JUAN BAUTISTA -- VIAJE DE JESÚS HÁCIA JUAN Y SU PERMANENCIA EN EL
DESIERTO DE JUDEA -- ADOPTA EL BAUTISMO DE JUAN
Por aquel tiempo apareció y se halló en relacion con Jesús un hombre
extraordinario, cuya vida, á causa de la escasez de documentos, es para
nosotros enigmática hasta cierto punto. Aquellas relaciones tendieron
en un principio á separar al jóven profeta de Nazareth del camino que
habia adoptado; pero tambien le sugirieron la idea de varios accesorios
importantes de su institucion religiosa, y proporcionaron á sus
discípulos gran autoridad para recomendar á su maestro á los ojos de
cierta clase de judíos.
Hácia el año 28 de nuestra era (décimoquinto del reinado de Tiberio)
se extendió por toda Palestina la reputacion de un tal Iohanan ó Juan,
jóven asceta impetuoso y apasionado. Juan era de raza sacerdotal[246],
y á lo que parece habia nacido en Jutta, cerca de Hebron, ó acaso en
Hebron mismo[247]. Situada en las inmediaciones del desierto de Judea
y á algunas horas del gran desierto de Arabia, Hebron era entónces la
ciudad patriarcal por excelencia, y como hoy, uno de los baluartes
del espíritu semítico en su más austera forma. Juan fué _nazir_ desde
su infancia, esto es, que habia hecho voto de someterse á ciertas
abstinencias[248]. Desde muy temprano, el desierto, de que en cierto
modo se hallaba rodeado, ejerció sobre él poderosa atraccion[249].
Vestido de pieles ó de telas groseras tejidas con pelos de camello,
hacia allí la vida de un _yogui_ de la India, alimentándose de
langostas y de miel silvestre[250]. Cierto número de discípulos,
agrupados en torno suyo, participaban de su género de vida y meditaban
sus máximas severas. Si algunos rasgos particulares no hubiesen
denunciado en aquel solitario al último descendiente de los grandes
profetas de Israel, se habria uno creido trasportado á las orillas del
Gánges.
Desde que la nacion judáica se puso á reflexionar con desesperado
empeño sobre su futuro destino, la imaginacion del pueblo se complacia
en evocar las figuras de los antiguos profetas. De todos los personajes
del pasado, cuyo recuerdo venía, como las visiones de una noche
agitada, á despertar y conmover al pueblo, el más grande era el profeta
Elías. Aquel gigante de los profetas, que vivió entre las asperezas del
monte Carmelo, teniendo por toda compañía la vecindad de las bestias
feroces y habitando en las concavidades de las rocas, de donde salia
como el rayo para hundir y levantar reyes, se habia convertido por una
serie de trasformaciones sucesivas en una especie de sér sobrehumano,
unas veces visible, otras invisible, á quien la muerte respetaba.
Creíase generalmente que Elías iba á venir de nuevo á fin de restaurar
á Israel[251]. La vida austera que habia hecho en el desierto, los
recuerdos terribles que habia dejado, recuerdos, bajo cuya impresion
vive todavía el Oriente[252]; aquella sombría imágen que áun en
nuestros tiempos atemoriza; toda esa mitología, llena de venganza y
de terrores, influia vivamente en los ánimos y marcaba con su sello
todas las concepciones populares. Cualquiera que aspiraba á ejercer
grande influencia sobre el pueblo debia imitar á Elías; y como la vida
solitaria habia sido el rasgo característico de aquel profeta, habíase
adquirido la costumbre de no considerar al «hombre de Dios» sino como
un eremita. Creíase que todos los santos personajes habian tenido sus
dias de penitencia, de vida agreste, de ásperas austeridades[253].
La permanencia en el desierto llegó á ser de este modo la condicion
indispensable y el preludio de altos destinos.
