IX

Al _Anchanchu_, lo pintan como un viejecito enano, barrigón, calvo,

de cabeza grande y desproporcionada al cuerpo; con rostro socarrón, y

dotado de una sonrisa fascinadora. Dicen que viste telas recamadas de

oro y que lleva en la cabeza un sombrero de plata de copa baja y ancha

falda; que mora en las cuevas, en el fondo de los ríos y en edificios

ruinosos y abandonados; allí donde las gentes no aproximan sino rara

vez, o residen solo por cortas temporadas.

El _Anchanchu_ atrae a sus víctimas con sus salamerías, y las recibe

regocijado y ansioso; y cuando adormecido se halla el huesped con tanto

halago, castiga su incauta confianza dándole muerte, o inoculándole en

el cuerpo una grave enfermedad. Lo suponen, cuando se hace visible,

tan amable y meloso, que engaña al hombre más avisado y mundano con su

astucia y sagacidad. Personifican en él la deslealtad, la perfidia, la

refinada perversidad y la lúgubre ironía. El _Anchanchu_ es una deidad

siniestra, que sonríe siempre y sonriendo prepara y causa los mayores

daños; lleva la desolación a los hogares y destruye los edificios y

campos sembrados. Huid de él, aconsejan, porque la dicha que brinda

no es cierta, porque su trato cortés y afable, es la red con la que

apresará a su víctima.

Cuando transita por los caminos, produce huracanes y remolinos de

viento, por eso el indio asustado ante estos fenómenos atmosféricos, se

para y exclama: «pasa, pasa Anchanchu; no me hagas ningún mal, porque

el Mallcu me ampara».

La hacienda, casa, o cualquier otro fundo donde mueren los propietarios

con alguna frecuencia, la suponen habitada por el Anchanchu, que en la

noche, durante el sueño, les ha chupado la sangre o introducido alguna

enfermedad, a cuya consecuencia se deben esas muertes.

El indio rara vez se atreve a pernoctar cerca a los ríos o en casas

deshabitadas, por temor a esta terrible deidad, cuyo nombre excusa

aún pronunciarlo y se limita a decir: _Yankhanihua_, tiene maligno, o

_Sajjranihua_, que significa lo mismo. Con las denominaciones _Yantiha_

y _Sajjra_, designan indistintamente a los espíritus maléficos.

Cuando un terreno se derrumba o sufre frecuentes denudaciones, lo

atribuyen al Anchanchu, que posesionándose de su interior, produce

aquellos desperfectos telúricos.

X

La _Mekala_, es otra deidad maléfica que preocupa a los campesinos.

Según éstos, es una mujer alta, flaca, de color lívido, carnes lacias,

cabellera desgreñada y suelta al aire, pocos y afilados dientes, ojos

pequeños y fosforescentes chata, con las fosas nasales demasiado

abiertas y boca grande, labios descarnados, con la barriga que

desciende hasta las rodillas y una cola de fuego, semejante a la de

un cometa. Dicen que anda a saltos, vestida de una larga túnica roja,

cubierta de pequeños bolsillos en toda su extensión. Cuando salta a

una sementera, se apodera de los mejores frutos y los introduce en

todos sus bolsillos, imposibles de ser rellenados, porque, a medida

que reciben las especies, van ensanchándose indefinidamente por virtud

diabólica.

Su paso se señala por las devastaciones que deja tras sí.

Si la _Mekala_, penetra a un aprisco chupa la sangre de los corderitos

tiernos, cual voraz vampiro, hasta causarles la muerte. Si sorprende

dormida a una criatura, le extrae los sesos y le arranca el alma,

llevándosela aprisionada en los bolsillitos de su terrible túnica.

Para impedir que la _Mekala_ lleve a cabo los daños a que le impulsan

sus malos instintos, invocaban los indios la intervención de sus

Konapas o sean dioses penates, y colocaban en el centro de sus chacras

la imagen de una _Mama-Sara_, y en las habitaciones la de alguna deidad

benéfica.

Los misioneros católicos exhortaban y aconsejaban a los indios a no

buscar el amparo de sus ídolos contra la _Mekala_, sino contener

su osadía con cruces que ponían en las sementeras y tras la puerta

de las majadas, con agua bendita que rociaban en todos los lugares

sospechosos; también empleaban con el mismo objeto, la sal y hojas de

romero.

El _mito de la Mekala_ encierra el simbolismo de los desastres que

causan las sequías, heladas y epidemias.

Mitos, supersticiones y supervivencias populares de Bolivia · 第 18 / 69 题