robustas, ó porque el tiempo debilitó su fortaleza. Entonces fué cuando
por todas partes corrieron inundaciones de fuego, y llamas que todo
lo abrazaron y consumieron, árboles, plantas, animales y hombres.
Pocos Mocobís, por repararse de los incendios, se abismaron en los
rios y lagunas, y se convirtieron en capiguarás y caimanes. Dos de
ellos, marido y muger, buscaron asilo en la eminencia de un altísimo
árbol, desde á donde miraron correr rios de fuego que inundaban la
superficie de la tierra; pero impensadamente se arrebató para arriba
una llamarada, que les chamuscó la cara y convirtió en monos, de los
cuales tuvo principio la especie de estos ridículos animales.
§. XVI.
DE SUS TRADICIONES HISTORICAS.
Así discurrian en materia de astronomia, y con poca diferencia en las
otras facultades: la materia de los sucesos para la historia casi no
tocaba en los tiempos pasados, y apenas salia de la vida y hazañas de
los presentes. Algunas relaciones conservan los rapsodas que repetian
cantando para refrescar la memoria de sus antiguedades, que confundia
y ofuscaba con fabulosas novedades el analista relacionero. Este
tenia la incumbencia de repetir, al son de bárbaros instrumentos, las
tradiciones de sus mayores, de instruir á otros en las noticias para
suplir su falta con el canto.
Esta tradicion, en gentes que no cultivan la memoria, ni usaban
lápidas, geroglíficos, ni caractéres, no podia ser muy puntual, ni
abrazar muchos detalles. Tal cual suceso memorable, corrompido con la
alteracion que de suyo lleva el tiempo, y la fragilidad de la memoria,
conservaban los relacionistas, y lo perpetuaban con el canto. En lo
demas de sus vasallos, las hazañas de sus caciques y las de sus mayores
se echaban en perpetuo olvido, y apenas los hijos se acordaban de las
proezas de sus padres.
§. XVII.
DE SU APTITUD PARA LAS ARTES.
De las facultades mecánicas solo tenian el no tenerlas, ni aun
instrumentos para ejercitarlas. Sus canoas, sus dardos, sus macanas,
sus arcos y flechas, trabajaban con ímproba laboriosidad. Al tronco que
destinaban para canóa pegaban fuego, que consumia las superfluidades,
convirtiéndolas en ceniza y carbon, el cual desprendian á fuerza de
golpes de pedernales con filo agudo, hasta llegar á la parte sólida.
Volvian á pegar fuego y á levantar el carbon, formando á fuerza de
golpes, y con la actividad consumidora de la llama, aquella exterior
configuracion, ó cavidad interior que ellos pretendian para el uso de
la navegacion.
De la misma manera, y con la misma prolijidad, trabajaban y pulian
los dardos, las macanas, los arcos y las flechas. El fuego gasta y el
pedernal desbasta los varejones, y cuando ya los tienen en el grosor y
proporcion que desean, los pulen con delicada nimiedad, y los dejan tan
tersos y lisos, que no los aventajará el mas diestro oficial con sus
gurvias y garlopas. Verdad es, que necesitan meses para sus maniobras;
pero donde sobra la pereza y los instrumentos son ningunos, el tiempo
y la paciencia coadyuvan á la perfeccion de las obras. Admiracion es
que génios brutales, que para nada tienen tiempo sino para la inaccion,
busquen pulidez en las armas, y gasten tiempo en perfeccionarlas.
Esto eran en su infidelidad: pero alicionados en las manifacturas,
aprenden los oficios cuanto basta á imitar con perfeccion el ejemplar,
sin la gloria de inventores. El mas insigne maestro en la pintura y
en la delicada escultura, no podrá gloriarse de haberle añadido al
original un rasgo ni pieza que le dé nueva y mas agradable hermosura.
En lo que son singulares es en la imitacion: tan nimios, tan delicados
y puntuales á expensas de tiempo y paciencia, mirando y remirando una
y muchas veces el protótipo es que perfeccionan la obra. Vez ha habido
en que la delicadeza se ingenió tanto para la viva imitacion, que no
alcanzó la mas tildada observancia á discernir entre el ejemplar y el
retrato.
