--¡Déjeme usted a mí de probabilidades ni de latines!--tronó el pobre

discípulo de Marte.--¡Yo sé lo que me digo![305] ¡Lo que aquí pasa,

hablando mal y pronto, es que no puedo casarme con usted, ni vivir de

otro modo en su compañía, ni abandonarla a su triste suerte!... Pero

créame usted, Angustias: ni usted es una extraña para mí, ni yo lo soy

para usted..., ¡y el día que yo supiera que usted ganaba ese jornal que

dice; que usted servía en una casa ajena; que usted trabajaba con sus

manecitas de nácar..., que usted tenía hambre..., o frío, o... (¡Jesús!

¡No quiero pensarlo!), le pegaba fuego a Madrid, o me saltaba la tapa de

los sesos!--Transija usted, pues; y, ya que no acepte el que vivamos

juntos como dos hermanos[306] (porque el mundo lo mancha todo con sus

ruines pensamientos), consienta que le señale una pensión anual, como la

señalan los Reyes o los ricos a las personas dignas de protección y

ayuda...

--Es que usted, señor don Jorge, no tiene nada de rico ni de Rey.

--¡Bueno! Pero usted es para mí una reina, y debo y quiero pagarle el

tributo voluntario con que suelen sostener los buenos súbditos a los

reyes proscritos...

--Basta de reyes y de reinas, mi Capitán...--prosiguió Angustias con el

triste reposo de la desesperación.--Usted no es, ni puede ser para mi

otra cosa que un excelente amigo de los buenos tiempos, a quien siempre

recordaré con gusto. Digámonos adiós, y déjeme siquiera la dignidad en

la desgracia.

--¡Eso es! ¡Y yo, entretanto, me bañaré en agua de rosas,[307] con la

idea de que la mujer que me salvó la vida, exponiendo la suya, está

pasando las de Caín! ¡Yo tendré la satisfacción de pensar en que la

única hija de Eva de quien he gustado, a quien he querido, a quien...

adoro con toda mi alma, carece de lo más necesario, trabaja para

alimentarse malamente, vive en una guardilla, y no recibe de mí ningún

socorro, ningún consuelo!...

--¡Señor Capitán!--interrumpió Angustias solemnemente.--Los hombres que

no pueden casarse, y que tienen la nobleza de reconocerlo y de

proclamarlo, no deben hablar de adoración a las señoritas honradas.

Conque lo dicho: mande usted por un carruaje, despidámonos como

personas decentes, y ya sabrá usted de mí cuando me trate mejor la

fortuna.

--¡Ay, Dios mío de mi alma! ¡Qué mujer ésta!--clamó el Capitán,

tapándose el rostro con las manos.--¡Bien me lo temí todo desde que le

eché la vista encima! ¡Por algo[308] dejé de jugar al tute con ella!

¡Por algo he pasado tantas noches sin dormir!--¿Hase visto apuro

semejante al mío? ¿Cómo la dejo desamparada y sola, si la quiero más que

a mi vida? ¿Ni[309] cómo me caso con ella, después de tanto como he

declamado contra el matrimonio? ¿Qué dirían de mí en el Casino? ¿Qué

dirían los que me encontrasen en la calle con una mujer de bracete, o en

casa, dándole la papilla a un rorro?[310]--¡Niños a mí! ¡Yo bregar con

muñecos! ¡Yo oírlos llorar! ¡Yo temer a todas horas que estén malos, que

se mueran, que se los lleve el aire!--Angustias... ¡créame usted por

Jesucristo[311] vivo! ¡Yo no he nacido para esas cosas!--¡Viviría tan

desesperado, que, por no verme y oírme, pediría usted a voces el

divorcio o quedarse viuda!...--¡Ah! ¡Tome usted mi consejo! ¡No se case

conmigo, aunque yo quiera!

--Pero, hombre...--expuso la joven, retrepándose en su butaca con

admirable serenidad. ¡Usted se lo dice todo!--¿De dónde saca usted que

yo deseo que nos casemos; que yo aceptaría su mano; que yo no prefiero

vivir sola, aunque para ello tenga que trabajar día y noche, como

trabajan otras muchas huérfanas?

