’St’era una hormiguita
que de su hormiguero
salió calladita
i se metió a un granero,
se robó un triguito
i arrancó lijero.
Salió otra hormiguita
del mismo hormiguero
i mui calladita
se metió al granero,
se robó un triguito
i arrancó lijero.
Salió otra hormiguita... etc.
I salieron ciento, i mil, i cien mil, i aquello era para aburrir a un
santo, porque el granero era mui grande i tenia muchísimo trigo.
* * * * *
En las pájinas 71-72 del tomo I del _Libro de Lectura_, por M. Retamal
Balboa, 4.ª edición, Santiago, 1902, hai un capítulo intitulado _El
cuento que no se acaba nunca_, i que dice así:
«Un rei árabe mui aficionado a los cuentos, ofreció una gran
recompensa al que contara uno que no se acabara nunca.
Muchos se presentaron, contaron largos cuentos, pero cuando
concluyeron, fueron asesinados.
Al fin se presentó un estranjero, que principió su cuento de esta
manera:
Se anunció en mi pais una escasez mui grande.
En prevision, el buen rei hizo construir graneros, que llenó con
una inmensa cantidad de trigo.
Llegó la anunciada escasez i el hambre, e innumerables hormigas.
Estas consiguieron abrir al granero un agujerito, por el que cabia
un solo grano.
Entró una hormiga i sacó un grano de trigo.
--¿I qué más? preguntó el rei.
--Entró otra hormiga i sacó otro grano.
--Pero ¿qué más? dijo el monarca.
--«Altísimo señor, yo no puedo mentir; entró otra hormiga i sacó
otro grano.