VI

El indio que abandona su traje para vestir a la moda de los blancos, se

convierte en enemigo de su raza.

El indio no cree que el acto se reduce a una simple alteración del

indumento, sino que, en el alma de que lo ha efectuado cambian por

completo, desde ese momento, las ideas y sentimientos que abrigaba

referentes a su raza, a la vez, que abandona sus ocupaciones

habituales. El labrador, dice, desaparece con el vestido. Y, así es.

Apenas el aborigen se trajea a la moda europea, huye de las labores

agrícolas, desconoce a sus padres, reniega de su raza y se pone

frente a ella; obedece las sugestiones de los mestizos y blancos para

ultrajarla y perseguir a sus miembros, toda vez, que se le presentan

ocasiones de hacerlo. El indio trasfigurado es el peor verdugo de los

suyos.

Los padres del niño, que ha experimentado esa mudanza de traje, apenas

lo ven vestido a la manera del blanco, se conmueven hondamente aún

lloran; pero después se consuelan con la esperanza de que para él ha

concluído el porvenir de sufrimientos, de angustias y de melancolía

que pesa sobre los naturales, y de que su vida gozará de garantías que

ellos no tuvieron.

El campo ya no retiene al indio; la ilusión de vivir mejor y más

tranquilo en las ciudades influye para que huya de su casa y cambie

de ocupaciones. Los labradores disminuyen visiblemente y aumentan los

cholos, que adquieren cualquier profesión o se dedican a cualquier

labor que no sea la agricultura. El aborigen cesa de ser labrador

apenas cubre sus carnes con telas cortadas y confeccionadas a la usanza

de sus opresores, adquiere con prontitud costumbres y maneras exóticas,

detestando las suyas; pero su cambio, por muchos que sean sus esfuerzos

se reduce a exterioridades, porque en el fondo permanece siempre

indígena. ¿Acaso no vemos a diario mostrarse al indio letrado con todos

los caracteres de su raza? El hecho mismo de compartir con el mestizo

y aplaudir la destrucción de cuanta huella pudiera quedar, en las

costumbres populares que le recuerden su origen y a sus progenitores,

es propio de su índole presuntuosa, que le hace renegar de su pasado,

por temor, sólo por temor, de que lo pudiese avergonzar ante el

extranjero, cuando éste, si se preocupa de él es para estudiarlo

etnográficamente o para explotar su ignorancia y vanidad. El vestido

hace del indio, cholo, y lo aparta del hogar paterno y del cultivo de

la tierra, que para sus mayores constituyó la única delicia apetecible

en este mundo; y de cholo a titularse caballero, no hay sino un paso,

que el indio lo salta con rapidez, cuando es industrioso, económico y

aspirante. Muchos descendientes de estos indios metamorfoseados suelen

ocupar puestos públicos, ya de jueces, diputados, o de funcionarios

administrativos, desempeñando los cargos con acierto, brillo y

competencia. El indio posee aptitudes singulares para la abogacía e

intriga política, que favorecen sus aspiraciones.

¡Raro destino de una raza, cuya evolución social depende, en gran

parte, de la tijera de un sastre!

El que estrena vestido, debe festejarse invitando aguardiente a sus

amigos, si quiere, que su ropa dure. Este acto se conoce con el nombre

vulgar de _remojo_ y se halla muy generalizado.

El hombre no debe abrigarse con la falda o zagalejo de la mujer, porque

se afemina.

La ropa no hay que tratar con torpeza, porque no sabe comer para que

tenga resistencia.

Mitos, supersticiones y supervivencias populares de Bolivia · 第 34 / 69 题