¿Cuánto tiempo permaneció así, fija la mirada en aquel retrato, absorto
en su contemplacion?
Gritos de alarma demandando auxilio alzáronse de repente del interior
de la casa, llenando de terror á sus tímidas habitantes, que medio
desnudas, asomaban á las puertas, haciendo coro al angustioso clamor.
Vuelto de su abstraccion, Mauricio tomó un revólver y se lanzó al
través de los patios, guiado por la voz, ya medio ahogada, de una mujer
que llamaba en su ayuda.
El lugar de donde partían los gritos, era una habitacion cuya puerta
estaba cerrada.
Mauricio no quiso llamar: saltó por una ventana y se encontró en un
dormitorio, encarado con tres hombres, dos de los cuales pugnaban por
amordazar á una mujer, en tanto que el tercero desbalijaba los cajones
de una cómoda de donde había extraido un paquete de billetes de banco
y un cofre de ébano con incrustaciones de plata.
Los primeros, creyendo sobre ellos la policía, dejaron á la mujer, y
abriendo la puerta, huyeron á tiempo que Mauricio les enviaba dos balas
de su revólver.
El otro, sin soltar su presa, quiso huir; pero Mauricio, tomándolo por
el cuello, lo arrinconó en un ángulo del cuarto.
El bandido logró echar al seno el paquete; y sin desprenderse del
cofre, con la mano libre, sacó rápidamente un cuchillo y lo hundió en
el pecho de Mauricio.
Cuando guiada por Renata llegó la policía, la mano del herido, á
impulsos de una convulsion, estrechaba todavía el cuello de aquel caco
tan empecinado en el latrocinio, que aferrándose al cofre y paquete de
billetes, costó trabajo arrancarlos de sus manos.