(1591-1612)
Por muchos años el libro de _Relaciones, memoriales y cartas de Rafael
Peregrino_, escrito con suma habilidad por el Secretario de Estado que
fué de Felipe II para vindicarse de las acusaciones de los tribunales y
darse por víctima paciente de injustas persecuciones, ejemplo lastimoso
de la crueldad del sino, ha servido al juicio de su persona, andando de
mano en mano impreso en todas las lenguas y en multiplicadas ediciones,
no por apología hecha de puño propio, parafraseada y puesta en la
trompeta de la fama por el autor mismo, antes por _Retrato al vivo del
natural de la fortuna de Antonio Pérez_, como título que aplicó más
tarde al libro, ya que pasaba sin objeción ni respuesta.
Siglos adelante vino á dársela, hasta cierto punto, el Sr. D. Salvador
Bermúdez de Castro. Persuadido de que en las _Relaciones_ «la verdad se
halla frecuentemente alterada, el sentido histórico camina forzado á un
fin, y son, más bien que narración imparcial, alegato jurídico en propia
defensa,» acometió el estudio del personaje acopiando materiales de la
época que le dió notoriedad desdichada, y bosquejó otro retrato[45] en
que, si por algo asoma la pasión humana, se ve influída de la
conmiseración que no dejan nunca de despertar en almas generosas los
grandes infortunios.
[Nota 45: _Antonio Pérez, Secretario de Estado del Rey Felipe II.
Estudios históricos_ por D. Salvador Bermúdez de Castro: Madrid,
1841. En 8.º, 409 páginas, incluso el Apéndice de documentos
inéditos.]
Con ser mucho el mérito del cuadro, tiene aún algún otro defecto,
notado, dicho sea en verdad, donde la facilidad de comunicaciones
consentía la disposición de elementos que no estaban al alcance del
primer investigador. El Sr. Bermúdez de Castro no sabía que ya desde el
siglo anterior circulaban en Inglaterra importantes documentos de la
historia de Antonio Pérez; las cartas confidenciales que había dirigido
al Conde de Essex, conservadas entre los papeles reservados de Antonio
Bacon[46]. No pudo tampoco haber á las manos la correspondencia oficial
de los embajadores de España en Francia, sustraída del Archivo de
Simancas; y como hallara en la marcha de los sucesos lagunas
infranqueables, buscó en el criterio vehículo con que pasarlas; recurso
criticado por M. Mignet, al advertir que los pormenores, á su parecer de
pura invención, amenguan el valor y la autoridad de tan buen trabajo.
[Nota 46: Se publicaron en la obra titulada _Memoirs of the reign of
Queen Elisabeth, particularly illustrated from the original papers
of Anthony Bacon, and others manuscripts never before published_,
by Thomas Birch: London, 1754. En 4.º Actualmente se hallan los
documentos originales en el Museo británico.]
No son, sin embargo, de fantasía todos esos pormenores: bastantes de
ellos se encuentran, en una ú otra forma, en las cartas familiares de
Antonio Pérez, dando ocasión, cuando más, á la conjetura de haberles
prestado fe _por familiares_, el mismo que desconfiaba de la veracidad
de las _Relaciones_. Es fácil la comprobación, ya que la Colección de
las _Cartas_, por rara, fué incluída en el _Epistolario español_ que
ordenó D. Eugenio de Ochoa[47].
[Nota 47: _Biblioteca de Autores españoles de Rivadeneyra.
Epistolario español ordenado por D. Eugenio de Ochoa. Cartas de
Antonio Pérez._ Tomo I: Madrid, 1850.]
El citado Académico francés M. Mignet, teniendo por base el estudio de
Bermúdez de Castro, dispuso además del contingente de papeles
conservados en los Archivos de París, que son muchos, contándose los
referidos que pertenecieron al de Simancas y los de la Colección
importante llamada de Llorente, llevados á Francia por el autor de la
_Historia crítica de la Inquisición_, secretario que fué del Supremo
Tribunal de la misma. Tuvo igualmente á su disposición la
correspondencia encontrada en Flandes por el hispanófilo M. Gachard, y,
por último, el registro del _State paper office_ de Londres; valiosos
recursos en manos de quien sabía utilizarlos con maestría.
El nuevo libro que dió á la estampa, tres años después que el de
Bermúdez de Castro[48], es aceptado por la crítica cual _retrato
verdadero_. Ha de ser permitido pensar, no obstante, que pudiera ser más
acabada la pintura. Sea porque los artistas se satisfacen más de las
obras á grandes rasgos; sea porque también en el ánimo del historiador
extranjero vibró la cuerda simpática de la piedad, parando mientes en la
inmensa desventura del expatriado, las sombras de la figura que presenta
están desvanecidas ó atenuadas. Es Antonio Pérez sin género de duda; es,
en conjunto, el privado de Felipe II, tal cual debe de estar en la
historia universal: no es todavía el de la historia de España, más
severa en el juicio, más obligada á discernir los motivos en que lo
sustente.
[Nota 48: _Antonio Pérez et Philippe II_, por M. Mignet: París,
1845. 8.º Se han publicado otras cuatro ediciones: la última del año
1881.]
