IV

En sus viajes es imposible que el indio deje de encomendarse a su

_Achachila_ favorito, pidiéndole su protección. Cuando en el camino

encuentra un peñasco o pedruzco, se aproxima a él y se destoca el

sombrero, le saluda y reverencia, ofrendándole coca mascada que arroja

sobre él y en seguida descansa a sus pies.

«Cosa muy usada era antiguamente, dice Arriaga, ahora no lo es menos,

cuando suben algunas cuestas o cerros, o se cansan en el camino

llegando a alguna piedra grande, que tienen ya señalada para este

efecto, escupir sobre ella (y por esto llaman a esta piedra y a esta

ceremonia Tocanca) coca o maíz mascado, otras veces dejan allí las

ojotas, o calzado viejo, o la Huarakca o unas soguillas, o manojillos

de _jichhus_ o paja, o ponen otras piedras pequeñas encima, y con esto

dicen, que se les quita el cansancio».[23]

[23] Extirpación de la idolatría en el Perú por Pablo Joseph

de Arriaga, pag. 64. Edición Urteaga.

Esta costumbre con ligeras modificaciones, subsiste aún. El indio

al llegar a la cumbre de alguna montaña, cerro o altura, casi

involuntariamente repite la palabra sagrada de _apachita_ y se

aproxima al montón de piedras que siempre existe allí, formado por los

pasajeros, y que constituye el altar eregido a la piedra del lugar,

e inclinándose respetuoso, agrega al montón otro guijarro, diciendo:

_yo te ofrendo para que me des fuerzas, alejes el cansancio de mi

cuerpo y me evites de infortunios_. Después hace en el mochadero

algunas combinaciones con piedrecillas, figurando ser casas o majadas,

con ánimo de que su petición, así materializada, sea atendida o

adorna alguna piedra con lanas o hilos de colores, manifestando ser

industrias, a las que se dedica el ofrendante, y que pide vayan en

auge. A continuación ofrece su sacrificio en este altar, sacando de

su boca coca mascada, o de su alforja maíz tostado y arrojando con

reverencia, al montón, o se descalza una sandalia y la pone encima,

o hace una banderita con algún pedazo de tela de su vestido y la

coloca allí, o pone entre las piedras alguna pluma de ave. Se hinca

de rodillas y pide a las piedras con toda su alma que le deje pasar

con salud; que aparte de su camino las desgracias o _chhijis_, y le dé

vigor para seguir su viaje. Se para, arranca un pelo de sus pestañas

o cejas y se las ofrece, soplando al aire sobre la palma de la mano y

después descansa en el lugar.

Al llegar a la ribera de un río, lo primero que hace el indio en

metiendo el pie dentro, es saludar a las aguas, y bebiendo en el hueco

de la mano dos o tres buchadas de ellas, aun cuando el líquido esté

turbio, pedirle que le deje pasar sin causarle ningún daño y después de

ofrecerle un poco de coca o maíz mascado, arrojando a la superficie,

atravesarlo ya sin temor ninguno.

Las lluvias torrenciales se suspenden cuando los ríos se llevan algunas

personas. El agua aplaca su voracidad con ese tributo humano, como los

individuos sedientos, se calman bebiendo tan preciado líquido.

No constituye para el indio una gran desgracia el morir de esa manera,

soportable y aun de desear le parece recibir el abrazo de la deidad

acuática que lo ha elegido para llevárselo lejos tal vez a una mansión

de delicias. Por último, piensa que alguien debe sacrificarse para que

las tormentas no causen más desgracias.

También cesan los aguaceros cuando el rayo mata a una persona.

Las _pascanas_ son los sitios de descanso o de alojamiento, los tiene

por sagrados y al llegar a ellos los reverencian, bajándose el sombrero.

Las cuestas cansan demasiado cuando el subsuelo encierra substancias

metalíferas.

En el camino se vuelven más supersticiosos de lo que realmente son y

cualquier cosa extraña, grito o sonido particular, los alarma y lo

tienen por avisos de sus divinidades para no hacerse sorprender por

algún accidente improvisto.

V

El probable día en que el viajero debe llegar a su casa, es calculado

por su familia, que va a su encuentro a la distancia de media legua,

llevándole comida, chicha y aguardiente. Suele regirse para esto del

anuncio de los sueños o del piar del chincol o _pfichitanca_.

El golpearse el codo involuntariamente es para ver a una persona

querida después de mucho tiempo de separación.

El día de la llegada es siempre de alegría y embriaguez.

Concurren los parientes del viajero a darle la bienvenida y con este

motivo se realiza una fiesta, llamada _huiskju-jaraka_ o sea desate de

sandalia[24], la que suele durar varios días.

[24] El _huiskju_ es propiamente la sandalia, pues consta de

unas suelas de cuero atadas con correas al empeine hasta la

garganta del pie. Se prefiere que la suela sea de la piel del

pescuezo de llama. La ojota, que también usan los indios, se

llama _ppollko_, y se compone de un pedazo de cuero, levantado

en los bordes, fruncido y asegurado por correas, sobre el

empeine. El pie se halla protegido por todos los lados, a

diferencia del _huiskju_, que los deja al descubierto. El

_ppollko_ se asemeja mucho a la alpargata.

La esposa del recién llegado manda de obsequio a las familias de los

amigos y parientes de su esposo y de ella, un poco de las especies de

comer o beber que aquel ha traído, rogándoles que le hagan el favor de

aceptar ese pequeño regalo. Los favorecidos tienen en mucha cuenta esta

atención y cuando llega el caso de corresponder lo hacen de la misma

manera.

El indio y el mestizo no sienten hastío ni se enferman con los largos

viajes; apenas cesan los festejos de su llegada, vuelve a sus tareas

ordinarias como si no hubiesen experimentado ninguna fatiga; son

andariegos insignes, y los viajes más penosos los consideran como

caminatas y se ríen de los sufrimientos de los blancos que para

realizarlos dificultan tanto y tantos preparativos hacen.

En las carreras de resistencia, el indio es invencible: cruza enormes

distancias en pocas horas y llega a la meta sin estar rendido por

el cansancio ni la sed.[25] Más de uno se hace acreedor, a que se

le dirija el histórico dicho del Inca: que _Tiay huanacu_, siéntate

huanaco, frase con la fué recibido, dice, en caso análogo, el mensajero

que partiendo del Cuzco, llegó a la famosa y célebre capital de los

kollas, en un tiempo relativamente corto, dando lugar a que el nombre

del pueblo se cambie de _Chucahara_, en Tiahuanacu.

[25] Es común en estos casos ver al indio caminar 50

kilómetros en tres horas.

Mitos, supersticiones y supervivencias populares de Bolivia · 第 39 / 69 题