En viajes y en caminos

I.--Cómo se formaban y funcionaban los _chasquis_ en el

imperio incaico.--Los tambos y postas.--Abusos que existían

en estos establecimientos.--II.--Preocupaciones de los

postillones en los viajes.--III.--Preparativos de los indios

para viajar; en el camino, sus entretenimientos; robos y

manera de encontrar lo sustraído; su amor a los animales y

a la naturaleza.--IV.--Invocaciones a los Achachilas.--La

Apachita.--Culto de las piedras y de los ríos.--V.--El

regreso.--La fiesta del _huiskju jaraka_.--Resistencia de los

nativos para los viajes y carreras.

I

En el imperio incaico existían peatones especiales, con el nombre de

_chasquis_, encargados de trasmitir con la mayor rapidez los mensajes

de los gobernadores al Inca, o los de éste a aquellos, y también de

conducir sobre sus espaldas alguna cosa que el Inca pidiese y la

necesitase de inmediato. Según el P. Morúa, los _chasquis_ constituían

una casta especial, «y el primero que encontró y mandó que hubiese

de estos Chasquis y Correo, fué el famoso Rey y Señor Topa Inga

Yupanqui, y puso casas y también aparte para los dichos Chasquis todo

el abiamiento necesario y el que no corría bien la posta y era haragán,

le quebraban las piernas, y a sus hijos les criaban solo con _panca_,

que significa maíz tostado, y sin que bebiesen más que una vez al día,

y los probaban a ver si eran ligeros y prestos, para el propósito, y

si no lo eran, les daban el mismo castigo, y así toda esta casta de

Chasquis era de indios muy prestos y ligeros y que había entre ellos

indios que alcanzaban una _vicuña_ y le corría, y aun la pasaba con

harto trecho de ventaja».[22]

[22] _Origen e Historia de los Incas._--Obra escrita en el

Cuzco (1,575-90) por Fray Martín de Morúa, de la Orden de la

Merced. Publicada y anotada por Manuel González de la Rosa,

etc. Lima 1911; pag. 128.

Las casas de los chasquis se hallaban situadas de trecho en trecho,

a la distancia de cinco millas una casa de otra, y en cada casa había

cuatro indios, vestidos con uniformes especiales que servían durante un

mes, pasado el cual iban a descansar a las casas que habían construído

con ese objeto, en donde se les daba de comer y y se les proveía de

todo lo que necesitasen de los depósitos del Inca, siendo reemplazados

en su puesto por otros de la misma casta. Estos chasquis gozaban entre

les indios de muchos privilegios y deferencias y sus mujeres e hijos

eran atendidos por cuenta del Estado. No tenían más ocupación que la de

caminar en la forma enunciada, estando relevados de todo otro servicio

o faena pública.

Además, en toda la longitud de los caminos y a la distancia de cuarenta

a cincuenta leguas, se habían establecido posadas o _tampus_, provistas

de toda clase de recursos tomados de la hacienda del Inca, y destinadas

para alojar al soberano y a su comitiva, o a los que viajaban con

carácter oficial.

Durante el período colonial ambos servicios, el de _chasquis_ y

_tampus_, decayeron rápidamente, a causa de los abusos y descuido de

los conquistadores, siendo sustituidos por el de _postas_.

Este servicio, tal como ha llegado hasta nosotros, consiste en que en

los caminos principales y a la distancia de cinco leguas, más o menos,

exista un _tambo_, servido por un _maestro de posta_ ya mestizo o

indio, que tiene a sus órdenes un determinado número de naturales, que

se turnan anualmente y son enviados por las comunidades, a las que se

ha impuesto tal obligación.

Los chasquis ya no gozan de las preeminencias, retribuciones y

exenciones que tenían sus antepasados. Conocidos hoy con el nombre de

_postillones_, desempeñan el rudo servicio de peatones y espoliques,

mereciendo de los que los ocupan riguroso trato.

Los indios, a los que corresponde el turno, se despiden de sus

familias, cual si fueran a una muerte segura. La noche antes de

partir, hacen como Carlos V, sus funerales en vida, y al día siguiente

todos sus parientes y amigos los acompañan llorando a voces, cual si

condujeran un cadáver, hasta alguna distancia del pueblo, donde les

hacen la _cacharpaya_, regresando de allí a sus casas.

Al ejecutar tales ceremonias, no pueden ser tachados los actores de

exagerados. El servicio de posta, fué muy pesado para los indios. En

los primeros tiempos de la República y en los posteriores, hasta hace

un cuarto de siglo, los militares que llegaban a una posta, lo primero

que hacían, apenas desmontaban de la bestia, era agarrar a sablazos,

puntapies y puñetazos al indio encargado del servicio y después pedían

lo que deseaban. El objeto era intimidarlos para obtener por ese medio

todo gratis y no pagarles de ningún consumo ni servicio. En Bolivia, el

militar ha sido hasta hace poco tiempo el opresor más cruel e inhumano

que ha tenido el indio.

Contaba un militar envejecido en la carrera de las armas, que

una ocasión llegó a una posta, en la que enfrenó y ensilló al

indio encargado del establecimiento, por no haberle proporcionado

inmediatamente la bestia y el postillón que necesitaba, a causa de que

otros los habían agotado y, que hubiera montado en él, a no haberse

presentado ese momento quien salvase del apuro al atribulado indio.

El abusar de la mujer del postero, el dejarlo desprovisto de todo lo

que tenía, el hacerlo caminar a la carrera delante de su caballería,

el no aceptarle ninguna razón ni disculpa, y entenderse con él sólo a

palos, ha sido el sistema que se ha seguido con esta desgraciada raza

en aquellas casas.

Mitos, supersticiones y supervivencias populares de Bolivia · 第 36 / 69 题