--¿Que de dónde lo saco?--respondió el Capitán con la mayor ingenuidad

del mundo.--¡De la naturaleza de las cosas! ¡De que los dos nos

queremos! ¡De que los dos nos necesitamos! ¡De que no hay otro arreglo

para que un hombre como yo y una mujer como usted vivan juntos!--¿Cree

usted que yo no lo conozco; que no lo había pensado ya; que a mí me son

indiferentes su honra y su nombre?--Pero he hablado por hablar, por huir

de mi propia convicción, por ver si escapaba al terrible dilema que me

quita el sueño, y hallaba un modo de no casarme con usted..., como al

cabo tendré que casarme, si se empeña en quedarse sola...

--¡Sola! ¡Sola!...--repitió donosamente Angustias.--Y ¿por qué no _mejor

acompañada_? ¿Quién le dice a usted que no encontraré yo con el tiempo

un hombre de mi gusto, que no tenga horror al matrimonio?

--¡Angustias! ¡Doblemos esa hoja!--gritó el Capitán, poniéndose de color

de azufre.

--¿Por qué doblarla?

--¡Doblémosla, digo!...; y sepa usted desde ahora, que me comeré el

corazón del temerario que la pretenda... Pero hago muy mal en

incomodarme sin fundamento alguno... ¡No soy tan tonto que ignore lo que

nos sucede!... ¿Quiere usted saberlo? Pues es muy sencillo. ¡Los dos nos

queremos!... Y no me diga usted que me equivoco, ¡porque eso sería

faltar a la verdad! Y allá va la prueba. ¡Si usted no me quisiera a mí,

no la querría yo a usted!... ¡Lo que yo hago es _pagar_! ¡Y le debo a

usted tanto!... ¡Usted, después de haberme salvado la vida, me ha

asistido como una Hermana de la Caridad; usted ha sufrido con paciencia

todas las barbaridades que, por librarme de su poder seductor, le he

dicho durante cincuenta días; usted ha llorado en mis brazos cuando se

murió su madre; usted me está aguantando hace una hora!... En fin...

¡Angustias!... Transijamos... Partamos la diferencia... ¡Diez años de

plazo le pido a usted! Cuando yo cumpla el medio siglo, y sea ya otro

hombre, enfermo, viejo y acostumbrado a la idea de la esclavitud, nos

casaremos sin que nadie se entere, y nos iremos fuera de Madrid, al

campo, donde no haya público, donde nadie pueda burlarse del antiguo

_Capitán Veneno_... Pero, entretanto, acepte usted, con la mayor

reserva, sin que lo sepa alma viviente, la mitad de mis recursos...

Usted vivirá aquí, y yo en mi casa. Nos veremos... siempre delante de

testigos: por ejemplo, en alguna tertulia formal. Todos los días nos

escribiremos. Yo no pasaré jamás por esta calle, para que la

maledicencia no murmure..., y, únicamente el día de Finados, iremos

juntos al cementerio, con Rosa, a visitar a doña Teresa...

Angustias no pudo menos de sonreírse al oír este supremo discurso del

buen Capitán. Y no era burlona aquella sonrisa, sino gozosa, como un

deseado albor de esperanza, como el primer reflejo del tardío astro de

la felicidad, que ya iba acercándose a su horizonte... Pero, mujer al

cabo, aunque tan digna y sincera como la que más, supo reprimir su

naciente alegría, y dijo con simulada desconfianza y con la entereza

propia de un recato verdaderamente pudoroso:

--¡Hay que reírse de las extravagantes condiciones que pone usted a la

concesión de su no solicitado anillo de boda!--¡Es usted cruel en

regatear al menesteroso limosnas que tiene la altivez de no pedir, y

que por nada de este mundo aceptaría! Pues añada usted que, en la

presente ocasión, se trata de una joven..., no fea ni desvergonzada, a

quien está usted dando calabazas[312] hace una hora, como si ella le

hubiese requerido de amores.--Terminemos, por consiguiente, tan odiosa

conversación, no sin que antes lo perdone yo a usted y hasta le dé las

gracias por su buena, aunque mal expresada voluntad... ¿Llamo ya a Rosa

para que vaya por el coche?

--¡Todavía no, cabeza de hierro! ¡Todavía no!--respondió el Capitán,

levantándose con aire muy reflexivo, como si estuviese buscando forma a

un pensamiento abstruso y delicado.--Ocúrreseme otro medio de

transacción, que será el último...; ¿entiende usted, señora aragonesa?

