_(Aparte.)_
he visto estar escondiendo,
una jarra la Tomasa.
MANUELA. Hola Tomasa, ¿qué es eso?
¿Ónde echastes la otra jarra?
TOMASA. ¿Pues acaso yo la tengo
ni la he visto, deslenguada?
MANUELA. Sí: tú la tienes ahí dentro.
TOMASA. Andad, pícaras, borrachas.
MANUELA. La borracha tú y tu abuelo,
lo seréis; y se ha de ver
quién la ha hurtado.
(_Agárranse las dos del pelo_.)
TOMASA. ¡Suelta el pelo!
MANUELA. No te ha de valer, bribona,
más que bribona; el gargüero
te he de arrancar; dalo aquí.
Mirad si tiene algo dentro
de la saya.
(_Levántanse y la registran_.)
LUCÍA. Sí, aquí está.
MANUELA. Te aseguro y te prometo,
pellejona, sin vergüenza....
LUCÍA. Dejadlo, vaya.
MANUELA. La tengo
de beber la sangre aquí.
SIMÓN. Hombre, que se matan creo
la mujeres.
EMETERIO. No, maldita,
no tengas por eso miedo:
se darán cuatro cachetes
y se arañarán el pelo,
pero nada más.
TOMASA. ¡Vecinos,
que me ajuegan, venid presto,
estas pícaras borrachas!
JUAN. ¿Qué tenéis?; ¿por qué es aquesto?
(_Continúan riñendo_.)
..............................»
Se representó este sainete en Santander, según una nota que contiene, el
año de 1783, en el día de los santos mártires Emeterio y Celedonio, es
decir, el 30 de agosto.
Compárense las escenas que quedan extractadas de él con las que yo he
referido por mi cuenta, y véase cuán íntegro se conserva en la
actualidad el ritual de la _Buena Gloria_, si es que no aparece el
vigente aumentado y corregido.
De un larguísimo y soporífero prólogo que antecede al entremés, resulta
que el Ilmo. Señor don Francisco Javier de Arriaza, primer Obispo de
esta diócesis, empleó todos los esfuerzos de que eran capaces su
autoridad y su fervor, contra tan profana ceremonia; que su sucesor hizo
lo mismo, y que en el púlpito los oradores más afamados trabajaron con
incansable celo en la propia obra; pero que todo fué en vano.
La _Buena Gloria_, cuyo origen se ignora, pero que es antiquísimo según
el autor del sainete, y mucho más según uno de sus personajes, que
dice, al echar el dinero sobre la capa,
«Ésta es una cirimonia
que _nuestros tatarabuelos_
nos dejaron prevenío
se observara con rispeto»;
la _Buena Gloria_, repito, continuó después en toda su escandalosa
solemnidad, á despecho de sermones, de anatemas y del entremés citado;
atravesó impávida épocas de tirantez é intolerancia, y sin que nada haya
podido contra ella, logró aclimatarse en la moderna atmósfera de fósforo
y vapor, y aquí existen todavía en uso sus inconcebibles prácticas[10].