Entre las leyendas místicas de los kollas existe la de un misterioso
personaje, a quien no le consideran un dios, pero le conceden la
facultad de hacer milagros. Le llaman _Thunnupa_, y dicen que vino
del norte acompañado de cinco discípulos, trayendo sobre sus hombros
una cruz grande de madera y que se presentó en el pueblo de Carabuco,
entonces residencia del célebre _Makuri_, el más famoso de sus
conquistadores y héroes legendarios, que ha sobrevivido en la memoria
colectiva de los pueblos, junto con otro igualmente notable, aunque
de tiempos relativamente posteriores, llamado _Tacuilla_. Estos dos
nombres son los únicos recitados en sus cantares y aun mencionados por
los indios viejos, ellos los tienden a desaparecer, porque los más de
los indígenas ya no se dan cuenta.
Thunnupa, a quien se la dan también los nombres de _Tonapa_, _Tunapa_,
_Taapac_, según los padres agustinos que escribieron sobre él, era un
hombre venerable en su presencia, zarco, bárbaro, destocado y vestido
de cuxma, sobrio, enemigo de la chicha y de la poligamia. Reconvino a
Makuri por las devastaciones que hacía en los pueblos enemigos, por su
sed de conquistas y su crueldad con los vencidos, pero éste no hizo
aprecio de sus palabras, y lo más que pudo fué permitirle residir en
sus vastos dominios sin molestarlo. Makuri era demasiado poderoso y
soberbio para darle importancia. La presencia de Thunnupa, parece que
a los únicos que tenía preocupados era a los sacerdotes y brujos de su
imperio, quienes le hicieron guerra encarnizada sin perder ocasión para
denigrarle.
Thunnupa se dirigió el pueblo de los _sucasucas_, hoy Sicasica, donde
les predicó sus doctrinas. Los indios alarmados de sus enseñanzas,
comenzaron a hostilizarle y, por último, prendieron fuego a la paja
en la que dormía; logrando salvar del incendio regresó a Carabuco.
Aquí las circunstancias habían variado durante su ausencia, debido
a uno de sus discípulos, llamado _Kolke huynaka_, que enamorado
de _Khana-huara_, hija de _Makuri_, logró persuadirla para que se
convirtiese a las doctrinas de su maestro y cuando éste regresó hizo
que la bautizara. Sabedor el padre de lo que había ocurrido con su
hija, ordenó que Thunnupa y sus discípulos fuesen apresados. A los
discípulos los hizo martirizar y como Thunnupa, les reprochase de esa
crueldad, lo atormentaron hasta dejarlo exánime, «echaron el cuerpo
bendito en una balsa de junco o totora», dice el P. Calancha, «y lo
arrojaron en la gran laguna dicha [el Titicaca] y sirviéndole las aguas
mansas de remeros y los blandos vientos de piloto, navegó con tan gran
velocidad que dejó con admiración espantada a los mismos que lo mataron
sin piedad; y crecióles el espanto, porque no tiene casi corriente
la laguna y entonces ninguna... Llegó la balsa con el rico tesoro
en la playa de Cachamarca, donde agora es el Desaguadero. Y es muy
asentada en la tradición de los Indios, que la misma balsa rompiendo
la tierra, abrió el Desaguadero, porque antes nunca le tuvo y desde
entonces corre, y sobre las aguas que por allí encaminó se fué el santo
cuerpo hasta el pueblo de Aullagas muchas leguas distante de Chucuito y
Titicaca hacia a la costa de Arica».[11] A este mismo personaje, vuelto
en sí, se le hace peregrinar en las tradiciones indígenas por Carangas,
donde vió junto a un cerro que lleva su nombre, entre los Calchaquies,
Chuquisaca y Paraguay.
[11] _Crónica Moralizada_, volumen I, página 337 y 388.