Es indudable que esta idea de imitacion influyó muchísimo en
Juan[254]. La vida anacorética, tan opuesta al antiguo espíritu
judáico y con la cual nada tenian que ver los votos semejantes á los
de los _nazires_ y _rechabitas_, alcanzaba gran boga en Judea. Los
Esenios ó Terapeutas se hallaban agrupados cerca del país de Juan,
sobre las márgenes orientales del mar Muerto[255]. Imaginábase todo
el mundo que los jefes de secta debian ser eremitas ó solitarios y
tener sus reglas é institutos propios como los fundadores de órdenes
religiosas. Los maestros de la juventud eran tambien en ocasiones
una especie de anacoretas[256] bastante parecidos á los _gurus_ del
brahmanismo. ¿Se dejaba quizás sentir en esto la influencia más
ó ménos remota de los _munis_ de la India? ¿Habian llegado hasta
Judea, como llegaron indudablemente á Siria ó Babilonia, algunos de
aquellos vagabundos frailes budistas que recorrian la tierra en todas
direcciones predicando con su exterior edificante y convirtiendo á
personas que ni siquiera sabian su lengua, así como la recorrieron
despues los primeros franciscanos? Se ignora por completo. Desde
hacia algun tiempo, Babilonia habia llegado á ser un verdadero foco
de budismo; Budasp (Bodhisattva) tenía reputacion de ser un sabio
caldeo y se le consideraba como el fundador del _sabismo_. Y ¿qué era
el _sabismo_ en sí? Lo que indica su etimología[257]; el _baptismo_,
es decir, la religion de los bautismos multiplicados, el orígen de la
secta que todavía existe con el nombre de «cristianos de San Juan»
ó mendaistas, y á los cuales llaman los árabes _el-mogtasila_, esto
es, «los baptistas»[258]. No es empresa fácil desembrollar estas
vagas analogías. Las sectas que en los primeros siglos de nuestra
era[259] flotaban, allende el Jordan, entre el judaismo, el sabismo y
el cristianismo, ofrecen á la crítica, á causa de la confusion de las
noticias, el más singular é inextricable problema. De todos modos,
puede admitirse que várias de las prácticas exteriores de Juan, de
los Esenios[260], y de los preceptores espirituales judíos de aquella
época, procedian de una influencia reciente del alto Oriente. La
práctica fundamental que caracterizaba la secta de Juan, y que sin
duda motivó su nombre, tuvo siempre su centro en la baja Caldea,
constituyendo una religion que se ha perpetuado hasta nuestros dias.
Aquella práctica era el bautismo ó la inmersion total. Las abluciones
estaban ya en uso entre los judíos como en todas las religiones de
Oriente[261]. Los Esenios le habian dado una extension particular.
El bautismo habia llegado á ser una ceremonia ordinaria al ingresar
los prosélitos en el seno de la religion judía; una especie de
iniciacion[262]. Sin embargo, ántes de nuestro Bautista no se habia
dado á la inmersion aquella importancia ni aquella forma. Juan habia
fijado el centro de su actividad en la parte del desierto de Judea
próxima al mar Muerto[263]. En las épocas en que administraba el
bautismo, se trasladaba á las márgenes del Jordan[264], cerca de
Bethania ó Bethabara[265], sobre la orilla oriental (probablemente
frente á Jericó), ó bien al sitio llamado Ænon ó «las Fuentes»[266],
no léjos de Salim, donde el agua era mucho más abundante[267].
Considerable muchedumbre, en particular de la tribu de Judá, corria
hácia aquel paraje para recibir el bautismo[268] de manos del
anacoreta. Y tanto creció su fama, que en pocos meses llegó á ser uno
de los hombres más influyentes de la Judea.
El pueblo le consideraba como un profeta[269], y várias personas
se imaginaban que era Elías resucitado[270]. La creencia en tales
resurrecciones era muy general[271]: creíase que Dios haria salir de
sus sepulcros á varios de los antiguos profetas para que sirvieran
de guía al pueblo de Israel y le condujeran hácia su destino. Otros
tomaban á Juan por el Mesías mismo, sin embargo de que él no manifestó
nunca semejante pretension[272]. Los sacerdotes y los escribas,
opuestos á aquel renacimiento de profetismo, y siempre enemigos de las
almas entusiastas, despreciaban al rígido eremita. Pero la popularidad
del Bautista les imponia respeto y no se atrevian á hablar en contra de
él[273], lo cual era una victoria que el sentimiento de la muchedumbre
alcanzaba sobre la aristocracia sacerdotal. Cuando se obligaba á los
jefes de los sacerdotes á que se explicáran claramente sobre este
punto, no sabian cómo hacerlo[274].