En la elocuencia y cultura de hablar se hallaron algunos, sueltos
en sus diálectos, tersos en las palabras y persuasivos en los
razonamientos. No abrian aulas, ni disputaban maestros para la
enseñanza de la juventud; pero cuando al mediano entendimiento
se juntaba la penetracion del idioma, y la verbosa locuacidad,
peroraban con dulzura y persuadian con eficacia. La voz comun á
los índicos idiomas llama bárbaros, ásperos y defectuosos: los que
con estudio y aplicacion penetran la estructura de su artificio y
propiedad para explicarse, los califican de elegantes, expresivos y
copiosos. Lo cierto es que abundan de voces, en lo natural propias,
en lo significativo vivas, y en lo persuasivo eficaces, ceñidas sin
confusion, claras sin redundancia, y magestuosas sin afectacion.
Solo se pueden llamar bárbaros, ásperos y defectuosos por la falta de
educacion de los indios, criados sin estudio, sin cultivo, ni facundia:
pero esos mismos idiomas en los labios de un elocuente y copioso de
razones, son elegantes, son expresivos, son melodiosos. La lengua
castellana es sin duda dulce, abundante y persuasiva; pero en la boca
de un inculto labrador, áspero de génio, y de tosco entendimiento, se
viste de sus propiedades, ó se viste de moda, segun el génio del que le
habla.
Esto nos pareció notar en las naciones americanas que habitan el
Paraguay, Rio de la Plata y Tucuman. Lo mas particular se tocará á su
tiempo y en su propio lugar. Por ahora nos llaman estas dilatadísimas
provincias á examinar su suelo y sus producciones.
SEGUNDA PARTE.
§. I.
ASPECTO GENERAL DEL PAIS.
La historia natural del Paraguay, rio de la Plata y Tucuman, que
abraza nuestra descripcion, ofrece á la vista y pone delante de los
ojos un tesoro de bellas noticias, que pueden enriquecer el museo de
los sábios, y entretener con peregrinas novedades la curiosidad mas
insaciable. Verdad es que el Supremo Hacedor no depositó en el seno de
estas provincias ricas minas de oro, plata, diamantes y esmeraldas,
cebo de la humana codicia: por lo menos su providencia no ha dispuesto
hasta el tiempo presente que se descubran estos apreciables metales,
escondiéndose al parecer de las investigaciones de los hombres mas
diligentes.
Pero, aunque el Soberano Autor no se mostró tan liberal en este punto
como en otras provincias que nos rodean, atendiendo cuidadoso á su
hermosura, con una muy agradable perspectiva y variedad admirable de
peregrinos objetos, casi enteramente los ciñó de altísimas serranías y
cordilleras, que empezando en la villa de San Jorge, en la capitanía de
Porto Seguro, se prolongan, á vista siempre del mar brasílico, hasta
la embocadura del reino de la Plata. Aquí, cansada la naturaleza con
la produccion de peñascos tan disformes, toma huelgo hasta la opuesta
ribera, desde adonde vuelve otra vez á levantarse un cordon y cadena de
serranías, que atraviesa el reino de Chile y Perú, y con casi dos mil
leguas de extension se alarga hasta la gobernacion de Santa Marta.
Del tronco principal de estas cordilleras, arrancan algunos ramos
que se internan en diferentes partes á Tucuman y Paraguay: tales
verdaderamente, y de altura tan eminente, que los Alpes y Pirineos
no pueden justamente disputarles la elevacion. Se cree, con bastante
fundamento, que en algunas partes estos ramos de cordillera están
penetrados de ricos metales; pero si en esta parte no corresponde la
realidad á la aprension, por lo menos es cierto que sus senos son un
rico depósito de las aguas que franquean sin esquives, repartiéndolas
con bastante equidad en arroyuelos y rios que fecundan las riberas, y
se derraman por las campañas para alivio y refrigerio de los mortales.
El corazon de estos paises son campañas dilatadas con algunas
elevaciones de terreno. A trecho se extienden por muchas leguas
espesos bosques, que embaraza al sol la comunicacion de la luz con el
atravieso enlazamiento de unos árboles con otros, y mucha variedad de
enredaderas, que suben desde el pié hasta la cumbre. En parte se divide
el terreno en hermosas praderias, y dehesas, esmaltadas de verde y
revestidas de toda la variedad de vistosas flores, que lleva de suyo
la mas lozana primavera. No es igualmente fecundo, y aun vicioso el
terreno en todas partes: pero en la misma desigualdad se descubre un
argumento claro de la equidad divina, que compensa las ventajosas
cualidades que reparte á unas provincias, con las que dispensa liberal
á otras.