La cruz que había traído consigo, dicen que trataron de destruirla, sin
poder lograr su objeto, ni con la acción de los golpes; que entonces
quisieron echar la agua y como no se sumergiese al fondo, la enterraron
en un pozo, de donde la extrajeron en 1569.[12]
[12] Este descubrimiento cuenta el P. Ramos de la manera
siguiente: «En un día del Corpus (Christi) los Urinsayas
que estaban de guerra con los Anansayas, se retaron unos a
otros, los Anansayas dijeron a los Urinsayas, que estos eran
inmorales (viciosos); brujos y que sus antepasados habían
lapidado un santo, intentando quemar una cruz que consigo
cargaba, y que ellos la guardaron la cruz en lugar secreto, no
queriendo mostrarla. Habiéndose traslucido esto por algunos
muchachos, se lo comunicaron al padre Sarmiento que era el
cura. Este descubrió la cruz en tres pedazos y una plancha
de cobre (una hoja) con la cual la cruz estaba forrada
(ceñida), con la cruz se encontraron solamente dos clavos.
El señor don Alfonso Ramírez de Vergara, Obispo de Charcas,
mandó hacer nuevas excavaciones y encontróse el tercer clavo
que lo tomó, y a su muerte el Licenciado Adolfo Maldonado,
Presidente de la Audiencia (de la Plata o Charcas) lo tuvo
en herencia y llevóselo a España. Cuando se hizo la división
de los obispados, éstos (asímismo) se partieren la cruz,
aserrándola en dos partes, haciendo dos de ella, una de las
cuales quedó en Carabuco y la otra está en la catedral de la
Plata (Sucre)». _Historia del célebre y milagroso Santuario
de la insigne imagen de Nuestra Señora de Copacabana_--Lima,
1621.--Cita tomada del importante trabajo de Adolfo F.
Bandelier, titulado: _La Cruz de Carabuco en Bolivia_,
traducido al castellano por don Manuel V. Ballivián.
A Thunnupa se le ha confundido con Huirakhocha, y aun con Pacha
Achachi, sin embargo de ser tan distintas las leyendas que rodean a
cada uno de estos personajes, y de ser completamente diferentes los
mitos que representan, o la esfera de acción en que se desenvuelven.
Uniforme, con ligeras variantes en los detalles, es la tradición que
hace surgir a Huirakhocha del lago Titicaca y marchar hacia el Norte,
hasta desaparecer en Puerto Viejo; en cambio, a Thunnupa se le hace
descender del norte hacia el pueblo de Carabuco, que está en la ribera
oriental del Titicaca, y, después, caminar hacia el sud y al oeste.
Es un afán manifiesto en varios cronistas, el acumular en una sola
creación mítica, todos los nombres de la variada teogonía indígena;
particularmente con Huirakhocha se ha hecho esa aglomeración, en una
forma en que, si a ello se diera entero asentimiento, resultaría que
los primitivos pueblos de esta parte del continente americano, no
tuvieron sino una divinidad, que fué Huirakhocha; puesto que a él
también se le llama _Kon_, _Tisi_, _Ekako_, _Thunnupa_, _Pachacamak_,
_Pachayachachic_, _Pacchacan_, _etc._, _etc._
Rastreando con algún cuidado los restos de tradiciones que aún quedan,
y comparándolos con los relatos de los cronistas, se comprende que
la conquista española sobrevino, cuando los incas hacían un esfuerzo
de identificación y fusión de los dioses de los pueblos conquistados
con los suyos propios, y que los españoles, lejos de separarlos los
confundieron más, guiados por los prejuicios religiosos de encontrar
la concepción del misterio de la Trinidad en los nombres de Con, Tisi,
Huirakhocha, y la obra del diablo en otros; llegando así a convertir
el politeísmo indígena, en imitación borrosa de la religión católica,
y a embarullar y confundir en la mente de los indios sus divinidades
con las cristianas. Huirakhocha, Ekako y Thunnupa son los que más han
sufrido las consecuencias de este sistema, el cual se ha tratado de
evitar en lo posible en los presentes estudios.