IV

Se llaman _huakanqui_, _mullo_ e _illa_ a los fetiches, talismanes y

amuletos empleados por los brujos y hechiceros, para hacer aficionar y

rendir mujeres y hombres a la voluntad de enamorados corazones; para

tener fortuna, para evitar o causar daños, entre los cuales, los más

apreciados son los de procedencia callahuaya.

Hay _huakanquis_, como el conocido con la denominación de

_huarmi-munachi_, o mejor dicho, _huarmimpi-munayasiña_, que son tan

populares que pocos ignoran su aplicación. Este famoso talismán lo

venden los Callahuayas y tienen la figura de un hombre y una mujer en

acto carnal o abrazados, o la forma de un falo. Los huakanquis los

fabrican de huesos, metal o de alabastro blanco, del cual decían que

había caído del cielo con el rayo, que era quien engendraba o traía esa

piedra a la tierra.

También tienen la calidad de _huakanquis_ las uñas del tigre, los

huayrurus, pequeños puños cerrados de hueso, y otros objetos modelados

en formas caprichosas, a los cuales les atribuyen la virtud de hacer

afortunado a quien los posee.

_Mullu_, es la piedra o hueso colorado con que hacen gargantillas. Les

dan la propiedad de amuletos y también de talismanes. Estos fetiches se

confunden con los huakanquis.

_Illa_, según Bertonio, es cualquier cosa que uno guarda para provisión

de su casa, como chuño, maíz, plata, ropa, y aun joyas. Al presente se

da este nombre a las monedas antiguas o retiradas de la circulación,

que se conservan en las bolsas y monetarios, con objeto de que atraigan

dinero y no permitan que esos útiles, estén desprovistos de plata.

Con la misma palabra _illa_, se designa en aymara la piedra bezoar que

se encuentra en los intestinos de la taruka [_cervus antisiensis_] y

aun de las vicuñas y que en kechua se llama _kiku_, a la que atribuía

muchas virtudes, tales como evitar algunas desdichas al que lo llevaba

y la de curar ciertas enfermedades. Hablando de las vicuñas, dice el

Obispo de La Paz, doctor Antonio de Castro y Castillo: «se estiman por

la lana y por las piedras bezoares, que sacan del estómago de ellas

donde las crían y muchas veces las despiden ellas mismas, cuando llegan

a estar grandes y tienen tal instinto, que sienten el despedirlas y

cavando la tierra las entierran y es de notar que cuando las hallan

los indios, ya despedidas, enterrándolas en el mismo estiércol, con

el calor crecen, se ponen de más maduro y perfecto color, aunque en

largo tiempo, y en las partes que hay salitre, no las crían de ninguna

manera, porque el salitre las deshace».[16] A las piedras bezoar las

conservaban algunos como amuletos y otros los reverenciaban como a

Konopas.

[16] _Boletín Eclesiástico de la Diócesis de Nuestra Señora de

La Paz._--Tomo I.--No. 10.--Páginas 113 y 114.--Año 1909.

El uso de talismanes data desde épocas anteriores a la conquista,

y no se ha podido impedir su continuación con las prédicas de los

religiosos, ni con el avance de una cultura adelantada. Polo de

Ondegardo da los siguientes detalles al respecto: «Es cosa usada

en todas partes tener, o traer consigo una manera de hechizos, o

nóminas de Demonio, que llaman (Huacanqui) para efecto de alcanzar

mujeres, o aficionarlas, o ellas a los varones. Son estos huacanquis

hechos de plumas de pájaros, o de otras cosas diferentes, conforme a

la invención de cada provincia. También suelen poner en la cama del

cómplice, o de la persona que quieren atraer o en ropa, o en otra parte

donde les parezca que pueden hacer efecto, estos huacanquis y otros

hechizos semejantes hechos de yerbas, de conchas de la mar, o de maíz

o de otras cosas diferentes. También las mujeres suelen quebrar sus

topos, o espinas con que hacen las mantas o llicllas, creyendo que

por esto el varón no tendrá fuerza para juntarse con ellas, o la que

tiene se la quitará luego: y hacen otras cosas diferentes para este

mismo fin. También los varones y las mujeres hacen otras diferentes

supersticiones, o de yerbas o de otras cosas, creyendo que por allí

habrá efecto en la generación, o en la esterilidad si la pretenden».[17]

[17] _Información acerca de la Religión y Gobierno de los

Incas_, etc.--Pag. 196.

