Eran las dos de la noche
cuando sentí ruido en casa;
subí luego la escalera,
tomé la tajante espada,
rejistré toda la pieza
i vi al fin que no era nada;
i por ser cosa curiosa
voi a volver a contarla:
Eran las dos de la noche
cuando sentí ruido en casa... etc.
Dos cosas principalmente llaman la atencion en estos cuentos: primero,
que son, en jeneral, brevísimos; i segundo, que con escepcion del número
9, el de la Vaca del Rei; del número 10, del Humito; del número 12, de
los Gansos; i del número 14, del Fililo, son en verso o rimados.
Ya ántes hice notar que los siete primeros, mas que de cuentos de nunca
acabar, podian calificarse de cuentos de pega; pero los trece restantes
no hai duda de que son, en todo i por todo, verdaderos cuentos de nunca
acabar, pues miéntras viva el que los dice i tenga paciencia i cachaza
suficientes el que los oye, el cuento no se ha de concluir.
Todavia debo observar que en estos trece últimos cuentos hai dos clases
perfectamente distintas: una en que se repite la última parte del cuento
(núms. 8, 9, 10, 11, 12, 13 i 14) i otra en que el último verso, porque
éstos son todos en verso, se encadena naturalmente con el primero i se
ve uno precisado a decirlo todo entero de nuevo, hasta que quiera
terminar (núms. 15, 16, 17, 18, 19, 20 i 21).
* * * * *
Hai algunas otras piezas populares que tienen cierta analojia con las
anteriores; i son, el cuento tan conocido de _La Tenquita que se quemó
la patita en la nieve_; la tonada de _La Cuja_, que por los años de 1885
i 1886 cantaba el ciego Acuña en el teatrito del Santa Lucía, cuando
éste constaba de sólo el proscenio i los espectadores se sentaban a
cielo descubierto; i por fin, la tonada del _Real i medio_. En todas
tres hai las repeticiones de los cuentos de nunca acabar; pero difieren
de éstos en que, tanto en el cuento como en las tonadas, en cada
repeticion entra siempre un nuevo elemento, lo cual contribuye a que uno
i otras vayan creciendo poco a poco. No son de nunca acabar; pero sin
necesidad de hacer trabajar mucho la imajinacion, pueden alargarse a
voluntad, casi indefinidamente.
Al relatar el cuento i al cantar las tonadas, es de regla decir de una
sola tirada la parte que se repite con el agregado correspondiente, de
lo cual resulta que al llegar a lo último, la recitacion i el canto
tienen que ser sumamente rápidos, a fin de no hacer ninguna pausa para
respirar.
El cuento es una de las diversas variantes del que ya publicó el Dr.
Lenz en 1892 en la pájina 296 del tomo VI de las _Phonetische Studien_.
Creo que las tonadas han permanecido inéditas hasta ahora.
Ademas de estas piezas, conozco otras que tienen ciertos caractéres que
las asimilan a los cuentos de nunca acabar. Una de ellas es el de _La
Mata de Cóguiles_,[24] que tambien creo inédito i que va al fin de esta
compilacion. En tres ocasiones el viejo héroe de la narracion sube hasta
el cielo i desciende despues a la tierra escalando las ramas de una mata
de cóguiles, i el que hace el relato refiere que en cada una de ellas el
viejo subió o bajó _de gancho en gancho_... _de gancho en gancho_... _de
gancho en gancho_..., espresion que algunos suelen repetir hasta el
aburrimiento en las siete veces que aparece en el cuento. Cuando me lo
refirieron por primera vez, el narrador llegó solamente hasta la primera
ascension i estuvo diciendo largo rato _de gancho en gancho_... _de
gancho en gancho_,..... hasta que preguntado qué era lo que seguia,
contesto: «lo que sigue es que el viejo va subiendo todavía, porque
fíjese, pues, señor, que la mata llega hasta el cielo i está
principiando a subir no mas _de gancho en gancho_..... _de gancho en
gancho_..... _de gancho en gancho_.....», i no hubo santo que sacara a
aquel bárbaro de allí. El modo de proceder en este caso es igual al del
cuento Núm. 12 de _los Gansos_.