Han pasado algunos, bastantes años, desde que ocurrieron estos sucesos
hasta la fecha en que los conmemoro en los apuntes que preceden, con el
único fin de distraer la nostalgia de aquel bendito rincón de la tierra,
del que me apartan, por muy contados meses, urgencias que me imponen
este costoso sacrificio. Porque tan cabal, tan intensa, tan continua ha
sido mi felicidad en ese tiempo, que a veces me espantan los temores de
que no haya sido mi gratitud tan grande como el beneficio recibido, y un
día me hiera la justicia de Dios en lo que más amo, para recordarme lo
que le debo.
Santander, diciembre de 1894.