CAPÍTULO VI

JUAN BAUTISTA -- VIAJE DE JESÚS HÁCIA JUAN Y SU PERMANENCIA EN EL

DESIERTO DE JUDEA -- ADOPTA EL BAUTISMO DE JUAN

Por aquel tiempo apareció y se halló en relacion con Jesús un hombre

extraordinario, cuya vida, á causa de la escasez de documentos, es para

nosotros enigmática hasta cierto punto. Aquellas relaciones tendieron

en un principio á separar al jóven profeta de Nazareth del camino que

habia adoptado; pero tambien le sugirieron la idea de varios accesorios

importantes de su institucion religiosa, y proporcionaron á sus

discípulos gran autoridad para recomendar á su maestro á los ojos de

cierta clase de judíos.

Hácia el año 28 de nuestra era (décimoquinto del reinado de Tiberio)

se extendió por toda Palestina la reputacion de un tal Iohanan ó Juan,

jóven asceta impetuoso y apasionado. Juan era de raza sacerdotal[246],

y á lo que parece habia nacido en Jutta, cerca de Hebron, ó acaso en

Hebron mismo[247]. Situada en las inmediaciones del desierto de Judea

y á algunas horas del gran desierto de Arabia, Hebron era entónces la

ciudad patriarcal por excelencia, y como hoy, uno de los baluartes

del espíritu semítico en su más austera forma. Juan fué _nazir_ desde

su infancia, esto es, que habia hecho voto de someterse á ciertas

abstinencias[248]. Desde muy temprano, el desierto, de que en cierto

modo se hallaba rodeado, ejerció sobre él poderosa atraccion[249].

Vestido de pieles ó de telas groseras tejidas con pelos de camello,

hacia allí la vida de un _yogui_ de la India, alimentándose de

langostas y de miel silvestre[250]. Cierto número de discípulos,

agrupados en torno suyo, participaban de su género de vida y meditaban

sus máximas severas. Si algunos rasgos particulares no hubiesen

denunciado en aquel solitario al último descendiente de los grandes

profetas de Israel, se habria uno creido trasportado á las orillas del

Gánges.

Desde que la nacion judáica se puso á reflexionar con desesperado

empeño sobre su futuro destino, la imaginacion del pueblo se complacia

en evocar las figuras de los antiguos profetas. De todos los personajes

del pasado, cuyo recuerdo venía, como las visiones de una noche

agitada, á despertar y conmover al pueblo, el más grande era el profeta

Elías. Aquel gigante de los profetas, que vivió entre las asperezas del

monte Carmelo, teniendo por toda compañía la vecindad de las bestias

feroces y habitando en las concavidades de las rocas, de donde salia

como el rayo para hundir y levantar reyes, se habia convertido por una

serie de trasformaciones sucesivas en una especie de sér sobrehumano,

unas veces visible, otras invisible, á quien la muerte respetaba.

Creíase generalmente que Elías iba á venir de nuevo á fin de restaurar

á Israel[251]. La vida austera que habia hecho en el desierto, los

recuerdos terribles que habia dejado, recuerdos, bajo cuya impresion

vive todavía el Oriente[252]; aquella sombría imágen que áun en

nuestros tiempos atemoriza; toda esa mitología, llena de venganza y

de terrores, influia vivamente en los ánimos y marcaba con su sello

todas las concepciones populares. Cualquiera que aspiraba á ejercer

grande influencia sobre el pueblo debia imitar á Elías; y como la vida

solitaria habia sido el rasgo característico de aquel profeta, habíase

adquirido la costumbre de no considerar al «hombre de Dios» sino como

un eremita. Creíase que todos los santos personajes habian tenido sus

dias de penitencia, de vida agreste, de ásperas austeridades[253].

La permanencia en el desierto llegó á ser de este modo la condicion

indispensable y el preludio de altos destinos.