¡El último que este otro aragonés se permitirá indicarle!...--Mas, para

ello, necesito que antes me responda usted con lealtad a una

pregunta..., después de haberme alargado las muletas, a fin de

marcharme[313] sin hablar más palabra, en el caso de que se niegue usted

a lo que pienso proponerle...

[Illustration: Éste la atajó en mitad de su camino, gracias a la más

larga de sus muletas]

--Pregunte usted y proponga...--dijo Angustias, alargándole las muletas

con indescriptible donaire.

Don Jorge se apoyó, o, mejor dicho, se irguió sobre ellas, y, clavando

en la joven una mirada pesquisidora, rígida, imponente, la interrogó con

voz de magistrado:

--¿Le gusto a usted? ¿Le parezco aceptable, presciendiendo de estos

palitroques, que tiraré muy pronto? ¿Tenemos base sobre que tratar? ¿Se

casaría usted conmigo inmediatamente, si yo me resolviera a pedirle su

mano, bajo la anunciada condición, que diré luego?

Angustias conoció que se jugaba el todo[314] por el todo... Pero, aun

así, púsose también de pie, y dijo con su nunca desmentido valor:

--Señor don Jorge: esa pregunta es una indignidad, y ningún caballero la

hace a las que considera señoras. ¡Basta ya de ridiculeces!... ¡Rosa!

¡Rosa! El señor de Córdoba te llama...

Y, hablando así, la magnánima joven se encaminó hacia la puerta

principal de la habitación, después de hacer una fría reverencia al

endiablado Capitán.

Éste la atajó en mitad de su camino, gracias a la más larga de sus

muletas, que extendió horizontalmente hasta la pared, como un gladiador

que se va a fondo, y entonces exclamó con humildad inusitada:

--¡No se marche usted, por la memoria de aquella que nos ve desde el

cielo! ¡Me resigno a que no conteste usted a mi pregunta, y paso a

proponerle la transacción!... ¡Estará escrito que no se haga más que lo

que usted quiera! Pero tú, Rosita, ¡márchate con cinco mil demonios, que

ninguna falta nos haces[315] aquí!

Angustias que pugnaba por apartar la valla interpuesta a su paso, se

detuvo al oír la sentida invocación del Capitán, y mirole fijamente a

los ojos, sin volver hacia él más que la cabeza y con un indefinible

aire de imperio, de seducción y de impasibilidad.--¡Nunca la había visto

D. Jorge tan hermosa ni tan expresiva! ¡Entonces sí que parecía una

reina!

--Angustias...--continuó diciendo, o más bien tartamudeando aquel héroe

de cien combates, de quien tanto se prendó[316] la joven madrileña al

verlo revolverse como un león entre cientos de balas.--¡Bajo una

condición precisa, inmutable, cardinal, tengo el honor de pedirle su

mano, para que nos casemos cuando usted diga; mañana..., hoy..., en

cuanto arreglemos los papeles..., lo más pronto posible; pues yo no

puedo vivir ya sin usted!...

La joven dulcificó su mirada, y comenzó a pagar a D. Jorge aquel

verdadero heroísmo con una sonrisa tierna y deliciosa.

--¡Pero repito que es bajo una condición!...--se apresuró a añadir el

pobre hombre, conociendo que la mirada y la sonrisa de Angustias

empezaba a trastornarlo y derretirlo.

--¿Bajo qué condición?--preguntó la joven con hechicera calma,

volviéndose del todo hacia él, y fascinándole con los torrentes de luz

de sus negros ojos.

--¡Bajo la condición--balbuceó el catecúmeno--de que si tenemos hijos...

los echaremos a la Inclusa! ¡Oh! ¡Lo que es en esto no cederé jamás!

¿Acepta usted?[317] ¡Dígame que sí, por María Santísima!

--Pues ¿no he de aceptar, señor _Capitán Veneno_?--respondió Angustias

soltando la carcajada.--¡Usted mismo irá a echarlos!... ¿Qué digo?...

¡Iremos los dos juntos! ¡Y los echaremos sin besarlos ni nada!

¡Jorge!... ¿Crees tú que los echaremos?[318]

Tal dijo Angustias, mirando a D. Jorge de Córdoba con angelical

arrobamiento.

El pobre Capitán se sintió morir de ventura;[319] un río de lágrimas

brotó de sus ojos, y exclamó estrechando entre sus brazos a la gallarda

huérfana:

--¡Conque estoy perdido!

