EL DÍA 4 DE OCTUBRE[12]

I

Desde luego advierto al lector que esta fecha no viene aquí con la

pretensión de figurar entre las muy justamente célebres que guardan los

fastos españoles, ni pertenece siquiera al catálogo de esas otras de

flamante cuño que, no mereciendo, por ningún estilo, que la imparcial

severa Historia las registre en sus páginas, andan indocumentadas

pidiendo hospitalidad de puerta en puerta y rebotando de periódico en

periódico, á manera de proyectil elástico. Hablo de los _diez de abril_,

_tres de octubre_, _siete de julio_ _veintinueve de septiembre_, y otras

_ejusdem farinoe_, no menos zarandeadas, en estos tiempos que corremos,

por los campeones de la política militante, ya como gloria, ya como

afrentas.

Tampoco se halla impresa en ninguna parte con sangre de _libres_ ni de

_esclavos_, ni recuerda patíbulos, ni asonadas, ni siquiera un mal

cintarazo. Por tanto, no aspira á que _el país_ la recuerde sólo con que

yo se la cite. Más humilde en su origen y en sus aspiraciones, se cree

muy honrada con que unos cuantos pueblos de la Montaña y yo la evoquemos

con inocente complacencia: ellos, por lo que afecta á sus caros

intereses: yo, por el que me tomo siempre en cuanto sirve de

satisfacción á los demás.

Es, pues, el caso de que los labradores ganaderos de la parte central de

la provincia, cuando llega el mes de mayo, no solamente no tienen en el

pajar un pelo de yerba de la recogida en el agosto anterior, sino que

sus ganados han destrozado ya las mieses durante los meses de

_derrotas_, y han recorrido las sierras bajas, y han comido _escajo_,

picado á fuerza de ímprobos sudores, y han ido entresacando los

_herbalachos_ que crecen entre zarzas y matorrales, y hasta han roído el

césped de las lindes de los _camberones_. ¡Calcúlese cómo viviría el

ganado hasta el mes de agosto, época de la recolección y acopio de yerba

para el invierno, si no tuviera más recursos que los ordinarios de casa,

digámoslo así!

Por fortuna de los pobres animales, hay en esta provincia, sobre su

parte más elevada, entre Campóo, Cabuérniga y Polaciones, unos pastos

en los puertos de Lodar, Peñalabra, Palombera, Brañamayor y otros, que

están diciendo «pacedme»; y á pacerlos van desde junio á octubre, los

ganados, _ó cabañas_, de varios pueblos de la indicada región, que están

en pleno goce de ese privilegio.

De qué procede éste, y por qué le tienen unos pueblos y otros no, lo

ignoro absolutamente. De cuándo data, tampoco es fácil decirlo. No sé

más sino que, en cierta ocasión, el Concejo de Vioño, uno de los

privilegiados, tuvo necesidad de reivindicar su derecho, y siguió un

pleito con los Concejos _altos_ que se le negaban, ante la Real

Chancillería de Valladolid, la cual le sentenció en el año de 1630. Yo

he visto esos autos, y según ellos, alegaban los de Vioño «estar en

quieta, pacífica posesión de lo hacer é gozar libremente con los dichos

sus ganados á ciencia y paciencia de las partes contrarias, de uno,

diez, veinte, treinta, cuarenta, cincuenta..., ciento y más años; y de

tantos, _que en memoria de hombre no era en contrario_». ¡Figúrense

ustedes si será antigua la costumbre!

La Real Chancillería mantuvo al Concejo querellante en su derecho «de

llevar su cabaña _con palos, pastores, perros y cencerros, á pacer las

yerbas y beber las aguas, seleando y majadeando_, á los sitios de Bus

Cabrero, Bustamezán, Cueto de Espinas, etc., etc....»

Idéntico y tan antiguo privilegio es el que disfrutan los demás Concejos

sobre éstos y otros puertos. Puedo ofrecer al lector la lista de todos

los privilegiados. Se la debo á un anciano de uno de ellos, hombre que

sabe de memoria las ordenanzas del caso (pues no las conserva escritas

aquel archivo municipal) y es quien resuelve las dudas y conoce

prácticamente hasta los linderos de los puertos. Allá va, pues, la lista

aunque no me la agradezca nadie: Barcenaciones, Bustablado, Cerrazo,

Cohicillos, Cóo, Helguera, La Busta, La Montaña, Los Corrales, Llano,

Mercadal, Novales, Oreña, _Polanco_, Quijas, Reocín, Rudagüera, Ruiloba,

San Mateo, Somahoz, Tanos, Tarriba, Toporias, Treceño, Udías, Valle,

Valle de Cabezón, Viérnoles, Vioño y Zurita.

