Se llaman _huakanqui_, _mullo_ e _illa_ a los fetiches, talismanes y
amuletos empleados por los brujos y hechiceros, para hacer aficionar y
rendir mujeres y hombres a la voluntad de enamorados corazones; para
tener fortuna, para evitar o causar daños, entre los cuales, los más
apreciados son los de procedencia callahuaya.
Hay _huakanquis_, como el conocido con la denominación de
_huarmi-munachi_, o mejor dicho, _huarmimpi-munayasiña_, que son tan
populares que pocos ignoran su aplicación. Este famoso talismán lo
venden los Callahuayas y tienen la figura de un hombre y una mujer en
acto carnal o abrazados, o la forma de un falo. Los huakanquis los
fabrican de huesos, metal o de alabastro blanco, del cual decían que
había caído del cielo con el rayo, que era quien engendraba o traía esa
piedra a la tierra.
También tienen la calidad de _huakanquis_ las uñas del tigre, los
huayrurus, pequeños puños cerrados de hueso, y otros objetos modelados
en formas caprichosas, a los cuales les atribuyen la virtud de hacer
afortunado a quien los posee.
_Mullu_, es la piedra o hueso colorado con que hacen gargantillas. Les
dan la propiedad de amuletos y también de talismanes. Estos fetiches se
confunden con los huakanquis.
_Illa_, según Bertonio, es cualquier cosa que uno guarda para provisión
de su casa, como chuño, maíz, plata, ropa, y aun joyas. Al presente se
da este nombre a las monedas antiguas o retiradas de la circulación,
que se conservan en las bolsas y monetarios, con objeto de que atraigan
dinero y no permitan que esos útiles, estén desprovistos de plata.
Con la misma palabra _illa_, se designa en aymara la piedra bezoar que
se encuentra en los intestinos de la taruka [_cervus antisiensis_] y
aun de las vicuñas y que en kechua se llama _kiku_, a la que atribuía
muchas virtudes, tales como evitar algunas desdichas al que lo llevaba
y la de curar ciertas enfermedades. Hablando de las vicuñas, dice el
Obispo de La Paz, doctor Antonio de Castro y Castillo: «se estiman por
la lana y por las piedras bezoares, que sacan del estómago de ellas
donde las crían y muchas veces las despiden ellas mismas, cuando llegan
a estar grandes y tienen tal instinto, que sienten el despedirlas y
cavando la tierra las entierran y es de notar que cuando las hallan
los indios, ya despedidas, enterrándolas en el mismo estiércol, con
el calor crecen, se ponen de más maduro y perfecto color, aunque en
largo tiempo, y en las partes que hay salitre, no las crían de ninguna
manera, porque el salitre las deshace».[16] A las piedras bezoar las
conservaban algunos como amuletos y otros los reverenciaban como a
Konopas.
[16] _Boletín Eclesiástico de la Diócesis de Nuestra Señora de
La Paz._--Tomo I.--No. 10.--Páginas 113 y 114.--Año 1909.
El uso de talismanes data desde épocas anteriores a la conquista,
y no se ha podido impedir su continuación con las prédicas de los
religiosos, ni con el avance de una cultura adelantada. Polo de
Ondegardo da los siguientes detalles al respecto: «Es cosa usada
en todas partes tener, o traer consigo una manera de hechizos, o
nóminas de Demonio, que llaman (Huacanqui) para efecto de alcanzar
mujeres, o aficionarlas, o ellas a los varones. Son estos huacanquis
hechos de plumas de pájaros, o de otras cosas diferentes, conforme a
la invención de cada provincia. También suelen poner en la cama del
cómplice, o de la persona que quieren atraer o en ropa, o en otra parte
donde les parezca que pueden hacer efecto, estos huacanquis y otros
hechizos semejantes hechos de yerbas, de conchas de la mar, o de maíz
o de otras cosas diferentes. También las mujeres suelen quebrar sus
topos, o espinas con que hacen las mantas o llicllas, creyendo que
por esto el varón no tendrá fuerza para juntarse con ellas, o la que
tiene se la quitará luego: y hacen otras cosas diferentes para este
mismo fin. También los varones y las mujeres hacen otras diferentes
supersticiones, o de yerbas o de otras cosas, creyendo que por allí
habrá efecto en la generación, o en la esterilidad si la pretenden».[17]
[17] _Información acerca de la Religión y Gobierno de los
Incas_, etc.--Pag. 196.
