA CIENCIA 3,50
EL MUNDO ES ANSÍ 3,50
EL APRENDIZ DE CONSPIRADOR 3,50
LA CASA DE AIZGORRI 1,00
JOAQUÍN BELDA
LA SUEGRA DE TARQUINO. Novela 3,50 SALDO DE ALMAS. Novela 3,50 MEMORIAS
DE UN SUICIDA. Novela 3,50 LA FARÁNDULA. Novela de cómicos 3,50 LA
PIARA. Novela política 3,50 ALCIBÍADES-CLUB. Novela 3,00
JACINTO BENAVENTE
_De la Real Academia Española._
OBRAS COMPLETAS
Á 3,50 PESETAS TOMO
CARTAS DE MUJERES.--FIGULINAS.--TEATRO FANTÁSTICO.--VILANOS.--DE
SOBREMESA.
TEATRO
I. EL NIDO AJENO. GENTE CONOCIDA. EL MARIDO DE LA TÉLLEZ. DE
ALIVIO.--II. DON JUAN. LA FARÁNDULA. LA COMIDA DE LAS FIERAS. TEATRO
FEMINISTA.--III. CUENTO DE AMOR. OPERACIÓN QUIRÚRGICA. DESPEDIDA
CRUEL. LA GATA DE ANGORA. VIAJE DE INSTRUCCIÓN. POR LA HERIDA.--IV.
MODAS. LO CURSI. SIN QUERER. SACRIFICIOS.--V. LA GOBERNADORA. EL PRIMO
ROMÁN.--VI. AMOR DE AMAR. ¡LIBERTAD!. EL TREN DE LOS MARIDOS.--VII.
ALMA TRIUNFANTE. EL AUTOMÓVIL. LA NOCHE DEL SÁBADO.--VIII. LOS
FAVORITOS. EL HOMBRECITO. MADEMOISELLE DE BELLE ISLE. POR QUÉ SE
AMA.--IX. AL NATURAL. LA CASA DE LA DICHA. EL DRAGÓN DE FUEGO.--X.
RICHELIEU. LA PRINCESA BEBÉ. NO FUMADORES.--XI. ROSAS DE OTOÑO. BUENA
BODA.--XII. EL SUSTO DE LA CONDESA. CUENTO INMORAL. LA SOBRESALIENTA.
LOS MALHECHORES DEL BIEN.--XIII. LAS CIGARRAS HORMIGAS. MÁS FUERTE
QUE EL AMOR.--XIV. MANÓN LESCAUT. LOS DUROS. ABUELA Y NIETA.--XV. LA
PRINCESA SIN CORAZÓN. EL AMOR ASUSTA. LA COPA ENCANTADA. LOS OJOS DE
LOS MUERTOS.--XVI. LA SONRISA DE GIOCONDA. LA HISTORIA DE OTELO. EL
ÚLTIMO MINUÉ. TODOS SOMOS UNOS. LOS INTERESES CREADOS.--XVII.
SEÑORA AMA. EL MARIDO DE SU VIUDA. LA FUERZA BRUTA.--XVIII. DE PEQUEÑAS
CAUSAS. HACIA LA VERDAD. POR LAS NUBES. DE CERCA. ¡Á VER QUE HACE UN
HOMBRE!--XIX. LA ESCUELA DE LAS PRINCESAS. LA SEÑORITA SE ABURRE. EL
PRÍNCIPE QUE TODO LO APRENDIÓ EN LOS LIBROS. GANARSE LA VIDA.
