EL REINO DE DIOS CONCEBIDO COMO EL ADVENIMIENTO DE LOS POBRES

Esas máximas, buenas en un país donde los elementos de la vida se

componian de aire y de luz, y ese dulce comunismo de un grupo de hijos

de Dios, que descansaban confiados en el seno de su padre, podian

convenir á una secta inocente que abrigaba á cada momento la persuasion

de que su utopia iba á realizarse; pero claro es que no podian

arrastrar en pos de sí á la sociedad entera. Muy pronto comprendió

Jesús que al mundo oficial de su época no satisfaria la perspectiva

de su reino. Mas tomó una resolucion atrevida, cual fué dirigirse á

los humildes, prescindiendo de todo aquel mundo de corazon seco y de

mezquinas preocupaciones. Una vasta sustitucion de raza tendrá lugar.

El reino de Dios se ha hecho: 1.º, para los niños y para aquellos que

se les asemejan; 2.º, para los desechados del mundo, víctimas del rigor

social que rechaza al hombre bueno cuando es humilde; 3.º, para los

heréticos y cismáticos, publicanos, samaritanos y paganos de Tiro y de

Sidon. Una parábola enérgica explicaba y legitimaba ese llamamiento

al pueblo[456]: «Un rey dispuso un gran banquete para celebrar las

bodas de su hijo, y envió á sus servidores á llamar á los convidados.

Mas éstos se excusaron, y áun algunos maltrataron á los mensajeros.

Irritado entónces el Rey, dijo á sus criados: Salid luégo á las plazas

y barrios de la ciudad, y traedme acá cuantos pobres, y lisiados,

y ciegos y cojos halláreis, á fin de que se llene mi casa. Pues os

prometo que ninguno de los que ántes fueron convidados probará mi

banquete.»

El _ebionismo_ puro, es decir, la doctrina de que solamente los

pobres (_ebionim_) serán salvados, de que el reinado de los pobres

va á llegar, fué, pues, la doctrina de Jesús. «¡Ay de vosotros los

ricos!--decia,--porque ya teneis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros los

que andais hartos! porque sufriréis hambre. ¡Ay de vosotros los que

ahora reis! porque os lamentaréis y lloraréis»[457]. Y añadia: «Tú,

cuando des una comida, no convides á tus amigos, ni á tus hermanos, ni

á los parientes ó vecinos ricos; no sea que tambien ellos te inviten

á tí, y te sirva esto de recompensa; sino que cuando hagas un convite

has de convidar á los pobres, y á los tullidos, y á los cojos, y á los

ciegos, y serás afortunado, porque no pueden pagártelo, pues serás

recompensado en la resurreccion de los justos»[458]. Quizás en un

sentido análogo repetia con frecuencia estas palabras: «Sed buenos

banqueros»[459], esto es: «Haced buenas imposiciones para el reino

de Dios, dando vuestros bienes á los pobres, conforme al antiguo

proverbio: compadecerse del pobre es dar prestado á Dios»[460].

Bien mirado, esa doctrina no era completamente nueva. Un movimiento

democrático, el más exaltado que recuerda la historia (y el único

tambien que haya tenido éxito, porque sólo él ha permanecido en el

dominio de la idea pura), agitaba á la raza judáica desde hacia

mucho tiempo. En cada página de los escritos del Antiguo Testamento

se encuentra la idea de que Dios es el vengador del pobre y del

débil contra el rico y el poderoso. No hay sino abrir la historia

de Israel para ver en ella, más que en ninguna otra, al espíritu

popular dominando constantemente. Los profetas, verdaderos tribunos

(y tribunos de extraordinaria audacia, bajo cierto punto de vista),

habian anatematizado siempre á los grandes y establecido estrecha

relacion entre las palabras «rico», «impío», «violento», «malvado», de

una parte, y «pobre», «manso», «humilde», «piadoso», de la otra[461].

La asociacion de tales ideas se robusteció considerablemente bajo

los Seleúcidas, en cuya época apostataron y abrazaron el helenismo

casi todos los aristócratas. El libro de Henoch contiene maldiciones

contra el mundo, los ricos y los poderosos, mucho más violentas que

las del Evangelio[462]. El lujo se considera en él como un crímen.