Es indudable que esta idea de imitacion influyó muchísimo en

Juan[254]. La vida anacorética, tan opuesta al antiguo espíritu

judáico y con la cual nada tenian que ver los votos semejantes á los

de los _nazires_ y _rechabitas_, alcanzaba gran boga en Judea. Los

Esenios ó Terapeutas se hallaban agrupados cerca del país de Juan,

sobre las márgenes orientales del mar Muerto[255]. Imaginábase todo

el mundo que los jefes de secta debian ser eremitas ó solitarios y

tener sus reglas é institutos propios como los fundadores de órdenes

religiosas. Los maestros de la juventud eran tambien en ocasiones

una especie de anacoretas[256] bastante parecidos á los _gurus_ del

brahmanismo. ¿Se dejaba quizás sentir en esto la influencia más

ó ménos remota de los _munis_ de la India? ¿Habian llegado hasta

Judea, como llegaron indudablemente á Siria ó Babilonia, algunos de

aquellos vagabundos frailes budistas que recorrian la tierra en todas

direcciones predicando con su exterior edificante y convirtiendo á

personas que ni siquiera sabian su lengua, así como la recorrieron

despues los primeros franciscanos? Se ignora por completo. Desde

hacia algun tiempo, Babilonia habia llegado á ser un verdadero foco

de budismo; Budasp (Bodhisattva) tenía reputacion de ser un sabio

caldeo y se le consideraba como el fundador del _sabismo_. Y ¿qué era

el _sabismo_ en sí? Lo que indica su etimología[257]; el _baptismo_,

es decir, la religion de los bautismos multiplicados, el orígen de la

secta que todavía existe con el nombre de «cristianos de San Juan»

ó mendaistas, y á los cuales llaman los árabes _el-mogtasila_, esto

es, «los baptistas»[258]. No es empresa fácil desembrollar estas

vagas analogías. Las sectas que en los primeros siglos de nuestra

era[259] flotaban, allende el Jordan, entre el judaismo, el sabismo y

el cristianismo, ofrecen á la crítica, á causa de la confusion de las

noticias, el más singular é inextricable problema. De todos modos,

puede admitirse que várias de las prácticas exteriores de Juan, de

los Esenios[260], y de los preceptores espirituales judíos de aquella

época, procedian de una influencia reciente del alto Oriente. La

práctica fundamental que caracterizaba la secta de Juan, y que sin

duda motivó su nombre, tuvo siempre su centro en la baja Caldea,

constituyendo una religion que se ha perpetuado hasta nuestros dias.

Aquella práctica era el bautismo ó la inmersion total. Las abluciones

estaban ya en uso entre los judíos como en todas las religiones de

Oriente[261]. Los Esenios le habian dado una extension particular.

El bautismo habia llegado á ser una ceremonia ordinaria al ingresar

los prosélitos en el seno de la religion judía; una especie de

iniciacion[262]. Sin embargo, ántes de nuestro Bautista no se habia

dado á la inmersion aquella importancia ni aquella forma. Juan habia

fijado el centro de su actividad en la parte del desierto de Judea

próxima al mar Muerto[263]. En las épocas en que administraba el

bautismo, se trasladaba á las márgenes del Jordan[264], cerca de

Bethania ó Bethabara[265], sobre la orilla oriental (probablemente

frente á Jericó), ó bien al sitio llamado Ænon ó «las Fuentes»[266],

no léjos de Salim, donde el agua era mucho más abundante[267].

Considerable muchedumbre, en particular de la tribu de Judá, corria

hácia aquel paraje para recibir el bautismo[268] de manos del

anacoreta. Y tanto creció su fama, que en pocos meses llegó á ser uno

de los hombres más influyentes de la Judea.

El pueblo le consideraba como un profeta[269], y várias personas

se imaginaban que era Elías resucitado[270]. La creencia en tales

resurrecciones era muy general[271]: creíase que Dios haria salir de

sus sepulcros á varios de los antiguos profetas para que sirvieran

de guía al pueblo de Israel y le condujeran hácia su destino. Otros

tomaban á Juan por el Mesías mismo, sin embargo de que él no manifestó

nunca semejante pretension[272]. Los sacerdotes y los escribas,

opuestos á aquel renacimiento de profetismo, y siempre enemigos de las

almas entusiastas, despreciaban al rígido eremita. Pero la popularidad

del Bautista les imponia respeto y no se atrevian á hablar en contra de

él[273], lo cual era una victoria que el sentimiento de la muchedumbre

alcanzaba sobre la aristocracia sacerdotal. Cuando se obligaba á los

jefes de los sacerdotes á que se explicáran claramente sobre este

punto, no sabian cómo hacerlo[274].