§. II.
DE LOS ARBOLES.
Sin embargo de esta oculta compensacion en que Dios con altísima
providencia procuró utilizar á todo el Paraguay, y lo demas meridional
del Tucuman, gozan meollo mas pingue y fuerte, ya sea por la calidad
del terreno, ya por las copiosas lluvias que le fertilizan. Los cedros
se crian altísimos, y algunos tan gruesos que dos hombres tomados por
las puntas de los dedos no pueden abarcarlos. Cerca de la iglesia
del colegio de la Compañia en Salta, se derribó años pasados uno tan
desmedido y corpulento, que echado en el suelo y puesto dos sobre el
caballo, uno de un lado y otro de otro, no alcanzaban á verse. Los
palmares de varias especies, y piñales diferentes de los de Europa,
ocupan leguas enteras. Crianse los pinos altos, gruesos y derechos. Las
ramas arrancan de seis en seis, y de siete en siete al rededor de su
tronco, ciñendo la circunferencia de mayor á menor, hasta rematar en
figura piramidal con extraña proporcion, igualdad y correspondencia.
Sus piñones, mayores que los de Europa, aprovechan á los naturales, á
los monos y puercos silvestres. Mayor utilidad tiene la medicina en
el bálsamo que destilan, que los vivientes en los frutos que llevan.
Por Setiembre, cuando el humor fermenta con los primeros ardores de la
primavera, y toma vigor y fortaleza con la efervescencia, herido el
tronco destila un jugo al principio blanco, y despues colorado, bueno
para sanar heridas, y preservar de pasmos y convulsiones.
Su madera es de las mejores que puede desear la escultura por su
lucimiento y delicadeza. Es dócil á los instrumentos, se deja labrar
facilmente, y sin resistencia admite cualquiera figura al gusto del
diestro maestro y delicado estatuario. Como el corazon está penetrado
de humor colorado, con solo esponer la estatua al calor del fuego,
transpira el jugo á la exterior superficie, y la barniza de purpureo
encendido con un esmalte natural que jamas pierde, y conserva la pieza
con lustre agradable y vistoso.
Otros pinos hay hácia el Paraguay, cuyo fruto llaman los naturales
_Curibay_, que quiere decir piñones de purga: son semejantes en la
exterior contestura á los de Europa, pero muy diversos en los efectos.
Porque el que los come en poco tiempo experimenta una tormenta
interior, y tal conmocion de humores que le hacen prorumpir en
violentos vómitos, y copiosas evacuaciones. Dicen algunos que estos
piñones son el único remedio contra la gota: pero siendo tan fácil la
medicina, y tantos los tocados de este penoso mal, no saldré fiador de
su virtud medicinal, sino la confirman nuevos experimentos.
El _Guayacan_, que llaman comunmente _Palo santo_, tan celebrado en la
medicina por sus calidades curativas, y apreciado para las fábricas y
manufacturas, abunda en muchas partes de las tres especies conocidas
en el mundo. Pero en tierras de Guaycurús, al poniente del Paraguay,
entre el Pilcomayo y Yabebijy, y tambien en algunos lugares del Chaco,
se cria otra cuarta especie, que merece particular mencion. Es árbol
grueso, alto, resinoso, aromático, y de madera fortísima. Las flores
anaranjadas declinan en amarillas, y dentro encierran unas mariposas,
que á su tiempo rompen la cárcel de flores, y salen de la cuna de su
nacimiento á gozar aires mas apacibles.
Su duracion es brevísima, y cuando presienten la vecindad de la muerte,
se meten debajo de tierra, mueren soterradas, y de lo interior de su
cuerpecillo nace la planta del _Guayacan_, pequeña al principio, y
despues de grandeza desmedida. Esta generacion es descrita sobre el
dicho y autoridad de los indios, poco curiosos en indagar los arcanos
de la naturaleza. Si es verdadera, se hace creible que las mariposas
saquen consigo la natural simiente, y que esta necesite de algun
fomento de vivientes sensitivos para que despues soterrada, se pongan
en movimiento los organos de vida con la agitacion, y empiece á crecer
la planta con la atraccion de los jugos.