En ese original apocalípsis, el «Hijo del hombre» destrona los

reyes, los arranca de su voluptuosa existencia y los precipita en el

infierno[463]. La iniciacion de la Judea en los refinamientos de la

vida profana, y la reciente introduccion de un elemento de lujo y

bienestar mundanos, provocaban una furibunda reaccion en favor de la

sencillez patriarcal. «¡Ay de vosotros, los que despreciais la choza

y la heredad de vuestros padres! ¡Ay de vosotros los que construis

vuestros palacios con el sudor de los demás! Cada una de las piedras,

cada uno de los ladrillos que los componen es un pecado»[464]. El

nombre de «pobre» (_ebion_) habia llegado á ser sinónimo de «santo» y

de «amigo de Dios.» Ése era el nombre que los discípulos galileos de

Jesús se daban de preferencia; ése fué tambien durante mucho tiempo

el nombre de los cristianos judaizantes de la Batanea y del Hauran

(Nazarenos, Hebreos) que permanecieron fieles á la lengua y enseñanza

primitivas de Jesús y que se enorgullecian de poseer entre ellos á los

descendientes de su familia[465]. Aquellos pobres sectarios, ajenos al

gran movimiento que arrastró á las otras iglesias, fueron en el siglo

segundo calificados de heréticos (_ebionitas_), y hasta se inventó, á

fin de explicar su nombre, un pretendido heresiarca llamado Ebion[466].

Compréndese fácilmente que esa aficion exagerada á la pobreza no podia

ser durable: tal exageracion no era, en realidad, sino un elemento

de utopia semejante á los que se mezclan siempre á las grandes

creaciones, elementos que reduce á su verdadero valor el trascurso

del tiempo. El cristianismo, una vez trasportado á la vasta escena de

la sociedad, debia consentir facilísimamente en poseer riquezas, así

como el budismo, que en su orígen fué del todo monacal, se apresuró

despues á admitir á los seglares, tan pronto como las conversiones

se multiplicaron. Pero nunca desaparece por completo la señal de la

procedencia. El ebionismo, no obstante haber sido olvidado muy luégo,

dejó en toda la historia de las instituciones cristianas una levadura

que no debia perderse. La coleccion de las _Logia_ ó discursos de Jesús

se formó en el medio ebionita de la Batanea[467]. La «pobreza» continuó

siendo el ideal de los sinceros partidarios de Jesús, la carencia de

toda propiedad el verdadero estado evangélico, y la mendicidad una

virtud, un estado santo. El gran movimiento umbrío del siglo trece,

que entre todos los ensayos de fundacion religiosa es el que más

semejanza tiene con el movimiento galileo, se efectuó en nombre de la

pobreza. Francisco de Asís, el hombre del mundo que más se parece á

Jesús por su exquisita bondad y por su trato delicado y afectuoso, no

fué sino un pobre. Las órdenes mendicantes y las innumerables sectas

comunistas de la Edad media (pobres de Lyon, Begardos, Bongomilos,

Fratricellos, Humillados, pobres evangélicos, etc.), que se agrupaban

bajo la bandera del Evangelio eterno, pretendieron ser, y fueron en

efecto, los verdaderos discípulos de Jesús. Pero áun esta vez los

más imposibles sueños de la nueva religion quedaron infecundos. La

mendicidad, que tan sérias inquietudes causa á nuestras sociedades

industriales y administrativas, tuvo en su dia, y bajo el cielo que

le era favorable, poderoso atractivo; ella ofreció á una multitud de

almas dulces y contemplativas el único estado que podia convenirles.

Hacer de la pobreza un objeto de amor y de codicia, elevar al mendigo

sobre el altar, santificar el humilde traje del hombre del pueblo, es

un golpe maestro que tal vez no satisfaga á la economía política, pero

ante el cual no puede el verdadero moralista permanecer indiferente.

Para que la humanidad pueda soportar su pesada carga, necesita

abrigar la creencia de que su paga no consiste sólo en el precio de

su salario:--el mayor servicio que puede hacérsele es repetirle con

frecuencia que no vive únicamente del pedazo de pan que lleva á sus

labios.