En cambio del disfrute de los puertos altos por las cabañas de estos

Concejos, durante determinados meses del verano, pesa sobre ellos un

casi imaginario y levísimo gravamen. De uno de los Concejos me consta

que solo está obligado, en el caso en que las nieves fuesen tan copiosas

y duraderas en los altos que, consumida la _ceba_[13] de los

_invernales_[14], tuvieran aquellas cabañas que emigrar á los bajos

(caso que aún está por ver) á dar dos haces de puntas secas de maíz por

cada res, y á sacar su carro cada vecino, durante la noche, al corral, á

fin, sin duda, de que el ganado inmigrante pueda guarecerse en los

soportales, ó en los cobertizos desalojados.

En el mismo caso de emigración forzosa, las cabañas de Campóo y

Polaciones tienen á su disposición, durante la primavera, _seles_ en los

montes comunes de abajo, mientras dure la nieve arriba; pero á condición

de que no han de pasar las cabañas de los términos más próximos á la

nieve.

En previsión, sin duda, de tal necesidad, los vecinos del Concejo de

Udías no pueden cortar en sus heredades (no deben, á lo menos) los

tallos secos del maíz hasta marzo.

Como algunas cabañas no tienen pasto bastante en los puertos que

disfrutan por derecho propio, los Concejos á que aquéllas pertenecen

toman en arriendo otros por un tiempo determinado, pero con formalidades

y garantías harto modernas y prosaicas, y á pagar en moneda sonante.

Estos pagos se hacen recaudando el Concejo á razón de un tanto por cada

res que disfruta del puerto; y para entender en estos asuntos hay en

cada pueblo un concejal que se llama _alcalde de cabaña_, á cuyo cargo

está, por ende, cuanto se refiere á los pastores, al toro y á los

perros. Bueno es advertir también que las soldadas de los primeros se

pagan, como los puertos, por los dueños del ganado que los disfruta.

Ocho ó diez días antes del de San Antonio, es decir, del 13 de Junio,

van los pastores de casa en casa con dos marcos de hierro, en uno de los

cuales está el nombre completo del pueblo en letras pequeñas, y en el

otro la inicial del mismo de gran tamaño, tomando nota de las cabezas de

ganado que han de ir al puerto, y de las que de éstas se hallen sin

marcar. Si las que están en este caso tienen astas, se aplica á una de

ellas el primer marco enrojecido al fuego; si no las tienen todavía, se

las tumba en el suelo, y con el marco segundo, chisporroteando, aplicado

á la nalga derecha, se les hace dar cada berrido de dolor, y se levanta

un tufillo de carne asada, que no hay más que pedir.--De paso averiguan

los pastores cuál es la vaca más fuerte y más garbosa para ponerle al

pescuezo el _campano del lugar_, ó sea el cencerro más grande de los

diez ó doce que tiene el Concejo para que la cabaña se luzca con ellos

por esas brañas de Dios. Obtener para su vaca el campano del lugar es el

más alto honor que en casos tales puede alcanzar el dueño de ella, razón

por la que hay cada intriga que canta el credo al llegar el momento de

elegir un cuello para el sonoro colgajo.

Al amanecer del día de San Antonio se colocan los pastores con el toro y

los perros en un punto convenido, acude á él cada vecino con el ganado

que quiere enviar al puerto; y formada de este modo la cabaña, hala que

te vas, comienza á marchar en busca de Peñalabra ó Palombera, los cuales

puertos no encuentra sino después de haber estado por espacio de tres

días anda que te anda y sube que te sube, al son de los cencerros y al

de los elocuentísimos jujeos y silbidos de los pastores.

Y aquí la dejamos, por no necesitarla para nuestro objeto, hasta _el día

4 de octubre_ siguiente, día en el cual llega infaliblemente al punto en

que se formó[15]; con el cual dato queda suficientemente aclarada la

significación del título que precede á estos párrafos, y dicho que

estamos, aunque tarde, de patitas en el asunto.

Escenas Montañesas · 第 60 / 79 题