Una ruidosa invasion en la vivienda inmediata interrumpió aquellas
cavilaciones.
Risas, remocion de muebles, apertura del piano.
Una mano inteligente, pero ¡ay! no la mano de aquella noche, recorrió
el teclado con una avalancha de melodías.
--Por Dios, Rosita, acaricia ese obsequio de la señora D..., no lo
aporrées--decía la voz que Mauricio sentía vibrar en su alma.
--¡Ah!--replicaba otra--esa intemperancia de manoteos es lo único que
me desagrada en la escuela francesa.
--Y lo que yo nunca pude sufrir en Gottschallk--añadió la voz temblona
de una vieja;--cerraba los ojos para no verlo en el piano; porque
me parecía un caballo picado de tábanos. (Perdóneme el arte esta
blasfemia).
Rosita, moderando su ruidosa manera, ejecutó una preciosa composicion.
--¿Qué es eso?
--«La Emancipacion de la Mujer».
--¿Quién es su autor?
--Ortíz Zeballos, un artista limeño.
--¡Un hombre, partidario de esa causa!
--¡Un fénix!
--¡En verdad! ¡con qué ardor atacan los hombres esa idea!
--¡Y con qué argumentos! El otro dia lei en un artículo firmado por una
notabilidad literaria:
--.... El mismo Cristo, en las bodas de Caná, estableció su dependencia
del hombre.--Mujer, dijo á su madre, que le pedía un milagro, ¿qué hay
de comun entre tú y yo?
Alicia, ruégote que tomes de sobre aquella mesa los Santos Evangelios y
leas en San Juan las palabras de Jesús á su Madre, en aquella ocasion.
Oyóse hojear el libro y la voz de Alicia leyó:
--..... Y como faltara el vino, dijo á Jesús su Madre:--«No tienen
vino»--y Jesús respondió--«Mujer, ¿qué tenemos que hacer en esto, tú y
yo? Mi hora aún no ha llegado».
--Jesús se refería á la edad en que un profeta debía comenzar su obra:
los treinta años, que él no había alcanzado todavía.
Pero la madre que tenía la seguridad de ser obedecida, dijo á los
criados:--«Haced lo que él os dijere.»
Y Jesús obedeció: y por obedecerla hizo su primer milagro: convirtió el
agua en vino esquisito que hizo exclamar á los convidados:--«¿Por qué
nos dan ahora este vino que debimos gustar al principio?»
--Pues que de citas equivocadas se habla, ninguna como la de aquel
señor diputado que en plena Cámara llamó precepto evangélico
al--«Creced y multiplicaos»--del Génesis.
--Y diputado por Córdoba: la ciudad teóloga por excelencia.
--¡Ah! ¡y que con todas estas deficiencias se atrevan los hombres á
disputarle á la mujer su emancipacion!
--Emancipada ó no, la mujer será siempre reina del mundo. Nada en él
se hace sin su influencia: todo por obedecerla, para agradarla, por
merecerla.
Recorramos la Historia, desde los remotos dias de la creacion, hasta la
hora presente.
¿Qué encontramos?
Siempre y en todas partes el culto de la mujer.
A ella, por ella, para ella. He ahí el móvil humano en toda la
extension del planeta, como diría Emilio Castelar.
--Puedo afirmarlo yo--intervino la voz de la anciana--yo, que he vivido
y visto mucho; yo, que, durante los últimos catorce años, he tenido
ante mí, el espectáculo repugnante del despotismo de una esposa y la
sumision de un marido.
Era aquello tan odioso, que más de una vez me sorprendí anhelando para
ella la esclavitud; y en él, con un garrote en la mano, una hora de
tiranía.--
Risas.
--¿Quiénes son ellos?
--Por Dios, misia Laurencia, delátelos V.
--¡Ah! demasiado alto ha delatado una doble catástrofe, esa culpable
inversion de la debilidad y la fuerza.--
Siguió un largo silencio.
Luego, aquí y allí--Ya sé--Ya sé--dijeron varias voces.
--¡Ay!--Ya sé--podía decir tambien, aquel que detrás de la puerta
escuchaba.
Y en el corro femenil:
Usted habitaba en su vecindad, ¿no es cierto?--dijeron.
--En frente mismo de su casa, con nuestros balcones, por decirlo así,
cara á cara, mediando solo, entre unos y otros, la angosta calle de
Esmeralda: en la mayor proximidad. Sin embargo, y por esto mismo,
nunca nos tratamos. Yo no podía sufrir, ni de vista, á aquella mujer
autoritaria, que hacía de su marido un esclavo y lo ponía en ridículo
con las extravagancias de su capricho. Hace daño el espectáculo de
tales desequilibrios en un hogar.
Así, cuando dejé aquella casa al propietario que quería habitarla,
aunque hacía años que moraba en ella, me plació alejarme de la
proximidad de aquel infierno.....
¿Sonrien Vds.? ¡Ah! otra cosa era oirlo. Aquel eterno contrariar cuanto
pensaba ó deseaba el esposo.
¡Y este!... El desventurado, por más que ante ella sonreia siempre, á
vueltas de esa sonrisa su semblante estaba triste.
Una vez sola, vilo con aire gozoso. Fué pocos dias antes de su muerte.
Salía yo de aquí, á tiempo que él pasaba en compañía de un amigo, á
quien decía alegre frotándose las manos:
--Dice V., que tiene curiosidad de saber ¿por qué estoy tan contento?
--De seguro, un buen negocio--replicaba el otro.
--Sí; pues anda V. léjos--breve: es un obsequio que he hecho á mi mujer
en el porvenir; y lo mejor aún, sin que ella lo sospeche, siquiera; y
todavía, contra la poderosa voluntad de aquella querida criatura.
El desgraciado hablaba así, de aquella que lo arrastró á la ruina y á
la muerte.
--¡Pobre mujer! demasiado cruelmente ha expiado sus faltas. ¡Paz á su
memoria!--oyóse decir á Julia Lopez, con piadoso acento.
--Yo he hablado así, hija, y hecho esas referencias, para impugnar, ya
sea explícita, ya implícita, la emancipacion de la mujer.
¿Qué piensa Vd. de ello, Julia?
--Yo pienso que la mujer es la mitad del hombre; que ambos son las dos
partes integrantes de un ser; y que, por tanto, están destinados á
juntarse y unirse eternamente por el amor, para formar el Todo humano:
la idea del Creador...--
Mauricio sintió una ola de deliciosa embriaguez inundar su alma.
El, tambien, creyó que le faltaba la mitad de sí mismo, parecíale que
venía á él, que se acercaba; que la voz que hablaba era la suya y lo
llamaba.
Cuando el nimbo radioso que lo envolvía se hubo disipado, y Mauricio
pudo darse cuenta de lo que en él pasaba, encontróse profundamente
apasionado.
Otro habría reido del idealismo de ese amor, encarnado en el sonido de
una voz, en la sombra de un velo.
Mauricio le abrió el corazon y se entregó á su misterioso encanto.