--¡Completísimamente perdido, señor _Capitán Veneno_!--replicó

Angustias.--Así, pues, vamos a almorzar; luego jugaremos al tute; y, a

la tarde, cuando venga el Marqués, le preguntaremos si quiere ser

padrino de nuestra boda, cosa que el buen señor está deseando, en mi

concepto, desde la primera vez que nos vio juntos.

III

ETIAMSI OMNES[320]

Una mañana del mes de Mayo de 1852, es decir, cuatro años después de la

escena que acabamos de reseñar, cierto amigo nuestro (el mismo que nos

ha referido la presente historia) paró su caballo a la puerta de una

antigua casa con honores de palacio, situada en la Carrera de San

Francisco de la villa y corte; entregó las bridas al lacayo que lo

acompañaba, y preguntó al levitón[321] animado que le salió al encuentro

en el portal:

--¿Está en su oficina D. Jorge de Córdoba?

[Illustration: ¡Arre, mula!]

--El caballero--dijo en asturiano la interrogada pieza de

paño--pregunta, a lo que imagino, por el excelentísimo señor Marqués de

los Tomillares...

--¿Cómo así? ¿Mi querido Jorge es ya Marqués?--replicó el apeado

jinete.--¿Murió al fin el bueno de don Álvaro? ¡No extrañe usted que lo

ignorase, pues anoche llegué a Madrid, después de año y medio de

ausencia!...

--El señor marqués don Álvaro--dijo solemnemente el servidor,

quitándose[322] la galoneada tartera que llevaba por gorra--falleció

hace ocho meses, dejando por único y universal heredero a su señor primo

y antiguo Contador de esta casa, don Jorge de Córdoba, actual Marqués de

los Tomillares...

--Pues bien: hágame usted el favor de avisar que le pasen recado de que

aquí está su amigo T...

--Suba el caballero... En la biblioteca lo encontrará. Su Excelencia no

gusta de que le anunciemos las visitas, sino de que dejemos entrar a

todo el mundo como a Pedro[323] por su casa.

--Afortunadamente...--exclamó para sí el visitante, subiendo la

escalera--yo me sé de memoria la casa, aunque no me llamo Pedro...

¡Conque en la biblioteca!..., ¿eh? ¡Quién había de decir que el _Capitán

Veneno_[324] se metiese a sabio!

Recorrido que hubo aquella persona varias habitaciones, encontrando al

paso a nuevos sirvientes que se limitaban a repetirle: _El señor está en

la biblioteca..._, llegó al fin a la historiada puerta de tal aposento,

la abrió de pronto, y quedó estupefacto al ver el grupo que se ofreció

ante su vista.

En medio de la estancia hallábase un hombre puesto a cuatro pies sobre

la alfombra: encima de él estaba montado un niño como de tres años,

espoleándole con los talones, y otro niño como de año y medio, colocado

delante de su despeinada cabeza, le tiraba de la corbata, como de un

ronzal, diciéndole borrosamente:

--¡Arre, mula!

QUESTIONS FOR CONVERSATION

EXERCISE 1

=I. i. Un poco de historia política=

1. ¿Qué heridas son aquéllas?

2. ¿Cómo se leen los guarismos que están al principio?

3. ¿De quiénes habla primero nuestro autor?

4. ¿De cuántos reyes se trata en el primer párrafo?

=I. ii. Nuestra heroína=

5. ¿Dónde vivía la heroína?

6. ¿Qué familia o parentela parece que tenía?

7. ¿Quién tenía miedo?

8. ¿Qué dice el autor del miedo de la madre?

9. ¿Habla sin perjuicio en lo que hace a la criada?

10. ¿Qué quiere decir la frase: _había salido en todo a su padre_?

11. ¡Estudie usted las palabras _viuda_, _soltera_ y _guipuzcoana_ y

fije la significación de cada una!

12. ¡Señáleme en la página algunas cosas festivas, por el estilo de los

diarios!

13. ¿Qué puede usted contar del Preste Juan de las Indias? ¡Vaya de

cuento!

14. ¿Cómo entender la frase: _pagada de sí misma_?

15. ¿Qué puede esperarse de una joven tan notable por su belleza?

EXERCISE 2

=I. iii. Nuestro héroe=

1. ¿Quiénes son los republicanos?