La _Quinaquina_ es sin duda uno de los árboles mas útiles á la vida
humana, de cuyas propiedades tratan los botánicos. Críase en los valles
de Salta y Catamarca de la provincia del Tucuman, y en las vecindades
del Rio Negro, tributario de Uruguay por su márgen oriental. El fruto
de la quinaquina son unas almendras especiales, y apreciables por su
olor subido y confortativo: pero lo que mas se estima en este árbol,
y lo que es mas útil á la salud del hombre, es su cáscara, la cual
molida en polvos, y tomados en vino, aprovecha para expeler las fiebres
intermitentes.
_Copaiba_ es árbol grueso, alto, frondoso, que se cria en los montes
cercanos al rio Monday. Destila el célebre bálsamo _Copaiba_, apreciado
en la medicina para heridas penetrantes y peligrosas. Al tiempo que
este árbol empieza á desabrocharse en flores, y cuajar en frutos, se
le dá un barreno, y por él franquea pródigamente este precioso licor:
solo en quince dias sin afan, sin gastos ni cuidados, destila una buena
azumbre, la _Sangre del dragon_, que denominan con nombre espantable
para realzar el precio de un puro jugo de árbol. Los Guaranís le llaman
_Caberá_, y se cria muy alto y muy grueso á orillas de los rios y
arroyuelos: sus flores al principio blanquecinas, se tornan azules,
y cuando estan para marchitarse se vuelven purpúreas. Su fruto es un
cartucho, que encierra la semilla envuelta en una pelucita, semejante y
delicada como el algodon. En la Provincia del Tucuman se llama _Tipa_:
su tronco es mas grueso y derecho: en lo demas se asemeja al _Caberá_
de los Guaranís: pero uno y otro en los meses de Julio y Agosto, sajado
el tronco, destila por la incision copia de humor, llamado _Sangre de
drago_, y con mayor suavidad, y mas propiamente jugo del _Caberá_.
El _Copal_ es árbol alto, de madera blanca, sólida y buena para
edificios, y se halla en nuestras misiones de Guaranís: sus hojas lisas
y delgadas, repartidas de seis en seis por rama, cerradas y abiertas,
gozan el privilegio de girar al sol. Los naturales le nombran _Anguí_,
y por la admirable eficacia de su bálsamo, le llaman _Ibirapayé_, que
quiere decir árbol de hechiceros. Las buenas cualidades del bálsamo
le hacen acreedor á nombre mas honorífico, y lo podemos denominar
mas propiamente árbol milagroso, por los prodigios que obra en las
curaciones, efectos de su natural virtud.
La comun opinion le denomina bálsamo del Brasil, y sin duda en la
substancia, es el mismo, pero mejorado en el color por ser mas rubio,
y en la fragancia por ser mas trascendiente. De esta especie hay
masculino y femenino, y se conoce en que el uno lleva fruto, y el otro
se queda infecundo: pero ambos á competencia destilan el bálsamo, rico
depósito de calidades salutíferas para varias enfermedades. Otro copal
hay negro, menos grueso y menos alto, que destila el perfecto menjuí, y
un bálsamo fragante y útil para varios usos en la medicina.
_Aroma_ es árbol pequeño y de menuda hoja: críase en la provincia
del Tucuman, sin cultivo, ni riego, y el que fuera ornamento de los
jardines europeos, concedió la naturaleza en grande abundancia á
las campañas y faldas de la sierra en Tucuman. Sus ramos tiende con
agradable proporcion de mayor á menor, formando una copa vistosa. A
trechos por las ramas tiene repartidas fuertes y agudas espinas, con
que repara los insultos de los que se atreven á tocar sus flores.
Estas son á manera de estrellas, formadas de hilos delgados como el
cabello, que arrancan orbicularmente de un boton interior que ocupa el
centro. El color es naranjado, algo obscuro al principio, y despues mas
claro. El olor y suavidad que exhalan las aromas, y con que perfuman
los caminos y habitaciones cuando el viento es favorable, conductor de
sus delicados efluvios, no tiene igual ni comparacion.
Si hubiera de proseguir, uno á uno, la narracion de todos los árboles,
con dificultad podria concluir la historia. Hallándose los principales
de Castilla, que aunque extraños y peregrinos, los ha prohijado como
propios el terreno. Montes enteros se encuentran en diversas partes
de duraznos, naranjos, limones, que lleva la tierra sin cultivo, y
ofrece liberalmente á quien alarga la mano para recogerlos. El árbol de
_Isica_ y del incienso, el salsafrás, el arrayan de varias especies, y
el sándalo colorado, que los indios llaman _Yuquiripey_, el molle de
Castilla y el natural del país, abundan en muchas partes.
