No hace mucho tiempo llegó á mis manos un manuscrito rancio y ahumado,
en cuya portada leí, en muy buenos caracteres, el siguiente rótulo:
_Entremés de la buena gloria_.
Abríle con curiosidad, y vi que, en efecto, era un sainete, cuyo
argumento se reducía á poner de relieve algunas escenas muy parecidas á
las que acabo de referir, presenciadas por dos forasteros, asaz pulcros
y timoratos, que de vez en cuando salen de entre bastidores, donde están
ocultos, á lanzar al público una andanada de muy saludables, pero muy
pedantescas observaciones, contra la profana costumbre de las _Buenas
Glorias_.
No tanto para que se tenga una prueba más de la verosimilitud de mi
cuadro, como para que se conozca el saber de la citada producción, cuyo
autor tuvo el mal gusto ó la abnegación, de morirse sin descubrir su
nombre[9], voy á transcribir algunas de sus escenas, contando con la
indulgencia del benévolo lector:
«.............................
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MANUELA. ¿Han venido todas ya?
LUCÍA. Cuéntalas, mojuer.
TOMASA. Veremos.
Una, dos, tres, cuatro, cinco....
MANUELA. Mojuer, Tomasa, ¿qué es esto?;
¿no hay más á esta _Buena Gloria_?
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TOMASA. Y ahora, ¿á cuánto escotaremos?
LUCÍA. Á rial y medio.
MANUELA. Eh, golosa,
para espenzar no tenemos.
Á dos riales.... ¿Qué lo quieres?;
¿que te lo lleven los nietos?
Ve con Judas que te lleve
á ti y todo tu dinero.
¿No tienes quien te lo gane?;
si fuera yo, probe....
LUCÍA. Cierto
que puedes quejarte; vaya,
á dos riales escotemos.
_(Tienden una mantilla en el suelo, y
allí cada uno echa su pitanza.)_
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LUCÍA. Tomasa, ve por el vino.
¿Sabes tú dónde lo hay bueno?
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TOMASA. ¿Bastará con cuatro azumbres,
á dos por cabeza?
MANUELA. ¡Infierno!
Siempre has de ser estrujada;
no sabes cuidar tu cuerpo.
Y algunos niños si vienen
¿no han de probar algo de ello?
Que traigan veintidós justas:
en ocho más no paremos.
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_(Sigue el coro de los hombres.)_
EMETERIO. Juan, á tres riales es poco.
Somos cuatro, y cuando menos
beberemos doce azumbres.
ANTÓN. Simón, dice bien Miterio.
SIMÓN. ¿Y no ha de haber también algo
para atizar el _rodezno_?
EMETERIO. ¿Algo de compaño? Sí.
JUAN. Pus ¿qué traerá?
EMETERIO. Traiga queso.
ANTÓN. Mejores son cuatro arenques,
pues sin otro surtimiento
somos los cuatro abonaos
para soplar un pellejo.
JUAN. Pues bien, vengan los arenques.
EMETERIO. Démosle antes el dinero:
á peseta por escote.
ANTÓN. Pues bien, echadlo en el suelo,
que esto es una cirimonia
que nuestros tatarabuelos
nos dejaron prevenío
se observase con rispeto
en todas las _Buenas Glorias.
_(Tienden una capa y echan los escotes.)_
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MANUELA. Vamos, echa acá el botijo.
_(Destápale.)_
¡Jesús!, éste no está lleno.
TOMASA. Algo se _baltucaría_.
Como vine tan corriendo....
MANUELA. Mejor te lo habrás echao
en el camino al coleto.
TOMASA. Mira la gran desollada:
no viene mi casta de eso....
Borrachona serás tú.
ANTÓN. No riñáis ni alborotemos...;
tened lástima á la viuda
que ha enterrado su consuelo.
VIUDA. ¡Ay!
LUCÍA. Encomendarle á Dios.
TOMASA. Sí, hijas, vaya.
MANUELA. Arrecemos.
por los que han muerto en la calle.
_(Murmullan entre sí en tono de rezar.)_
Y por todos los que han muerto
en el servicio del Rey.
_Pater noster_. Arrecemos
_por el que se hace el ufragio_,
para que Dios le haiga hecho
buena partida á su alma.
VIUDA. ¡Ay!, probe, que sin consuelo
he quedado sola y triste,
sin mi amado compañero.
_(Aráñase)_
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TOMASA. Dale á la viuda primero:
trae acá si no. Toma, hija,
come ahora.
VIUDA. ¡Ay!, que no puedo
atravesar un bocao.
¡Ay, Santos Mártiles viejos,
qué desamparada y sola
me habéis dejado! ¡Oh, qué negro
fué este día para mí!
¡Ay, desdichada!
MANUELA. Ya de eso
no te tienes que alcordar:
mañana iremos lo mesmo.
Toma de beber, que no has
metido nada en el cuerpo.
VIUDA. Que no lo puedo pasar.
¡Ay, mi Juan, mi compañero,
cómo podré yo olvidarte!
_(Bebe.)_
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MANUELA. Mojuer, echa de beber.
TOMASA. No hay más.
MANUELA. ¿Cómo ha sido esto?
Mojuer, ¿ónde ha ido ese vino?
TOMASA. ¿Había de ser eterno?