XXI

Llegó el médico, y tras él las vecinas, que venían á escuchar el

diagnóstico del facultativo.

--¿Cómo vá nuestro enfermo?--preguntó éste, acercándose á la cama.

--¡Ay! doctor Ramos--respondió la anciana--un momento creimos que

volvía en sí y abría los ojos; pero solo fué aquel un movimiento

automático; y hélo ahí más inmóvil y postrado.--

El médico entre tanto consultaba el pulso del herido y examinaba su

semblante.

--Pues yo digo á Vds., señoras, que la fiebre ha bajado hasta el punto

de desaparecer. Esa inmovilidad es sueño natural, que es necesario

ayudar, dejándolo en completa quietud.

Cuando despierte, renovadle el apósito. Esta noche haré yo esa

operacion que ahora dejo en manos de la señorita Julia; pues, en esta

ocasion, ha dado pruebas de hábil practicante.

--Efectos de mi buena voluntad, doctor.--

Mauricio escuchaba radioso.

Habría querido llevar la mano á su herida, para tocar el sitio donde se

había posado aquella mano adorable.

Y el doctor, haciendo un ojito de malicia:

--¡Qué mozo feliz!--concluyó--¡rodeado de enfermeras tan bellas!

--¡Ah! doctor--dijo la anciana, que no era otra que la señora de

Sanabria--es lo menos que debemos á nuestro salvador. Sin él nos

habrían degollado aquellos desalmados.

--Y Vd. perdido sus joyas.

--Y mis billetes de banco: cinco mil nacionales, doctor.

--¡Demonios! ¿Creo que los tres están en poder de la justicia?

--¡Ay! ¡si! ¡Pobres!

--Doctor, el enfermo tiene mucha sed. ¿Qué bebida le daremos?

--Orchata con hielo, á discrecion.

Oasis en la vida · 第 32 / 43 题