IV

Las clases populares dan mayor importancia a la delimitación y posesión

judiciales de sus terrenos que a los títulos de propiedad, razón por la

que cuando se realiza alguna de esas diligencias, observan multitud de

ceremonias que les den solemnidad y sea lo actuado imperecedero en la

memoria de los asistentes.

En los casos de delimitación, deslindes, recorrida de mojones, concurre

comúnmente, numeroso público y los indios antes de colocar el mojón, o

en el límite reconocido por las partes interesadas, estiran a un niño

que tenga vinculaciones con éstos, y le dan de azotes en nalga pelada,

encargándole en cada latigazo, que se acuerde y grave en la memoria que

en ese punto fué castigado y en seguida ponen la señal. El indiecito,

con semejante recomendación, nunca se olvida del lugar ni de lo

ocurrido y cuando llega a la vejez, siempre repite: «este es límite de

estos terrenos, porque aquí me azotaron», y sus afirmaciones en juicio,

son al respecto precisas, llenas de detalles y reunen las condiciones

requeridas para una plena prueba, dando a los jueces mucha luz en caso

de litigio. En la colocación de cada señal o _Achachi_, siguen el mismo

procedimiento, hasta que, después de concluídas las diligencias se

entregan a una franca diversión.

En las posesiones ministradas personalmente por los jueces, las

solemnidades y gastos son mayores. El interesado acopia desde días

antes, abundantes provisiones de comer y bebidas; llegado el día de

la operación, conducen al juez con muchos miramientos al lugar en que

debe verificarse el acto, y éste, a su vez, asume un aspecto tan grave

y da tanta importancia a su persona, que despierta no vivo interés

en los concurrentes. Ordena al actuario o secretario de su juzgado,

lea los obrados que sean pertinentes, la solicitud del peticionario,

el decreto que le ha cabido: pregunta si las partes y colindantes han

sido notificados con ese decreto y si no ha habido oposición al acto;

y en seguida, tomando de la mano al interesado le da posesión del

terreno, consistiendo ella, en hacerle revolcar en el suelo, mientras

los asistentes le arrojan piedras pequeñas, tierra, flores y yerbas. El

actuante, aunque algunas veces con contusiones en el cuerpo, se levanta

alegre y satisfecho, porque supone que no son los presentes los que

le han lastimado, sino el suelo, que al recibirlo como a dueño le ha

prodigado duras caricias.

El indio y el cholo, por más que estén en posesión real y efectiva

de un terreno, sin ser molestados por nadie, nunca creen ser sus

propietarios, sino han aprehendido, o no media una posesión judicial.

Esta diligencia es de vital importancia para ellos, y la consideran

como la única que pueda realmente dar vida a su derecho y orillar

dificultades posteriores; en una palabra, la posesión lo es todo para

ellos.

En semejante función, que toma las proporciones de una solemne fiesta

de familia, no se arredran ante cualquier gasto ni se detienen en

ocultar el placer y orgullo que en hacerlo experimentan.

V

No habiéndose conocido entre los indios, antes de la conquista, la

facultad de adquirir por compra-venta, la propiedad de cosas muebles

o inmuebles, también fué por lo mismo, desconocida la práctica de

agasajar al vendedor y a los que intervienen en la venta, o sea la

práctica del alboroque o robla, la que fué introducida, juntamente

con aquella en las costumbres del indio pero éste, lejos de concretar

la manifestación a los presentes, la convirtió en una ceremonia para

dar gracias a la Pacha-Mama por la adquisición, y en seguida, recién

atender a los concurrentes.

El alboroque indígena, conocido con la denominación aymara de _cchalla_

o _cchallaña_ [rocíamiento o rociar], consiste en que el comprador de

algún objeto, terreno o casa, en momentos de posesionarse de lo que ya

es suyo, invite al vendedor, a los amigos y parientes, a beber copas

de aguardiente, festejando la compra y antes de que nadie se sirva,

derrama alguna porción de la aguardiente de su copa en el suelo,

pidiendo a la Pacha-Mama, que la compra sea con éxito, y se lo consume

en seguida el resto. Igual cosa hacen algunos asistentes caracterizados

y respetables. Antes de realizar esa invocación y rociar el suelo con

aguardiente, es imposible que ninguno beba el contenido de la copa que

tiene en la mano.

La _cchalla_, es repetida con mayor solemnidad, cuando se refiere a la

adquisición de fundos, el martes de carnaval, para cuyo día, hacen sus

invitaciones y preparativos en más grande escala, debiendo efectuarse

la fiesta en el paraje adquirido. Allí después de cubrir de flores,

mixturas y confites el suelo y de hacer reventar cohetes, rociarlo de

bebidas, se sirven licores, bailan y se embriagan con exceso.

Sin estos requisitos, efectuados con toda pompa y entusiasmo, suponen

que la compra no será duradera ni feliz; que la Pacha-Mama, no se

mostrará benévola con el nuevo propietario.

Asimismo, hacen extensiva la _cchalla_ a los propietarios que estrenan

casas nuevas, quienes efectúan la fiesta, para que aquellas duren o no

se rajen las paredes.

Mitos, supersticiones y supervivencias populares de Bolivia · 第 33 / 69 题