HENRY BERGSON
_Traducción de Carlos Malagarriga._
LA EVOLUCIÓN CREADORA. Dos tomos 7,00
EMILIO BOBADILLA (FRAY CANDIL)
NOVELAS EN GERMEN 2,00
VÓRTICE 3,00
GRAFÓMANOS DE AMÉRICA 3,00
SINTIÉNDOME VIVIR 3,00
VIAJANDO POR ESPAÑA 3,50
ADOLFO BONILLA Y J. PUJOL
_Bachiller Alonso de San Martín._
LA HOSTERÍA DE CANTILLANA. Novela. 3,50
MANUEL BUENO
TEATRO ESPAÑOL CONTEMPORÁNEO 3,50
CORAZÓN ADENTRO. Novela. 3,00
JAIME EL CONQUISTADOR. Novela. 3,50
ROSALÍA DE CASTRO
EN LAS ORILLAS DEL SAR 3,50
CANTARES GALLEGOS 3,50
FOLLAS NOVAS. Poesías gallegas 3,50
RICARDO J. CATARINEU
EL LIBRO DE LA PRENSA. Antología 3,50
MADRIGALES Y ELEGÍAS 3,50
CURROS ENRÍQUEZ
AIRES D'A MIÑA TERRA. O DIVINO SAINETE. Poesías gallegas. 3,00
EL MAESTRE DE SANTIAGO. EL PADRE FEIJÓO. Poesías escogidas. 3,00
CARTAS DEL NORTE. LA CONDESITA. Poseías escogidas. 3,00
RUBÉN DARÍO
EL CANTO ERRANTE. Poesías. 3,00
TODO AL VUELO 3,50
OBRAS ESCOGIDAS
I. ESTUDIO PRELIMINAR DE ANDRÉS GONZÁLEZ BLANCO 3,50
II. POESÍAS 3,50
III. PROSA 3,50
JOAQUÍN DICENTA
LOS BÁRBAROS. Novela. 3,50
GALERNA. Novelas. 1,00
CONCHA ESPINA
LA NIÑA DE LUZMELA. Novela. 3,50
DESPERTAR PARA MORIR. Novela. 3,50
AGUA DE NIEVE. Novela. 3,50
CARLOS FERNÁNDEZ SHAW
LA VIDA LOCA 4,00
POESÍA DE LA SIERRA 4,00
POESÍA DEL MAR 4,00
EL AMOR Y MIS AMORES 4,00
CANCIONERO INFANTIL 1,00
CANCIONES DE NOCHEBUENA 2,00
LA PATRIA GRANDE 3,00
EL ALMA EN PENA 3,50
ANATOLE FRANCE
OBRAS COMPLETAS
JOCASTA Ó EL GATO FLACO 3,50
BALTASAR 3,50
EL POZO DE SANTA CLARA 3,50
EL LIBRO DE MI AMIGO 3,50
EL CRIMEN DE UN ACADÉMICO 3,50
EL FIGÓN DE LA REINA PATOJA 3,50
OPINIONES DE JERÓNIMO COIGNARD 3,50
LA AZUCENA ROJA 3,50
EL OLMO DEL PASEO 3,50
EL MANIQUÍ DE MIMBRE 3,50
EL ANILLO DE AMATISTA 3,50
EL SEÑOR BERGERET EN PARÍS 3,50
HISTORIA CÓMICA 3,50
CHAINQUEBILLE 3,50
SOBRE LA PIEDRA INMACULADA 3,50
LA ISLA DE LOS PINGÜINOS 3,50
LA CAMISA 3,50
LOS DIOSES TIENEN SED 3,50
JOSÉ FRANCÉS
LA GUARIDA. Novela. 3,50
LA DÉBIL FORTALEZA. Novela. 3,50
GUIGNOL 3,50
F. GARCÍA SANCHIZ
NUEVO DESCUBRIMIENTO DE CANARIAS 3,00
ANDRÉS GONZÁLEZ BLANCO
MATILDE REY. Novela 3,50
EDMUNDO GONZÁLEZ BLANCO
LOS GRANDES FILÓSOFOS. STRAUSS Y SU TIEMPO 3,50
ALFONSO HERNÁNDEZ CATÁ
LA JUVENTUD DE AURELIO ZALDÍVAR. Novela 3,50
ANTONIO DE HOYOS
LA VEJEZ DE HELIOGÁBALO. Novela 3,50
ALBERTO INSÚA
NOVELAS
DON QUIJOTE EN LOS ALPES 3,00
LA MUJER FÁCIL 3,50
LAS NEURÓTICAS 3,50
LA MUJER DESCONOCIDA 3,50