Pero el bautismo no era para Juan sino un signo destinado á causar
impresion y á preparar los ánimos á algun gran movimiento. Es indudable
que abrigaba en alto grado las esperanzas mesiánicas y que su accion
principal se dirigia en este sentido. «Haced penitencia, exclamaba,
porque se aproxima el reino de Dios»[275]. Anunciaba tambien una
«cólera suprema», esto es, terribles catástrofes que habrian de
realizarse[276], y declaraba que el hacha amenazaba ya la raíz del
árbol, el cual no tardaria en ser arrojado al fuego. Juan representaba
á su Mesías con una criba en la mano recogiendo el buen grano y
arrojando la paja á las llamas. Para el Bautista, la penitencia,
cuya forma consistia en el bautismo, la limosna y la enmienda de
las costumbres[277], eran los grandes medios de prepararse á los
acontecimientos que se hallaban próximos. No se sabe exactamente de
qué manera comprendia él esos acontecimientos; pero está fuera de duda
que predicaba con grande energía contra los mismos adversarios de
Jesús, tales como los fariseos, los sacerdotes ricos, los doctores,
en una palabra, contra el judaismo oficial; y que, así como á
Jesús, le acogian favorablemente las clases menospreciadas[278]. El
anacoreta de Judea daba poquísima importancia al título de hijo de
Abraham, y decia que Dios podia convertir en hijos de Abraham los
guijarros del camino[279]. La grande idea de una religion pura, idea
que fué el triunfo de Jesús, no parece haberla poseido ni áun en
gérmen; pero sustituyendo el rito privado á las ceremonias legales
rodeadas de sacerdotes, sirvió de poderoso auxiliar á aquella idea,
así como los Flagelantes de la edad media, arrebatando el monopolio
de los sacramentos y de la absolucion al clero oficial, sirvieron de
precursores á la Reforma. El tono general de los sermones del Bautista
era severo y áspero. Las expresiones que usaba contra sus adversarios
tenian, á lo que parece, el sello de extremada violencia[280]. Sus
discursos eran una ruda y contínua invectiva. Probablemente no
permaneció ajeno á la política; Josefo, que sin duda tuvo de él ámplias
noticias por medio de su maestro Banú, lo deja traslucir á medias
palabras[281], y así lo hace tambien suponer la catástrofe que puso fin
á sus dias. Sus discípulos hacian una vida muy austera[282], ayunaban
frecuentemente y afectaban un aire triste y receloso. Vése por momentos
asomar en aquel grupo la idea de la comunidad de bienes y la de que el
rico debe repartir lo que posee[283]. El pobre aparece ya figurando en
primera línea entre los que el reino de Dios debe colmar de beneficios.
Aunque la Judea era el centro de accion de Juan, la fama de su nombre
llegó pronto á oidos de Jesús, el cual habia ya formado en torno suyo
un pequeño círculo de oyentes, atraidos por sus primeros discursos.
Jesús, no gozando todavía de mucha autoridad, y aguijado, sin duda,
por el deseo de ver á un maestro cuya enseñanza tenía tantos puntos
de contacto con sus propias ideas, salió de Galilea con su reducida
escuela y se dirigió hácia Juan[284]. Los recien llegados se hicieron
bautizar, como todo el mundo. Juan acogió bastante bien á aquel
enjambre de discípulos galileos y no le pesó que formasen en distintas
filas que los suyos. Los dos maestros eran jóvenes, y entre ellos
habia muchas ideas comunes; así es que no tardaron en amarse, dándose
públicamente repetidas muestras de deferencia y aprecio recíprocos.
