III

Entre fiestas pasó un mes,

descuidado peregrino,

corriendo de feria en feria

y embaucando á sus amigos

con cuentos de Andalucía

y primores que había visto.

Pero, ¡ay!, al llegar agosto,

tentó con ansia el bolsillo

que ya protestaba lacio,

y, aunque con dolor vivísimo,

vendió su caballo enteco

(que nunca fué más lucido)

en diez duros, no cabales,

al primero que le quiso,

para reparar algunos

siniestros apremiantísimos,

pues no llegando «la recua

que quedaba en el camino»,

su traje se clareaba

á puro darle cepillo,

y sus botas se torcían

y no bastaba el tocino

para remediar las grietas

ni para prestarles brillo.

Trocó el presuntuoso puro

de á cuarto por el mezquino

pitillo; dejó el pan blanco

y el riojano negro líquido,

como regalo superfluo,

sólo para los domingos;

y aunque chancero y zumbón

y fingiéndose aburrido,

iba al campo algunas veces

«á enredar con el rastrillo».

Mas era que el pobre viejo,

formalizado, le dijo

un día:--«Si todas tus rentas

son las que á casa has traído,

ó trabajas ó no comes,

que yo del trabajo vivo.»

Tras esto llegó septiembre,

y el buen jándalo, afligido,

gastó la última peseta

que tenía en el bolsillo;

y no asomando «la recua

que quedaba en el camino»,

remendó los pantalones,

comió berzas y _respingos_,

emprendió con la _tortuca_

con mucha pujanza y brío,

dió en levantarse á la aurora,

y trabajando solícito,

se dormía por la noche

cansado, si no tranquilo.

Ya no habló más en caló

en medio de sus vecinos,

porque se burlaban todos

sin piedad de aquello mismo

que, oyéndolo de su boca,

aplaudían cuando vino.

Eran todos sus debates

sobre carros y novillos;

volvió á pensar en la _herba_,

y á _echar cambas_ ... y cuartillos;

llamó á la alubia _barbanzo_;

dijo por vuelto _golvío_;

por lo ignorado _el aquel_;

en vez de boca, _bocico_;

por agujero, _juriaco_,

y en lugar de trajo, _trijo_.

Dejó, en fin, su mixta jerga

de andaluz muy corrompido,

y volvió á adoptar de plano

su propio lenguaje antiguo:

_rézpede, ojeuto, chumpar,

rejonfuño, sostuvido,

escorduña, megodía,

sastifecho, tresponío_...,

lo más selecto y más clásico,

lo más puro y más legítimo

del diccionario especial

de tamaños barbarismos.

Entonces ya confesó,

sin ambajes ni remilgos

que estuvo en Puerto Real

tres años vendiendo vino

y llevando garrotazos

de padre y muy señor mío;

que sacó seiscientos reales

por todo producto líquido,

después de comprar el jaco,

ropa, escopeta y avíos,

y que entró con una onza

en su casa, el pobrecillo,

y la gastó en francachelas

por echársela de rico....

Y dos otoños, en fin,

después de lo referido,

con unos calzones pardos,

un chaquetón de lo mismo,

una camisa de estopa

y zapatos con clavillos,

salió otra vez de su pueblo

montado sobre un borrico,

para volver á la tierra

de la viña y del olivo,

á ganar otros seiscientos

con los azares sabidos.

Escenas Montañesas · 第 57 / 79 题