Jesús, como todos los grandes hombres, amaba al pobre y se complacia en

hallarse en contacto con él. En su pensamiento, el Evangelio es para

los pobres, para ellos trae el Mesías la buena nueva de salvacion[468].

Sus elegidos eran todos los que el judaismo ortodoxo despreciaba. El

amor del pueblo, la piedad por su impotencia y el sentimiento del jefe

democrático que en sí mismo abriga el espíritu de la muchedumbre, y que

se reconoce como su intérprete natural, traspiran á cada instante en

sus actos y en sus discursos[469].

El grupo de elegidos ofrecia, en efecto, una mezcla de condiciones

cuyo carácter debia sorprender sobremanera á los rigoristas: en su

seno contaba personas que un judío que se respetase en algo no habria

querido tratar[470]. Y sin embargo, quizás encontraba Jesús en aquella

sociedad fuera de las reglas comunes, mejores sentimientos y más

nobleza de alma que entre las clases pedantes y formalistas, orgullosas

de su aparente moralidad. Á fuerza de exagerar las prescripciones

mosáicas, los fariseos habian llegado á creer que el trato con

personas ménos severas que ellos, bastaba para mancillarlos; en los

convites, casi se descendia á las pueriles distinciones de castas de

la India. Despreciando esas miserables aberraciones del sentimiento

religioso, Jesús se complacia en comer en casa de los párias de la

sociedad judáica[471], y tomaba asiento á la mesa junto á personas de

mal vivir, reputacion que tal vez tenía por orígen el solo hecho de

que no participaban de las ridiculeces de los devotos y mojigatos.

Los fariseos y los doctores se escandalizaban de semejante conducta:

¡Mirad con qué gentes come!--decian.--Jesús les daba entónces agudas

respuestas que exasperaban á los hipócritas: «No son los que están

sanos, sino los enfermos, los que necesitan de médico[472]»; ó bien:

«¿Quién de vosotros que teniendo cien ovejas y habiendo perdido una,

no deje las noventa y nueve en la dehesa, y no vaya en busca de la

que ha perdido hasta encontrarla? En hallándola, se la pone sobre los

hombros muy gozoso[473]»; ó ya: «El hijo del hombre ha venido á salvar

lo que se habia perdido[474]»; ó ya, en fin: «Porque los pecadores son,

y no los justos, á quienes he venido yo á llamar[475]». Otras veces

respondia con esa hermosa parábola del hijo pródigo, en que se presenta

al que ha delinquido como acreedor á mayor compasion y cariño que el

que siempre fué justo. Sorprendidas de tanto atractivo y experimentando

por primera vez el dulce encanto de la virtud, mujeres débiles ó

culpables se aproximaban libre y confiadamente al jóven maestro. Los

hipócritas se admiraban de que no las rechazase. «¡Oh!--decian los

puritanos,--este hombre no es profeta, pues si lo fuese conoceria

que la mujer que le toca es una pecadora.» Jesús respondia con la

parábola de un acreedor que perdonó á dos de sus deudores las sumas

que le debian: la del uno era de quinientos denarios, la del otro de

cincuenta: ¿cuál de ellos le estará más agradecido? Sin duda aquel á

quien se le perdonó más[476]. Jesús apreciaba el estado del alma en

proporcion del amor que en ella se contenia. Las mujeres que por sus

faltas experimentaban sentimientos de humildad y le ofrecian un corazon

lleno de lágrimas, estaban más próximas á entrar en su reino que las

naturalezas medianas, las cuales tienen frecuentemente escaso mérito

en no haber delinquido. Por otra parte, encontrando aquellas almas

tiernas un medio de fácil rehabilitacion al convertirse á la secta, se

comprende que se adhiriesen á su doctrina con el mayor entusiasmo.