Semejante hecho sorprende á primera vista, y casi está uno por negarle,
si se tiene en cuenta el carácter de Juan. La humildad no fué nunca
en el pueblo judío el rasgo característico de las almas fuertes, y
parece más probable que aquella voluntad de bronce, aquella especie de
Lamennais siempre irritado, fuese en extremo colérico, y no sufriese
ni rivalidad ni semi-adhesion. Pero esta manera de concebir las cosas
estriba en la falsa idea que se tiene respecto á Juan. Ordinariamente
nos le representamos como un anciano, cuando, por el contrario, era
de la misma edad de Jesús[285] y muy jóven, segun las ideas de la
época. En el órden espiritual, no fué el padre de Jesús, sino más bien
su hermano. Esto supuesto, ¿qué tiene de particular que siendo los
dos jóvenes entusiastas, y abrigando las mismas esperanzas, hicieran
causa comun y se apoyaran recíprocamente? Un maestro encanecido en
la enseñanza de su doctrina se habria indudablemente indignado al
ver que un jóven sin celebridad se llegaba á él con pretensiones de
independencia: no hay ejemplo de que un jefe de escuela acoja con
oficiosidad y cariño al que ha de sucederle. Pero la juventud es capaz
de todas las abnegaciones, y se comprende que Juan, reconociendo
en Jesús un espíritu semejante al suyo, le acogiera sin ninguna
prevencion. Aquellas buenas relaciones sirvieron despues á los
evangelistas de punto de partida para desarrollar todo un sistema
que consistió en dar por primera base á la mision divina de Jesús el
testimonio de Juan. Tal era el grado de autoridad que supo conquistar
el Bautista, que ninguna garantía pareció tan eficaz y á propósito
como la suya. Pero el anacoreta de Judea estuvo muy léjos de abdicar
ante Jesús; por el contrario, miéntras permaneció junto á él, Jesús
le reconoció como superior y no desarrolló su propio genio sino muy
tímidamente.
En efecto, no obstante su profunda originalidad, Jesús parece haber
sido el imitador de Juan, al ménos durante algunas semanas. Su vida
era todavía oscura en comparacion de la del Bautista. Además, en el
curso de su carrera, Jesús no dejó de plegarse muchas veces á la
corriente de la opinion, admitiendo algunas cosas que no entraban
en sus proyectos, sólo porque eran populares; pero esos accesorios
no perjudicaron nunca á su idea principal, y estuvieron siempre
subordinados á ella. Gracias á Juan, el bautismo habia llegado á
obtener gran boga; Jesús se creyó obligado á adoptarle; él y sus
discípulos bautizaron tambien desde entónces[286], y sin duda
acompañaban el bautismo de predicaciones parecidas á las de Juan. Así
es que las orillas del Jordan se cubrieron por doquiera de Baptistas,
cuyos discursos alcanzaban más ó ménos éxito. No tardó el discípulo en
igualar al maestro, siendo muy solicitado su bautismo. Un sentimiento
de rivalidad ó de celos se despertó entónces entre los partidarios
del anacoreta de Judea y del profeta de Nazareth[287]; los discípulos
de Juan se le quejaron del éxito creciente del jóven galileo, cuyo
bautismo iba muy pronto, segun decian, á oscurecer el suyo; pero
semejantes pequeñeces no ejercieron ninguna influencia en el ánimo de
los dos maestros. Por otra parte, la superioridad de Juan era demasiado
incontestable á los ojos de Jesús, apénas conocido, para que tratase
de combatirla. Deseaba únicamente crecer á su sombra, y á fin de ganar
terreno entre la muchedumbre, se creia obligado á emplear los medios
exteriores que dieron á Juan tan asombrosa fama. Cuando, despues de
la prision del Baptista, volvió Jesús á reanudar sus predicaciones,
las primeras palabras que se le atribuyen no son sino la repeticion de
una de las frases que tan familiares eran á aquél[288]. Otras muchas
expresiones de Juan se encuentran textualmente en sus discursos[289].
Á lo que parece, las dos escuelas vivieron en buena inteligencia
durante mucho tiempo[290], y al ocurrir la muerte de Juan, Jesús, como
hermano confidente, fué uno de los primeros á quienes se notició aquel
acontecimiento[291].