Pertenecen al mismo orden de huakanquis las figuritas talladas, que

representan llamitas, zorros o aves, y tienen por objeto desenvolver

en los que las llevan consigo, las cualidades que distinguen a esos

animales, cuando no preservarles de la desgracia o hacer que vengan

riquezas.

Aunque nunca matan propiamente con hechizos, suelen algunos brujos

aprovecharse de alguna enfermedad que aqueja a su cliente, como la

tisis, para decir que está hechizado, que de noche, durante su sueño,

la hechicera, de la que se han valido sus enemigos, tomando la forma de

un horrible vampiro, le chupa la sangre del cuerpo; y así cuando muere

atribuyen la causa a ese hecho. El remedio que aconsejan para librarse

de la brujería, es sobornar al que la realiza o buscar otros brujos de

mayor poder, o sino se puede conseguir la sanidad por medio de esos

recursos quemar vivo al brujo o hechicera, que han motivado y continúan

reagravando el mal.

V

Suponen que formando la imagen de un enemigo de papas o maíz en seguida

atravesándola de cierto modo, en alguna parte del cuerpo, con espinas,

o deformándola, y conservándola así, se obtiene que el hechizo le

atraiga desgracias, o que el miembro señalado en la efigie, sufra una

visible alteración, ya resultando en una pantorrilla gruesa y la otra

delgada, o ya un brazo gordo y el otro descarnado, o un ojo grande y

el otro pequeño, o una oreja larga y la otra encogida, o un órgano

corriente y el otro entorpecido, dañado o debilitado en sus funciones

normales.

Para que un individuo adquiera el vicio alcohólico, modelan también un

muñeco de brea, que se le parezca y poniéndole en una mano una capita

de estaño y en la otra una botellita, y envolviéndolo con retazos

de hilos de colores, lo arrojan fuera de la población, en paraje

silencioso y poco frecuentado.

Un matrimonio o concubinato se disuelve, ocultando en la puerta de

calle de la casa donde viven los perseguidos, dos pajarillos ahorcados

con hilos retorcidos y colocados con los picos en direcciones opuestas.

Con el mismo objeto, o con el de producir el odio y la separación entre

dos personas que se quieren, amarran juntas dos figuras semejantes con

cerdas de gato y las entierran con un sapo vivo al lado.

Otras veces atraviesan algún miembro del cuerpo de un sapo o lagarto

vivo, y envueltos con los cabellos o lienzo, pertenecientes a la

persona que desean causarle mal, lo entierran, de tal suerte, que muera

después de haber sufrido por algún tiempo. Con esta brujería creen que

la persona aludida tiene que sentir alguna dolencia, en la misma parte

del cuerpo, en que el sapo o lagarto está padeciendo y que es segura su

muerte, si no se arranca la espina del animal y se le pone en libertad.

También fabrican figuras de barro, yeso o cera, parecidas a la persona

enemiga, o pintan la cara de un ratón o gato a su semejanza, y en

seguida vistiéndoles con las ropas o géneros de su uso, las cuelgan,

para escupirlas, insultarlas y maltratarlas, hasta destruirlas, si son

objetos inanimados, o matarlos si son animales. Esta superstición data

de una época muy antigua. El P. Cobo la consigna en su obra. «Para que

viniese a mal o muriese el que aborrecían», dice: «vestían con su ropa

y vestidos alguna estatua que hacían en nombre de aquella persona, y

la maldecían colgándola de alto y escupiéndola; y así mismo hacían

estatuas pequeñas de cera o de barro o de masa y las ponían en el

fuego, para que allí se derritiese la cera, o se endureciere el barro

o masa, o hiciese otros efectos que ellos pretendían, creyendo que por

este modo quedaban vengados y hacía mal a sus enemigos».[18]

[18] _Historia del Nuevo Mundo_, por el P. Bernabé Cobo.--Tomo

IV, pag. 151.