2. ¿A quién parece adicta la tropa?

3. ¿En este capítulo deja a salvo el autor a la pobre gallega?

4. ¿De dónde venían las balas que daban en la reja?

5. ¿Cuál de las tres mujeres sentía más terror?

6. ¿Cómo se llama el natural de Madrid? ¿de Galicia?

7. ¿Qué estaba haciendo la joven de vez en cuando?

8. ¿Al mismo tiempo, qué hacía la gallega?

9. ¿Cuáles eran los consejos y las órdenes de la madre?

10. ¿Por qué se escondieron las mujeres?

11. ¿Quién hace aquí el papel que hizo Rebecca en _Ivanhoe_?

12. ¿Dónde iba a parar la victoria?

13. Dígame cómo se vestía el que estaba a la cabeza de los soldados.

14. ¿Era más interesante el hombre o la causa?

15. ¿Qué aconteció mientras miraba la joven?

EXERCISE 3

=I. iv. El pellejo propio y el ajeno=

1. El capitán está sobre la cama de la viuda: ¿Cómo vino a estar allí?

2. ¿Sabemos ya los nombres de las cuatro personas?

3. ¿En qué estado se halla el herido?

4. ¿Cuántas son las heridas que tiene?

5. ¿Dónde dice la joven que vive el médico?

6. ¿Por qué no va la criada a llamarle?

7. ¡Dígame usted los argumentos de la madre!

8. ¿Qué piensa entre tanto la hija?

9. ¿Por qué no ha dejado de asomarse a la ventana?

10. Los tiros que se oían todavía, ¿de dónde venían?

11. ¿Cuál es más imperiosa, la señora o la hija?

12. ¿Nos estraña que vaya la joven? ¿Por qué?

13. ¿No puede desangrarse el capitán en la cama como en medio de la

calle?

14. ¿Cedió al fin la madre rendida?

15. ¿Cómo podía decir la hija _no iré_ y al mismo tiempo irse?

EXERCISE 4

=I. v. Trabucazo=

1. ¿Es verdad que no había ya peligro al atravesar la calle?

2. ¿Por qué lanzó un grito la pobre viuda al asomarse a la reja?

3. ¡Comente usted la frase _no diéronle_!

4. ¿Qué vieron la viuda y su criada desde la reja?

5. Alzádose que hubo la señora, ¿qué hizo?

6. ¿Dónde se encontraron madre e hija?

7. ¿Quién iba siguiendo a la señorita?

8. Hay varias palabras en el español para _buhardilla_: ¿sabe usted

otra?

9. Tentando la ropa de Angustias, ¿qué halló Rosa?

10. ¿Cuál es la exclamación de la gallega al mirar con cuidado las

faldas de la joven?

11. ¡Explíquenos usted la palabra _ilesa_!

12. ¿Dónde estaba el médico?

13. ¿Cómo iba de salud la madre?

14. ¿Da muestras Rosa de sentir lo que se ha hecho?

15. Y el capitán tan malparado, ¿qué está haciendo?

EXERCISE 5

=I. vi. Diagnóstico y pronóstico=

1. ¿Qué es una _reputación envidiable_?

2. ¿Qué tendría que hacer primero aquel doctor?

3. Por los indicios, ¿qué puede predecirse?

4. _Ruptura_, _fractura_, _rotura_: ¿Por qué se sirve un escritor de

tantas palabras idénticas?

5. Hamlet dice: "No existe en toda Dinamarca un infame que no sea un

gran malvado."[325] Es una perogrullada. ¿Por qué?

6. ¿Cómo llama el facultativo aquel sueño pesado que está padeciendo el

capitán?

7. ¿Qué encuentra ser la causa del estado del malparado?

8. ¿Cómo explica el sitio de la lesión?

9. Por lo que hace al morir o no morir el herido, ¿qué dice el doctor

Sánchez?

10. ¡Hágase una oración que contenga la forma _moriría_!

11. ¡Hágase otra con _morirá_!

12. ¿Qué recomendó con pesadez?

13. "A fuer de buen cristiano": ¿Qué quiere decir?

14. ¿A qué hora se fue a casa el doctor?

15. ¿Han venido vecinos para ver al enfermo, o quedó la familia a solas?

EXERCISE 6

=I. viii. Inconvenientes de la "Guía de Forasteros"=

1. ¿A qué hora abrió los ojos el capitán?