Hállase tambien el alto y grueso _Paraparay_, árbol crucífero, porque
sus ramas arrancan de dos en dos, con tal oposicion, que forman una
continuada série de cruces. El frondoso _Yapacariy_ de apreciable
sombra, pero de poca consistencia, y de duracion muy limitada, por
estar dispuesto á la polilla roedora. El _Mamon_, codiciado por su
fruta, que es del tamaño y figura de un pequeño melon, buena para
conservas, y fresca contra los ardores del veneno. El _Yataibá,_ que
los brasileños llaman _Animé_, célebre por su goma cristalina, de olor
el mas grato, que despide siempre de su seno. El _Tutumá_, cuyo fruto
vario en la figura, es á manera de calabazos, pero tan grandes que
admiten dos azumbres.
El sudorífero _Yzapy_, que en los meses de mayor calor destila de
las hojas un rocio suave y copioso, hasta despedirlo gota á gota, y
humedecer el suelo. El grueso y corpulento _Timboy_, de que hacen los
indios sus canoas y piraguas. El _Ibiraticay_, durísimo suplemento
del hierro, de que los naturales labran sus asadores y arados. El
_Ibirapetay_ de que labran las flechas, y que aumenta el dolor de la
herida con el escozor. El palo blanco, tan pesado, que dicen algunos
que gravita mas que el plomo; con otros muchos que ofrecen la utilidad
de frutas silvestres y de colores para los tintes:--que sirven de
ornamento á la campaña, y entretienen la vista con peregrina novedad.
Antes de apartarnos de los árboles, no desmerecen particular relacion
las cañas: hay unas que llaman bravas, por su extrema amargura; otras
dulces en que se saca la miel y azucar, pero no tan blanca y sólida
como la de _Curopá_, por falta de beneficio. Hay cañas muy corpulentas,
que partidas por medio sirven para la techumbre. La mas memorable es
otra especie de ellas muy altas, y mas gruesas que el muslo de un
hombre, en cuyos cañutos se crian guzanos mantecosos--gustoso alimento
para los naturales.
Entre las plantas, que son muchas y de varias especies, la piña es la
mas arrogante, y su fruto el mas delicioso. D. Antonio Ulloa, en su
Viage Americano, la describe con diligente exactitud, y le haríamos
agravio en alterar la pureza de su estilo.
“Nace, dice, la piña de una planta que se parece mucho á la
sábila, á excepcion de que la penca de la piña es mas larga, y
no tan gruesa como aquella; y desde la tierra se extienden
todas ellas casi horizontalmente, hasta que á proporcion que
van siempre siendo mas cortas, quedan tambien menos tendidas.
Crece esta planta cuando mas como tres pies, y en el remate la
corona una flor á la manera de un lirio, pero de un carmesí tan
fino que perturba la vista su encendido color.”
“De su centro empieza á salir la piña del tamaño de una nuez:
y á proporcion que esta crece, vá amortiguándose en aquella su
color, y ensanchándose las hojas para darle campo, y quedar
sirviendo de base y ornamento. La piña lleva en su pezon otra
flor en figura de corona, de hojas semejantes á la de la
planta, y de un verde vivo: la cual crece á proporcion de la
fruta, hasta que llegan una y otra al tamaño que han de tener,
siendo á este tiempo muy corta la diferencia que hay en el
color entre las dos. Habiendo crecido la fruta, y empezando á
madurarse, vá cambiando el verdor en un pajizo claro: y
subiendo este mas su punto, le vá acompañando al mismo tiempo
un olor tan fragante, que no puede estar oculta, aunque la
encubran muchas ramas.”
“Interin que está creciendo se halla guarnecida de unas
espinas no muy fuertes, que salen de todas la extremidades de
las aparentes pencas que forma su cáscara, pero á proporcion
que madura se van secando estas, y perdiendo la consistencia
para no poder ofender al que las coge. No es poco lo que en
esta fruta tiene que admirar el entendimiento al Autor de la
naturaleza, si con cuidado se reparan tantas circunstancias
cuantas concurren en ella.”
