XI

Desde que lo vió llegar, madame Bazan tendió á Mauricio las manos.

--¡Triunfamos!--exclamó, con la espontánea alegría francesa.

--Reunido anoche mi areópago á la hora del té, expuse el caso con todas

sus atenuantes modificaciones.

¡Quién lo creyera! La seccion jóven fué á V. adversa.

¡Y dicen que la juventud es indulgente! ¡Qué error!

Apenas, las viejas, en mayoría, lograron triunfar, no sin el rigoroso

aditamento de--forzosa ausencia de la casa, _desde primera hora hasta

la hora del sueño_.

Venga usted á ver el cuarto que le destino. Es el único que un hombre

puede habitar en esta casa, verdadero monasterio, dónde solo faltan la

toca y el sayal.

Y empujando una puerta que abría en el zaguan, hizo entrar á Mauricio

en una pieza pequeña, pero aseada; cubiertas sus paredes con papel de

ramajes azules en fondo blanco.

Frente á la ventana, que recibía luz de la calle, una puerta empapelada

como las paredes, clavada una percha en lo alto del marco y oculta

bajo una cortina de damasco azul, hacía veces de ropero, cegando la

comunicacion con la vivienda vecina.

Cubría el piso un tapiz de hule; y el mobiliario componíanlo una cama

de nogal con dos colchones, dos almohadas y mosquitero de gasa blanca;

un velador, un lavabo con juego de porcelana, una cómoda, dos sillas y

una mesita central.

--¡Magnífico! Hé aquí cuanto necesito--dijo Mauricio, estrechando

gozoso la mano á madame Bazan.

Oasis en la vida · 第 22 / 43 题