2. Entonces, ¿cuánto tiempo había durado el amodorramiento?

3. ¿En qué cosa fija la mirada al volver en sí?

4. ¿Qué barruntamos por las primeras palabras?

5. ¿Por qué se enoja la viuda, según parece?

6. ¿Qué señal hace la joven?

7. ¿Por qué no conversaron más?

8. ¿Qué hizo luego el capitán?

9. "Por su alma," dice la madre: ¿Por el alma de quién reza la buena

mujer?

10. ¿Cómo manifiesta tener buena memoria el capitán?

11. ¿Por cuáles dichos podemos prever el carácter de Angustias?

12. El capitán la miró fijamente: ¿Qué supone usted por eso?

13. ¿Por qué dice, "Yo no deliro nunca"?

14. ¿Cómo se manifiesta que está muy débil el herido?

15. Al fin se alarmó la viuda, y ¿por qué?

EXERCISE 7

=I. ix. Más inconvenientes de la "Guía de Forasteros"=

1. ¿De qué hablan madre e hija?

2. ¿No las oye el capitán?

3. ¿Cómo sabemos de los recursos de la familia?

4. ¿Cuál categoría es aquella?

5. ¿Qué valen, al parecer, las joyas que tienen?

6. ¿Con cuánto tiempo de enfermedad cuenta la madre?

7. ¿Qué indicios nos permiten vislumbrar por primera vez las esperanzas

de la viuda?

8. Al incorporarse el capitán, ¿cómo habla?

9. ¡Explíquese por qué la viuda se irrita!

10. ¿Qué dice la joven para sosegar la cólera de los dos?

11. ¿Piensa en sus heridas y las siente el capitán?

12. ¿A quiénes llama "pícaros"?

13. Después de diez horas de amodorramiento, ¿tendrá fuerzas todavía el

desgraciado?

14. ¿De cuántos juramentos se sirve _al hablar_ con la señora?

15. ¿Por qué no quiere quedarse en una casa ajena?

EXERCISE 8

=I. x. El capitán se define a sí propio=

1. ¿Cómo pretende mostrar el furioso que no tiene la cabeza débil?

2. ¿Habla mucho de sus heridas?

3. ¿Cree usted que la señora le perdonará nunca su rudeza?

4. Hablando de blandura, suavidades, zalamerías y melindres, ¿qué dice

luego el capitán?

5. ¿Se podría llamarle amigo de paz al capitán?

6. ¿Con qué indicio nos da a entender su edad aproximadamente?

7. Ahora dice la señora "Jesús", y antes no perdonó el "diablos" del

capitán: ¿Cómo así?

8. ¿Cómo explicar por qué se sonreía Angustias?

9. ¿Qué siente más el capitán?

10. ¿Qué dice que sentiría?

11. ¿Qué es lo incierto que cree?

12. ¿A quién amenaza?

13. ¿De qué manera vino el enfermo a saber lo de su entrada?

14. ¿Cuándo interrumpió la gallega?

15. ¿Por qué se amostazó el paciente otra vez?

EXERCISE 9

=II. i. La segunda cura=

1. ¿Cuál es la fecha del día siguiente?

2. ¿Se ha acabado la refriega de la calle?

3. ¿Cuánto tiempo duró la paz?

4. ¿Le conviene ya al herido la morada?

5. ¿Para qué viene el doctor hoy?

6. ¿Por qué se muestra callado el paciente?

7. ¿Ha dejado de "votar, referir y argüir"?

8. ¿Cómo debe contestar a los "buenos días" de las señoras?

9. ¿Quién es aquel primo de que habla?

10. ¡Dígame los nombres de las personas ya conocidas de esta historia!

11. Angustias habla de la _portera_: ¿Está hablando de Rosa?

12. ¿Para qué quiere el capitán que venga su primo?

13. ¿Qué hace la madre para dar a entender que no le gusta el enfermo? y

¿logra ella lo que pretende?

14. ¡Fórmense otros tres derivados por el estilo de _bal-azo_!

EXERCISE 10

=II. ii. Iris de paz=

1. ¡Describa usted al señor D. Álvaro de Córdoba: su cara, vestir, edad,

modales!

2. ¿Qué es lo primero que hace D. Álvaro?

3. ¿Cómo debe de parecer ahora el capitán?