Pero el bautismo no era para Juan sino un signo destinado á causar

impresion y á preparar los ánimos á algun gran movimiento. Es indudable

que abrigaba en alto grado las esperanzas mesiánicas y que su accion

principal se dirigia en este sentido. «Haced penitencia, exclamaba,

porque se aproxima el reino de Dios»[275]. Anunciaba tambien una

«cólera suprema», esto es, terribles catástrofes que habrian de

realizarse[276], y declaraba que el hacha amenazaba ya la raíz del

árbol, el cual no tardaria en ser arrojado al fuego. Juan representaba

á su Mesías con una criba en la mano recogiendo el buen grano y

arrojando la paja á las llamas. Para el Bautista, la penitencia,

cuya forma consistia en el bautismo, la limosna y la enmienda de

las costumbres[277], eran los grandes medios de prepararse á los

acontecimientos que se hallaban próximos. No se sabe exactamente de

qué manera comprendia él esos acontecimientos; pero está fuera de duda

que predicaba con grande energía contra los mismos adversarios de

Jesús, tales como los fariseos, los sacerdotes ricos, los doctores,

en una palabra, contra el judaismo oficial; y que, así como á

Jesús, le acogian favorablemente las clases menospreciadas[278]. El

anacoreta de Judea daba poquísima importancia al título de hijo de

Abraham, y decia que Dios podia convertir en hijos de Abraham los

guijarros del camino[279]. La grande idea de una religion pura, idea

que fué el triunfo de Jesús, no parece haberla poseido ni áun en

gérmen; pero sustituyendo el rito privado á las ceremonias legales

rodeadas de sacerdotes, sirvió de poderoso auxiliar á aquella idea,

así como los Flagelantes de la edad media, arrebatando el monopolio

de los sacramentos y de la absolucion al clero oficial, sirvieron de

precursores á la Reforma. El tono general de los sermones del Bautista

era severo y áspero. Las expresiones que usaba contra sus adversarios

tenian, á lo que parece, el sello de extremada violencia[280]. Sus

discursos eran una ruda y contínua invectiva. Probablemente no

permaneció ajeno á la política; Josefo, que sin duda tuvo de él ámplias

noticias por medio de su maestro Banú, lo deja traslucir á medias

palabras[281], y así lo hace tambien suponer la catástrofe que puso fin

á sus dias. Sus discípulos hacian una vida muy austera[282], ayunaban

frecuentemente y afectaban un aire triste y receloso. Vése por momentos

asomar en aquel grupo la idea de la comunidad de bienes y la de que el

rico debe repartir lo que posee[283]. El pobre aparece ya figurando en

primera línea entre los que el reino de Dios debe colmar de beneficios.

Aunque la Judea era el centro de accion de Juan, la fama de su nombre

llegó pronto á oidos de Jesús, el cual habia ya formado en torno suyo

un pequeño círculo de oyentes, atraidos por sus primeros discursos.

Jesús, no gozando todavía de mucha autoridad, y aguijado, sin duda,

por el deseo de ver á un maestro cuya enseñanza tenía tantos puntos

de contacto con sus propias ideas, salió de Galilea con su reducida

escuela y se dirigió hácia Juan[284]. Los recien llegados se hicieron

bautizar, como todo el mundo. Juan acogió bastante bien á aquel

enjambre de discípulos galileos y no le pesó que formasen en distintas

filas que los suyos. Los dos maestros eran jóvenes, y entre ellos

habia muchas ideas comunes; así es que no tardaron en amarse, dándose

públicamente repetidas muestras de deferencia y aprecio recíprocos.