Juan fué bien pronto detenido en su carrera profética. De igual modo
que los antiguos profetas judíos, dirigió frecuentemente filípicas
terribles contra los poderes establecidos[292]. La vivacidad y acritud
de sus palabras á este respecto, no podia ménos de ocasionarle graves
inconvenientes. En Judea, Juan no parece haber sido molestado por el
procurador Pilato; pero la Perea, al otro lado del Jordan, confinaba
con el territorio de Antipas, y el gérmen político que ocultaban las
predicaciones de Juan inquietó á aquel tirano. Las grandes reuniones de
hombres que el entusiasmo religioso y patriótico formaba al rededor
del Bautista tenian algo de sospechoso. Un agravio personal vino á
añadirse á aquellas razones de estado, haciendo inevitable la pérdida
del austero censor.
Entre los caractéres más fuertemente acentuados de aquella trágica
familia de los Heródes, uno de ellos era Herodías, nieta de Heródes
el Grande. Violenta, ambiciosa y apasionada, Herodías aborrecia el
judaismo y despreciaba sus leyes. Habíase casado, probablemente contra
su voluntad, con su tio Heródes, hijo de Mariamno[293], á quien Heródes
el Grande habia desheredado[294] y el cual no desempeñó nunca ningun
papel público. La posicion humilde de su marido, respecto á los otros
miembros de la familia, era para ella motivo de profundo disgusto;
Herodías queria ser soberana á todo trance[295], é hizo de Antipas el
instrumento de su ambicion. Hallándose perdidamente enamorado de ella,
aquel hombre débil y sin carácter la prometió tomarla por esposa,
despues de repudiar á su primera mujer, la hija de Hareth, rey de Petra
y emir de las tribus fronterizas de la Perea. La princesa árabe llegó á
tener noticia del proyecto y determinó huir: disimulando su designio,
fingió un viaje á Machero, punto situado en las tierras de su padre, y
se hizo acompañar por los oficiales de Antipas[296].
Makor ó Machero era una fortaleza colosal, construida por Alejandro
Janeo, y restaurada despues por Heródes, la cual se alzaba en uno de
los sitios más escarpados de cuantos existen en la parte oriental
del mar Muerto[297]. Era aquél un país áspero, salvaje, poblado de
extravagantes leyendas y, segun la creencia general, frecuentado por
los demonios[298]. La fortaleza estaba justamente en el límite de
los estados de Hareth y de Antipas, y en aquel momento se hallaba en
posesion del primero[299]. Advertido Hareth, habia preparado cuanto era
indispensable á la fuga de su hija, la cual fué, de tribu en tribu,
conducida hasta Petra.
Entónces tuvo lugar la union, casi incestuosa, de Antipas y de
Herodías[300]. Entre los judíos severos y la irreligiosa familia de los
Heródes, las leyes judáicas sobre el matrimonio eran incesantemente una
piedra de escándalo[301]. Hallándose los miembros de aquella numerosa,
pero aislada, dinastía reducidos á casarse entre ellos, resultaban de
aquí frecuentes violaciones de los impedimentos que la ley establecia.
Juan se hizo el eco del sentimiento general y censuró enérgicamente la
conducta de Antipas[302]. No se necesitaba tanto para atizar el ódio de
aquél y decidirle á tomar medidas violentas: mandó prender al Bautista
y ordenó que se le encerrase en la fortaleza de Machero, de la cual se
habia, sin duda, apoderado despues de la fuga de la hija de Hareth[303].
Antipas, más débil y cobarde que cruel, no deseaba la muerte de Juan,
porque, segun algunos, temia que produjese una sedicion popular[304].
Otros aseguran[305] que habia llegado á escuchar con placer las
doctrinas del prisionero, y que las palabras de éste habian sido para
él motivos de grandes perplejidades. Sea como fuere, lo cierto es
que el cautiverio de Juan se prolongó, y que áun desde el fondo de
su encierro traspiraba su influjo al exterior. No sólo se hallaba en
correspondencia con sus discípulos, sino que volverémos á encontrarle
en relacion con el mismo Jesús. Afirmóse más y más su fe en la
próxima venida del Mesías, y desde su calabozo seguia atentamente los
movimientos exteriores, tratando de descubrir en ellos los signos
favorables al cumplimiento de las esperanzas que alimentaba.