Pertenecen al mismo orden de huakanquis las figuritas talladas, que
representan llamitas, zorros o aves, y tienen por objeto desenvolver
en los que las llevan consigo, las cualidades que distinguen a esos
animales, cuando no preservarles de la desgracia o hacer que vengan
riquezas.
Aunque nunca matan propiamente con hechizos, suelen algunos brujos
aprovecharse de alguna enfermedad que aqueja a su cliente, como la
tisis, para decir que está hechizado, que de noche, durante su sueño,
la hechicera, de la que se han valido sus enemigos, tomando la forma de
un horrible vampiro, le chupa la sangre del cuerpo; y así cuando muere
atribuyen la causa a ese hecho. El remedio que aconsejan para librarse
de la brujería, es sobornar al que la realiza o buscar otros brujos de
mayor poder, o sino se puede conseguir la sanidad por medio de esos
recursos quemar vivo al brujo o hechicera, que han motivado y continúan
reagravando el mal.
V
Suponen que formando la imagen de un enemigo de papas o maíz en seguida
atravesándola de cierto modo, en alguna parte del cuerpo, con espinas,
o deformándola, y conservándola así, se obtiene que el hechizo le
atraiga desgracias, o que el miembro señalado en la efigie, sufra una
visible alteración, ya resultando en una pantorrilla gruesa y la otra
delgada, o ya un brazo gordo y el otro descarnado, o un ojo grande y
el otro pequeño, o una oreja larga y la otra encogida, o un órgano
corriente y el otro entorpecido, dañado o debilitado en sus funciones
normales.
Para que un individuo adquiera el vicio alcohólico, modelan también un
muñeco de brea, que se le parezca y poniéndole en una mano una capita
de estaño y en la otra una botellita, y envolviéndolo con retazos
de hilos de colores, lo arrojan fuera de la población, en paraje
silencioso y poco frecuentado.
Un matrimonio o concubinato se disuelve, ocultando en la puerta de
calle de la casa donde viven los perseguidos, dos pajarillos ahorcados
con hilos retorcidos y colocados con los picos en direcciones opuestas.
Con el mismo objeto, o con el de producir el odio y la separación entre
dos personas que se quieren, amarran juntas dos figuras semejantes con
cerdas de gato y las entierran con un sapo vivo al lado.
Otras veces atraviesan algún miembro del cuerpo de un sapo o lagarto
vivo, y envueltos con los cabellos o lienzo, pertenecientes a la
persona que desean causarle mal, lo entierran, de tal suerte, que muera
después de haber sufrido por algún tiempo. Con esta brujería creen que
la persona aludida tiene que sentir alguna dolencia, en la misma parte
del cuerpo, en que el sapo o lagarto está padeciendo y que es segura su
muerte, si no se arranca la espina del animal y se le pone en libertad.
También fabrican figuras de barro, yeso o cera, parecidas a la persona
enemiga, o pintan la cara de un ratón o gato a su semejanza, y en
seguida vistiéndoles con las ropas o géneros de su uso, las cuelgan,
para escupirlas, insultarlas y maltratarlas, hasta destruirlas, si son
objetos inanimados, o matarlos si son animales. Esta superstición data
de una época muy antigua. El P. Cobo la consigna en su obra. «Para que
viniese a mal o muriese el que aborrecían», dice: «vestían con su ropa
y vestidos alguna estatua que hacían en nombre de aquella persona, y
la maldecían colgándola de alto y escupiéndola; y así mismo hacían
estatuas pequeñas de cera o de barro o de masa y las ponían en el
fuego, para que allí se derritiese la cera, o se endureciere el barro
o masa, o hiciese otros efectos que ellos pretendían, creyendo que por
este modo quedaban vengados y hacía mal a sus enemigos».[18]
[18] _Historia del Nuevo Mundo_, por el P. Bernabé Cobo.--Tomo
IV, pag. 151.
