II

Mayor vitalidad ha tenido en la mitología indígena y sigue teniendo aún

la creencia en los _Achachilas_, o sea la de considerar a las montañas,

cerros, cuevas, ríos y peñas como puntos de donde se originaron los

antecesores de cada pueblo, y que por este motivo nunca descuidan

aquellos de velar por el bien de su prole.

Entre los _Ackachilas_, a unos los tienen como a principales troncos

de grandes pueblos, tales eran el lago Titicaca, el Illampu, el

Illimani, el Caca-hake o Huayna-Potosí y el Potosí; otros eran de menor

importancia y cepa de tribus insignificantes. El Achachila de los

urus, decían que era el fango, de donde estos habían brotado y que por

eso eran despreciables, de poco entendimiento, ásperos y zahereños;

que vivían en balsas de _totora_, contemplando constantemente desde

la superficie de las aguas a su progenitor, el limo del lago.[6] Los

_lupi-hakes_ o lupakas, los _umasuyus_ y _pacajjas_, se suponían de

prosapia superior, nacidos de los amores del Illampu con el lago

Titicaca. Al Potosí se le tenía como antecesor de los _chayantas_, y

al Tata-Sabaya, los _kara-cankas_ o carangas. El Sajama, y el Tunari,

el río Cachimayu, el Pilcomayo, etc. etc., se les consideraba como

Achachilas de los pueblos próximos a esas montañas o ríos.

[6] A los uros les llaman también _chancumankkeris_,

(comedores de ciertas plantas acuáticas de los géneros

_Myriophyllum, Potomogeton, Clanophora, Elodea y Chara_). La

tradición cuenta de ellos que fueron trasladados, en tiempos

remotos, en calidad de esclavos de las costas del Pacífico,

por el gran conquistador kolla Tacuilla, y distribuidos en

las riberas de los lagos del altiplano, donde se les dedicó

exclusivamente a la pesca. De aquí proviene que se nombre

_chancus_, a los que aun quedan por aquellas regiones.

Sin perjuicio de adorar el indio a su propio Achachila, cuando,

al trasmontar una altura o doblar una ladera, ve por primera vez

cualquiera de esas montañas, cerros o ríos, inmediatamente se pone

de rodillas, se destoca el sombrero y se encomienda a ese Achachila,

aunque no sea el suyo y en señal de reverencia, le ofrenda con la coca

mascada que tiene en la boca, arrojándola al suelo, y dirigiéndose a

aquél.

Cuando en 1898, Sir Martín Conway, trató de realizar su ascensión al

Illampu, los indios quisieron sublevarse y atacarlo, porque temían que

el extranjero profanase a su deidad y esta les enviará castigos, por lo

que Conway sólo pudo efectuar a medias su intento, y en ausencia de los

indios.

Denominaban _Huacas_ a las deidades particulares adoradas por un ayllu

o pueblo, comúnmente formadas de piedra, algunas sin figura ninguna.

Otras, dice el P. Oliva: «tienen diversas figuras de hombres, o mujeres

de otras huacas; otras tienen figuras de animales y todas tienen sus

nombres particulares, con que las invocan y está tan establecida

esta adoración, que no hay muchacho en algunos pueblos o en algunas

provincias, que en sabiendo hablar no sepa el nombre de la huaca de su

ayllu, por cuanto cada parcialidad tiene su huaca principal y otras

menos principales, y de ellas suelen tomar el nombre de aquel ayllu;

algunas de estas las tienen como a guardas y patrones de sus pueblos,

porque sobre el nombre propio, llaman Marca-aparac o Marcachara».[7]

[7] Historia del Perú y varones insignes, etc., pag. 133.

Las _Konopas y Khanapas_[8], como pronunciaban los Kollas, eran

dioses tutelares destinados a proteger las familias. Los fabricaban

indistintamente de metal, de barro o de piedra, o solamente era alguna

piedra preciosa u objeto raro. Tenían las más el aspecto de figuritas

cuyos brazos y manos formaban sobre el pecho un ángulo recto, según la

geometría mística y sacerdotal. Algunas eran de forma fálica, otras

representaban pescados. El cronista citado dice: «Herédanse estas

Konopas de padres a hijos y están siempre en el mayorazgo de la casa

como vínculo principal de ella a cuyo cargo está guardar los vestidos

de las Huacas que nunca entran en división entre los hermanos, porque

son cosas dedicadas al culto. Entre estos Konopas solían tener algunas

piedras vezares que los indios llamaban _quicu_ y el P. Pablo Joseph

certifica en su tratado que en algunas de las misiones que hizo se

hallaron no pocas de ellas manchadas con la sangre de los sacrificios

que les habían hecho».[9]

[8] Esta palabra quiere decir: «su luz de él o su

demostración de él». Se compone de dos voces, _khana_, que

significa--«claridad, luz, día y también verdad y demostración

de ella». La otra es la partícula _pa_, que es un sub-fijo

positivo de la lengua aymara que significa «suyo, suya, su».

De manera que khanapa es la luz de él o su demostración. ¿De

quién? Del fenómeno producido o de su autor; del hecho moral o

material que simboliza la figura representante y del cual es

su demostración.

De este modo el pueblo aymara ha logrado trasmitir la memoria

de los hechos de una manera constante y eterna, si se quiere,

porque ese modo de ser social del Kolla hace parte integrante

de sus propios hábitos y costumbres.

[9] Historia del Perú citada, pag. 135.

_Konopas_ aún conservan las familias indígenas en sus casas con mucha

veneración.

Mitos, supersticiones y supervivencias populares de Bolivia · 第 12 / 69 题