Semejante hecho sorprende á primera vista, y casi está uno por negarle,

si se tiene en cuenta el carácter de Juan. La humildad no fué nunca

en el pueblo judío el rasgo característico de las almas fuertes, y

parece más probable que aquella voluntad de bronce, aquella especie de

Lamennais siempre irritado, fuese en extremo colérico, y no sufriese

ni rivalidad ni semi-adhesion. Pero esta manera de concebir las cosas

estriba en la falsa idea que se tiene respecto á Juan. Ordinariamente

nos le representamos como un anciano, cuando, por el contrario, era

de la misma edad de Jesús[285] y muy jóven, segun las ideas de la

época. En el órden espiritual, no fué el padre de Jesús, sino más bien

su hermano. Esto supuesto, ¿qué tiene de particular que siendo los

dos jóvenes entusiastas, y abrigando las mismas esperanzas, hicieran

causa comun y se apoyaran recíprocamente? Un maestro encanecido en

la enseñanza de su doctrina se habria indudablemente indignado al

ver que un jóven sin celebridad se llegaba á él con pretensiones de

independencia: no hay ejemplo de que un jefe de escuela acoja con

oficiosidad y cariño al que ha de sucederle. Pero la juventud es capaz

de todas las abnegaciones, y se comprende que Juan, reconociendo

en Jesús un espíritu semejante al suyo, le acogiera sin ninguna

prevencion. Aquellas buenas relaciones sirvieron despues á los

evangelistas de punto de partida para desarrollar todo un sistema

que consistió en dar por primera base á la mision divina de Jesús el

testimonio de Juan. Tal era el grado de autoridad que supo conquistar

el Bautista, que ninguna garantía pareció tan eficaz y á propósito

como la suya. Pero el anacoreta de Judea estuvo muy léjos de abdicar

ante Jesús; por el contrario, miéntras permaneció junto á él, Jesús

le reconoció como superior y no desarrolló su propio genio sino muy

tímidamente.

En efecto, no obstante su profunda originalidad, Jesús parece haber

sido el imitador de Juan, al ménos durante algunas semanas. Su vida

era todavía oscura en comparacion de la del Bautista. Además, en el

curso de su carrera, Jesús no dejó de plegarse muchas veces á la

corriente de la opinion, admitiendo algunas cosas que no entraban

en sus proyectos, sólo porque eran populares; pero esos accesorios

no perjudicaron nunca á su idea principal, y estuvieron siempre

subordinados á ella. Gracias á Juan, el bautismo habia llegado á

obtener gran boga; Jesús se creyó obligado á adoptarle; él y sus

discípulos bautizaron tambien desde entónces[286], y sin duda

acompañaban el bautismo de predicaciones parecidas á las de Juan. Así

es que las orillas del Jordan se cubrieron por doquiera de Baptistas,

cuyos discursos alcanzaban más ó ménos éxito. No tardó el discípulo en

igualar al maestro, siendo muy solicitado su bautismo. Un sentimiento

de rivalidad ó de celos se despertó entónces entre los partidarios

del anacoreta de Judea y del profeta de Nazareth[287]; los discípulos

de Juan se le quejaron del éxito creciente del jóven galileo, cuyo

bautismo iba muy pronto, segun decian, á oscurecer el suyo; pero

semejantes pequeñeces no ejercieron ninguna influencia en el ánimo de

los dos maestros. Por otra parte, la superioridad de Juan era demasiado

incontestable á los ojos de Jesús, apénas conocido, para que tratase

de combatirla. Deseaba únicamente crecer á su sombra, y á fin de ganar

terreno entre la muchedumbre, se creia obligado á emplear los medios

exteriores que dieron á Juan tan asombrosa fama. Cuando, despues de

la prision del Baptista, volvió Jesús á reanudar sus predicaciones,

las primeras palabras que se le atribuyen no son sino la repeticion de

una de las frases que tan familiares eran á aquél[288]. Otras muchas

expresiones de Juan se encuentran textualmente en sus discursos[289].

Á lo que parece, las dos escuelas vivieron en buena inteligencia

durante mucho tiempo[290], y al ocurrir la muerte de Juan, Jesús, como

hermano confidente, fué uno de los primeros á quienes se notició aquel

acontecimiento[291].