En los casos de robo acostumbran arrojar cuatro reales de plata en una
olla que contenga tinta negra, acompañando el acto con una maldición al
culpable, a fin de que pague su delito, con el ennegrecimiento de su
rostro.
El _hunto_ o cebo de llama, alpaca o vicuña, lo usan como agente
principal y de gran eficacia en los brujeríos, ya quemando delante de
las huacas y konopas, y según las direcciones y densidades del humo
que se ha producido, hacer los vaticinios, ya también, y esto es lo
más ordinario, formando del cebo, un muñeco que tenga las apariencias
de la persona a la que se desea hacer daño, al cual, lo queman, con la
mira de que el alma, inteligencia o voluntad de aquella, se reduzca,
según los casos a la nada, o se amengüe por completo, tornándose en
amente, en abúlico, o en individuo sin talento ni sentimientos. Cuando
la figura representa un individuo, suelen mezclar el cebo con harina de
maíz; si es a un blanco con la de trigo.
Con esta grasa, que acomodan junto a los tallos de la paja, ceñida con
hilos de colores hacen encantamientos con los caminos, para que, quien
haya ido por ellos ya no regrese.
Además, creen que pasando con una ligera capa de hunto a los
_huakanquis y mullus_ de hueso, piedra o metal, estos conservan sus
virtudes, en las mismas condiciones que al salir de manos del brujo.
Es muy común criar animales domésticos con el objeto principal de
que las brujerías hechas por los enemigos, recaigan sobre ellos, sin
herir a sus dueños. Proviene de aquí, que toda vez que un animal muere
repentinamente, o se encuentra aquejado de una enfermedad desconocida,
atribuyan al hechicero que ha fallado en su ataque, haciendo una
víctima distinta a la perseguida, merced a la probable intervención de
la Pacha-Mama, de algún otro ídolo, o del santo de su devoción, que
desvió el terrible efecto del maleficio.
El uso de la carne de viscacha creen que envejece muy pronto, a la
persona que la consume; la de cóndor, que da longividad, por lo que la
apetecen los indios, sin embargo de su mal gusto. Del gato dicen que
tiene siete vidas y con objeto de que esa resistencia vital atribuída,
les sea trasmitida, las personas aprensivas, no pierden ocasión de
comer su carne. La sangre del toro la beben aún tibia, inmediatamente
de degollarlo, con preferencia, la que fluye del pecho, porque están
convencidos, de que con ella tendrán el vigor y la fuerza del buey.
A las comidas saladas atribuyen la propiedad de envejecer rápidamente;
a las con escasa sal o sin ella la de dilatar la juventud.
El buho y la lechuza son tenidos como pájaros de mal agüero, y según
se manifiestan hacen sus presagios. Cuando el estridente canto de
cualquiera de los dos, se escucha en la noche, dicen que llama el alma
de quien habita por donde pasa. Si alguna de estas aves fatídicas se
cierne con sus alas obscuras y suavemente se posa en el techo, por una
vez, que sobrevendrá desgracias a sus moradores, o que morirá uno de
estos si lo frecuenta o hace por ahí su nido; si cae o tropieza con una
persona, que afligirá muy pronto una epidemia a la comarca.
Como se dijo en otra parte, los brujos las domestican o disecan, para
hacerlas servir en sus operaciones.
Las mariposas nocturnas son consideradas igualmente de mal agüero por
los dueños en cuya morada se presentan. Las llaman _alma kkepis_, o sea
cargadores de almas, y tienden siempre a matarlas, cuando las ven, a
fin de que la suerte reservada a las personas sufran estos insectos.
Las bestias domésticas, anuncian la muerte de alguno de sus dueños,
espantándose ante su presencia.
A la gallina comedora de huevos se cura de su defecto introduciendo su
pico en el fuego o atravesando con una pluma la nariz.
La casa en la que procrean mucho las palomas, domina la mala suerte.