EL DEMONIO DE LA VOLUPTUOSIDAD 3,50
LAS FLECHAS DEL AMOR 3,50
EL DESEO 3,50
EN TIERRA DE SANTOS 1,00
LA HORA TRÁGICA 1,00
WALDO A. INSÚA
LA BOCA DE LA ESFINGE 3,00
JUAN R. JIMÉNEZ
PASTORALES 3,50
LABERINTO 3,50
BALADAS DE PRIMAVERA 2,00
ELEGÍAS PURAS 2,00
ELEGÍAS INTERMEDIAS 2,00
ELEGÍAS LAMENTABLES 2,00
LA SOLEDAD SONORA 3,50
POEMAS MÁGICOS Y DOLIENTES 3,50
MELANCOLÍA 3,50
RICARDO LEÓN
_De la Real Academia Española._
OBRAS COMPLETAS
CASTA DE HIDALGOS. Novela 3,50
COMEDIA SENTIMENTAL. Novela 3,50
ALCALÁ DE LOS ZEGRÍES. Novela 3,50
LA ESCUELA DE LOS SOFISTAS 3,50
EL AMOR DE LOS AMORES. Novela 3,50
ALIVIO DE CAMINANTES. Poesías 3,50
LOS CENTAUROS. Novela 4,00
MANUEL LINARES RIVAS
LA RAZA 3,00
AIRES DE FUERA. EL ABOLENGO. MARÍA VICTORIA 3,50
RAFAEL LÓPEZ DE HARO
NOVELAS
SIRENA 3,50
ENTRE TODAS LAS MUJERES 3,50
POSEÍDA 3,50
EL PAÍS DE LOS MEDIANOS 3,50
LA IMPOSIBLE 1,00
DANIEL LÓPEZ ORENSE
EL CAMINO DE LA DICHA. Novela 3,50
JOSÉ LÓPEZ PINILLOS
DOÑA MESALINA. Novela 3,50
LAS ÁGUILAS (DE LA VIDA DEL TORERO). Novela 3,50
LA SANGRE DE CRISTO. Novela 3,00
LEOPOLDO LÓPEZ DE SÁA
CARNE DE RELIEVE. Novela 3,50
JOSÉ LÓPEZ SILVA
LA MUSA DEL ARROYO. Diálogos en verso 3,50
LÓPEZ SILVA Y FERNÁNDEZ SHAW
SAINETES MADRILEÑOS: LA REVOLTOSA. LA CHAVALA. LAS BRAVÍAS.
LOS BUENOS MOZOS 3,50
ANTONIO MACHADO
CAMPOS DE CASTILLA. Poesías 3,50
MANUEL MACHADO
APOLO. Poesías con fototipias de obras maestras
de los mejores pintores 3,50
EL MAL POEMA. Poesías 3,00
EDUARDO MARQUINA
OBRAS COMPLETAS
LAS HIJAS DEL CID. Premiada por la Real Academia Española 3,50
DOÑA MARÍA LA BRAVA 3,50
EN FLANDES SE HA PUESTO EL SOL. Premiada por la Real Academia
Española 3,50
LA ALCAIDESA DE PASTRANA 2,50
EL REY TROVADOR 3,50
POR LOS PECADOS DEL REY 3,50
TIERRAS DE ESPAÑA 3,50
VENDIMIÓN 3,50
ELEGÍAS 1,00
G. MARTÍNEZ SIERRA
EL POEMA DEL TRABAJO. DIÁLOGOS FANTÁSTICOS.
FLORES DE ESCARCHA 3,50
SOL DE LA TARDE. Novelas 3,50
LA VIDA INQUIETA. Glosario espiritual 3,50
EL AGUA DORMIDA. Novelas 3,50
LA CASA DE LA PRIMAVERA. Poesías 3,50
TEATRO
TEATRO DE ENSUEÑO 3,50
LA SOMBRA DEL PADRE. EL AMA DE LA CASA. HECHIZO DE AMOR 3,50
CANCIÓN DE CUNA. LIRIO ENTRE ESPINAS. EL IDEAL 3,50
PRIMAVERA EN OTOÑO 3,50
EL POBRECITO JUAN 1,50
MAMÁ. EL ENAMORADO 3,50
MADAME PEPITA 3,50
ENRIQUE DE MESA
FLOR PAGANA 3,00
ANDANZAS SERRANAS 1,50
AMADO NERVO
SERENIDAD. Poesías 3,50
CONDESA DE PARDO BAZÁN
OBRAS COMPLETAS