Jesús, no sólo no trataba de acallar las murmuraciones que su desprecio

por las susceptibilidades sociales de la época producia entre los

hipócritas, sino que parece experimentar placer en excitarlas. Nadie

proclamó nunca tan audazmente ese desprecio del «mundo», condicion

indispensable de las grandes cosas y de la grande originalidad. No

perdonaba al rico, sino cuando el rico era á su vez la víctima del

desden social á consecuencia de alguna preocupacion[477]. Preferia

las personas de vida equívoca y de poca ó ninguna consideracion á los

judíos ortodoxos que aparentaban una conducta irreprochable, á los

cuales decia: «Publicanos y rameras os precederán en el reino de Dios.

Vino Juan: los publicanos y las rameras le creyeron; mas vosotros

ni con ver esto os movisteis á penitencia»[478]. Compréndese cuán

sangrienta debia ser, para los que afectaban gravedad y rigidez de

principios morales, la reconvencion de no haber seguido el buen ejemplo

de los hombres de mal vivir y de las mujeres de costumbres livianas.

Jesús no aparentaba autoridad, ántes bien se complacia en tomar parte

en los festejos de casamientos: precisamente uno de sus milagros fué

hecho para amenizar una boda de aldea. En Oriente, las comidas de boda

tienen lugar por la noche; cada convidado lleva un farol ó lamparilla,

y aquel movimiento de luces que van y vienen produce un efecto muy

agradable. Á Jesús le gustaba ese aspecto alegre y animado, el cual

le proporcionaba motivo para deducir de él algunas parábolas[479].

Semejante conducta, cuando la comparaban con la de Juan Bautista,

escandalizaba á los devotos[480]. Un dia en que los discípulos de Juan

y los fariseos guardaban el ayuno, le preguntaron: «¿Cómo es que los

discípulos de Juan ayunan á menudo, y oran, como tambien los de los

fariseos; al paso que los tuyos comen y beben?» Á lo que respondia

Jesús: «¿Por ventura podréis vosotros recabar de los compañeros del

esposo el que ayunen miéntras el esposo está con ellos? Tiempo vendrá

en que el esposo les será arrebatado y entónces ayunarán»[481]. Su

carácter dulce y alegre se manifestaba continuamente por medio de

reflexiones y bromas amables y festivas: «¿Á quién compararé yo esta

raza de hombres?--decia.--Es semejante á los muchachos sentados en

la plaza que dando voces á sus compañeros dicen: Os hemos entonado

cantares alegres, y no habeis bailado; cantares lúgubres, y no habeis

llorado. Así es que vino Juan, que no come, ni bebe, y dicen: Está

poseido del demonio. Ha venido el Hijo del hombre, que come, y bebe, y

dicen: Hé aquí un gloton y un vinoso, amigo de publicanos y de gente

de mala vida. Pero la sabiduría queda justificada por sus obras»[482].

De este modo recorria la Galilea en medio de una fiesta contínua. En

sus excursiones, Jesús se servia de una mula, animal que constituye

en Oriente buena y segura montura y cuyos negros ojos sombreados de

largas pestañas son de extremada melancolía. Los adeptos desplegaban

algunas veces en torno del maestro una pompa rústica, bien colocando

sus vestidos sobre la mula en que cabalgaba, ó bien extendiéndolos

ante sus pasos á guisa de alfombra[483]. Cuando entraba Jesús en

alguna casa, era su presencia motivo de regocijo y de bendicion:

deteníase de ordinario en las aldeas y en las granjas, donde hallaba

siempre afectuosa hospitalidad. En Oriente, basta que un extranjero

se detenga en una casa para que en seguida se convierta en un sitio

público:--toda la aldea se reune en ella, la invaden los muchachos,

y aunque traten de alejarlos, vuelven otra vez á la carga. Jesús no

podia tolerar que maltratasen á aquellos cándidos oyentes; atraíalos

hácia sí y los abrazaba con ternura[484]. Animadas las madres con

tal acogida, le presentaban sus niños de pecho para que los tocase

con sus manos[485]. Otras mujeres se acercaban á él y derramaban

aceite y perfumes sobre su cabeza y sobre sus piés. En ocasiones, sus

discípulos querian rechazarlas como importunas; pero Jesús, á quien

gustaban las costumbres antiguas y todo lo que indicaba sencillez de

corazon, reparaba cariñosamente la ofensa hecha por sus demasiado

celosos amigos. Protegiendo siempre á los que deseaban honrarle[486],

se convertia en el ídolo de los niños y de las mujeres. La reconvencion

que más frecuentemente le dirigian sus enemigos, era que trataba

de separar de sus familias aquellos seres delicados y fáciles de

seducir[487].