En los casos de robo acostumbran arrojar cuatro reales de plata en una

olla que contenga tinta negra, acompañando el acto con una maldición al

culpable, a fin de que pague su delito, con el ennegrecimiento de su

rostro.

El _hunto_ o cebo de llama, alpaca o vicuña, lo usan como agente

principal y de gran eficacia en los brujeríos, ya quemando delante de

las huacas y konopas, y según las direcciones y densidades del humo

que se ha producido, hacer los vaticinios, ya también, y esto es lo

más ordinario, formando del cebo, un muñeco que tenga las apariencias

de la persona a la que se desea hacer daño, al cual, lo queman, con la

mira de que el alma, inteligencia o voluntad de aquella, se reduzca,

según los casos a la nada, o se amengüe por completo, tornándose en

amente, en abúlico, o en individuo sin talento ni sentimientos. Cuando

la figura representa un individuo, suelen mezclar el cebo con harina de

maíz; si es a un blanco con la de trigo.

Con esta grasa, que acomodan junto a los tallos de la paja, ceñida con

hilos de colores hacen encantamientos con los caminos, para que, quien

haya ido por ellos ya no regrese.

Además, creen que pasando con una ligera capa de hunto a los

_huakanquis y mullus_ de hueso, piedra o metal, estos conservan sus

virtudes, en las mismas condiciones que al salir de manos del brujo.

Es muy común criar animales domésticos con el objeto principal de

que las brujerías hechas por los enemigos, recaigan sobre ellos, sin

herir a sus dueños. Proviene de aquí, que toda vez que un animal muere

repentinamente, o se encuentra aquejado de una enfermedad desconocida,

atribuyan al hechicero que ha fallado en su ataque, haciendo una

víctima distinta a la perseguida, merced a la probable intervención de

la Pacha-Mama, de algún otro ídolo, o del santo de su devoción, que

desvió el terrible efecto del maleficio.

El uso de la carne de viscacha creen que envejece muy pronto, a la

persona que la consume; la de cóndor, que da longividad, por lo que la

apetecen los indios, sin embargo de su mal gusto. Del gato dicen que

tiene siete vidas y con objeto de que esa resistencia vital atribuída,

les sea trasmitida, las personas aprensivas, no pierden ocasión de

comer su carne. La sangre del toro la beben aún tibia, inmediatamente

de degollarlo, con preferencia, la que fluye del pecho, porque están

convencidos, de que con ella tendrán el vigor y la fuerza del buey.

A las comidas saladas atribuyen la propiedad de envejecer rápidamente;

a las con escasa sal o sin ella la de dilatar la juventud.

El buho y la lechuza son tenidos como pájaros de mal agüero, y según

se manifiestan hacen sus presagios. Cuando el estridente canto de

cualquiera de los dos, se escucha en la noche, dicen que llama el alma

de quien habita por donde pasa. Si alguna de estas aves fatídicas se

cierne con sus alas obscuras y suavemente se posa en el techo, por una

vez, que sobrevendrá desgracias a sus moradores, o que morirá uno de

estos si lo frecuenta o hace por ahí su nido; si cae o tropieza con una

persona, que afligirá muy pronto una epidemia a la comarca.

Como se dijo en otra parte, los brujos las domestican o disecan, para

hacerlas servir en sus operaciones.

Las mariposas nocturnas son consideradas igualmente de mal agüero por

los dueños en cuya morada se presentan. Las llaman _alma kkepis_, o sea

cargadores de almas, y tienden siempre a matarlas, cuando las ven, a

fin de que la suerte reservada a las personas sufran estos insectos.

Las bestias domésticas, anuncian la muerte de alguno de sus dueños,

espantándose ante su presencia.

A la gallina comedora de huevos se cura de su defecto introduciendo su

pico en el fuego o atravesando con una pluma la nariz.

La casa en la que procrean mucho las palomas, domina la mala suerte.

Mitos, supersticiones y supervivencias populares de Bolivia · 第 27 / 69 题