Juan fué bien pronto detenido en su carrera profética. De igual modo

que los antiguos profetas judíos, dirigió frecuentemente filípicas

terribles contra los poderes establecidos[292]. La vivacidad y acritud

de sus palabras á este respecto, no podia ménos de ocasionarle graves

inconvenientes. En Judea, Juan no parece haber sido molestado por el

procurador Pilato; pero la Perea, al otro lado del Jordan, confinaba

con el territorio de Antipas, y el gérmen político que ocultaban las

predicaciones de Juan inquietó á aquel tirano. Las grandes reuniones de

hombres que el entusiasmo religioso y patriótico formaba al rededor

del Bautista tenian algo de sospechoso. Un agravio personal vino á

añadirse á aquellas razones de estado, haciendo inevitable la pérdida

del austero censor.

Entre los caractéres más fuertemente acentuados de aquella trágica

familia de los Heródes, uno de ellos era Herodías, nieta de Heródes

el Grande. Violenta, ambiciosa y apasionada, Herodías aborrecia el

judaismo y despreciaba sus leyes. Habíase casado, probablemente contra

su voluntad, con su tio Heródes, hijo de Mariamno[293], á quien Heródes

el Grande habia desheredado[294] y el cual no desempeñó nunca ningun

papel público. La posicion humilde de su marido, respecto á los otros

miembros de la familia, era para ella motivo de profundo disgusto;

Herodías queria ser soberana á todo trance[295], é hizo de Antipas el

instrumento de su ambicion. Hallándose perdidamente enamorado de ella,

aquel hombre débil y sin carácter la prometió tomarla por esposa,

despues de repudiar á su primera mujer, la hija de Hareth, rey de Petra

y emir de las tribus fronterizas de la Perea. La princesa árabe llegó á

tener noticia del proyecto y determinó huir: disimulando su designio,

fingió un viaje á Machero, punto situado en las tierras de su padre, y

se hizo acompañar por los oficiales de Antipas[296].

Makor ó Machero era una fortaleza colosal, construida por Alejandro

Janeo, y restaurada despues por Heródes, la cual se alzaba en uno de

los sitios más escarpados de cuantos existen en la parte oriental

del mar Muerto[297]. Era aquél un país áspero, salvaje, poblado de

extravagantes leyendas y, segun la creencia general, frecuentado por

los demonios[298]. La fortaleza estaba justamente en el límite de

los estados de Hareth y de Antipas, y en aquel momento se hallaba en

posesion del primero[299]. Advertido Hareth, habia preparado cuanto era

indispensable á la fuga de su hija, la cual fué, de tribu en tribu,

conducida hasta Petra.

Entónces tuvo lugar la union, casi incestuosa, de Antipas y de

Herodías[300]. Entre los judíos severos y la irreligiosa familia de los

Heródes, las leyes judáicas sobre el matrimonio eran incesantemente una

piedra de escándalo[301]. Hallándose los miembros de aquella numerosa,

pero aislada, dinastía reducidos á casarse entre ellos, resultaban de

aquí frecuentes violaciones de los impedimentos que la ley establecia.

Juan se hizo el eco del sentimiento general y censuró enérgicamente la

conducta de Antipas[302]. No se necesitaba tanto para atizar el ódio de

aquél y decidirle á tomar medidas violentas: mandó prender al Bautista

y ordenó que se le encerrase en la fortaleza de Machero, de la cual se

habia, sin duda, apoderado despues de la fuga de la hija de Hareth[303].

Antipas, más débil y cobarde que cruel, no deseaba la muerte de Juan,

porque, segun algunos, temia que produjese una sedicion popular[304].

Otros aseguran[305] que habia llegado á escuchar con placer las

doctrinas del prisionero, y que las palabras de éste habian sido para

él motivos de grandes perplejidades. Sea como fuere, lo cierto es

que el cautiverio de Juan se prolongó, y que áun desde el fondo de

su encierro traspiraba su influjo al exterior. No sólo se hallaba en

correspondencia con sus discípulos, sino que volverémos á encontrarle

en relacion con el mismo Jesús. Afirmóse más y más su fe en la

próxima venida del Mesías, y desde su calabozo seguia atentamente los

movimientos exteriores, tratando de descubrir en ellos los signos

favorables al cumplimiento de las esperanzas que alimentaba.

Vida de Jesús · 第 18 / 114 题