4. ¿Qué hubiera dicho primero cualquier otro al llegar a la alcoba?

5. ¿Qué hace el marqués antes de saludar al capitán?

6. De la persona más humilde como de la más alta se burla el autor: ¿Por

qué?

7. ¿Quién le entera al personaje de los detalles?

8. ¿Quién le dio más informes?

9. ¿Cuál es su actitud en cuanto al pariente enfermo?

10. ¿Conseguirá lo apetecido D. Jorge, e irá a su casa?

11. ¿Qué dice el doctor Sánchez? ¿En qué insiste?

12. ¿Cómo se figura usted a D. Jorge entretanto?

13. ¿Habla Angustias con el marqués?

14. ¿Cree usted que la ha mirado fijamente?

15. ¿Qué esperanza tendrá D. Jorge?

EXERCISE 11

=II. iii. Poder de la elocuencia=

1. ¿Quiénes son los "señores" a los que habla su excelencia?

2. ¿No ve usted en los primeros renglones tres palabras largas muy

semejantes al inglés? ¿Cuáles son?

3. ¡Háganse otras seis formas como _acontecimiento_!

4. Don Jorge interrumpe: ¿Por qué?

5. En el párrafo "A ti nunca" hay otro "señores": ¿Quiénes son éstos

ahora?

6. ¿Supone usted que es costumbre arraigada del capitán el silbar el

himno de Riego?

7. ¿Qué es lo bueno que halla Don Álvaro en lo ocurrido?

8. ¿Cómo entender la expresión de _echar su cuarto a espadas_?

9. ¿Qué índole admirable se manifiesta desde luego en el marqués?

10. ¿Qué dice sobre _libros de caballerías_?

11. ¿Qué muestras de aprecio y de urbanidad para con las mujeres da el

noble señor?

12. ¿Cuánto tiempo hacía que conocía al médico?

13. ¿Qué razón había para que la cocinera se echase a llorar?

14. Ahora les dice el marqués "señores y señoras" a sus oyentes: ¿Por

qué?

15. ¿Por qué habla el orador de "resabios de colegio"?

EXERCISE 12

=II. iv. Preámbulos indispensables=

1. ¿Quién se retiró primero?

2. ¿Ha merecido elogios a nuestro autor?

3. ¿Se había portado el doctor con arreglo a su profesión?

4. Y el senador elocuente, ¿qué quiere ahora?

5. ¿Por qué no habló delante de todos?

6. ¿A dónde le condujo la señora?

7. ¿Será por humorada que nos dice el autor _en sendas butacas_?

8. ¿Cómo se llama un hombre de sesenta años? ¡Fórmense otras dos

palabras por el estilo!

9. ¿Qué pidió a la viuda antes de hacer otro discurso?

10. ¿Cuál era en realidad su propósito al pedirle agua?

11. ¿Qué títulos le interesan?

12. ¿Consiguió el marqués lo que deseaba?

13. ¿A la viuda le asistían razones para no decirlo?

14. ¿Cuándo comenzó ella a abanicarse?

15. ¿Qué hizo entonces el marqués?

EXERCISE 13

=II. v. Historia del capitán=

1. ¿De qué cosas hablará el marqués?

2. ¿Qué mala fortuna menciona?

3. ¿No le llama "demonio" al amado primo?

4. ¿Cómo dice que podrá uno aguantar al capitán?

5. ¿Qué quiere decir _un quítame allá esas pajas_?

6. ¿Qué dice del modo que se porta Don Jorge con el bello sexo?

7. ¡Explíquese la expresión _como no sea_!

8. De lo dañoso que es el capitán, ¿qué dice el marqués?

9. ¿Cómo nos inspira lástima la vida del capitán?

10. ¿Por qué es difícil vivir con Don Jorge?

11. _Si lo desease, habitaría en mi casa_: ¡Hágase otra oración de la

misma forma!

12. ¿Qué nos dice en cuanto a la madre de Jorge?

13. ¿Cómo murió el hermano del marqués?

14. ¿Se ha matado antes o después de morirse la esposa?

15. ¿A qué edad le apuntó el bozo?

EXERCISE 14

=II. vi. La viuda del cabecilla=

1. ¿Cómo cambia el discurso ahora?

2. ¿Quién sigue hablando?

El Capitán Veneno The Hispanic Series · 第 5 / 14 段