“Aquel tallo, que le servió de corona mientras creció en las
selvas, vuelve á ser nueva planta, si lo siembran; porque la
que la brotó, parece que, satisfecha con su parto, empieza á
secarse luego que se corta la piña, y ademas de la de su
cogollo, brotan las raices otras muchas, en quien queda
multiplicada la especie.”
“Quitada la piña de la planta, mantiene siempre la fragancia,
hasta que pasando mucho tiempo empieza á pudrirse: pero es
tanto el olor que exhala, que no solo en la pieza donde está,
sino tambien en las inmediatas se deja percibir. El tamaño
regular de esta fruta es entre cinco y siete pulgadas de
largo, y de tres á cuatro de diámetro en su base, el cual se
disminuye á proporcion que se aproxima á la otra extremidad.
Para comerla se monda, y despues se hace ruedas; es muy
jugosa, tanto que al mascarla se convierte la mayor parte en
zumo, y su gusto es dulce, con algun sentimiento de agrio muy
agradable. Puesta la cáscara en infusion con agua, se forma,
despues que ha fermentado, una bebida muy fresca y buena, que
conserva siempre las propiedades de la fruta.”
El _Guembé_ merece lugar despues de la piña. Tiene su nacimiento en
la tierra, ó sobre los árboles, si el acaso levantó la semilla sobre
ellos. Cuando nace sobre los árboles, aunque sean altísimos, busca la
tierra dejando caer las guias para abajo, y profundando en ella se
levanta con nuevo vigor, trepando por los árboles, y enlazándose en sus
ramas. Las hojas son tersas, abiertas en tres puntas, largas á veces
casi una vara. La corteza de las raices, que prolongan de arriba para
abajo, tiene la utilidad de servir para varios usos: el mas apreciable
es para hacer cables con que asegurar las balsas y barcos, y maromas
para sacar agua de las norias.
El fruto del _Guembé_ son unas vainas largas que encierran una espiga
claveteada de granitos á manera de mazorcas de maiz. A los quince dias
de su produccion se abre la vaina y expone al sol, el rico tesoro
que ocultaba, hermoso y blanco como la planta. Los naturales tienen
observado que mientras las vainas están abiertas acuden ciertas
mariposas coloradas, mas ardientes que las cantáridas, á chupar un
jugo delicado que de la espina transpira. Pero á pocos dias vuelven
á cerrarse, y con el beneficio que reciben de los mosquitos toman
perfecta sazon y acaban de madurar.
Al _Caraguatá_ destinó la naturaleza para cerco de los huertos: se tupe
mucho con sus pencas fuertes, altas, sólidas y armadas de penetrantes
espinas, con que se remueven ensangrentados los incautos pero atrevidos
agresores. Estas pencas tienen calidades estimables: sobre los techos
sirven de tejas, que recojen el agua para que no inunden las chozuelas
de los pobres: y de su corazon se sacan hilos á manera de cáñamo, que
sirven para torcer cordel fuerte, y de él labran los infieles algunos
tejidos de bajo artificio no inferior á la pobreza de la materia. La
fruta en la figura se asemeja á la piña; pero el corazon es pulpa
dulcísima, que declina en agridulce agradable, y suple los efectos de
cualquiera limonada.
Nuestros conquistadores, en la imposicion de los nombres á las cosas
de Indias, y en la traduccion de voces exóticas, no se aligaron
escrupulosamente á la propiedad, ni esta era posible hallarla para
denominar en nuestra lengua los árboles, las plantas, los frutos, las
aves y animales tan peregrinos en España, como agenos de su nativo
idioma. Ellos pues se contentaron con alguna semejanza, á las veces
génerica, para denominar objetos peregrinos, y por medio de esa
denominacion impropria, nos precisan á aprender las cosas diferentes de
lo que en sí son.
Así sucede con los _Pacobás_, á los cuales llaman los españoles
platanos, por alguna semejanza que tienen con ellos. En lo demas es
cierto que se diferencian tanto de los que celebró la antiguedad, que
siendo estos el regalo y delicias de las mesas imperiales, los pacobás
son llamados por mal nombre _harta-bellacos_. Esta es la primera
especie, y dá el fruto en racimos tan grandes, que algunos pesan arroba
y media: su substancia y meollo escorreoso, pesado al estómago, y de
calidades muy frígidas. La segunda especie llaman de Santa Catalina,
cuyo fruto es mas digestible, y aun apetecido de los naturales, y en
algo se asemeja el sabor de la pulpa al de la pera.