Con posterioridad al libro de M. Mignet se han hecho en nuestro país
investigaciones que van aportando más y más claridad á los sucesos del
reinado de Felipe II (como á los otros), á medida que se desarrollan las
colecciones de documentos inéditos. En no pocos de los que han servido á
los estudios especiales; en el de _La Princesa de Eboli_, de D. Gaspar
Muro, por ejemplo, hay piezas indispensables á la biografía ó historia
definitiva de Antonio Pérez.
Algunas más, conocidas y aprovechadas por M. Mignet, mencionadas
igualmente por el P. Le Long en la _Bibliothèque historique de la
France_, dió á luz M. A. Morel Fatio al formar, con otros manuscritos
interesantes de la Biblioteca Nacional de París, el tomo que tituló
_España en los siglos XVI y XVII_[49]. Los relativos á Antonio Pérez
son 57 cartas: las siete incluídas en la serie dada á la prensa en vida
de su autor, aunque limadas y compuestas con aquel cuidado que el
ex-secretario de D. Felipe ponía en lo que había de andar á vista de
todos; las 50 íntimas, en casi totalidad dirigidas al Condestable de
Francia, Duque de Montmorenci, ó á su secretario. La circunstancia de
estar todas éstas juntas en un volumen, encabezadas por cédula que el
Rey Felipe II envió al Condestable anterior, ofrece presunción de haber
sido sacadas del Archivo particular de la casa, al formar Béthune la
Colección de documentos relativos al reinado de Enrique IV, en la que
tiene el volumen el número 3.652.
[Nota 49: _L'Espagne au XVI et au XVII siècle_: Heilbronn, 1878.]
M. Morel Fatio ha compuesto con ellas capítulo de su libro[50],
emitiendo el juicio que de Antonio Pérez su autor tenía formado, sin que
lo modifique la penosa impresión de las declaraciones que hace. «Las
peticiones de favor y dinero al Rey; las protestas de adhesión dictadas
por el hambre; las adulaciones bien pensadas en objeto y precio, no
inspiran, dice, más que conmiseración. Si no puede estimarse del mismo
modo la práctica de sacar partido de los secretos de Estado, no por ello
debe juzgársele con demasiada severidad, porque el sentimiento harto
complejo que definimos por la palabra _patriotismo_, no había nacido en
el siglo XVI. No solamente el suelo, la raza, la nacionalidad, el medio,
no representaban en aquella época lo que hoy representan, sino que el
afecto á la patria se confundía entonces y aun se resumía en muchos
conceptos, en el de la persona del soberano. El proceder de Felipe II no
era de naturaleza para fortificar en su Ministro ese patriotismo
personal. Perseguido en tierra extranjera, Pérez se consideraba
desligado del juramento de fidelidad. Socorrido y protegido por Enrique
IV, se creía obligado, como en efecto lo estaba, á conducirse como
verdadero vasallo de éste, aun cuando las circunstancias del compromiso
que le ligaba al Rey de Francia tuvieran la consecuencia de ir
directamente contra los intereses de su antigua patria. Se cometería,
pues, un anacronismo calificando de traición la conducta política de
Pérez después de su salida de España. Permitido es lamentar que hombre
de tan notable inteligencia se viera llevado por la fuerza de los
acaecimientos á emplearla en beneficio de los enemigos de su país;
mas no hay razón con que condenarle en absoluto, porque no tenía
conciencia de los deberes que ni comprendían ni practicaban sus
contemporáneos[51].»
[Nota 50: _Lettres d'Antonio Perez ecrits pendant son sejour en
Angleterre et en France_, páginas 257 á 314.]
[Nota 51: Morel Fatio, _loc. cit._, pág. 263.]
El contemporáneo Gregorio Letti hizo estudio especial del patriotismo en
España[52], que no abona semejantes consideraciones, sugeridas, bien se
ve, por el mismo espíritu de compasiva benevolencia que blandeaba en
Bermúdez de Castro y en M. Mignet la dureza del sentimiento de
justicia, á favor del atractivo que mantienen los escritos de aquel
maestro en las artes de la seducción y del artificio; acaso también por
influencia inadvertida de ideas en paralelo.
[Nota 52: En la _Vita di D. Pietro Giron, Duca d'Ossuna._]
Contemporáneos de Antonio Pérez impuestos en sus más secretos manejos,
familiarizados con su conversación y confidencia, enemigos declarados de
España y de su Rey, le juzgaron de otro modo. ¿Daremos crédito, con
preferencia á las declaraciones de los antiguos, á la crítica más
ilustrada de los modernos, ó habrá todavía que dejar la decisión á
tribunal de _Más Señores_?
La prudencia no es opuesta á revista de autos; no vagará, no, la
exposición más completa, eslabonando por antecedentes las cartas de la
Colección Béthune (copiadas nuevamente de los originales con su misma
puntuación y ortografía), con las de la Colección Birch[53]; agregando
tal cual papel inédito; citando de los conocidos los precisos al
esclarecimiento tan sólo de lo que hizo Antonio Pérez fuera de España.
Manos á la obra.
[Nota 53: En las _Memoirs of the reign of Queen Elisabeth_, antes
citadas.]