Así es que en cierto modo la religion naciente fué un movimiento de

mujeres y de niños. Estos últimos formaban al rededor de Jesús como una

guardia infantil en la inauguracion de su inocente reino; preparábanle

pequeñas ovaciones, que no dejaban de complacerle, llamábanle «hijo de

David», gritaban _Hosanna_[488], y llevaban palmas marchando en torno

de él. Quizás Jesús, como Savonarola, los dejaba servir de instrumento

á misiones piadosas; de todos modos, no se mostraba descontento de

que aquellos jóvenes apóstoles, que no le comprometian, marchasen de

vanguardia concediéndole títulos que él no osaba proclamar. Dejábalos,

pues, hacer, y cuando le preguntaban si los oia, respondia de un

modo evasivo, que la alabanza que sale de labios inocentes es la más

agradable á Dios[489].

Jesús no desperdiciaba ninguna ocasion de repetir que los niños deben

considerarse como seres sagrados[490]; que el reino de Dios pertenece

á los pequeñitos[491]; que para entrar en él es necesario ser como

un niño[492], pues como á tal han de recibirle[493], y que el Padre

celestial oculta sus designios á los ángeles y se los revela á los

pequeños[494]. La idea de sus discípulos se confunde casi en él con

la de los niños[495]. Un dia en que disputaban por cuestiones de

preeminencia, disputas que eran frecuentes entre los discípulos, Jesús,

llamando á sí á un niño, le colocó en medio de ellos y dijo: «aquí está

el mayor; cualquiera, pues, que se humilláre como este niño, ése será

el mayor en el reino de los cielos»[496].

Y en efecto, la infancia era la que en su divina espontaneidad, en su

cándida ofuscacion de gozo, se posesionaba de la tierra. Creíase á cada

instante que iba á amanecer el dia de un reino tan deseado, y cada

cual se veia ya sentado en un trono[497] junto al maestro. Repartíanse

los puestos[498] del futuro eden, y se trataba de computar el tiempo

que tardaria su inauguracion. Esto se llamaba la «Buena nueva»; la

doctrina no tenía otro nombre. La antigua palabra _paraíso_, que el

hebreo, como todas las lenguas de Oriente, habia tomado de la Persia,

y que en un principio sirvió para designar los parques de los reyes

aqueménidas, resumia el sueño de todos, la aspiracion universal; ¡el

paraíso! jardin delicioso, donde se continuaria para siempre una

vida llena de inefables encantos[499]. ¿Cuánto tiempo duró aquella

embriaguez? Se ignora. Durante el curso de aquella mágica aparicion,

nadie midió el tiempo, así como nadie mide la duracion de un éxtasis.

El vuelo de las horas quedó en suspenso; una semana fué como un siglo.

Pero ya durase años ó meses, aquel ensueño fué tan hermoso, que

despues de él la humanidad ha continuado viviendo de su recuerdo, y

todavía es su debilitado perfume nuestra suprema consolacion. Nunca

dilató el pecho humano un gozo tan puro ni tan inmenso. En aquel

esfuerzo, el más vigoroso que haya hecho la humanidad para elevarse

sobre el barro de nuestro planeta, hubo un momento en que olvidó los

lazos de plomo que la ligan á la tierra y las angustias de la vida.

¡Feliz el que entónces pudo ver la luz de aquella aurora divina, y

participar, siquiera por un dia, de aquella ilusion mágica y sin igual!

Pero ¡más dichoso todavía--nos diria Jesús--el que, libre de toda

ilusion, reproduzca en sí mismo la aparicion celestial, y sin ensueños

milenarios, sin paraíso quimérico, sin otro móvil que la rectitud de

su voluntad y la poesía del alma, sepa crear de nuevo en su corazon el

verdadero reino de Dios!

Vida de Jesús · 第 28 / 114 题